En busca de la gobernabilidad

Aunque en España no haya habido hasta ahora un gobierno de coalición, tanto los gobiernos de la UCD, como del PSOE y del PP cuando no tuvieron mayoría absoluta, contaron siempre con el apoyo externo de nacionalistas vascos y catalanes a través de pactos y acuerdos. No se entendería ahora que el nuevo gobierno español quisiera gobernar sin tener en cuenta los partidos mayoritarios de Catalunya, que históricamente ha sido clave para la gobernabilidad del país

Manel Mateu
 
 
Congrés dels Diputats | Foto: Congreso.es

Congrés dels Diputats | Foto: Congreso.es

El 1 de noviembre comienza la campaña electoral más corta de la historia de unas Elecciones Generales en España, durará 8 días en vez de los 15 habituales. Los candidatos podrán empezar a pedir el voto a partir de la festividad de Todos los Santos. Pero lo que se preguntan muchos ciudadanos es si esta repetición del derecho a voto, sólo 6 meses y medio después de la anterior convocatoria, permitirá la formación de un gobierno estable que tome decisiones para sacar adelante mejoras sociales, y resolver los grandes problemas como la corrupción, el paro, la financiación de las pensiones, el acceso a la vivienda, la mejora de la educación y la sanidad, entre otros.

La sociedad ha evolucionado y se ha modernizado mucho, no en cambio, las estructuras del Estado y las administraciones públicas. Los ciudadanos también están preocupados por la falta de reformas políticas en ámbitos clave como la Justicia, la ley electoral, o la propia Constitución, una carta magna caducada, que los políticos han sido incapaces de adecuar a nuestros días.

Por si este estado de cosas no fuera bastante complejo, la situación política en Catalunya, agravada con la dura sentencia del Tribunal Supremo sobre el Procés y las movilizaciones en contra, serán clave en la campaña de estas elecciones. Las elecciones se celebrarán pues, en un contexto sociopolítico de novedades profundas. Será la cuarta votación en 4 años. El último ciclo electoral entero fue la legislatura del 2011 al 2015, pero después de las elecciones de diciembre de 2015, comenzó la crisis de gobernabilidad. El PP pasó de gobernar con mayoría absoluta a gobernar en funciones con una mayoría insuficiente de 123 diputados de los 350 de la cámara.

El PSOE, con 90 diputados, el peor resultado hasta entonces, intentó el asalto a la Moncloa. El pacto con Ciudadanos fue insuficiente y Pedro Sánchez fracasó en el intento de investidura en dos votaciones consecutivas. Rajoy tampoco consiguió apoyos para poder ir a una investidura y se repitieron elecciones en junio de 2016. El PP obtuvo 14 diputados más y llegó a los 137. El partido naranja de Albert Rivera entonces cambió de pareja de baile y apoyó el gobierno del PP. Pero Rajoy, se topó con dos grandes piedras en el camino de su tercera legislatura como presidente del Gobierno, los casos de corrupción del PP y la situación en Catalunya.

En este contexto, el líder socialista se rehizo y el PSOE a través de una moción de censura con el apoyo de la mayoría absoluta de la cámara (incluidos los nacionalistas catalanes y vascos) consiguió un gobierno en solitario en junio de 2018. El gobierno de Sánchez, fue pues el primer fruto de una moción de censura de las 4 presentadas. Gobierno atípico, no surgido de las urnas, que además ha tenido que aplicar los presupuestos del PP.

Sánchez convocó elecciones en abril de este año, y la jugada le salió bien, el PSOE volvió a ganar unas elecciones generales, no lo hacía desde el 2008. Pero los 123 diputados y diputadas no fueron suficientes para conseguir la investidura en la tercera, y ante el fracaso político general para tejer coaliciones o pactos de gobierno, de nuevo se pide a los ciudadanos que volvamos a las urnas.
La previsión de las encuestas, aunque en España no afinan tanto como en Francia, es que volverá a haber un Congreso muy plural y fraccionado y sin mayorías suficientes ni a la izquierda ni a la derecha del espectro político. A pesar de que el sondeo del CIS augure una mejora de resultados para el PSOE, si estos se confirmaran, Sánchez necesitaría igualmente pactar con Unidas Podemos o con Ciudadanos. Una práctica habitual en otros países europeos, las de gobiernos de coalición, que en España todavía es una asignatura pendiente. Desde abril no ha cambiado nada en el posicionamiento de los principales partidos políticos como para pensar que ahora sí sea posible llegar a un acuerdo para gobernar. Nos podríamos encontrar pues, en un callejón sin salida que imposibilite la gobernabilidad como la hemos conegutda hasta ahora.
Hay que recordar que las épocas de las mayorías absolutas y del bipartidismo, ya hace años que terminaron con la irrupción de nuevos partidos como Ciudadanos y Podemos.

El 10N aún tiene más novedades, en provincias importantes -algunas de las más pobladas-, y por tanto, con mayor número de escaños en juego, como Madrid, Barcelona y otras, donde se presenta por primera vez una nueva formación en el ámbito de la izquierda, Más País de Iñigo Errejón, que podría obtener representación y atomizar más el voto de izquierdas.

También en Cataluña hay novedades, por primera vez la CUP, se presenta a unas elecciones generales. Este hecho puede diversificar también la representación de los partidos independentistas catalanes en Las Cortes españolas si la CUP obtiene representación como prevén las encuestas.

Aunque, en España todavía no haya habido hasta ahora un gobierno de coalición, tanto los gobiernos de la UCD, como del PSOE y del PP cuando no tuvieron mayoría absoluta, contaron siempre con el apoyo externo de nacionalistas vascos y catalanes a través de diversos pactos y acuerdos. No se entendería ahora que el nuevo gobierno español quisiera gobernar sin tener en cuenta los partidos mayoritarios de Catalunya y Euskadi, dos de las comunidades históricas que han sido clave en la gobernabilidad del país.

El problema es ahora que los partidos nacionalistas catalanes han optado por la autodeterminación y el independentismo, en un estado de las Autonomías que no avanza en el reconocimiento de la plurinacionalidad y donde la vía federal o confederal ha pasado al olvido. Y donde tanto el PSOE como el PP pretenden ahora gobernar sin contar con los partidos catalanes mayoritarios.

Los partidos políticos han arrinconado el diálogo y sin diálogo no puede haber síntesis ni acuerdo. Los intereses partidistas, legítimos, pero perjudiciales para la mayoría de la población nos han llevado a la situación actual, que quizás las urnas no resolverán.

Entonces, si no quieren terminar en la ingobernabilidad, los diputados que elijan los más de 37 millones de ciudadanos con derecho a voto (entre ellos votarán por primera vez 226.771 jóvenes) deberán buscar el acuerdo para formar un gobierno coherente en función de los resultados electorales.

La coherencia que piden y exigen los ciudadanos en función de los resultados, si las encuestas no se equivocan estrepitosamente, es la de un gobierno progresista del PSOE y Unidas Podemos, con el apoyo necesario de los partidos mayoritarios en Catalunya y Euskadi. Barcelona es la segunda provincia después de Madrid donde corresponde un mayor número de diputados y diputadas. Sería un mal precedente que se buscaran acuerdos o soportes ilógicos para gobernar, sin contar con los representantes de una parte importante de la población.

Los problemas urgentes de la sociedad reclaman a la clase política una inteligencia que después de las elecciones de abril no fueron capaces de demostrar para superar un bloqueo al que nunca debería haber llegado. No vale prometer una cosa en campaña y hacer luego la contraria, sino la desconfianza y la desafección hacia la política continuará creciendo.

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