«La redacción del Estatut del 79, liderado por los socialistas, es el último gran episodio de unidad de los partidos democráticos catalanes»

El historiador Jaume Muñoz ha publicado el libro 'Perseguint la llibertat. a construcció de l'espai socialista de Catalunya', que bucea en la trayectoria de las ideas y partidos socialistas catalanes entre la post guerra y la victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982

Siscu Baiges
 
 
 
Jaume Muñoz, historiador

Jaume Muñoz, historiador

Con el título Perseguint la llibertat. La construcció de l’espai socialista a Catalunya 1945-1982(L’Avenç), Jaume Muñoz Jofre, licenciado en Historia por la Universitat de Barcelona, ha escrito un libro que se adentra en la trayectoria de las ideas y los partidos socialistas catalanes del periodo que comprende desde la inmediata post-guerra civil española hasta la victoria aplastante del PSOE en las elecciones generales del 28 de octubre de 1982.

Lo ha hecho con el apoyo de una beca de investigación de la Fundación Ernest Lluch y forma parte del trabajo de investigación de la tesis doctoral que presentará pronto. Repasamos, pues, con él estos cerca de sesenta años de éxitos y fracasos, de ilusiones y frustraciones, de acuerdos y discrepancias en la familia socialista catalana.

¿Qué peso tenía el socialismo en Catalunya en 1945? ¿Quiénes eran y cuántos los socialistas catalanes de aquella época?

Era muy residual. Dentro de Catalunya había muy pocos socialistas. Se está terminando la Segunda Guerra Mundial y gente antifranquista piensa que las tropas aliadas entrarán en España y derribarán el franquismo tal y como se han cargado el fascismo italiano y el nazismo. Pero esto no ocurre. Mientras, desde el exilio, Josep Rovira, un aventurero, luchador y secretario general del POUM, diseña una estrategia que consiste en hacer un movimiento que agrupe a todos los socialistas catalanes para estar preparados para la caída del franquismo. No se trata de hacer un partido sino de agrupar a toda la gente de tendencia socialista, que son pocos.

En 1936 se había creado el PSUC entre todas las fuerzas socialistas que había en Catalunya y enseguida quedó absorbido en la obediencia de la Internacional Comunista. El POUM es el único partido que queda al margen de este proceso. Hay un rastro muy residual de la Federación Catalana del PSOE, con un personaje que se llama Juan García, a quien conocen como ‘el paleta’, pero que tiene muy claro que no deben colaborar con este movimiento socialista debido a la afirmación: «antes que socialistas somos catalanes».

Hay una tradición política que es la del socialismo catalán que se inscribe en las preocupaciones federalistas de lo que era la izquierda aquí; y otra tradición política, que es la del PSOE, muy marcadamente centralista, que chocan. Tienen muchos problemas para poder congeniar. Cuando se produzca finalmente la unidad socialista en 1978, la relación entre estas dos visiones sobre cómo debe ser este partido y cómo debe ser España será muy conflictiva.

¿Eran pocos porque siempre habían sido pocos o porque la guerra civil y la represión franquista les había hecho mucho daño?

Eran pocos porque eran pocos. El anarquismo y el lerrouxismo del Partido Radical tenían mucha más influencia entre la clase obrera. Andreu Nin, Rafael Campalans o Manuel Serra i Moret son valorados por sus aportaciones a nivel ideológico pero tienen poca implantación popular. El Partido Radical tiene creada una estructura de Estado dentro del Estado, con una organización formidable y, en cambio, los socialistas son residuales. Los comunistas también eran residuales hasta el año 1936. Así como los fascistas.

Hay una impresión bastante extendida de que los militantes del PSUC, comunistas, son los que más trabajaron durante el franquismo y que, cuando llegó la democracia, los votos de los trabajadores se los llevaron los socialistas. Parece una injusticia histórica

Injusticia no creo que sea la palabra más acertada. Es sorprendente. El PSUC crea el marco mental de ser el gran partido del antifranquismo. Hace, realmente, mucho trabajo que nadie hace. Dentro del movimiento antifranquista es una fuerza imprescindible y líder. Pero hay que pensar que estamos en el contexto de la guerra fría, que hay mucha gente anticomunista y que en un clima generalizado de ilusión por un cierto cambio, mucha gente prefiere votar por una fuerza de izquierdas que no sea comunista. Son socialistas que están hablando de autogestión, del derecho a la autodeterminación, de una transformación socioeconómica a fondo. Mucha gente siente simpatía con ellos.

