ENTREVISTA | ELISENDA PRADELL, COORDINADORA DEL ÁREA DE PSICOSOCIAL DE IRÍDIA

«Hacen falta mecanismos efectivos para evaluar el daño emocional en procesos judiciales como el del 1 de octubre»

"Es necesario que haya psicólogos forenses que evalúen objetivamente el daño emocional causado, más allá del daño físico". Esta es una de las reivindicaciones de Elisenda Pradell, coordinadora del Área de Psicosocial de Irídia. En casos como el 1 de octubre hay que ver como a la persona afectada le ha cambiado su manera de entender la seguridad, los vínculos, las relaciones y los miedos. "La mayoría de personas no recuerdan el moratón que les salió, sino como se sintieron de humilladas o vejadas", denuncia Pradell.

Sònia Calvó
 
 
 
Elisenda Pradell, coordinadora de l'Àrea de Psicosocial d'Irídia | SÒNIA CALVÓ

Elisenda Pradell, coordinadora de l'Àrea de Psicosocial d'Irídia | SÒNIA CALVÓ

El 1 de octubre en Barcelona, ​​Irídia – Centro para la Defensa de los Derechos Humanos, Lafede.cat y Novact pusieron en marcha la red #SomDefensores con el objetivo de detectar las vulneraciones de derechos humanos que se pudieran dar a través de una red de observadores. Uno de los dispositivos que se activaron fue un grupo de 30 psicólogos. Este equipo fue organizado por Elisenda Pradell (Barcelona, ​​1993) coordinadora del área de psicosocial de Irídia.

Ese día atendieron más de una treintena de situaciones de emergencia a pie de calle en los diferentes centros electorales de la capital catalana. Pero allí no terminó el trabajo de Pradell y su equipo. Hablamos con la coordinadora del Área de Psicosocial de Irídia sobre el trabajo que han hecho nueve meses más tarde del 1 de octubre y cómo encaran los meses que vienen, con juicios pendientes, noticias por llegar y un 1 de octubre que, de momento, aún se alarga. Pradell reivindica la importancia de implantar mecanismos efectivos para evaluar el daño emocional, no sólo el físico, en el sistema judicial.

Durante el mes posterior al 1 de octubre seguisteis trabajando conjuntamente con el Ayuntamiento de Barcelona y la Oficina por la No Discriminación. ¿En qué consistió el trabajo?

Cuando llegaban las víctimas del 1 de octubre hacíamos una primera visita con un psicólogo y un abogado. Allí vimos que la necesidad principal que tenían las personas era contar lo que habían vivido y que alguien las comprendiera en su malestar. También ayudamos a poner muchas denuncias. Además, en las escuelas donde había habido más cargas, como la Ramon Llull, la Mediterránea y la Pau Claris, necesitaban encontrarse en espacios colectivos y hacer asesoramientos y talleres comunitarios, y así lo hicimos. En ese momento había que construir colectivamente lo que habían vivido, crear un relato y descargar. Necesitaban escuchar el testimonio de otras personas para sentirse más comprendidas. Para todo ello trabajamos conjuntamente con Fil a l’Agulla.

¿Todavía hacéis seguimiento psicológico de algún caso?

Hacemos seguimiento psicológico de los 12 casos que llevamos desde Irídia , que son los litigios estratégicos, como podría ser el caso del Roger Español, pero también hay otros. Esto, sin embargo, es una manera de trabajar que tenemos en nuestra entidad. Cuando llevamos un caso hacemos un seguimiento jurídico y psicológico, que adaptamos según las necesidades de cada persona. El acompañamiento psicosocial tiene varias fases, en un primer momento de contención emocional, que la persona pueda expresar lo que vivió en un espacio de seguridad y confianza. En esta primera fase es importante estar atentos a la sintomatología de carácter traumático que pueda aparecer, como problemas para dormir, comer, imágenes intrusivas de los hechos vividos, estado permanente de angustia o  hiperalerta. La gente se acostumbra a asustar y es importante transmitir el mensaje que es una sintomatología normal durante el primer mes. Ya sólo con este mensaje la persona tiende a relajarse y a vivirlo diferente.

