Vuelven los encierros de migrantes en Barcelona para reivindicar sus derechos: «Estamos peor que en 2001»

Decenas de migrantes y refugiados ocuparon la antigua escuela Massana de Barcelona este sábado para reclamar derechos sociales. El encierro es una réplica de los que ya hubo en 2001, 2005, 2013 y 2016, pero esta vez ya tienen la bendición del Ayuntamiento de Barcelona (y de 30 entidades sociales). Ibrahi Omoho estuvo en la ocupación de hace 17 años y en la actual: "¿Nuestra situación? No ha cambiado, igual para mal".

Yeray S. Iborra
 
 
 
Ibrahi en el dormitorio de la ocupación de la Massana | Sònia Calvó

Ibrahi en el dormitorio de la ocupación de la Massana | Sònia Calvó

Desprende cierta mística. Habla en penumbra y un caprichoso fluorescente, que se enciende y se apaga intermitente, acentúa sus frases. Es como si lo manejara a su antojo, con la mente. Ibrahi Omoho es una deidad aquí, pero no por sus poderes parapsicológicos, sino por su experiencia en la lucha. Omoho estuvo hace 17 años en las primeras ocupaciones de migrantes en Barcelona y ha vuelto a repetir este sábado. El encierro en la capital catalana es una réplica de los que ya hubo en 2001, 2005, 2013 y 2016.

Cuando Omoho ocupó la Iglesia del Pi en 2001 hacía muy poco que había llegado a España. Ahora es presidente de Cornellà Sense Fronteres, pero tiene la sensación que en en casi dos décadas nada ha cambiado; cuando no lo ha hecho para mal. «Estamos peor que en 2001». Por ese motivo ha decidido encerrarse «de forma indefinida» en la antigua escuela Massana –justo detrás del mercado de la Boqueria– de Barcelona junto a decenas de migrantes y refugiados de múltiples nacionalidades.

«Los compañeros están precarios, vengan de donde vengan». Omoho explica así porqué por primera vez se ha producido un encierro que agrupa a migrantes y refugiados (si bien las ocupaciones de 2016 ya miraban de cerca el devenir de la crisis del Mediterráneo).

Migrantes y refugiados comparten, grosso modo, reivindicaciones. Una serie de derechos sociales que ven «negados» y que –destacan– interpelan por igual al Ayuntamiento de Barcelona, a la Generalitat y al Gobierno de Mariano Rajoy y que se traducen en reclamar papeles para todos; acelerar los trámites para el empadronamiento; más citas previas para gestionar documentos; sanidad pública para todos (ha aumentado un 15% la mortalidad entre sin papeles desde la ley de «exclusión sanitaria» del PP en 2012); o el cierre inmediato de los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE).

«El racismo nos encierra», se lee en la puerta de la ocupación. Dentro del inmueble, un majestuoso espacio de propiedad municipal, todo está ya equipado: camas para pasar la noche, una despensa y un basto espacio polivalente donde se realizan las asambleas. Las mismas han decidido que este miércoles habrá una concentración ante la antigua escuela, en la plaza Gardunya, para acercarse al barrio.

Entidades en lucha por los derechos de los migrantes en la ciudad como Tanquem els CIE, Tras la Manta, SOS Racisme o Papeles para Todos han abrazado las proclamas del colectivo, además de sindicatos como la CGT y la UGT. Desde que se produjo el encierro, se cuentan en 30 los colectivos que han dado apoyo a la ocupación, pero hacen falta más. En las últimas horas también han recibido el visto bueno del consistorio.

Beneplácito de Ada Colau

«Sus reivindicaciones son totalmente compartidas». Así se expresaba un portavoz del Ayuntamiento de Barcelona tras una reunión de cerca de tres horas con los encerrados y en la que también se contaba a la Síndica de Greuges de Barcelona, Maria Assumpció Vilà. Se trata del primer encuentro entre el consistorio y los migrantes desde su encierro. Ambas partes declaran a este medio que la toma de contacto ha sido fructífera y de momento el Gobierno de Ada Colau no pondrá fin a la ocupación.

