¿Nos jugamos el futuro a la ruleta rusa?

El juego es una manera de desmotivar a la gente joven ahora que se despierta. En las clases dominantes interesa que se distraigan. En otros momentos fue la droga, que se repartió masivamente, para frenar luchas juveniles. Hay que conseguir que se olviden los desahucios diarios o los plásticos que llenan los mares

Joan M. Girona
 
 
 
Una de les vies per acabar amb el joc patològic és desenvolupar polítiques de joc responsable / Istock

Una de les vies per acabar amb el joc patològic és desenvolupar polítiques de joc responsable / Istock

La ruleta rusa era un tema recurrente en películas y novelas. Era impactante leer cómo algunas personas se jugaban la vida: un juego bestia. Una ruleta menos bestia se juega hoy en los casinos… no se juegan la vida pero quizá sí el futuro inmediato. Y la ruleta, con el casino entero, ha llegado a casa, ha llegado muy cerca, a un clic del móvil o la tablet.

Hace unos meses que se ha puesto sobre la mesa el aumento exponencial de los juegos de azar. Con las tecnologías digitales puedes jugar desde el móvil como si estuvieras en un casino. Puedes ganar y perder dinero sin moverte de la silla o de la cama. Puedes ser dependiendo de los juegos sin salir de casa.

El tema de los juegos de azar y de las loterías hace muchos años que dura. Todos los gobiernos utilizan las loterías para recaudar dinero de una manera un poco escondida. Los beneficios de la lotería van a parar, supuestamente, a gastos sociales. Pero iría bien saber cómo se reparten, conocer qué gasto social se ha beneficiado.

Las loterías sirven para dar una pequeña esperanza de mejorar la situación de manera milagrosa. Sin esfuerzo, esperando que la suerte, la divinidad, el azar sea favorable. Se hace toda una liturgia. La lotería de Navidad es un elemento más de las fiestas navideñas. Al mismo nivel que los regalos, las cenas, los encuentros familiares… han conseguido que forme parte del paisaje navideño.

Bastantes personas, mayores y jóvenes, viven inmersas en los juegos de azar (diversas loterías, diarias o semanales, apuestas…) Nos hemos acostumbrado a vivir en medio de todo esto; las tómbolas de las fiestas mayores y populares de los barrios; los sorteos para recoger dinero para un viaje escolar; para ir de colonias… Lo vivimos como un elemento que apacigua un poco las angustias de la crisis. Quizá por eso el gasto en loterías aumenta cuando las situaciones económicas de las familias son bajas, aunque parezca una paradoja.

Diría que con el juego en línea hemos traspasado otra línea roja. Ya no es necesario salir de casa, no es necesario comprar números, es más fácil que las máquinas tragaperras que hasta hace poco estaban muy de moda (y aún siguen). La propaganda es repetitiva en los medios y en las redes. Es muy grave que unos personajes con cierta fama la utilicen para animar a participar de los juegos. Se está intentando normalizar algo que es anormal, que no favorece la convivencia ni la relación, que está en contra de la colaboración y la ayuda entre amigos y vecinos.
El juego en sí y el juego en línea en particular son especialmente graves. Se está haciendo mucho daño a adolescentes. ¿Por qué el juego?
Podemos pensar que es una manera de desmotivar a la gente joven ahora que se despierta, por ejemplo, en la lucha contra el cambio climático. En las clases dominantes interesa que la gente joven se distraiga. En otros contextos y momentos lo fue la droga, que se repartió masivamente para frenar luchas juveniles. Hay que conseguir que se olvide la catástrofe climática en el Mar menor, en Murcia; o lo que pasa en las luchas en Ecuador y en Chile; las matanzas de kurdos en Siria y Turquía; las refugiadas ahogadas en el mar; los desahucios diarios en nuestro país, a tocar de nuestras viviendas; los plásticos que llenan los mares y llegan a nuestro organismo a través de lo que comemos … jugando online dentro de casa no pensaremos en nada de esto.

El juego va en contra de la autonomía personal, en contra de fomentar las capacidades que tenemos y a favor de ser competitivos… Va a favor de la insolidaridad. Todo lo que intentamos inculcar desde las escuelas son valores que pueden quedar ahogados por el juego.