Poco a poco, y cuando la sintomatología disminuye, intentamos empoderar a la persona construyendo un relato fortalecedor de lo que vivió, que se sienta superviviente y no víctima, que se reafirme en sus ideales o principios. A ello también se añaden, en algunos casos, momentos de más tensión como pueden ser ruedas de prensa o entrevistas o el mismo juicio, donde se vuelve a acompañar a la persona de manera más intensiva para que se pueda sentir segura.

¿Cuando lleguen los juicios, las víctimas pueden revivir lo que sufrieron? ¿Como lo preparáis?

El acompañamiento psicosocial que realizamos tiene como objetivo construir un relato fortalecedor que ayude a la persona a prever situaciones donde explicar su vivencia, como un juicio, que puede ser revictimizante. Ayudamos a empoderarse a la persona, que se sienta segura de su relato, de su vivencia, de su historia. Si lo conseguimos, el juicio se convierte en un momento de reconocimiento, de reparación y de obtención de la verdad.

El problema es cuando una persona se debe exponer a un juicio sin nunca haber hablado de lo que vivió. El relato se debe trabajar en un espacio de confianza y no directamente en un espacio tan expuesto y tenso como un juicio.

¿Cómo se hace para que las víctimas creen un relato positivo de los hechos e integren lo que han vivido?

Cuando una persona vive una situación traumática esto le puede provocar muchos sentimientos, tales como culpabilidad por haber estado allí; por haber actuado a pesar de estar en una situación de estrés; de victimismo; de no poder salir adelante, etc. Ante esta situación lo que utilizamos es una técnica que se conoce como ‘reestructuración cognitiva’. En una situación traumática la persona construye su relato con pensamientos erróneos, exagerados o distorsionados que fomentan la victimización. Por ejemplo se puede sentir culpable por no haberse ido en un momento concreto o no haber actuado como cree que debería. Con la persona analizamos el relato desde esta óptica para poder detectar estas distorsiones y que la persona, al expresarse, pueda hacerse consciente de estos pensamientos y cambiarlos.

Buscamos que la persona se reafirme en un argumento que ya tenían claro, pero que tal vez ahora ya no recuerdan o no se aplican. Construimos un relato conjuntamente donde recuerde por qué estaba allí y qué quería defender. Vamos construyendo poco a poco y paso a paso para que entienda que actuó como creía que era lo correcto en ese momento. También es importante que la persona entienda que los cuerpos policiales no atacaban a una persona en concreto, sino contra un grupo de personas, pero que en ningún caso era nada personal. Esta idea genera mucha victimización. Es necesario que la persona entienda que hay otra gente, otros casos y que todos juntos hicimos frente a esto.

¿Cómo se miden el daño o las afectaciones emocionales?

En primer lugar tenemos el diagnóstico clínico que se mide con el DSM-V, que es el manual de referencia de Psicología y donde quedarían reflejados los trastornos como el TEPT (Trastorno por Estrés Postraumático), T. Adaptativo u otros trastornos de carácter ansioso o traumático. Esto es un primer criterio. Sin embargo, en muchas ocasiones ha habido una afectación pero no se desarrolla un trastorno. Aquí es donde nos encontramos un muro y más dificultades para demostrar objetivamente que la persona ha sufrido una afectación emocional.

Hay el test V.I.V.O. (Valoración del Impacto Vital de Experiencias extremas), que mide cómo han cambiado las creencias a causa de un impacto. Es una parte muy importante, porque no busca demostrar que se tiene un trastorno ahora mismo, sino ver como la persona le ha cambiado su manera de entender la seguridad, los vínculos, las relaciones, los miedos, etc. Son matices esenciales y muy claves, porque al final la mayoría de personas no recuerdan el moratón que les salió, sino como se sintieron de humilladas o vejadas. Es gente que quizás no se había encontrado con un policía y a partir del 1 de octubre ha cambiado su manera de entender lo que es la seguridad de los cuerpos policiales. Es un matiz que no se ve pero está, y muchos abogados se están dando cuenta. Este test es un primer paso, porque cumple criterios de validez y es objetivo.

