Tres preguntas para leer el 1 de Octubre, dos años después

El 1 de Octubre fue el acto más grande de desobediencia civil de los últimos tiempos y no lo protagonizó ningún partido político, sino la gente. Fue el vínculo fraternal más potente que el soberanismo ha tejido desde el inicio del proceso independentista. Asimismo, fue el día en que el Estado mostró una parte del Estado: el de la razón por la fuerza. Nos hacemos tres preguntas que nos permiten analizar el 1-O dos años después

Guillem Pujol
 
 
 
Votació de l'1 de Octubre a l'escola La Sedeta de Barcelona | Sandra Vicente

Votació de l'1 de Octubre a l'escola La Sedeta de Barcelona | Sandra Vicente

Hoy se cumplen dos años del uno de Octubre. El acto más grande de desobediencia civil de los últimos tiempos no lo protagonizó ningún partido político, sino la gente que puso el cuerpo, a pesar de saber que podrían ser agredidos. El 1-O fue el vínculo fraternal más potente que el soberanismo ha tejido desde el inicio del proceso independentista. Asimismo, el 1-O fue el día en que el Estado mostró una parte del Estado: el de la razón por la fuerza. Analizamos el 1-O dos años después bajo tres preguntas: ¿ha variado la visión que la comunidad internacional tiene del conflicto? ¿Cómo ha acondicionado el 1-O al discurso de las fuerzas independentistas? ¿Se ha avanzado en el esclarecimiento legal de los sucesos que tuvieron lugar en todo el país?

¿Ha variado la visión que la comunidad internacional tiene del conflicto?

La violencia policial explícita de la Guardia Civil abrió los telediarios de casi todo el mundo. El 2 de octubre había un cierto consenso en que el exceso en la violencia policial de la Guardia Civil no tenía cabida en las democracias liberales occidentales: Europa ya no podría seguir haciendo la vista gorda. Según algunas interpretaciones del independentismo, el 1-O era la victoria que se necesitaba para hacer de su razón una razón universal. Argumentos no faltaban: el Ministro de Exteriores de Rajoy fracasaba estrepitosamente en las principales televisiones estadounidenses al intentar justificar lo que, viendo las imágenes, no se podía justificar.

Pero la mirada crítica de la comunidad internacional ponía los ojos en la violencia policial, no en la independencia de Catalunya, que, de hecho, incomodaba a la mayoría de los Estados de la UE. Si el independentismo gozaba de cierta simpatía, ésta estaba condicionada a lo que pudiera pasar el día 27 de Octubre en el Parlament de Catalunya. Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo, avisaba a Carles Puigdemont: «Presidente Puigdemont, le pido que respete el orden constitucional y que no anuncie una decisión que haga imposible el diálogo». En la misma línea se expresaba Ska Keller, Eurodiputada del Grupo Verde alemán: «Soy una fuerte defensora del derecho de decidir de los catalanes, pero una DUI será un gran error. Por favor reconsidere esto».

La DUI se quedó a medio camino, pero la amenaza constante de implementar los resultados del 1-O se topó con la espalda de todos los Estados miembros. Dos años después, la Comunidad Internacional no mira a Catalunya. Al contrario. Se ha consolidado el apoyo incondicional a la política del Ejecutivo de Sánchez hasta el punto de que el pasado 2 de julio se nombró a Josep Borrell – firme partidario de la unidad nacional y contrario a un Referéndum de autodeterminación – como Alto Representante de la Política Exterior Común de la UE, es decir, el máximo exponente en relaciones exteriores y seguridad a nivel de la UE. Un nombramiento que debe leerse como la voluntad de España de blindar cualquier tipo de relato que favorezca, ya no al independentismo, sino el derecho de autodeterminación de Catalunya.

¿Cómo ha acondicionado el 1-O al discurso de las fuerzas independentistas?