«Hemos explicado algunos de los avances en las actuaciones del Ayuntamiento para garantizar el empadronamiento y favorecer la regularización. Y nos hemos puesto a su disposición para facilitar que esta movilización social de los migrantes y refugiados interpele al conjunto de la ciudadanía y se abran espacios de debate y sensibilización lo más amplios posibles», destacaban fuentes municipales tras el encuentro.

Primer encuentro con el Ayuntamiento de Barcelona | Sònia Calvó

«Nosotros ayudaremos a mejorar las cosas que son competencia del Ayuntamiento de Barcelona. Aún así queremos un posicionamiento político ante el resto de peticiones sobre las que ellos no pueden intervenir directamente», acompañaba Juan Ávila, uno de los portavoces de los migrantes.

Los encerrados saben que no todo depende del consistorio liderado por Ada Colau, del que conocen el límite competencial. Por ello también han empezado a mover hilos para depurar responsabilidades con quien corresponda: Gobierno autonómico, ahora intervenido por el artículo 155, o Gobierno central. Una de sus máximas, común denominador de la protesta, es la derogación de la ley de Extranjería, por lo que ya preparan una carta a la delegación del Gobierno en Barcelona para solicitar una reunión.

Tradición de encierros migrantes

La idea sobre un nuevo encierro se produjo este mismo enero, cuando decenas de migrantes se encontraron en asamblea en la Iglesia del Pi. Recordaban los encierros de 2001, y repasaban su situación desde entonces. «¿Nuestra situación? No ha cambiado, igual para mal», recuerda Ibrahi Omoho, que desde que llegó a España de Marruecos a penas ha encontrado trabajo estable y ha tenido que dedicarse a la construcción. Muchos de los suyos ni siquiera han tenido tanta suerte.

Como Omoho, ante una situación que consideran «enquistada», muchos han optado por el encierro, como ya pasara en 2001, 2005, 2013 y 2016. Ocupaciones, todas, que luchaban por los derechos sociales y las mejoras en las condiciones de vida de los migrantes, pero que tuvieron particularidades.

La primera de ellas, que tuvo lugar justo después de la aprobación de la ley de Extranjería, pedía papeles para todos. Hasta 350 migrantes se encerraron en la plaza del Pi en 2001. La acción duró 47 días –15 días de huelga de hambre mediante– y meses después los que participaron en ella obtuvieron los papeles, gracias a un acuerdo con la Delegación del Gobierno que se hizo extensible a los inmigrantes de todo el Estado que hubieran llegado a España antes del 23 de enero de 2001. Fue la más concurrida.

Ibrahi Omoho es el presidente de Cornellà Sense Fronteres | Sònia Calvó

En 2005 se fijó una lucha abierta y permanente que culminó en varios encierros, de carácter itinerante. Los migrantes pasaron por la universidad Pompeu Fabra, después entraron en la parroquia del Carme, y de nuevo a la iglesia del Pi (más de 200 personas). Más tarde seguirían –durante dos meses– el encierro en Can Vies. De allí se marcharían a Sant Boi, otro mes más, hasta que finalmente muriera la protesta.

En 2013, otros tantos migrantes se encerraron en el Poblenou para pedir techo y condiciones de vida dignas. Ya en 2016 la protesta mostró solidaridad con los refugiados, tema en la picota en aquellos momentos, y pidió la mejora de condiciones de los migrantes que ya estaban en el territorio.

Según destacaba a finales de aquel mimo año, en vísperas del encierro en el Raval, el portavoz del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes, Aziz Faye, los migrantes están ahora «más organizados pero igual de discriminados». Ibrahi Omoho se hace suya la proclama de Faye. No espera un movimiento tan grande como el de 2001, pero sí dar guerra: están hablando con migrantes de Madrid para extender los encierros.

Entrada de la Massana, lugar del encierro / SÒNIA CALVÓ

3 Comments en Vuelven los encierros de migrantes en Barcelona para reivindicar sus derechos: «Estamos peor que en 2001»

  1. Lilian Hayden // 26/04/2018 en 3:14 // Responder

    suerte a todos,espero que consigan sus propositos

  2. Lilian Hayden // 26/04/2018 en 3:14 // Responder

    suerte amigos,espero que ocnsigan todo cuanto se proponen

  3. Animo. Yo era uno de ellos hace17 años. Suerte a tod@s.

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