La venta vuelve a la calle en las Glòries: un mercado de segunda mano se expande en la plaza

Hasta 300 personas disponen sus objetos, la mayoría recogidos de las basuras y a los que dan una segunda vida. A Fateh le gusta ponerse en la esquina superior de la plaza, una de las que primero se levantará con las obras de la canopia urbana, con fecha de inicio este marzo, que el Ayuntamiento de Barcelona llevará a cabo y que convertirán el espacio en una gran zona verde. Los vendedores deberán moverse, una vez más.

Yeray S. Iborra
 
 
 
Un domingo en el mercado de segunda mano de las Glòries | CatalunyaPlural.cat

Un domingo en el mercado de segunda mano de las Glòries | CatalunyaPlural.cat

Nunca se pone en el mismo sitio y nunca lleva lo mismo en el fardo. Aquí, el primero que llega planta la manta. Hoy ha salido el día nublado, y hay más huecos dónde elegir. Un par de coches metálicos, pañuelos, una radio y ceniceros. «Tuve suerte rebuscando».

Fateh, como el resto de sus compañeros, adquiere su material en el mayorista más grande de Barcelona: los contenedores de basura. Los vecinos de Barcelona desechan toneladas de objetos que adquieren una segunda vida, a diario, en la rotonda de las Glòries. Fateh es uno de los vendedores de nuevas oportunidades de esto mercado informal que la prensa ha tildado de Mercat de la misèria (mercado de la miseria).

«¿Miseria? Vendemos objetos de segunda mano, pero útiles para mucha gente», dice Fateh. Hace meses que comparte la plaza con decenas de vendedores y otros tantos compradores. Se entremezclan. Entre unos y otros pueden llegar a ser hasta 300 los días de más afluencia. Para él, la gente no sólo acude al mercado para ganarse la vida, también lo considera algo social. El vendedor, cuyas palabras se arrastran con dificultad por una frondosa bufanda que cubre prácticamente su cara, destaca que en las Glòries «casi todos nos encontramos con los nuestros». «Nos damos apoyo».

A Fateh le gusta ponerse en la esquina superior de la plaza, con la calle Independencia. Una de las que primero se levantará con las obras de la canopia urbana, con fecha de inicio este marzo, que el Ayuntamiento de Barcelona llevará a cabo durante un año y que convertirá el espacio en una gran zona verde. Los vendedores deberán moverse, una vez más.

Fateh no es nuevo en la zona, y tampoco son sus primeras obras. Ahora lleva unas semanas viniendo de nuevo por aquí. Aunque años atrás ya había revendido objetos en la misma cuadra. Eso fue antes de la construcción del flamante edificio de espejos donde se ubican los nuevos Encants. En 2014 Fateh ya disponía sus productos en las inmediaciones de la Fira de Bellcaire (la reventa de objetos allí, según la misma web de los Encants, ya hacía casi 80 años que se practicaba, si bien el mercado como tal había deambulado por Barcelona durante ocho siglos).

El conocido como ‘mercat de la misèria’ (mercado de la miseria) atrae a centenares de compradores | CatalunyaPlural.cat

Como a muchos de sus compañeros, la construcción del nuevo mercado y las constantes obras en el cruce, que se han visto retrasadas en los últimos años, los alejaron de la zona. Algunos siguieron vendiendo en mercadillos como el de Sant Antoni, otros se dedicaron a la chatarra. Cuando hubo el traslado hacia los nuevos Encants, pocos de los vendedores ambulantes de la basura optaron por entrar en él.

Hay tres tipos de licencias en los nuevos Encants: las de persiana, las de armario, y las de subastadores (39 puestos, con subasta diaria a las cinco de la mañana). Para todas ellas hay que pagar el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) y los autónomos, es el requisito mínimo para formar parte del censo del mercado. Nadie ante la antigua Fira de Bellcaire cumple esas condiciones. Muchas de las personas ni siquiera están en situación administrativa regular.

Fateh además no vive en Barcelona, pero tampoco lejos. No quiere explicar de dónde es (no todo el mundo en su entorno sabe de su oficio), aunque no tiene problema en hablar sobre su origen argelino. Migró joven, por recomendación de unos familiares que le dijeron que en Barcelona encontraría trabajo y podría ayudar a los suyos.

Su relato concuerda con la versión que ofrece el consistorio capitaneado por Ada Colau: la mayoría de las personas que venden en el mercado viven en el área metropolitana. A primera hora de la mañana se desplazan a la capital catalana, recogen materiales de las basuras y luego los disponen en las Glòries. Que no estén empadronados en la ciudad maniata al consistorio a la hora de ofrecer salidas fuera de la calle a los vendedores.

Dos patrullas de la policía controlan la actividad de los vendedores | Robert Bonet

Si bien el Ayuntamiento explica a este medio que aborda el fenómeno bajo una perspectiva social (los servicios sociales de la zona peinan el mercado usualmente), la afluencia de personas ha obligado al consistorio a disponer dos patrullas de la Guardia Urbana diariamente en la zona. Turno de mañana y de tarde.

La pareja de policías que trabaja esta mañana de miércoles pasea mansa, aunque con su movimiento desplaza ligeramente la turba de vendedores. Bordean una vez y otra la rotonda, por los carriles de atletismo que el Ayuntamiento dibujó en la última reforma de las Glòries. Uno de los policías justifica la presencia: «Lo que empezó siendo un pequeño espacio de venta es ahora el mercadillo ambulante más grande de la ciudad. Nuestra faena no es de persecución, simplemente miramos que no se peleen. Nosotros solo contenemos. Esto es más un problema social que policial: llevan, con más o menos afluencia, 25 o 30 años aquí. No podemos detenerlos, no son delincuentes, solo es una falta lo que hacen».

El mismo agente, que habla apoyado en la ventanilla del vehículo oficial destaca que para atajar el problema la policía ya intercepta contenedores de mercancía con falsificaciones en el puerto. Aunque al momento se contradice, apuntando que la mayoría de lo que se vende aquí procede de las basuras. «Por eso vuelven, no les ‘duele’ que les confisquemos algo que no tiene valor».

No todo el mundo piensa como él.

Fateh despacha sus productos a no más de 3 euros. Aunque aquí se regatea, y los precios pueden caen fácilmente a los 1 o 2 euros. Calderilla para algunos, un precio privativo para otros. El sociólogo Julián Porras, que lleva años estudiando los colectivos que se dedican a la economía informal de Barcelona, sostiene que si el mercado ha sobrevivido durante tantos años en el mismo lugar es porque «tiene un público, una función».

«Las personas que acuden aquí, algunos migrantes en situación vulnerable pero también gente regular con pocos recursos, como pensionistas, vienen a este mercado porque no pueden comprar en ningún otro lugar. No pueden pagar zapatillas a 12 euros en un mercadillo común, deben pagarlas a 3 o 4 euros aquí», zanja Porras.

2 Comments en La venta vuelve a la calle en las Glòries: un mercado de segunda mano se expande en la plaza

  1. MARIA TERESA GUTIERREZ // 10/03/2019 en 23:00 // Responder

    No estoy en desacuerdo con las ventas que realizan los vendedores de la economia informal;Estoy en desacuerdo con la suciedad que dejan en la zona al finalizar las ventas.

  2. Dónde queda el mercado?

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