Las mujeres tienen más diagnósticos de depresión pero menos atención y gasto sanitario

Múltiples factores contribuyen en la salud mental. Uno de ellos es el tratamiento, la prescripción y la respuesta del sistema sanitario. Durante la primera Jornada del ICS para incorporar la perspectiva de género, Caridad Pontes nos habló sobre la depresión

Carla Benito
 
 
 
Abstract blurred office interior room. blurry working space with defocused effect. use for background or backdrop in business concept

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El Servei Català de la Salut dispone de un programa llamado «de armonización farmacoterapéutica (PHF)» que quiere garantizar «la equidad en el acceso a los medicamentos hospitalarios y medicamentos en receta en el ámbito del SISCAT, la mejora en los niveles de eficiencia y efectividad y en el nivel de utilidad terapéutica, de acuerdo con los principios de uso racional, teniendo en cuenta el marco de disponibilidad y la necesaria optimización de los recursos». Para llegar a esta equidad hay un equipo detrás trabajando en el análisis de donde hay más desigualdades y por qué.

Caridad Pontes, gerente de este programa, explicó el funcionamiento del grupo durante la primera Jornada «Incorporemos la perspectiva de género en salud» del Institut Català de la Salut. «Hacemos análisis de consumo, de gasto… pero también hacemos análisis de la adecuación de la prescripción», explica. «Podemos tener información muy detallada no sólo de cantidad de cajas dispensadas, sino también de cuáles son los resultados y algunos datos de práctica real de cuáles son las consecuencias de las prescripciones», sigue. Dado que su exposición debía cursar sobre sexo y género, Pontes explicó que cuando empezaron a hacer análisis a hospitales también y desde el principio se plantearon como contemplar las variables del sexo. Sin intentar aplicar este análisis sistemática, cuando la presentaban a muchos técnicos recibían como respuesta que era demasiada información y no era necesario ponerlo todo: » se ha de decir que hay clínicos con sensibilidades muy variables”.

En todo caso, Pontes durante la ponencia intentó desarrollar el porqué de esta importancia con un caso que se ajusta mucho al día de hoy, el Día Mundial de la Salud Mental y la enfermedad de la depresión.

Como ya revelaba la Enquesta de Salut de Catalunya, el 7,6% de la población de 15 años y más sufre depresión mayor o depresión mayor severa. Esto supone el 3,9% de los hombres y el 11,2% de las mujeres. La ESCA también mostraba que este porcentaje aumenta con la edad (sobre todo a partir de los 75 años, que es del 13,9%) y es más elevado en las personas que pertenecen a la clase social menos favorecida (8,5% la clase III y 4,6% la clase I) y en las personas con un nivel de estudios más bajo (11,5% las que tienen estudios primarios o no tienen y 3,4% las personas con estudios universitarios). El párrafo dedicado a esta enfermedad de salud mental acababa afirmando que el porcentaje de población con depresión mayor o depresión mayor severa ha aumentado en el último año en más de un punto de porcentaje sobre todo en las mujeres.

Diapositiva del consum d’antidepressius durant la Jornada de l’ICS

En este sentido, Francesca Zapater escribía para este diario que «la mejora del estado de salud de las mujeres tiene que pasar por medidas activas de reducción de las desigualdades sociales que se producen por el hecho de ser mujeres. Medidas activas que son urgentes, porque la situación está empeorando. A ESCA de 2013, por ejemplo, las diferencias en el porcentaje de percepción de salud excelente, muy buena y buena en mujeres de más de 75 años era de 6 puntos, cuando en 2018 la diferencia es de 18 puntos».

Una serie de análisis que quiso trabajar el equipo de armonización farmacoterapéutica se centró en la depresión. ¿Por qué? Por ser uno de los grupos terapéuticos en el que la diferencia por sexo en la prescripción es mayor. Pontes explica que «las mujeres consumimos antidepresivos en una proporción mucho más elevada y mucho más intensa que los hombres» y que «los analgésicos son otro de los candidatos de receta más elevado».

La prevalencia de depresión es mucho más elevada en mujeres que en hombres. Pontes cree que puede haber muchas causas que expliquen esto pero que, en todo caso, «los números al final nos dicen que la prevalencia en mujeres es de tres veces más». Y esto ocurre en todas las franjas de edades: la prevalencia es continua y se nota aún más en edades avanzadas.

Como parte de los fármacos, donde las mujeres están mucho más medicadas, hay también saber qué uso se hace de los servicios de salud, Pontes explicó que al mirar la tasa de salud mental ambulatoria, se ve que los hombres no hacen un uso menor de estos a la vez que «hay 2-3 veces más mujeres con diagnóstico y el consumo de antidepresivos es hasta 3-4 veces más». «Esto es inesperado pero quizás es que se atienden en otros tipos de dispositivos, ¿no? Pues si miramos qué grado de salud tienen en general las mujeres que tienen depresión respecto a los hombres que tienen depresión… Si hacemos un análisis de comorbilidad vemos que los mujeres con depresión tienen una carga de comorbilidad mucho mayor que la de los hombres», sigue Pontes. Entonces plantea que «deberíamos esperar que las mujeres hicieran un consumo de recursos sanitarios mucho mayor que los hombres».

Otro de los elementos analizados fue el gasto sanitario en depresión (farmacia, hospitalización …). El gasto sanitario en hombres con depresión es de nuevo más elevadO que la que hacen las mujeres con depresión. «Teniendo en cuenta que tienen más comorbilidad las mujeres y que hacen mucho más consumo de fármacos…», valora Pontes.

Ús de recursos sanitaris en dones amb depressió

Le plantea entonces al público que «igual es que tienen algo menos de gravedad las mujeres o puede que haya una mayor queja». Pero estos son supuestos que desde el grupo no pueden comprobar con los datos que utilizan para el análisis de fármacos. Sí que miraron un factor que podía ayudarlas a tener más concreción: los datos de intentos de autolisis que «es una marca de gravedad, es el factor de riesgo más elevado para tener un suicidio consumado posteriormente». Pontes, al respecto, además, valoró que «hay una discrepancia muy grande en la incidencia de intentos de autolisis en mujeres y hombres» que además «no correlaciona nada con la incidencia de muerte por suicidio que es mucho más elevada en hombres que en mujeres». Es decir, como indicador de gravedad vieron si había menos intentos de autolisis entre las mujeres y la respuesta fue que no: las mujeres tienen dos veces más intentos de autolisis que los hombres.

Así, en salud mental el sexo también importa. «Hay cosas que son esperables porque dependen del sexo pero otras que son inevitables que dependen de la cultura y la sociedad qu,e si están produciendo inequidades, deberíamos intentar analizar y afrontar. El primer paso es mirarlas», cerró Pontes.

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