«En la literatura escrita por hombres podemos encontrar placer pero no madres: las mujeres somos huérfanas culturalmente»

'Dones rebels' es una recopilación de la vida de 22 mujeres silenciadas; activistas, artistas, científicas, conocidas y anónimas, que la historia de cultura patriarcal ha borrado. La escritora y poetisa Aina Torres ha decidido recoger sus vidas y reivindicar sus memorias

Marta Curull
 
 
 
Aina Torres, amb el seu llibre 'Dones Rebels'

Aina Torres, amb el seu llibre 'Dones Rebels'

La historia ha estado llena de mujeres poderosas, influyentes, pensadores y determinantes. Pero, ¿cuántos nombres sabríamos decir? Nos faltan referentes femeninos, «nos faltan madres», que diría Aina Torres. Por ello, para suplir esta falta, la escritora recopila en el libro ‘Dones rebels’ la historia de 22 mujeres de los Països Catalans. Historias con nombres y apellidos, historias independientes de la vida y la estela de ningún hombre. Historias nuevas de mujeres conocidas y no tan conocidas.

¿Qué o quién encontramos en este libro?

Un poco de todo: quisimos retratar científicas, matemáticas, escritoras, médicas, activistas… Lo que tienen en común es que, aunque se esperaba de ellas que se quedaran en casa siendo esposas y madres, desafían las convenciones y rompen moldes. Algunas deciden estudiar, siendo de las primeras mujeres que hacen una carrera, otras terminan siendo pioneras en su ámbito… Muchas son historias muy potentes, de esfuerzo y lucha para alcanzar algo que no les ha sido asignado.

¿Qué recriminaciones afrontaron?

Desde muy jóvenes ya sufrían el machismo. Estaban conquistando un espacio que no les estaba reservado y por eso era importante recuperarlas. Hay dos tipos de mujeres en el libro; algunas de conocidas, como Maria Mercè Marçal, Montserrat Roig, Montserrat Abelló, Maria Aurèlia Capmany… Ellas debían estar porque nos dimos cuenta de la importancia de recuperar las mujeres que nos han precedido y hemos intentado aportar información nueva que no era tan conocida.

Pero también tenemos mujeres más anónimas, algunas porque geográficamente nos son más distantes y porque en su territorio no han sido conocidas, o de otras porque tienen un perfil de heroína cotidiana. Una de ellas es, por ejemplo, una activista vecinal, una de las primeras fundadoras de una asociación de vecinos.

También hemos querido resaltar como de polifacéticas eran estas mujeres. Se nota mucho cuando hablamos de artistas. Ellas tienen una triple jornada de trabajo: el trabajo que les da dinero; el artístico, que es la que realmente les gusta pero no les da ingresos; y luego los cuidados, que como mujeres, les son asignados de forma casi exclusiva. A estas mujeres se les pide una actitud heroica permanente y eso no se puede pedir a ningún colectivo.

Por ello, muchas mujeres acaban cansando, como Carmelina Sánchez-Cutillas, una poetisa del País Valencià que decidió, treinta años antes de morir, dejar de escribir. Ejercer un silencio literario porque ve que sus obras no son suficientemente valoradas. Chocar contra los muros del patriarcado a veces es agotador y muchas se muestran agotadas con la sensación de que han hecho mucho y ya no pueden hacer más.

¿Como ha sido el proceso de recopilación de estas 22 vidas?

Ha sido mucho trabajo de documentación, que en el caso de las mujeres poco conocidas quería mostrar una biografía que fuera el máximo de fidedigna posible. Y cuesta reconstruir las vidas invisibilizadas. Además, muchas de ellas sufren también el exilio y esta es una capa más de silencio. Muchas mueren anónimas en el exilio y las que vuelven, no explican a nadie quiénes son. El exilio las borra.

