El campo de pruebas de la Barcelona contemporánea

El otro sector ideal para amplificar el parqué inmobiliario fue el upper Diagonal, con especial predilección por Galvany y Monterols, desde mi humilde opinión la cuna de todo lo venidero, y por eso es importante conocer el pasado y pasear con las antenas bien puestas para documentarse a posteriori desde el cotejo de estilos y formas del planisferio.

Jordi Corominas i Julián
 
 
 
Jordi Corominas

Jordi Corominas

Barcelona debe cobrar conciencia de tener un repertorio arquitectónico con tanta variedad como para resumir mediante las construcciones su Historia contemporánea. Desde mi punto de vista, fácilmente refutable porque en esta época todo el mundo sabe más que quien se arriesga a escribir artículos, la etapa de la primera posguerra es de las menos estudiadas pese a ser muy detectable en ciertas zonas de la capital catalana.

Como soy hijo de esos barrios descubro muchos inmuebles de los años cuarenta del Guinardó al passeig de Sant Joan, algo totalmente comprensible al estar esas parcelas medio vacías salvo por alguna excepción modernista y una serie de viviendas novecentistas medio eclipsadas. Las del nuevo orden político, como el bloc Clip, suelen remarcarse por sus fachadas de ladrillo alternadas con elementos más típicos del clasicismo como tímpanos, frontones o ventanas distinguidas por lo inmaculado de sus materiales, todo ello bien revestido de cierto racionalismo, pues sus autores eran herederos de la escuela republicana del GATPAC.

Además de esto, aún nos falta recalar a nuestro centro de las últimas semanas, se modificaron las premisas conceptuales. Si cogiéramos una máquina del tiempo y fuéramos a la Barcelona de 1929 daríamos con un ambiente donde era posible acariciar el cielo en los antiguos pueblos, con calles tranquilas y muchos inmuebles de planta y piso en consonancia con el auge del cooperativismo y una voluntad de no densificar la población, tendencia quebrantada durante la orgía edilicia del primer Franquismo, cuando quizá si se impuso eso de llenar cualquier agujero para ganar dinero a mansalva y aumentar la verticalidad y con ella el crecimiento a través de todos los recursos posibles, incluso con los famosos sombreros visibles en muchas calles del Eixample, surgidos en 1948 para no aumentar el alquiler de los inquilinos en tiempos de penuria y destruir el patrimonio con alegría desaforada.

Jordi Corominas

El otro sector ideal para amplificar el parqué inmobiliario fue el upper Diagonal, con especial predilección por Galvany y Monterols, desde mi humilde opinión la cuna de todo lo venidero, y por eso es importante conocer el pasado y pasear con las antenas bien puestas para documentarse a posteriori desde el cotejo de estilos y formas del planisferio.

Para reafirmar lo dicho postergaremos un poco más, sólo un poco, al protagonista de hoy para ser esclarecedores. Cuando camino por la Villa Olímpica la entiendo desde lo arquitectónico como un laboratorio para comprender un modelo urbanístico comprendido entre el Metro, la avinguda Icaria y la de Salvador Espriu, donde el repertorio firmas, soluciones e inmuebles huele a experimento avalado por las autoridades.

Lo mismo acaeció durante el Franquismo del Turó Park hasta la Iglesia de Santa Magdalena y de la plaza de Gala Placidia hasta la via Augusta y más allá durante un buen trecho del Franquismo. Si visitamos la página del Instituto Geográfico de Catalunya podremos navegar por el mismo territorio y vislumbrar sus metamorfosis. En 1945 era yermo y eso propició una carrera despiadada para acomodarlo a favor de las familias de los vencedores.

Uno de los principales beneficiados fue Francesc Mitjans, a quien se considera el artífice de la arquitectura contemporánea junto, y esto es una opinión personal, a Francesc Duran y Reynals, quien se movió más entre Sagrada Familia y el passeig de Gràcia.

Jordi Corominas

La inauguración de Mitjans se data en 1943 con el bloque del carrer Amigó, con su sucesión de terrazas corridas entre medianeras, vegetación a granel y el camuflaje de la funcionalidad desde intangibles para los ojos de los transeúntes. La diversidad de sus elecciones es palpable en la fábrica Costa Font del carrer Freser, readaptada en la actualidad y destacable desde ese redondeo de las esquinas para formar cuadrícula y viabilidad de tránsito.

En el carrer Vallmajor vemos el edificio CEISA, de 1952, un cubo armónico con balcones corridos en ambos frontispicios. No muy lejos se encuentra la Clínica Soler i Roig, remodelada justo después de los Juegos como bloque de viviendas. Cuando Mitjans, quien también tiene en su honor obras horrorosas como el Estel de avinguda Roma o Roma 2000, pensó en lo circundante. Debía preservarse un árbol centenario justo enfrente y por eso siguió con su particular cubismo, dotando a la fachada de una espectacular forma curva para asimismo realzar el jardín delantero, insignificante tras la reforma.

El ladrillo corriente pintado con blanco crudo contrasta con el verde las inmediaciones para conferir mucha riqueza cromática. El mejor piropo es verlo todavía como muy moderno, pero en todo el entramado hay una trampa. Estas excentricidades, brillantes sin lugar a dudas, se realizaron en el área posterior a la vía Augusta, coto vedado para los propietarios para no levantar ningún tipo de escándalo ante propuestas tan rompedoras. Destino se relamía con su burla a la pecera del Círculo Ecuestre, pero más arriba se plantaban los cimientos de una Modernidad silenciosa.

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