A nivel estatal, a partir del 1972, Felipe González comienza a tomar las riendas del PSOE, que había terminado como una organización casi muerta. El PSOE no se declaraba marxista hasta entonces. Lo hace durante tres años y luego da marcha atrás. Cuando hace el sorpasso al Partido Comunista, intenta dar el sorpasso de la UCD y modera mucho sus posiciones. Hay un clima de radicalidad verbal generalizada entre todas las fuerzas que se presentan a las primeras elecciones democráticas.

En 1977 no existe el PSC. Hay una coalición electoral entre el PSC-Congrés y la Federació Catalana del PSOE. Tienen tanto apoyo gracias a un discurso radical sin ser comunistas. De todos modos, hay que tener en cuenta que el PSUC queda como segunda fuerza política en las elecciones de ese año. Tiene un apoyo importante.

El proceso de unidad socialista en Catalunya no fue fácil

El proceso de encuentro fue muy difícil. El Moviment Socialista de Catalunya, en 1945 dice que quiere ser un movimiento, no un partido; una plataforma capaz de integrar todas las sensibilidades socialistas en Catalunya que camine hacia la formación de un partido que negocie a tres con los socialistas españoles y vascos. Durante el franquismo son un punto de referencia pero a partir del 1966, con la radicalización de la izquierda europea y con el distanciamiento entre las visiones desde el exilio y el interior, se produce su implosión. Se crean varias alternativas. Ninguna de ellas tiene un recorrido largo. Front Obrer de Catalunya, Forces Socialistes Federals… Cuando toda esta gente ha hecho un trayecto de radicalización y ve que no ha llegado a ningún puerto, tira atrás y se propone crear el Partido de los Socialistas de Catalunya.

La idea no es coger un partido que ya exista e ir incorporando otras formaciones, sino crear uno nuevo entre todos. Se pone en marcha un proceso largo de fundación del PSC, que se conocerá como Congrés, con gente como Isidre Molas, Joan Reventós, Ernest Lluch, Narcís Serra, Pasqual Maragall, Raimon Obiols… Más a la derecha tienen el Reagrupament Socialista i Democràtic, de Josep Pallach -que viene con una visión más propia del exilio- y el PSOE. Cuando en 1977 hagan la alianza electoral entre el mundo del Congrés y el PSOE verán que el experimento funciona. El éxito electoral les empuja, de alguna manera, a culminar esta alianza en un partido político. Por otra parte, Pallach murió de forma repentina y el grupo del Reagrupamiento quedó muy desorientado, además de constatar su fragilidad electoral. Todo esto ayuda a que en julio de 1978 se acabe construyendo el único y primer Partido de los Socialistas de Catalunya.

Joan Reventós, Josep Maria Triginer y Josep Verde

Con grandes tensiones

Brutales. Primero se hacen los tres congresos de autodisolución de las formaciones que lo integran: el PSC-Congrés, el PSC-Reagrupament y la Federació Catalana del PSOE. Pero la militancia de la Federació estaba convencida de absorver los dos partidos socialistas catalanes. Hasta que Alfonso Guerra no les dice públicamente, micrófono en mano, que «tendremos lo mismo que teníamos pero con otro nombre», no lo aceptan. Después, en sus memorias dice que se arrepiente tantísimo de haberlo hecho así. Hay muchas bajas de militantes de las dos formaciones propiamente catalanas que no están de acuerdo en que el proceso de unidad del socialismo catalán se haga de esta manera.

Los congresos de autodisolución son muy convulsos. Y los primeros años del PSC como partido, explicado por los propios dirigentes y militantes de base, se viven en un ambiente de conflicto constante, con mucha tensión, muchas dificultades. Hasta que las dinámicas políticas y de poder y la entrada de nueva gente no vengan a suavizar estas dificultades iniciales, el nacimiento del PSC será difícil y durante varios años marcarán la vida interna del partido.

