Ruth Fierro, activista

«Uno acaba naturalizando la violencia porque en caso contrario no saldríamos de casa»

Para hacernos una idea de la pesadilla de la violencia en Chihuahua (México) se ha publicado 'La Lucha, la historia de Lucha Castro y los derechos humanos en México' (Icaria, 2018), libro ilustrado por John Sack y que la portavoz del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM), Ruth Fierro, ha venido a presentar a Barcelona.

Oriol Puig
 
 
 
Ruth Fierro durante una presentación

Ruth Fierro durante una presentación

De manera ininterrumpida en la historia de la humanidad han existido hombres y mujeres dedicadas a conseguir para todas las personas las condiciones para edificar la vida con plena dignidad. A pesar de las amenazas a las que se ven sometidas las defensoras y los defensores de los derechos humanos en México, con sólo 30 años, Ruth Fierro ha tomado el testigo de Lucha Castro, luchadora incansable, al frente del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM) en Chihuahua. Una tarea nada fácil si se tiene en cuenta que, en los últimos ocho años, el estado mexicano de Chihuahua ha sido el escenario de más de 100.000 asesinatos y 34.000 desapariciones además de innumerables casos de violencia contra las mujeres. Para hacernos una idea de la pesadilla de la violencia en Chihuahua, uno de los estados más peligrosos de México, se ha publicado La Lucha, la historia de Lucha Castro y los derechos humanos en México (Icaria, 2018), libro ilustrado por John Sack y que Fierro ha venido a presentar en Barcelona.

En Ciudad Juárez siempre ha estado presente el drama de las mujeres desaparecidas y asesinadas. ¿La preocupación por la situación de los derechos humanos no es únicamente del estado de Chihuahua y se está generalizado por todo el país? 

Sí, hay otros lugares, además de Juárez, donde la incidencia es muy alta. Por ejemplo, la desaparición y asesinatos de mujeres en los estados de México y Jalisco es alarmante. Cuando empezamos a investigar estos hechos, la respuesta que obtuvimos fue muy triste porque, aunque lo relacionamos con el tráfico de personas y el narcotráfico, también detectamos que un número importante tenían su origen en el machismo social imperante y en el patriarcado mexicano tradicional que perpetúa los estereotipos de género.

Las cifras son escalofriantes.

Los datos oficiales muestran que el 93% de los feminicidios que se producen en México ocurren dentro del ámbito familiar. Y apuntaré otra cifra aclaratoria: cuando en 1993 se destapó el escándalo por el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez se contabilizaban 30 homicidios por año mientras que en 2010 hubo más de 400 y en 2017 casi 150. Esto significa que las políticas de seguridad implementadas por el gobierno para combatir esta lacra no están funcionando. Al contrario. La militarización de la seguridad pública desde 2008 ha coincidido con la exacerbación de la violencia. Estoy hablando de que llegamos a una tasa de 110 homicidios por cada 100.000 habitantes. Y, por supuesto, las principales víctimas son las personas en riesgo de vulnerabilidad y aquí estamos las mujeres.

¿Haciendo de la violencia un mecanismo de supervivencia?

Uno acaba naturalizando la violencia porque en caso contrario no saldríamos de casa. La sensación de impunidad que existe en México es desesperante. Vivimos en un estado de estrés permanente que ha obligado a la gente a cambiar completamente de estilo de vida. Nuestra tarea se impone en medio de un país que atraviesa la peor crisis de inseguridad e impunidad y en uno de los estados más resentidos por la violencia, ayer como hoy el trabajo de las organizaciones de derechos humanos es fundamental, existimos como consecuencia de un sistema que nos ha fallado.

¿Quién es Lus Estela «Lucha» Castro?

Es una abogada muy conocida, una defensora de los derechos humanos. Es un ejemplo de lucha y resistencia a pesar de las amenazas que ha recibido. Es una de las fundadoras en Chiuahua del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM) que ahora coordino. Es una organización importante en México que nació en un contexto muy complicado para las mujeres y la violencia. No sólo nos dedicamos a temas de género sino también acompañamos comunidades desplazadas por la violencia y el control de las transnacionales y el crimen organizado. También acompañamos a defensores y defensoras de derechos humanos que han sufrido el asesinato de uno de sus integrantes así como familiares de personas desaparecidas.

¿Qué tipo de protección proporcionan?     