En algunos casos he tenido la suerte de encontrar familiares; los hijos, las nietas o el compañero. Ha sido bonito porque escribir es un trabajo muy solitario y encontrarse con estos familiares, ver cómo se emocionan por el hecho de que hables de su madre, su abuela… Entonces es cuando ves que este trabajo vale la pena.

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Esto es lo que quiere hacer este libro: hacer justicia, reparar. Porque las mujeres no han sido representadas en la cultura, y si lo han sido ha sea desde la mirada masculina: o bien objetos pasivos o bien objetos de deseo sexual. Nos falta una mirada propia que nos aporte referentes.

En la literatura escrita por hombres podemos encontrar placer, pero no madres culturales. Esto es lo que quiero recuperar: lo hago con el espectáculo La Mirada Violeta, con la cantautora Meritxell Gené; lo he hecho con el poemario Baula de la Nit, que toma el nombre de un verso de Maria Mercè Marçal en lo que quiere reconstruir los eslabones de la genealogía femenina. Como decía, sin madre, la mujer no puede ser puesta en el mundo de la cultura del pensamiento. Este libro es un ejercicio de memoria para saber cuáles hubieran podido ser nuestras madres si no hubiéramos vivido en una historia patriarcal.

¿Como has elegido estas 22 y cuántas te has descuidado?

Haría un ‘Dones rebels 5’! Desgraciadamente hay muchas mujeres para descubrir y debe ser una reivindicación desde abajo. He tenido que separar a muchas, así que establecí dos criterios. El primero era que hubieran nacido después de 1900, para que fueran contemporáneas y las sintiéramos cercanas y nos pudiéramos identificar. Y el segundo es que estuvieran muertas, porque las quería hacer revivir.

Y este es un trabajo que debe recaer también en las mujeres; somos nosotros las que nos damos cuenta de este agravio. El patriarcado es un hilo invisible que está en todas partes. Las mujeres también lo tenemos interiorizado y por eso todos nuestros referentes son hombres. Maria Mercè Marçal buscó sus propios referentes y decidió que dedicaría una estantería de su casa sólo a la literatura de mujeres.

Últimamente se han escrito muchas biografías de mujeres, pero desde un puesto más ‘comercial’ que podrían recoger la historia, por ejemplo, de mujeres como Margaret Thatcher. Tú defines tus mujeres como rebeldes, mujeres que «han roto el patriarcado»

Son políticamente comprometidas. Mujeres que tienen esta doble visión: el compromiso de izquierdas y la liberación del patriarcado. Encontramos comunistas, anarquistas, luchadoras en la Guerra Civil, que tomaron las armas para defender la República o que se tuvieron que exiliarse cuando ésta cayó.

Hablemos de los nombres que más te han impactado

Cuando escribía, muchas veces lloraba, porque son historias tristes, de muerte en soledad. Por ejemplo, Alexandra Soler, del País Valencià, era una mujer que con más de 100 años participó de la primavera valenciana, junto a chicos y chicas adolescentes. Ella ya había luchado, tuvo que exiliarse y salvó de los nazis y de las bombas de Stalingrado a varios alumnos suyos, porque se dedicaba a ser maestra de los hijos de otros exiliados. Tuvo una vida muy impactante y, una vez devuelta a Valencia, luchando con estos jóvenes, muchos de ellos no sabían de esta vida.

Manuela Ballester vivió a la sombra del artista Josep Renau, que acaba firmando las obras que ella hacía. Matilde Gras, compañera de un anarquista que fue fusilado, aunque no sabía casi escribir, decidió hacer las memorias de su compañero para que sus nietos pudieran saber quién había sido su abuelo. Pasó las últimas horas de su vida escribiendo para reivindicar la vida del hombre que amaba y yo recupero su historia, llevo la vida hacia ella y a través de las memorias que ella escribió, compongo las suyas. Creo que es de justicia que se hable de ella, de todas las que tuvieron compromiso más allá de cualquier hombre.

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