Una reliquia demasiado ignorada

No destacaba por desinterés manifiesto, y lo mismo acaece con todo el barrio, más famoso por Joan Manel Serrat, las bodeguitas, el carrer Blai de los mil bares y poco más pese a su rica arquitectura. Uno tiende a pensar en esa pereza barcelonesa para con las alturas, pero ojo, aquí estamos en la base de la montaña y quien quiera puede acceder a esta perla poco documentada sin cansarse en demasía

Jordi Corominas i Julián
 
 
 

Con la inminencia del verano ando disperso en estos paseos barceloneses y voy arriba abajo, como si de repente mi maquinaria hubiera decidido mostrar partes ocultas a la espera de centrar un objetivo. No se preocupen, todo volverá a la normalidad, pero de momento vago gustoso por los barrios.

El día de hoy me ha pillado en el carrer Margarit del Poble-Sec. He llegado al mismo tras una caminata interesante, descendiéndolo desde el passeig de l’Exposició, y así fue como reincidí en varias de mis preferencias de la zona, repleta de casas interesantes datadas en sus orígenes urbanizados, cuando ya era seco por el uso acuífero de muchas fábricas aledañas.

Esto me hace pensar, y la encuentro pese a la desidia en su conservación, en la primera fuente pública, justo en el cruce entre Margarit y Elkano. La actual se parecerá poco a la primera versión, y es una lástima tanto no haberla conservado como no dar más relevancia histórica a este elemento del mobiliario urbano, esencial para la vida cotidiana en su objetivo de facilitar la rutina de tantas mujeres de entonces en su labor de llenar cubos de líquido elemento para sus viviendas.

Tras dejarla atrás sigo bajando y en el número 30 diviso un mono. Algún día, no lo dudéis, deberé adentrarme en su relato. Por ahora lo dejo en su fachada. En la cercanía se intuye el rumor estridente del tráfico en el Paralelo, quizá reemplazado, lo digo desde hace milenios, con un tranvía idóneo para sacudirnos de malos humos. Debería ir de Sants y enlazar con el de la Villa Olímpica. Es bonito soñar, y más en una ciudad verde. De los pactos posteriores a las elecciones depende esta medida. Crucemos los dedos.

El Paralelo y el Poble Sec conviven íntimamente ligados desde sus inicios. Si descendiera a la avenida contemplaría sus pórticos desechados desde el surgimiento de teatros efímeros, a posteriori estables. Sin embargo, tanta fiesta esconde otro aspecto propio de cada fundación, algo remarcable hasta en territorios más bien recientes. Si habilitas hectáreas debes contemplar la posibilidad de una iglesia para los fieles, y en aquí la protagonista es la de Santa Madrona, parroquia bendecida en 1888 por la regente María Cristina durante los fastos de la Exposición Universal, con un campanario un poco más tardío, algo perfecto para este artículo al resaltar la variedad de su construcción, variopinta y con un secreto surcado por el paso de los siglos en el carrer Margarit, donde se halla su parte posterior.

Esta perteneció a los caballeros de la orden de San Juan de Jerusalén, instalados en Barcelona desde 1205, cuando erigieron en la riera de Sant Joan un templo, un convento y un hospital. Permanecieron en sus dominios hasta 1699, relevados por monjas, fuertes en esa piedra hasta 1835. Ese año es célebre en los anales condales por la quema de conventos en la Rambla durante la primera bullanga. Aquella tarda els toros foren dolents, aquest fou el motiu per cremar convents. Josep Pla comentaba el bien de tanto fuego para los ciudadanos, contentos por poder respirar mejor entre tanta muralla repleta de edificaciones religiosas. La de estas señoras con cofias duró un poco más, pero no crean, tampoco mucho, pues se hallaban en una zona de riesgo. Superaron la desamortización de Mendizábal y consigueron volver hasta 1869, obligadas a abandonar el convento, siendo este vendido en subasta y derribado en 1886, como si ya se intuyera la posterior reforma del caso antiguo hacia la via Laietana.

Aunque parezca increíble en Barcelona hay mucho movimiento pétreo. La puerta de esta residencia católica pudo haber reposado en el Eixample y nadie se hubiera extrañado, sobre todo si atendemos como la iglesia de Montsió de rambla Catalunya se ubicaba donde Els Quatre gats de Picasso, Casas, Russinyol y tantos otros monstruos sagrados, y lo mismo podríamos decir con la Concepción, mezcla singular entre la extinta iglesia de Sant Miquel y el claustro del convento de les Jonqueres, a escasos metros de plaça Urquinaona.

La puerta del convento de Sant Joan de Jerusalén recaló en el carrer Margarit y apreciarlo durante esta última tarde de mayo es algo harto curioso. Reina el silencio, no se vislumbran turistas y, como sólo soy gamberro con la palabra, no me atrevo a franquear la reja. La sensación es de triste soledad, arrebatadora como todo aquello imposible de tocar, y así se incrementan los deseos, y no precisamente por este extraño calor prematuro, aunque uno ya no sabe distinguir estaciones, condenados como estamos ante la inacción política y la escasa atención a tantos adolescentes en protesta para defender el Planeta cada viernes.

A finales del Ochocientos debieron considerar una estupenda idea mover el portal, con su nicho vacío, del centro a la periferia. No destacaba por desinterés manifiesto, y lo mismo acaece con todo el barrio, más famoso por Joan Manel Serrat, las bodeguitas, el carrer Blai de los mil bares y poco más pese a su rica arquitectura. Uno tiende a pensar en esa pereza barcelonesa para con las alturas, pero ojo, aquí estamos en la base de la montaña y quien quiera puede acceder a esta perla poco documentada sin cansarse en demasía.

No sé si llegó a verla Joan Salvat Papasseït, el poetavanguardistacatalá, y pongo todo junto porque así lo escribió el chico de la Barceloneta, nacido en Urgell, muerto al lado de Santa María del Mar, dos placas lo atestiguan, y bautizado en Santa Madrona. La leyenda habla del hecho en una jornada lluviosa, tan brutal que el cura avisó a los padres del porvenir de su hijo, breve e intenso, como así fue. Los restos del orden sanjuanista han durado más, ahora les daríamos más lustre valorándolas como un legado imperecedero de una ciudad demasiado anclada en el presente. La Historia no atiende de generaciones y si informáramos de estas antigüedades pondríamos un granito de arena en entender mejor el conjunto donde circulamos.

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