Solicitamos al Estado que proteja a las personas defensoras de derechos humanos. Las acompañamos legalmente para responsabilizar al Estado. Es quien debe establecer medidas a las personas que exigen justicia, igualdad, democracia, inclusión, etc. Debe ofrecerles garantías en seguridad. Lo que hacemos es recurrir al Sistema Interamericano de Derechos Humanos para exponer la situación y que la comisión considere si es oportuno otorgar medidas cautelares. Obligar al Estado a tomar medidas en temas de seguridad como la aplicación del «Botón de pánico», un botón de reacción inmediata para llamar a la policía. Esta es la realidad en la que viven muchas personas que defienden la dignidad.

¿Cómo es posible que se produzcan estos delitos en México?

México vive desde hace unos años una crisis en materia de derechos humanos con cifras que son alarmantes si consideramos que está instalado en una democracia. Estamos hablando de más de 100.000 personas asesinadas en los últimos ocho años. Los registros oficiales hablan de 34.000 personas desaparecidas. Somos también el segundo país del mundo con más agresiones a periodistas. La violencia de género es una lacra. Vivimos una situación dramática agravada por nuevas legislaciones que no aportan soluciones.

El caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa en 2014 todavía no se ha resuelto.

Que este caso no se haya resuelto a pesar del impacto internacional que tuvo y las peticiones realizadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos deja en evidencia que cualquier otro caso de menor trascendencia no será aclarado. La crisis que sufre México por las desapariciones forzadas es gravísima.

¿Qué explicaciones da el Estado?

Esta es justamente la exigencia de las familias. Se preguntan por qué razones han desaparecido estas personas. Sabemos que el narcotráfico es uno de los motivos pero también existen casos documentados que apuntan al Estado. El mundo conoció de primera mano lo que ocurrió con los estudiantes de Ayotzinapa. Informes de expertos hablan de indicios muy claros de la participación de militares. El Estado es responsable de sus actuaciones. No es igual en las comunidades más aisladas y rurales del país, como la Sierra Tarahumara, donde se conoce perfectamente la conjunción que existe entre la policía y el crimen organizado, que la situación que se vive en las zonas urbanas.

¿Qué quiere visibilizar el libro La Lucha: historia de Lucha Castro y los derechos humanos en México?

El libro pretende compartir la voz de estas mujeres que se entregan en cuerpo y alma a acompañar a la gente que sufre el dolor y las injusticias. Todas aquellas víctimas que se quiere silenciar haciendo ver que todo va bien en México. El libro es también una historia de esperanza por la fuerza de las personas que luchan para cambiar nuestra realidad. La esperanza, el amor, la indignación que mueve la lucha que reivindican derechos que han sido arrebatados. Por cada libertad declarada, de pensamiento, de creencia, de expresión, hay un número indeterminado de abusos arbitrarios y vidas segadas. A día de hoy hay que seguir luchando para hacer valer los derechos que aún no se han ganado.

¿Cómo gestionan el riesgo, el miedo y la relación con un entorno de amenazas y agresiones?

En determinados contextos vivir en México es complicado. Defender según qué intereses ante el Estado, las transnacionales o el crimen organizado implica vivir en una situación constante de riesgo. Las organizaciones en Chiuahua hemos documentado veintiún asesinatos de defensores de derechos humanos en lo que llevamos de año. Es muy habitual recibir amenazas y agresiones pero estamos convencidas de que estamos haciendo un buen trabajo. No es sólo legítima sino necesaria. Reconforta cuando vengo en Barcelona y encuentras comprensión y solidaridad. Nos anima y nos hace más fuertes. En México no todo el mundo apoya la labor que hacemos, nos alejamos del discurso oficial y nos tachan de comunistas, rebeldes e inconformistas. La violencia de género es un tema desafortunado demasiado generalizado en todo el mundo que encuentra diferentes expresiones y magnitudes.

El candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador aparece al frente de todas las encuestas de las elecciones presidenciales del 1 de julio. ¿Si gana, alguna expectativa de cambio?  

Tengo muchas dudas. López Obrador mantiene una estrecha relación con procesos anteriores de los que formó parte. Habla de sumar a su proyecto a expriistas y expanistas que no gozan de buena reputación. No tengo claro que pueda sostener unos principios progresistas con estos actores tan conservadores. Otro factor contradictorio es la coalición que ha forjado con Alianza Social, un partido que tiene un origen muy cristiano y extremadamente conservador.

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