“La maternidad es, hasta cierto punto, egoísta: llevas a cabo una nueva vida sin haberle pedido permiso para existir”

La periodista Noemí López Trujillo publica 'El vientre vacío', un libro en el que, desde la crisis personal de no poder ser madre, relata el estado de toda una generación ante la imposibilidad de una maternidad en coherencia con el discurso feminista, sorteando todos los obstáculos de la precariedad y la inestabilidad

Sandra Vicente
 
 
 
Noemí López Trujillo | Foto: Sandra Vicente

Noemí López Trujillo | Foto: Sandra Vicente

“El libro nace de la rabia de darnos cuenta de que nos han tenido en una ficción de lo que es la juventud, la clase media…que son promesas vacías por las que resulta que tenemos que estar súper agradecidas, simplemente porque nuestros padres se dejaron la piel por nosotras, como si eso nos quitara el derecho a protestar”. Así define la periodista Noemí López Trujillo los impulsos que la llevaron a publicar su libro ‘El vientre vacío’ (Capitain Swing, 2019), en el que relata su “crisis personal” de no poder ser madre.

Es la (nueva) precariedad, la de la falta de estabilidad, la de no querer “esclavizar” a las personas que tenemos cerca para hacer frente a la crianza la que aleja a esta generación de mujeres de ser madres. “No es que no podamos ser madres, es que no podemos serlo como queremos”, resume. López Trujillo reivindica en esta obra el deseo (el de verdad, no el que viene inducido por el rol social de mujer-reproductora) de ser madre en coherencia con el discurso feminista y la lucha renovada de ‘dar a mis hijos lo que yo no pude tener’.

Empiezas el libro hablando del precariado, de esta generación que, por primera vez, vive peor que sus padres y que las mujeres sufren en doble instancia, impidiendo algunos deseos como la maternidad.

Quiero dejar claro que no acabo de comprar la idea de que vivamos peor que nuestros padres. Hay algunas circunstancias que son más desfavorables que las suyas, pero otras que no. Nosotras también tenemos oportunidades que ellos no tuvieron, como viajar o mayor acceso a los estudios…cuestiones importantes para el desarrollo personal. Pero eso no deslegitima nuestras quejas: me molesta que no podamos decir que las condiciones del sistema no nos faciliten una vida digna y una seguridad por el hecho de que siempre viene alguien que te dice que ‘en otras épocas se vivía peor’ o que ‘tendrías que haber pasado una guerra’.

El libro es una reflexión en un momento en el que entro en crisis personal y laboral e intento hacer una lectura más allá de lo individual. Más allá del ‘¿en qué he fallado yo?’, no para que me vaya mal, sino para que no me vaya tan bien como me pensaba que me iría. Porque no estamos en el punto en que nos habíamos imaginado que estaríamos a estas edades. Esta lectura me lleva a darme cuenta de que el escenario que se ha quedado después de la crisis impide que desarrollemos proyectos vitales. No sólo la maternidad, sino emanciparte, viajar más o estar estable en una proyección de más de tres meses.

El libro nace del enfado y la rabia de darnos cuenta de que nos han tenido en una ficción de lo que es la juventud, la clase media…que son promesas vacías por las que resulta que tenemos que estar súper agradecidas, simplemente porque nuestros padres se dejaron la piel por nosotras, como si eso nos quitara el derecho a protestar e intentar mejorar las cosas que quedan por hacer.

Algunos de los testimonios que acoges en el libro hablan de la voluntad de las madres de que sus hijas tengan lo que ellas no tuvieron. ¿Crees que en el escenario precario que planteas, el compromiso de una maternidad responsable nos hace preguntarnos, ya no si puedo ser madre, sino si debería serlo?

Con la mayoría de mujeres que aparecen en el libro hemos articulado un discurso feminista con el que queremos ser coherentes. Algunas de las mujeres de la generación que me precede, cuando me cuentan sus maternidades, me dicen que ellas tampoco lo tuvieron fácil. Que sí, que ellas tenían casa o un sustento estable, pero que tuvieron que criar a sus hijos a distancia o siendo madres solteras, con dificultades. Pero luego viene el detalle importante: fueron sus madres las que criaron a sus hijas.

Y aquí es donde pongo el acento en ser coherente con el discurso feminista: en mi maternidad no quiero volver a reproducir el patrón en que somos nosotras las que cuidamos, mientras los hombres invisibilizan los cuidados, y hacemos trabajar a nuestras madres. Porque es un trabajo, aunque no esté remunerado ni cuantificado en el mercado laboral. No quiero que nadie tenga que cuidar a mis hijos, porque no es la idea feminista de la maternidad que tengo. Me parece básico no esclavizar a nadie, no capitalizar tiempo y trabajos reproductivos para que nadie me críe a mi hijo. Para eso no lo tengo. No es que no nos dejen ser madres, es que no nos dejan serlo como queremos.

