Tortura en el Mediterráneo

Los gobiernos europeos están quebrantando los tratados contra la tortura: después de lo que las personas rescatadas han sufrido, las mantienen, día tras día, en la cubierta de los buques que las han salvado del mar, hacinadas, enfermando y desesperanzándose. No creo que sea exagerado decir que los gobiernos están practicando la tortura

Miguel Pajares
 
 
El barco Aquarius, fotografiado esta semana en el Mediterráneo | Kenny Karpov (Médicos Sin Fronteras)

El barco Aquarius, fotografiado esta semana en el Mediterráneo | Kenny Karpov (Médicos Sin Fronteras)

Mientras escribo estas líneas, parte de las 147 personas rescatadas del mar por el Open Arms y de las 356 rescatadas por el Ocean Viking llevan quince días hacinadas, sometidas a los vaivenes del oleaje y muchas enfermando (otra parte lleva menos días, pero el mismo suplicio), mientras los gobiernos europeos y las instituciones de la UE se desentienden o hacen leves movimientos con criminal lentitud. Un juzgado italiano ha suspendido el decreto de Salvini que prohibía a los barcos de las ONG acercarse a las aguas jurisdiccionales italianas y, con ello, el Open Arms ha podido acercarse a Lampedusa para ponerse al abrigo del temporal. Después pudo desembarcar a algunos enfermos y niños y algunos gobiernos comenzaron a decir que aceptarán una parte de las personas rescatadas (ojalá todas hayan podido desembarcar cuando lea este artículo).

¿De qué huían esas 503 personas rescatadas? Una parte de ellas, de conflictos bélicos, de los que se dan en los países del Sahel, el Cuerno de África y Oriente Próximo. Es decir, han huido cuando la muerte las acechaba de manera inminente. Huyen de unos conflictos fuertemente alimentados por las armas que fabricamos en Europa y por nuestra demanda del petróleo y los minerales que tienen esos países.

Otras huyen de un empobrecimiento del que, en gran medida, es responsable la élite económica occidental. Sí, la de los mismos países europeos que ahora rechazan a esas personas huidas. Responsable, porque esta élite está acaparando tierras y fuentes de agua por toda África, hasta el punto de que varios de los países de los que proceden las personas rescatadas son grandes exportadores de productos agrícolas, mientas su población vive en extrema pobreza.

Mali exporta algodón, azúcar y masa para agrocombustible, cultivado todo ello en grandes plantaciones, Níger también exporta masa para agrocombustibles, Somalia exporta ganado, Costa de Marfil exporta cacao, etc. Hay mucha producción agrícola en estos países que está en manos de las multinacionales (que acaparan las mejores tierras y fuentes de agua) y de la que su población local no se beneficia en absoluto; como también ocurre con la extracción de minerales, petróleo, maderas nobles, diamantes, etc. El expolio de los países de los que proceden muchas de las personas rescatadas en el Mediterráneo tiene mucho que ver con nuestro nivel de vida occidental; sin tal expolio, no tendríamos el nivel que tenemos. Decir que “vienen a beneficiarse de lo nuestro”, como a veces se dice, es un cruel contrasentido.

También huyen de la crisis climática. En sus países, las sequías son cada vez más intensas y frecuentes, el desierto avanza sobre lo que antes eran terrenos de cultivo, la productividad de los suelos agrícolas desciende por el aumento de la temperatura, las lluvias son cada vez más torrenciales y destructivas, los ciclones son cada vez más devastadores para sus costas, etc. La responsabilidad de esos países en la emisión de gases de efecto invernadero de los dos últimos siglos es muy pequeña (salvo la de los países petroleros del Golfo), pero sufren las peores consecuencias del calentamiento global.

Muchas de las personas que intentan llegar a Europa para conseguir un trabajo y enviar dinero a su familia lo hacen porque sus hábitats están deteriorándose irremediablemente y ya no producen lo suficiente para mantener a las familias. También de la crisis climática son sobre todo responsables los países europeos y los demás del mundo rico, pero, especialmente, son responsables de no estar tomando las medidas necesarias para frenar el calentamiento global. Los treinta años que llevamos haciendo acuerdos climáticos internacionales no han puesto freno a la creciente emisión de gases de efecto invernadero, ni parece que lo vayan a poner en el futuro inmediato.

Huyen también de Libia. Los trayectos migratorios han llevado a estas personas a un país que está en guerra y en el que buena parte de sus policías y guardacostas no son tal cosa, sino bandas criminales armadas. En Libia esas personas, o muchas de ellas, son esclavizadas, torturadas y las mujeres violadas. Las personas rescatadas en el Mediterráneo por el Open Arms y el Ocean Viking relatan haber huido de un auténtico infierno.

De todo eso huyen. Y no hay derecho o ley que pueda avalar que se corte el paso a estas personas en su huida para salvar la vida, o para aportar algo de dinero al mantenimiento de su familia en extrema pobreza. Mucho menos puede haber derecho a impedir que salgan de Libia, donde sufren situaciones aterradoras. Menos aún puede haber derecho a que se les corte el paso en medio del Mediterráneo para que se ahoguen y desaparezcan. Los gobiernos europeos y las instituciones de la UE están vulnerando el derecho básico a la vida, lo que nos aleja mucho de lo que creíamos que éramos y nos acerca a regímenes que nada tienen que ver con la democracia y los derechos humanos.

También están vulnerando otros derechos más concretos, como el de asilo: las personas que huyen de las guerras tienen derecho (de acuerdo con los tratados internacionales que hemos suscrito y nuestras propias leyes de asilo) a presentar su solicitud en cualquier país europeo. Cuando estos países les impiden llegar a territorio europeo están violando el derecho de asilo (ya que sólo pueden solicitarlo si pisan suelo europeo).

Igualmente, están vulnerando las leyes del mar, que obligan al auxilio, salvamento y desembarco de las personas en peligro. Y hasta podríamos decir que están quebrantando los tratados contra la tortura: después de lo que esas personas rescatadas han sufrido en sus países, en sus trayectos y en Libia, los gobiernos europeos las mantienen, día tras día, en la cubierta de los buques que las han rescatado, hacinadas, enfermando y desesperanzándose. No creo que sea exagerado decir que los gobiernos están practicando la tortura.

Todo esto están haciendo nuestros gobiernos. Salvini, el más destacado representante de la extrema derecha xenófoba europea, ha marcado el paso de todos los demás gobernantes; les ha señalado el camino y los demás lo están siguiendo con sumisa observancia. Pedro Sánchez escribió en un libro: “el haber salvado la vida a las 630 personas del Aquarius hace que valga la pena dedicarse a la política”, pero su comportamiento posterior poco tiene que ver con aquel gesto. Su tardía respuesta ofreciendo puerto no lo excusa de su prolongada e inmoral inacción.

Miguel Pajares
Sobre Miguel Pajares

Miguel Pajares és antropòleg social, investigador a la Universitat de Barcelona i president de la Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat (CCAR) Más artículos

1 Comentario en Tortura en el Mediterráneo

  1. María Jesús Esbert Ramirez // 21/08/2019 en 11:51 // Responder

    Me siento profundamente avergonzada de pertenecer a uno de los países que con omisión están colaborando con esta tortura a seres humanos, pisoteando su dignidad y derechos. Vivo con impotencia y gran indignación. Esto no es el primer mundo, nos hemos convertido en países asesinos y se volverá en contra nuestra más pronto que tarde.

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