En las elecciones generales de 1977 y las municipales de 1979, el PSC fue el partido más votado en Catalunya. Esto ayudaría a suavizar las tensiones internas

Ganan los ayuntamientos, vuelven a ganar las generales… La intención inicial era presentarse por separado. Hay una serie de encuestas, sin embargo, que el gobierno Suárez filtra a los dirigentes socialistas, que demuestran que si las fuerzas socialistas que hay en Catalunya se presentan por separado a las elecciones, ganaría el PSUC; la Federación Catalana del PSOE sería la tercera fuerza, el PSC-Congrés, la quinta y el PSC-Reagrupament quedaría más abajo. Por eso hacen la coalición electoral, una coalición que es anómala porque el PSOE no tiene organización en Catalunya hasta ese momento.

En noviembre de 1975, con Franco muriéndose, un estudiante de la Universidad Laboral de Tarragona, Josep Sánchez Cervelló, recibe el encargo de llevar adelante la tarea heroica de hacer el partido, las juventudes y el sindicato en la provincia de Tarragona. Lo hace con otros colegas de la Universidad. Le dieron el carné número 152 pero los cien primeros números no existían. Cuando abren un local en la rambla de Tarragona hay una cola de treinta personas para afiliarse.

Cuando se celebran las primeras elecciones, mucha de la inmigración peninsular tiene el recuerdo del PSOE y lo votan. Tienes una fuerza prácticamente inexistente durante el franquismo que ganará las elecciones a las otras fuerzas socialistas catalanas. Por eso el PSC pone sobre todo la cabeza y los otros ponen el músculo electoral y el grueso de la militancia.

Las elecciones van bien hasta 1980 cuando llega el varapalo de la derrota en las elecciones al Parlament de Catalunya ante la CiU que lidera Jordi Pujol. No se lo esperaban

Vienen de ganar las elecciones generales de 1977 y de 1979 y de ganar muchos ayuntamientos, entre los que destacan las cuatro capitales de provincia de Catalunya. ¿Qué ha pasado? En parte es el efecto Tarradellas. Su oposición a que las fuerzas vencedoras en las elecciones de 1977 piloten el proceso de recuperación del autogobierno, quita mucha visibilidad a los socialistas catalanes como fuerza vinculada al autogobierno catalán.

A nivel estatal sí consiguen esta presencia pero a nivel catalán quedan en un plano secundario detrás del hiperliderazgo de Tarradellas. Además, se hace una mala campaña electoral. A veces, cuando piensas que lo tienes todo ganado es cuando pierdes. Varios testigos que he entrevistado me han hecho la autocrítica de aquella campaña, diciéndome que no tenían un buen equipo de primeras espadas, con unas listas menos carismáticas y punzantes que las que presentaban al Congreso.

Los coge totalmente por sorpresa la derrota. La semana antes de las elecciones habían estado distribuyendo entre la prensa cómo sería la composición del nuevo gobierno. Pujol les ofrece hacer un gobierno de coalición pero lo rechazan. Sólo hay una voz que se muestra a favor a nivel interno. Es Paco Ramos, un histórico, con una vida increíble, que estuvo los gulags de la Unión Soviética. Dice que se está configurando el autogobierno catalán que definirá cómo será la Generalitat que salga y que hay que entrar en el gobierno. Pero el resto lo rechaza. También pesó la campaña de la patronal avisando de los peligros de una victoria de las izquierdas.

De hecho, en el Parlament había una mayoría de izquierdas. Se podría haber construido una mayoría alternativa

Se podría haber hecho pero están tan chocados y caen tanto en el desánimo que se quedan como primera fuerza de la oposición, con un tono muy crispado y decepcionado, y entran en una dinámica que durará muchos años: ser la primera fuerza de la oposición.

¿La historia reciente de Catalunya habría sido muy diferente si el PSC hubiera aceptado entrar en el gobierno con Jordi Pujol?

Quizás. Pero no lo sabremos nunca. Se comenzó a apuntar la tendencia que en el electorado del PSC un sector se movilizará por las generales pero no lo hará por las autonómicas. Una dinámica que durará 23 años.

