Plásticos en todas partes, incluso en nuestra orina

La campaña Salut de Plàstic, impulsada por el grupo de investigación Rezero, ha analizado la orina de 20 personajes conocidos para demostrar efectos y consecuencias a la salud de la constante exposición a los plásticos y del aumento de la generación de residuos

Sandra Vicente
 
 
 

Los plásticos no sólo rodean los alimentos que consumimos, los productos que compramos y los líquidos que bebemos. También nos rodean a nosotros, los seres vivos. Por mucho que evitamos los plásticos todo lo que podamos, vayamos a comprar con bolsas de tela o usemos botellas de vidrio, estamos expuestos a «una contaminación diaria interna e invisible», explica Rosa García, bióloga y directora de Rezero, una fundación que trabaja para la prevención de los residuos.

Así, los Ftalatos -los químicos que se usan en los envasados para dar flexibilidad y elasticidad a los plásticos o para fijar los aromas de los perfumes- y los Fenoles, presentes también en muchos envases, son los principales compuestos relacionados con las pautas alimentarias a los que estamos expuestos. Pequeñas sustancias que, aunque no las veamos, pueden causar problemas endocrinos, de fertilidad, tiroideos, cardiovasculares, partos prematuros o cáncer de próstata. Una larga lista de afectaciones de unos químicos que tenemos en nuestro organismo.

Y así lo ha demostrado Rezero: con la campaña Salut de Plàstic ha organizado un estudio para visibilizar los efectos de estos productos. 20 líderes de opinión del ámbito de la cultura o la ciencia, de Catalunya y las Illes Balears han colaborado con un experimento para medir estos compuestos en la orina. Así, personalidades como la actriz Silvia Abril, el meteorólogo y presentador Francesc Mauri o la doctora Elena Carreras han prestado sus excreciones para el experimento.

El resultado: el 100% de los sujetos ha dado positivo en compuestos plásticos. Las muestras, que se analizaron en el Instituto Noruego de Salud Pública, detectaron una media de 21 sustancias en cada persona, de las 27 analizadas. «No pensábamos que todo el mundo daría positivo», reconoció García, durante la presentación de la campaña. Estos datos han provocado cierta «preocupación» en algunos de los participantes, como Francesc Mauri, que considera que el resultado manifiesta que «estamos completamente rodeados y tiene mucha inflicència».

En esta línea, desde Rezero han destacado la importancia de visibilizar el impacto en la salud de las personas de la «proliferación del sobreenvasado y de la cultura del take away, así como de los desechables». El Instagramer y ambientólogo Joan Grivé, que también ha participado del estudio, afirma que «es normal tener plásticos. Antes lo hacíamos todo mejor, pero hemos descubierto el plástico, que es tan versátil, barato y práctico que nos hemos olvidado de lo que importa», dice. Reconoce, asimismo que evitar el plástico puede ser «difícil: no llevas fiambrera de vidrio porque pesa o se te puede romper, pero después de este estudio, creo que lo empezaré a hacer».

¿Qué podemos hacer para reducir la exposición?

Acciones como evitar calentar los alimentos dentro de recipientes de plásticos, evitar las pajitas, no congelar alimentos en las bandejas de porexpan o evitar el agua envasada son algunas de las acciones individuales que ciudadanos pueden llevar a cabo para reducir la exposición a estas sustancias. Pero no depende del individuo erradicarlas. Por eso la campaña Salut de Plàstic habla de «responsabilidad compartida: normalmente se criminaliza al ciudadano, aunque sea desconocedor de los efectos. Hay un punto en el que el ciudadano no puede hacer más», dice García.

Y aquí entra en juego otra etapa de la campaña, que es la de impulsar normativas que garanticen la salud, que regulen el uso del plástico en la industria. «Nos dirigimos al sector económico para repensar el modelo de producción», dice García. Esto ocurre, pues, por aplicar el principio de protección, según el cual los ciudadanos deben conocer los efectos de las sustancias que se usan. «Actualmente se utilizan sustancias que no se sabe si son nocivas o no, pero allí están», se quejan desde Rezero.
Otro criterio a aplicar sería la jerarquía ecológica de los residuos, en el que se prioriza reducir los elementos de un solo uso y potenciar elementos reutilizables. «Una de las salidas es usar materiales compostables, pero esto no acabaría con la cultura del usar y tirar», dice García, quien reconoce que las propuestas que se hagan a la indústica, «seguramente contarán con una negativa rotunda».

Pero es aquí donde vuelve a entrar la participación ciudadana: «si todos nos negamos a comprar productos sobreenvasados o nos decantamos por el vidrio, la industria lo entenderá», dice la ilustradora y participante del estudio Carme Solé Vendrell. Por este motivo, la campaña Salut de Plàstic, insta a la ciudadanía a firmar a favor de realizar una normativa reguladora del ámbito catalán. «Hay que ponerse las pilas, porque hace unos años Catalunya era pionera en estos aspectos y ahora parece que todo el mundo nos avanza por todos lados», dijo Garcia.

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