Es muy importante reivindicar mecanismos efectivos en sistema judicial para evaluar el daño emocional. Los médicos forenses evalúan objetivamente las lesiones físicas causadas, necesitamos más psicólogos forenses que también evalúen objetivamente el daño emocional causado. Creo que el 1 de octubre es una oportunidad para poner sobre la mesa que el daño emocional se vea reflejado en los procesos judiciales. Hasta ahora ha costado muchísimo si no hay una secuela o un caso de tortura muy fuerte, pero es muy importante demostrar que ha habido afectaciones emocionales.

Algunas de las denuncias se han archivado, ¿como lo viven las víctimas?

Tiene unas consecuencias importantes porque las personas depositan muchas esperanzas en la denuncia, ya que sienten cierto reconocimiento, reparación y disculpas. La gente no busca una reparación económica, sino sentarse en un juicio, contar lo que vivió y que la escuchen. Por lo tanto, el archivo de algunas denuncias tiene una parte de desmotivación. Sin embargo, la gente tiene que entender que no se trata de su caso, sino de toda la sociedad, en red. Es una causa donde todo suma, por tanto se debe entender que si una pata se despega, con una denuncia que se archiva, las otras siguen estando allí y puede servir, también, para tener suficiente validez jurídica para sacar adelante otros casos que demuestren la brutalidad policial de ese día y la estrategia represiva.

Si las personas se quedan en la denuncia individual, esto generará un impacto y una sensación de fracaso, pero en verdad es todo lo contrario, no es un fracaso, es un proceso. Además, hay que recordar que es muy positivo que la gente escriba, en forma de denuncia, lo que les pasó. Mi sensación es que la gente en Catalunya está muy conectada y en red, en parte por el tejido asociativo que hay, y esto se nota en cuanto al apoyo mutuo.

Todavía vivimos la estela del 1 de octubre. ¿Necesitamos ver que hay un final?

Obviamente hay noticias negativas y tampoco las podemos obviar, pero creo que el 1 de octubre nos ha ayudado como sociedad a empoderarnos y agruparnos con el objetivo de reivindicar la democracia, la justicia y los derechos humanos. La gente se ha unido bajo un mensaje de no violencia, de colectividad y de ánimo de construir. Es todo lo contrario que ha hecho la extrema derecha, que está siendo destructiva.

La gente está empezando a entender que el objetivo represivo era desactivar todo el movimiento, así como romper el tejido comunitario. ¿Y la gente ante esto que ha hecho? Crear más red y seguir saliendo a la calle. Se ha creado más sentimiento comunitario y de colectividad y, esto, es una victoria clara en la estrategia represiva.

También hay noticias positivas, como el hecho de que Roger Español recibiera la Creu de Sant Jordi, por ejemplo. Esto puede leerse como un reconocimiento institucional del daño, es un gesto, a pesar de venir de las instituciones catalanas. Al final, que salgan según qué comunicaciones policiales o que los presos políticos sigan encarcelados puede generar cierto impacto negativo, pero se debe tener en cuenta cómo ha sido el proceso todos estos meses, cuáles eran sus objetivos y qué han logrado y sobre todo valorar la respuesta colectiva.

Uno de los reclamos que hacéis desde Irídia es la correcta identificación -por delante, por detrás y en el casco- de los cuerpos policiales. ¿En qué puede ayudar, a nivel psicosocial, a las víctimas del 1 de octubre o, incluso, en futuras manifestaciones?

Esta es una demanda básica. Si se consigue supone, antes que nada, una victoria a nivel simbólico, sobre todo después de todo lo que se sufrió. Podremos decir, «sufrimos, sí, pero hemos conseguido esto, ha servido para algo». Pero no debemos olvidar que hay un hilo conductor entre el 1 de octubre y todas las luchas anteriores.

En segundo lugar, crea una sensación de mayor seguridad. Si la gente tiene una sensación de total impunidad por parte de los cuerpos policiales porque no van bien identificados, esto provoca inseguridad y falta de control, por lo tanto, crees que puedes recibir una actuación policial desproporcionada. Cuanto más mecanismos tengamos de identificación, la persona se sentirá más segura y, por tanto, se movilizará más. Si ahora mismo volviera a haber un 1 de octubre, tal vez algunas personas se platearían qué hacer, por miedo. Si la gente tiene ciertas garantías en cuanto al derecho de manifestación, se sentirá segura y reivindicará sus derechos. Yo tengo esperanza y creo que la gente, con este sentimiento de colectividad, seguirá en las calles.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*