¿Cuál fue el papel del socialismo catalán en la redacción y en la aprobación de la Constitución española? ¿Intervino mucho?

No. En política las relaciones personales son muy importantes y el PSC interviene en la medida en que hay diputados como Ernest Lluch que tienen buena sintonía con otros diputados del grupo del PSOE. Tenemos que pensar que cuando se hace el pacto electoral en 1977 y obtienen 15 diputados, los socialistas de Catalunya tienen grupo propio en el Congreso, que lo mantendrán en 1979. En el año 1977, a pesar de tener grupo propio, hay un acuerdo entre el PSOE y el PSC-Congrés que dice que los diputados de la candidatura quedarán englobados dentro del grupo de los socialistas de Catalunya pero que habrá disciplina común de voz, acción y voto.

También se acuerda que todas las decisiones que deban tomarse se harán de forma consensuada y teniendo en cuenta la proporción de cada grupo en asamblea previa de parlamentarios. Toda la acción de los socialistas de Catalunya en la confección de grandes leyes como los Pactos de la Moncloa o la Constitución se hará obedeciendo las directrices del PSOE. Las asambleas de parlamentarios no se reunieron mucho.

En cambio, el PSC sí tiene un papel importante en la redacción del Estatut

El PSOE no interviene y el PSC tiene un papel de liderazgo absoluto. Tarradellas se autoexcluye. La redacción del Estatut del 79 es quizás el último gran episodio de la unidad de los partidos democráticos catalanes. Aunque hay un liderazgo del PSC en la redacción del Estatut, se hace de forma muy consensuada. No se plasma el proyecto de los socialistas sino que recoge la idea de que tienen todas las fuerzas de cómo debe ser Catalunya y el autogobierno catalán.

¿A partir de aquí se acaban los grandes consensos?

Sí. Hay una serie de leyes de consenso, como la de la inmersión lingüística, que sale de una reivindicación de padres de familias inmigradas y que desarrolla Marta Mata, una socialista catalana. Pero el nivel de consenso que se logra en el Estatut de 1979 después ya no se mantendrá con un espectro político tan grande.

¿Cómo repercute el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en el socialismo catalán?

Condiciona mucho. El golpe de Estado se utiliza como tope: «No tiremos mucho más que mira qué pasa, ¡los militares se cabrean!». Se valora que el desarrollo autonómico está en marcha y que la Constitución de 1978 es muy progresista. Prevé que los trabajadores terminen siendo los dueños de sus empresas. Tiene una serie de claves sociales que luego no se han desarrollado. El golpe de Estado para esta interpretación. Se comienza a desarrollar la Ley Orgánica de Armonización de los Procesos Autonómicos (LOAPA) que los socialistas catalanes entienden como una limitación fuera medida de sus aspiraciones.

La dirección del PSC envía una serie de enmiendas a la ley que el portavoz parlamentario, Ernest Lluch, acaba no presentando. Esto abre una crisis impresionante dentro del socialismo catalán que hará que pierda, en 1982, el grupo parlamentario propio, con otras excusas. Lluch no presenta las enmiendas bajo la amenaza de que la Federación Catalana del PSOE se escindirá o que el PSC perderá todos los apoyos internacionales. Además, tiene la idea de que para hacer política efectiva en Catalunya se necesita ser influyente en Madrid y no tiene sentido pelearse con el PSOE porque sino «no nos darán nada».

El nacionalismo catalán ha acusado siempre a los socialistas de ser ‘sucursalistas’, antes, durante y después de la LOAPA y del debate sobre el grupo propio. ¿Tan importante era o es tenerlo?

Con Pere Navarro, como primer secretario de los socialistas catalanes, aunque sale el tema del grupo propio, ¿cuántas veces votó diferente el PSC del PSOE en dos legislaturas? Dos. Para la cuestión de la Amnistía, que no incluyó a los militares que se habían opuesto a la dictadura y Juli Busquets, diputado socialista catalán que había sido miembro de la Unión Militar Democrática, votó en contra. Pero esto estaba consensuadísimo. Y por el asunto de la LOAPA, cuando algunos diputados del grupo votaron diferente.

