La falta de acceso a medicamentos o atención médica se triplica entre las personas pobres

El informe 'La desigualdad en la salud' que ha presentado la EAPN España (European Anti Poverty Network) evidencia que el estado de salud es claramente más deficiente entre las personas pobres que entre las que no lo son, tanto por la salud percibida, como la existencia de enfermedades crónicas y limitaciones a las actividades básicas de la vida diaria

Carla Benito
 
 
 
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La Encuesta Nacional de Salud nos dice que el estado de salud de la población de 15 o más años es, en general, bueno, porque un poco más del 70% de la población considera que su salud es muy buena o buena.

Sin embargo, el hecho de tener un trabajo o estar en paro tiene una influencia importante en el estado de salud percibido. Sólo el 18,6% de las personas que tienen un trabajo opina que su estado de salud es regular, malo o muy malo; sin embargo, esta misma consideración se incrementa en nueve puntos porcentuales (27,4%) cuando se trata de personas en desempleo y a más del doble (43,6%) cuando se trata de personas que ejercen labores reproductivas y de cuidado ( «labores del hogar» como las denomina el INE) la práctica totalidad, mujeres.

El 37,4% de las personas pobres considera que su salud es regular, mala o muy mala, cifra que está un poco más de 11 puntos porcentuales por encima de medida para las personas no pobres (26,2%), es decir, una diferencia entre ambas del 43%.

Estos datos los recoge el informe ‘La desigualdad en la salud’ que ha presentado la EAPN España (European Anti Poverty Network), una coalición independiente de ONG y otros grupos involucrados en la lucha contra la pobreza y la exclusión social en los Estados miembro de la Unión Europea. La edición 2019 del Índice Bloomberg Healthiest Country decía que España es el estado más saludable del mundo. Para saber si se cumple esta afirmación, la EAPN ha analizado las diferencias socioeconómicas y su incidencia en los niveles de salud derivando en la creación de este informe.

Se preguntaron si esto era cierto para toda la población y si en particular lo era para las mujeres, para las personas en paro, para aquellas que viven en entornos rurales, para las que les falta educación superior. Y sí, los datos del informe indican que, para la práctica totalidad de las variables analizadas, los adultos (15 años o más) obtienen diferencias significativas en función del sexo, la clase social, lugar de residencia, la situación laboral de la persona de referencia del hogar y la condición de pobreza de cada persona.

Las respuestas salen de datos de la Encuesta Nacional de Salud del año 2017 publicada por el Instituto Nacional de Estadística cogiendo variables como la clase social y la situación de pobreza. Para el año 2017, en España, el umbral de pobreza quedó establecido en 8.522 € anuales, lo que serían 710 € mensuales.

Un acceso universal … desigual

En cuanto al acceso universal a la salud, el estudio asegura que hay un mayor número de personas pobres a las que no se realizan análisis o pruebas médicas y que la falta de acceso por causas económicas tanto a medicamentos recetados como a la atención médica, dental, y de salud mental, es entre tres y cinco veces más elevada entre las personas pobres que entre las no pobres.

Trasladada esta información a números, el informe dice que no pudieron recibir atención por causas económicas el 5% de las personas en hogares pobres que necesitaron asistencia médica, el 25,5% de las que necesitaron atención dental y el 3% de las que necesitaron servicios de salud mental. El 6,9% no pudieron acceder a medicamentos recetados, cifra que asciende a 8,3% entre las personas desocupadas.

Por otra parte, a la mitad de las mujeres pobres no se les ha practicado una mamografía cifra que es un 30,7% (11,5 puntos porcentuales) superior a la de las mujeres no pobres. Además, si se considera la edad recomendada, que es entre 50 y 69 años, las diferencias aumentan enormemente, pues al 9,1% de las mujeres pobres, casi el triple que en las no pobres (3,4%), no se le ha practicado nunca.

A más pobreza, más trastornos alimentarios

El análisis de los determinantes de la salud que realiza el informe muestra que las personas pobres son más obesas, un 21,9% frente a un 15% que las no pobres. También los menores entre 15 y 18 años que viven en hogares pobres registran tasas más elevadas de peso insuficientes. Y esto pasa, sentencian, porque las personas que viven en hogares pobres se alimentan peor y consumen menos fruta, verduras, carne y pescado y, por el contrario, consumen más patatas, pasta, arroz, pan y comida rápida.

En cuanto a hábitos de vida que se consideran de riesgo para la salud tales como el consumo de tabaco y alcohol, el estudio ve que las personas en hogares pobres fuman más (24,5% respecto al 20,8%) y que el 27% de las personas pobres no consume nunca alcohol frente al 14,9% de las no pobres.

La falta de recursos sanitarios afecta a rasgos generales más las mujeres. El informe asegura que las mujeres tienen una salud más deficiente, pero se cuidan más. Así, las mujeres tienen peor salud percibida; más enfermedades crónicas y sufren más limitaciones para la realización de actividades, especialmente las de la vida cotidiana.

Otro de los aspectos que resalta por género es que las mujeres parecen aprovechar mejor la atención sanitaria en aquellos aspectos que están bien cubiertos por la sanidad pública y peor en aquellas cuestiones con cobertura pública más deficiente. Es decir, la falta de recursos parece afectarles más, ya que, al mismo tiempo que son las mujeres las que más van al médico y más pruebas se hacen, también son ellas las que sufren más falta de atención dental y de acceso a medicamentos para problemas económicos.

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