En la vida diaria y familiar aumentarán las enfermedades, las situaciones de ansiedad, las angustias… los suicidios. Quizás merece un comentario explícito. Hemos dicho que con el juego no nos jugamos la vida pero diría que no es del todo cierto. El suicidio es hoy la primera causa de muerte entre la juventud. Angustias insuperables, falta de estima, de autoestima, de perspectivas de futuro… pueden animar a suicidarse. ¡Cuántos de estos síntomas se acercan a los síntomas del jugador enganchado!

Hasta ahora se evitaba hablar del suicidio porque se creía erróneamente que hablando aumentaba el riesgo. Esto mismo se decía cuando empezamos a hablar de drogas en los centros escolares. La mejor manera de prevenir cualquier riesgo es hablar abiertamente con cuidado y tranquilidad. La mejor manera de prevenir los riesgos asociados al juego es hablar. ¿Lo hacemos en los centros escolares? ¿Lo tenemos en cuenta? ¿Somos conscientes de la nueva situación peligrosa que vive nuestro alumnado?

Importan mucho los intereses crematísticos de las empresas, los intereses para ganar más y más y, al mismo tiempo (no menos importante), distraer a las personas para evitar que vivan la realidad y luchen por cambiarla. Distraer para que piensen en soluciones mágicas y que dependen de otros, que dependen de parámetros no controlables… Una distracción que ayuda a hacer una sociedad terca, que acepta acríticamente todo lo que se le dice. Las personas que están pegadas al juego se desresponsabiliza: ganan o pierden sin sentirse responsables, será fácil extrapolar este sentimiento al resto de las actuaciones de su vida. Será fácil que hagan caso de las propagandas, de las indicaciones de los grandes controladores actuales de nuestra vida. Google, Facebook… nos están diciendo o aconsejando lo que tenemos que hacer, qué comer, qué comprar, como pasar el tiempo libre… el juego aparece en medio como un elemento de gran importancia dentro del modelo que nos quieren imponer y parece que poco a poco lo están consiguiendo. Podríamos decir que el juego, las apuestas, están, poco a poco, convirtiéndose en una de las adicciones graves del siglo XXI.

Como siempre, maestros, profesores, educadores… tenemos que remar a contracorriente, debemos velar por que el juego no sea visto como una alternativa, no damos pie a buscar éxitos o soluciones que no sean racionales, que no partan de algo pensado, de algo valorado. Debemos acompañar a los adolescentes, tal vez los niños aún no les afecta tanto, que sufren por culpa de la afición al juego; tal como acompañamos los que están enganchados a las drogas.

Como hemos dicho, hay centros escolares y de esparcimiento que organizan rifas o tómbolas para ganar dinero para una salida, para ir de colonias … nos parecemos a los gobiernos que organizan loterías para recoger dinero y aplicarlos, supuestamente, a necesidades sociales de la población. Y ese es el camino fácil: sería bueno exigir a las administraciones que dieran los recursos adecuados que hicieran innecesario recurrir a soluciones inadecuadas

¡Pensémoslo! El juego es insolidario, yo gano, los demás pierden. No es crítico: acepta los hechos del azar. No nos deja ser personas autónomas: dependemos de circunstancias que escapan a nuestro control.

Educadores y educadoras, debemos procurar un crecimiento de niños y adolescentes como personas autónomas, críticas y solidarias. Debemos ser conscientes de que tanto el problema como la solución no es sencilla: el problema y la solución afecta a todos.

Porque educación y formación son imprescindibles pero no tienen suficiente fuerza. Mientras el sistema económico que nos domina no proporcione un futuro real y digno, nuestra actuación será insuficiente. La conciencia cívica nos debe impeler a luchar por unos cambios sociales, laborales y económicos que permitan a todos vivir con dignidad, como personas; que nos permitan pensar con ilusión con un futuro con posibilidades reales para nosotros y para nuestros descendientes.

Si entre todos y todas, sin querer, permitimos que el juego se vaya haciendo presente en las vidas de las jóvenes y adolescentes, entre todos y todas tenemos que buscar las alternativas, educando como colectivo y ayudando a que haya un futuro real y digno para los que están creciendo y no lo ven, quizá porque desgraciadamente no lo tienen.

Joan M. Girona
Sobre Joan M. Girona

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