Hay militantes y dirigentes que dicen que no era tan importante tener grupo propio, porque al fin y al cabo votaban lo mismo, pero hay muchos que dicen que al no tenerlo se pierde visibilidad, el poder soltar tu punto de vista, la capacidad de aportar tu matiz. Como se da la victoria electoral arrolladora del 1982 y entran dos ministros del PSC en el primer gobierno de Felipe González, se asume que un gobierno no puede tener más de un grupo parlamentario. Mientras hay gobierno socialista en La Moncloa no tiene sentido que haya más de un grupo parlamentario socialista.

Hábleme de tres dirigentes socialistas de mucho peso en estos años. Empezamos con Ernest Lluch

Es un personaje extraordinario. Es tan curioso y le gusta tanto meterse en todo lo que puede que, evidentemente, tiene muchos pros y muchos contras. Tenía una gran capacidad de trabajo. Viene de Valencia porque lo  depuraron de la Universidad de Barcelona. Aterriza en 1977 pero como su mujer tenía casa en Banyoles, veraneaba en La Garrotxa y se había dedicado a montar el núcleo del PSC-Congrés en las comarcas gerundenses, no estaba desvinculado de Catalunya, no era un paracaidista.

Valencia, justamente, fue uno de los territorios con más confrontación con la alianza con el PSOE. Con esta experiencia viene a Catalunya y sale elegido como cabeza de lista por Girona. Es economista pero tiene un pensamiento histórico muy desarrollado y ve que se ha de hacer política catalana en Madrid y que Madrid lo acepte. El tema de la LOAPA lo arrastra toda la vida. Deja de ser portavoz del grupo del PSC cuando no presenta las enmiendas pero luego será ministro. No lo expulsan del partido. Nunca dejará de ser del PSC pese a que se dedique a hacer política estatal. Es un personaje muy complejo, a todos los niveles. Mientras es ministro mantiene la actividad académica. Hay que ser un superdotado para poder compartimentar la cabeza de esta manera. Tiene la voluntad de llegar a todas partes y es un polemista nato.

¿Narcís Serra?

Era muy joven cuando llega la democracia. Viene de hacer la mili. Todos le ven potencial. Él sostiene que no quería ser alcalde ni ministro. Es una mente bastante brillante y el PSC necesitaba personal político dirigente de un buen nivel. A nivel orgánico tiene un papel residual porque enseguida que llega es, primero, consejero del gobierno provisional de Josep Tarradellas, después pasa a ser alcalde y finalmente ministro. Pasa de cargo político en cargo político y no tiene una actividad importante dentro del partido.

Y ¿Joan Reventós?

Joan Reventós es un hombre de consenso. No es el líder en ningún aspecto pero es bueno en todo. Decían que era muy buen hombre, que esto ayuda. Es más mayor que muchos de ellos. Había hecho la tesis doctoral en el tema de las colectivizaciones y el mundo cooperativo y, por tanto, a pesar de que viene de una familia muy acomodada de Barcelona, ​​tiene una preocupación social que conecta con el mundo socialista y el antifranquismo catalanista. No es punta de lanza a nivel ideológico. No tiene un carisma desbordante. Sabe escuchar. Bastante terco y sabe hacer que todas las sensibilidades que se reúnen en las diversas formaciones que lidera se encuentren cómodas.

Este tipo de liderazgo no será suficiente cuando las dinámicas políticas cambien. A pesar de que gane las elecciones estatales de 1977 y 1979, pesa más la marca y todo el proyecto que la acompaña. En la derrota de 1980 se le reprocha que no era el candidato ideal. Y también que aceptaba todo lo que Tarradellas quería imponerle. Tenía un punto de buscar consenso. Durante el franquismo quien abre la puerta a la colaboración entre las fuerzas antifranquistas no comunistas y el PSUC es él.

Con Manuel Sacristán, los movimientos estudiantiles, en la creación de Comisiones Obreras, … Es quien lee el manifiesto fundacional de la Assemblea de Catalunya en 1971. Era un hombre de consenso y cuando se debe pasar de los grandes consensos en la batalla política en democracia, no tiene un liderazgo suficiente y se le ofrece una salida digna.

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