Del sentido de la política a la política pasional

¿Cuándo nuestros políticos tendrán el coraje y la ética de abordar todos estos problemas? ¿Cuándo podremos escucharlos en debates serios, rigurosos, no pasionales, hablando de todo lo que sí afecta a las personas?

Josep Moya
 
 
Plató del darrer debat electoral que es va donar a TV3, per les eleccions del 21 de desembre del 2017

Plató del darrer debat electoral que es va donar a TV3, per les eleccions del 21 de desembre del 2017

El próximo domingo, día 10 de noviembre, se celebrarán las elecciones generales en España y, como ya es habitual, las televisiones nos ofrecen – en formatos breves- los mensajes de los candidatos a ocupar un escaño en el Congreso de los Diputados. Pero las televisiones también nos ofrecen debates en los que participan los representantes de las diversas formaciones políticas y es entonces cuando podemos observar – con estupefacción – como pelean entre ellos y ellas, como se acusan de falta de lealtad, incluso, como se retraen traiciones, falta de coherencia, y un largo etcétera. Nos encontramos en un mundo, que el consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí, analiza con precisión en su último libro, Gestionar las emociones políticas , publicado recientemente por la editorial Gedisa.

He elegido dos breves párrafos del libro. En el primero, el autor nos dice que «los Partidos llenan de corazones de colores sobre lemas y gráficas, al Mismo tiempo que se Lanzani dardos que hielan el alma al ser menos sensible» (Gutiérrez-Rubí, 2019, p. 27). Exacto, eso es lo que vemos y escuchamos en los debates: «Que si tú tal día hiciste tal o otra cosa, que si yo te advertí y tú no me hiciste caso» o, peor aún: «Que si te ver en una boda con los del Ibex 35» y el otro le responde que no sabrá dónde esconderse en el momento de la publicidad. Escarnio, abucheo, descalificación.

Y una segunda cita del mismo autor: «Gustar desplazar el pensar. Y parte del portal Nuestra política renuncia a Decir la verdad sobre el relevante para quedarse en la ocurrencia de lo superficial «.

¡Preciso! Porque parece que muchos políticos – no la totalidad – prefieren la anécdota – a veces personal, de la vida privada – a abordar lo que realmente importa. ¿Y qué es lo que importa? Pues, y me parece que todo el mundo podrá estar de acuerdo, lo que importa es la esencia de la política: Asegurar la vida en el sentido más amplio, como nos recordaba Hannah Arendt.

Y ahora, intentaré ser más concreto.

La política se ocupa o debería ocuparse de los problemas de las personas, la ciudadanía. Así, por ejemplo, el derecho a tener una vida digna, lo que implica tener derecho a una vivienda digna, una educación digna, una asistencia sanitaria digna. Ahora bien, ¿cuántos minutos están dedicando nuestros políticos a debatir sobre estas cuestiones? ¿Qué piensan sobre los desahucios? ¿O sobre las personas que, a consecuencia de la especulación inmobiliaria, se ven obligadas a dejar sus viviendas en el centro de la ciudad? Y, ¿qué piensan de todas aquellas personas sin techo, que tienen que acudir a comedores solidarios o a iniciativas privadas que proporcionan un lugar donde poder dormir?

Algunos políticos han criticado la existencia de listas de espera para una visita en el CAP o una intervención quirúrgica, sin embargo, han explicado cómo lo harán, como resolverán el problema? Han tenido en cuenta que este problema es de ámbito estatal y no sólo autonómico? Lo digo para recordar que el número de médicos especialistas está condicionado por decisiones que se toman en el Ministerio de Sanidad a propuesta, eso sí, de los dispositivos de salud de Catalunya.

Y qué decir del problema – crónico – los déficits en las infraestructuras, especialmente las ferroviarias. ¿Se ha calculado el coste de las horas de trabajo perdidas por culpa de los retrasos de los trenes de cercanías?

¿Y las pensiones de las personas jubiladas, que cada día ven como pierden poder adquisitivo?

¿Y las personas mayores que no pueden pagar la calefacción o la luz y se ven sometidas a los temibles cortes?

¿Y qué decir de las personas que son víctimas de malos tratos? ¿Ya sabemos que los niños y las mujeres tienen sistemas de protección, no siempre eficaces, sin embargo, y las personas mayores, indefensas debido a las dolencias que les afectan y de los deterioros cognitivos que los colocan en el punto de mira de los abusadores económicos ?

¿Y los jóvenes que, a pesar de haber recibido unas formaciones muy sólidas, no tienen acceso al mundo del trabajo?

¿Y los discapacitados, que no siempre pueden disfrutar de un trabajo protegido o de un centro residencial que los proteja de las adversidades de la vida?

Podría seguir y citar muchos más ejemplos, pero me parece que ya es suficiente. La pregunta queda planteada: ¿Cuándo nuestros políticos tendrán el coraje y la ética de abordar todos estos problemas? ¿Cuándo podremos escucharlos en debates serios, rigurosos, no pasionales, hablando de todo lo que sí afecta a las personas?

Josep Moya
Sobre Josep Moya

És psiquiatre i psicoanalista, doctor en Medicina. És psiquiatre del Centre de Salut Mental del Parc Taulí, i prèviament havia estat el director executiu del Servei de Salut Mental d'aquest mateix centre. També és el responsable de l'Àrea Social i Comunitària de l'Observatori de Salut Mental de Catalunya. Coordinador de l'equip clínic del Centre l'Alba (Unitat Mèdic-Educativa i Centre de Dia per Autistes). A més és un dels psiquiatres de l'equip CIPAIS Más artículos

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