Los accidentes laborales en Catalunya han crecido un 36% desde que se aplica la reforma laboral

Entre enero y julio de este año, se registraron casi 60.000 accidentes de trabajo con baja. Si se mantiene la tendencia actual, 2019 se podría cerrar con 100.000 accidentes laborales, una cifra a la que no llega desde 2010

Tomeu Ferrer / Victòria Oliveres
 
 
Worker At Construction Site Is Fixing The Form For The Beam

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La reforma laboral, calificada por el ex presidente de España, Mariano Rajoy, de «extremadamente agresiva» y no subsanada por el gobierno del PSOE, ha contribuido al aumento de la accidentalidad en el trabajo en Catalunya, según se desprende de los datos recopilados por Diari del Treball y las valoraciones sindicales.

El mes pasado, los sindicatos mostraban su alarma ante el hecho de que entre enero y julio se habían producido en Catalunya 56 muertos en accidente laboral. Sólo en julio hubo hasta 10 accidentes laborales mortales.

No se trata, sin embargo, de un aumento puntual ceñido al último año, sino que es una tendencia al alza desde el 2013. Si se cuenta el periodo de enero a julio de este año, el número de accidentes con baja suma 59.704, lo que representa un incremento del 6% respecto al mismo período del año anterior.

Se podría argumentar que el incremento de actividad fruto de la recuperación económica puede explicar que haya más accidentes. Para tener en cuenta las fluctuaciones en el mercado de trabajo, se ha creado el índice de siniestralidad, que mide el número de accidentes por cada 100.000 trabajadores.

Tanto si el cálculo se hace en función de la totalidad de los accidentes como si se hace a partir del índice de siniestralidad, se ve como la tendencia de los accidentes a disminuir hasta los años 2012-13 ha dado la vuelta y, desde entonces, crece constantemente. Este año, el número de accidentes con baja laboral es un 36% mayor que entre enero y julio de 2013.

Durante el primer semestre y en julio, los accidentes laborales con baja solían ser el 60% del total anual. En este sentido, si se mantiene el crecimiento experimentado en los últimos años, a finales de 2019 se podría superar la cifra psicológica de los 100.000 accidentes con baja. Para encontrar una cifra similar habría que ir atrás hasta el año 2010.

Si se miran los gráficos, se ve que tanto en cifras absolutas como en el índice de siniestralidad en Catalunya se dibuja una evolución idéntica: los accidentes bajan hasta 2012-13 y suben desde esta fecha en una tendencia que no se ha frenado. Esto ocurre aunque el índice mide los accidentes en el conjunto del año y no se discriminan mensualmente.

Cristina Torre, secretaria de acción sindical de CCOO de Catalunya, asegura que «la explicación hay que buscarla en la reforma laboral». Hace memoria y recuerda que en 1995 se aprobó la ley de prevención de riesgos laborales. La aplicación de esa normativa posibilitó la lenta reducción de los accidentes, tanto leves como graves o mortales. Y es a partir de la reforma laboral cuando la tendencia cambia y la curva sube.

«La reforma laboral incluye en uno de sus apartados menos conocidos que las mutuas tomen un papel protagonista en la gestión de los accidentes», dice Torre. A partir de la reforma de la normativa que regula la intervención de las mutuas en los accidentes que se producen en las empresas, son estas entidades, que por otro lado tienen que pagar los salarios cuando hay incapacidad fruto de los siniestros, las que califican los accidentes.

Y precisamente, desde que lo deciden las mutuas, el número de accidentes leves ha crecido mucho más que lo que lo han hecho los accidentes graves. Esto tiene una repercusión directa en las inversiones que deben hacer las empresas en prevención: si bajan los accidentes más peligrosos, no es necesario dedicar fondos a evitarlos, pueden pensar los empresarios. Pero, si no hay políticas preventivas, el resultado es que hay más accidentes.

«Una cosa que hemos visto es que ahora la mayoría de las declaraciones de accidentes laborales graves tienen que ver con siniestros con afectación violenta sobre las personas. Si hay un aplastamiento de un trabajador, esto no se puede ocultar, porque hay atestado policial e interviene también la inspección de trabajo, pero si una persona fruto del estrés sufre un accidente cardiovascular, puede pasar como un caso leve, y quedar escondido en los índices de siniestralidad», afirma Torre.

La reforma laboral, según la sindicalista de CCOO, ha tenido otro efecto pernicioso para la clase trabajadora y su seguridad en el trabajo: ha hecho posible la cadena de subcontrataciones que permite que una empresa pase partes de su actividad a otras compañías que, para tener ganancias recortan, no sólo salarios sino también inversiones en salud y prevención de accidentes.

Un tercer aspecto que explica la evolución creciente de la siniestralidad es la proliferación de trabajos con contratos precarios o parciales. Estos puestos de trabajo los ocupan personas que, por sus condiciones contractuales, suelen estar más dispuestas a aceptar trabajos con más riesgos o sin la protección adecuada, mientras que los operarios con contratos fijos suelen reclamar medidas de seguridad o pueden recurrir a sus representantes sindicales para evitar hacer trabajos que pongan en peligro su integridad.

Por su parte, Nuria Gilgado, Secretaria de Política Sindical de UGT de Catalunya, coincide en el fondo con las declaraciones de Torre. Lo hace con casi un eslogan: «siempre hemos dicho que la precariedad lleva a la siniestralidad», dice. En este sentido recuerda que «varios estudios que hemos hecho en el sindicato muestran que en aquellos sectores con condiciones laborales más malas es donde se producen más accidentes de trabajo».

Gilgado pone sobre la mesa una serie de circunstancias que, en su opinión, hacen que los accidentes se disparen a partir de la puesta en marcha de la reforma laboral: «la flexibilización y el alargamiento de las jornadas de trabajo, los horarios interminables y la rebaja de salarios». Pero, en su opinión, un elemento fundamental es que «a partir de la reforma laboral se vio lo que son inversiones en previsión como un mero gasto, y se recortaron estas medidas, lo que ha hecho que el país no haya una cultura preventiva necesaria para asegurar el trabajo y la salud».

Y todavía hay otro elemento indirecto que liga los accidentes con la reforma laboral: es la nueva norma que obliga a declarar la jornada laboral. «La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TUE), justifica la exigencia del control de los horarios para hacer que se cumplan los tiempos de descanso. Dicho en otras palabras, si no se sabe las horas que trabaja una persona no pueden tampoco reclamar los tiempos de descanso», dice Cristina Torre. Es sabido que la desregulación masiva de horarios llegó de la mano de reforma laboral.

Pero no todo son aspectos críticos. La legislación española ha decidido desde el 1 de enero de este año adoptar los criterios para clasificar los accidentes de trabajo, siguiendo las pautas establecidas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unión Europea (UE).

La adopción de los criterios permitirá tener datos estadísticos de cómo se producen los siniestros y adoptar las políticas consiguientes para evitarlos. Ahora bien, esto podría no aplicarse a Catalunya, explica Torre, porque la Generalitat ha decidido no utilizar la clasificación mencionada, por lo que aquí tampoco se podrán conocer los accidentes según sus causas.

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