Si el processisme antes del 1-O ya implicaba una dinámica en la que se aceleraban los tiempos normales de la política, modificando rápidamente los relatos y triturando a su líderes políticos, el 1-O elevó al cuadrado una tendencia ya de por sí acelerada. La principal fue el inicio de intercambio del discurso entre ERC y los postconvergents. Al ver los colmillos al lobo, Junqueras comenzó a redefinir la estrategia de su partido en base a una asunción que se había hecho clara durante ese mes de octubre: hoy por hoy, la independencia no es posible.

A partir de aquí, y ya desde la cárcel, ERC se iba convirtiendo cada vez más en lo que la Convergència de Pujol había logrado capturar: la idea de un catalanismo de centro que jugara un papel estratégico en Madrid para mejorar, gradualmente, la situación de Catalunya. En este sentido hay que interpretar el cambio de piel de Gabriel Rufián y el ofrecimiento de investidura a Pedro Sánchez. Ahora bien, mientras ERC giraba hacia un lado, los postconvergents lo hacían hacia el otro, bajo un discurso de confrontación directa y desobediencia, que, a la hora de la verdad, siempre se ha quedado en retórica vacía.
Por último, la CUP parece vivir bajo una confusión desde hace dos años. Dos discursos operan de forma simultánea: por un lado, existe la diagnosis que la correlación de fuerzas es negativa y que por tanto no hay capacidad efectiva de implementar los resultados del 1-O. Que la CUP se presente a las elecciones en el Congreso se puede interpretar como el convencimiento de que aún falta mucho trabajo por hacer. Simultáneamente, sin embargo, la CUP no puede renunciar a un discurso que está en las raíces de su formación: la lucha contra el régimen del 78, una concepción de la democracia que no se limita a la representatividad, y una organización que apuesta por la desobediencia como forma de hacer política.
Estar a caballo entre uno y otro discurso, sumado a que se ha dejado la agenda social en segunda línea (como mínimo en términos de discurso público) ha terminado que la CUP desde aquel 1-O parezca desorientada. Este sería el escenario de los tres partidos con representación en el Parlament de Catalunya: pero figuras como Albano Dante o Jordi Graupera también deben analizarse como consecuencias de aquel 1 de Octubre del 2017.

¿Se ha avanzado en el esclarecimiento legal de los sucesos que tuvieron lugar en todo el país?

El esclarecimiento de los hechos y responsabilidades del 1-O debería estar defendido tanto por independentistas como por no independentistas. Es una forma de mantener la memoria de lo que sucedió. No se puede olvidar que una pelota de goma agujereó el ojo de Roger Español, ni tampoco a las 107 personas atendidas por el SEM por contusiones, fracturas, heridas y ataques de ansiedad provocados por las patadas y las porras de la policía. En total, 274 personas han formalizado denuncias en los tribunales. La participación ciudadana ha sido clave mediante la aportación de vídeos grabados durante el 1-O, que han servido para identificar a los cincuenta agentes que actualmente hay investigados, entre los que se encuentra el que robó la visión de un ojo a Roger Español.

Todos los responsables que formaron parte del operativo también están investigados: un total que ocho inspectores de la policía han pasado por el juzgado número 7 de Barcelona para esclarecer concretamente qué órdenes se recibió. Hace pocos días se filtraban algunos vídeos de sus declaraciones en sede judicial; declaraciones que aclararon poco, pues muchas de las respuestas tomaban la forma del «no lo sé / no me acuerdo».

Pero la causa llevada por IRIDIA y el Ayuntamiento de Barcelona sigue adelante, consiguiendo reabrir catorce causas que se daban por cerradas. Además, el próximo 24 y 25 de octubre tendrán que declarar los máximos mandos sobre el terreno. El esclarecimiento de culpabilidades traerá un pedacito de la reparación de los daños físicos y morales provocados, si es que ésta llega algún día. Pero sobre todo deberá traer la aclaración de que, ese día, sólo hubo una violencia: la ejercida por la guardia civil y el gobierno del Partido Popular. Lo que seguro que no se truncará, sino que se agrandará con el paso del tiempo, es el recuerdo de una alianza solidaria entre ciudadanos y ciudadanas para defender los derechos sociales y democráticos de todas. Hoy celebramos su segundo aniversario.

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