La maternidad responsable pasa también por el escenario que vamos a dejar a nuestros hijos e hijas. La maternidad es, hasta cierto punto, egoísta: no estás contando con la otra persona. Llevas a cabo una existencia a la que no has pedido permiso para hacerla existir, a la que haces ocupar un lugar en el mundo y lo responsable es proveerle de las mejores condiciones. No sólo para que, pasados los años yo no me arrepienta de tenerlo, sino para que él o ella no se arrepienta de estar en este mundo.

Un mundo que cada vez nos atomiza más hace cada vez más importante la necesidad de establecer vínculos y redes. La sociedad no es sólo precaria en lo referente a las cuestiones materiales.

Es complicado: es difícil establecer redes con vecinos porque cada dos por tres te estás mudando. Mantener amistades cuesta, pero es que ni siquiera puedes mantener red familiar: mis padres viven lejos cuando antes lo común era encontrar trabajo en tu ciudad y, haciendo una hipérbole, tú vivías en el primero y tu madre en el cuarto. Pero de todas maneras, aunque me parece bien establecer redes, creo que si no tenemos una seguridad proviniente de un sistema político, puede ser una trampa. Una organización colectiva puede ser una concesión a la ausencia de políticas sociales, una renuncia a que el Estado haga su papel.

Las redes frente a la falta de garantías sociales son muy bonitas y están muy buen, pero le pueden ir bien al Estado porque tejes una alternativa a los márgenes que permite que no se hagan políticas. Hay que tejer redes, y el feminismo va de eso, pero siempre que tengan como propósito reclamar los derechos a los que queremos acceder.

Desde el momento en que la mujer reclama un rol en lo económico, laboral y político pero la sociedad se empeña en reservarle en exclusiva el rol reproductor y cuidador, ¿cómo hacemos para jugar a esos malabares?

Siento que la responsabilidad vuelve a caer sobre nosotras en tener que convencer. Es que no tengo que convencer a nadie de nada. Ser consciente del discurso feminista, formar parte de él y llevarlo a cabo con el menor número de contradicciones posible te lleva a renunciar a cosas y a ser más exigente con quien te rodea. Si llega un momento en que los hombres de tu alrededor no son partícipes, no se forman su propio discurso o no articulan un rol activo en la lucha, no puedes estar empujándoles. Nos quedamos solas, así que es fundamental que tengan un cambio de mentalidad. El feminismo no es algo que vaya a llegar, es algo que ya está aquí y son ellos los que se tienen que adaptar.

Y ¿mientras tanto?

No acabo de compartir el componente bélico, pero entiendo y comparto lo que se quiere decir cuando se dice que ‘estamos en guerra’. No lo llamaría guerra, pero sí batalla. En estas situaciones es difícil que todo vaya bien, siempre va a haber algo irresoluble. Pero el feminismo nos permite unirnos cada vez más entre nosotras, mientras que van a ser ellos los que se acaben quedando solos y al descubierto.

Tú reivindicas el derecho a ser madre de la manera en que quieres serlo. Pero ¿y el derecho a no serlo? ¿Crees que la sociedad todavía dirige a las mujeres a los roles clásicos reproductores?

Cuando el INE dice que la mayoría de mujeres siguen queriendo ser madres es como cuando te dicen que en los trabajos a tiempo parcial hay mucha voluntariedad entre las mujeres, porque ellas no buscan trabajo a tiempo completo. ¿Por qué? ¿Porque no lo quieren o porque saben que tienen que cuidar y no pueden compaginarlo? El que no te plantees otra posibilidad más allá de la maternidad, no significa que sea un deseo expreso.

La disidencia de las mujeres que no quieren ser madres y están constantemente siendo cuestionadas es fundamental para no romantizar la maternidad. Ser madre es complicado y te penaliza en muchos sentidos: tu identidad va a estar ligada eternamente a ser mujer y madre, mientras que la de un hombre no. Pero, por otro lado, a pesar de la injusticia, hay casos en los que el deseo no se extingue. Por ello debemos construir esos discursos y garantías, sin palabras vacías, porque queremos que llegue un momento en que la maternidad sea realmente una opción. Tanto si no quieres tener hijos nunca, como si quieres abortar hoy y parir mañana, como si te quieres congelar los óvulos o quieres tener cinco hijos, con pareja o sin ella, tiene que haber un discurso para ti. No sólo para las que quieren ser madres y para las que no, esta dicotomía ya se nos queda corta. Y cualquier disidencia en este sentido es muy positiva.

1 Comentario en “La maternidad es, hasta cierto punto, egoísta: llevas a cabo una nueva vida sin haberle pedido permiso para existir”

  1. Curiosa la reflexión sobre las organizaciones colectivas…Dándole la vuelta se puede decir que un estado que «protege la familia» realmente oculta su falta de políticas sociales.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*