Una doble propuesta de plazas

La colocación del monument a Francesc Macià en su homónima plaza resulta una cuestión de sentido común. Desde plaça de Catalunya apreciaríamos mejor el denostado cruce entre Rambla y Pelayo y hasta podríamos mover la Deessa de Clarà al centro del estanque para que luciera su hegemonía en la zona. Son propuestas hechas por un paseante, y puedo asegurarles la rentabilidad de mis ojos mediante el desgaste de mis pies

Jordi Corominas i Julián
 
 
 
Plaça de Catalunya / JORDI COROMINAS

Plaça de Catalunya / JORDI COROMINAS

Nadie hace caso a la plaça de Catalunya. Ya lo dijo Josep Pla. Es quizá el único espacio céntrico de una gran capital europea sin resonancias monumentales. Si le preguntamos a un transeúnte sobre los edificios que la rodean probablemente mencione el inevitable Corte Inglés. Si es joven su mente irá a Apple, invasora de esa prestigiosa esquina donde antaño debutó la radio, la misma de la foto de Marina Ginestà o, dicen, del mítico No pasarán de la Pasionaria. El Hotel Colón lo recuerda aún sin estar sus piedras en el terreno.

Este centro absoluto, unión de lo viejo y lo nuevo, nació casi por casualidad. No estaba prevista en el Pla Cerdà y cobró lógica de existencia por su misma ubicación. A partir de finales del Ochocientos llenó y vació su espacio a la velocidad de la luz aún antes de tener el permiso para ser una realidad.

Con motivo de la exposición de 1929 adquirió su actual aspecto circular. Antes había sido enclave perfecto para breves exhibiciones, múltiples manifestaciones y presencia de edificios importantes que durante el Franquismo se realzaron para crear un centro propio entre la Telefónica, el Banco de España, el Español de Crédito y, un poco más allá, el Rural y Mediterráneo con su vecino Vitalicio. La fuente de Gran Via culminó la consecución de ese recorrido con claras connotaciones políticas.

En la plaça hay de todo, desde su rincón estatuario, precioso y poco reconocido, hasta la representación de las provincias catalanas. También hay restos de los combates del 19 de julio de 1936. Barceloneses, salvo los que participaron en las concentraciones del 15M, y turistas la encuentran aséptica. Unos piensan en palomas y otros en autobuses.

Al final de la misma, cuando la Rambla se intuye en su caduco esplendor, hay un espacio que parece de toda la vida pese a su relativa novedad. Nuestra época es de tiempo rápido y ama el olvido cronológico. En 1991 la hermosa Deessa de Josep Clara recibió la compañía de un estanque diseñado por el inefable dúo Piñón-Viaplana. Toda esa gentileza acuática se debió a la nueva presencia del monumento a Francesc Macià de Josep Maria Subirachs, inaugurado el 25 de diciembre de 1991.

Con motivo de este texto he dejado atrás prejuicios, preocupándome para comprender las intenciones del artista. El pedestal de travertino representa la Història de Catalunya. La escalera invertida de la parte superior alude al futuro por escribir. Al lado del bloque figura un monolito con un busto de bronce elaborado por Clarà, como si así el primer President de la Catalunya contemporánea se contrapusiera al mármol blanco del mismo autor.

Plaça de Catalunya / JORDI COROMINAS

El monumento es horrible y la mayoría ni siquiera lo desprecia. No es su culpa. La pasividad visiva y la nula información pedagógica en un espacio tan nutrido de ítems explican la desidia generalizada para con el homenaje al líder de Estat Català. Quizá estaría mejor en otra plaza, triste, desangelada y vetada al peatón.

Hablo de la de Francesc Macià. Se inauguró en 1932 y tiene una absurda centralidad. Ha cambiado de nombre tantas veces como la Diagonal, con la que se hermana al ocupar una rotonda de su linealidad. Niceto Alcalá-Zamora, Germans Badia, Calvo Sotelo, Macià.

El medio de la plaza, por llamarla de algún modo, corresponde con un extraño vicio de nuestra ciudad. Se localiza también en la plaça d’Espanya, donde la fuente de Jujol es una supuesta belleza inaccesible a no ser que el curioso quiera perder la vida para admirarla en toda su complejidad.

En esa redonda de Francesc Macià debería figurar el monumento al hombre que el 14 de abril de 1931 proclamo la República Catalana dentro de la Federación Ibérica. Con ello se ejecutaría una lógica nominal y se liberaría a ese hueco de plaça de Catalunya de tanta acumulación innecesaria. De este modo el conjunto de Subirachs ganaría en visibilidad, mientras su actual emplazamiento respiraría un poco más y adquiriría luz salvándose de otra mueca más de un revólver barcelonés aficionado a destruir vedute urbanas dignas de ser contempladas.

Entre ellas figuran el nuevo edificio de la Diputació, un monstruo encima de la casa Serra de Puig i Cadafalch, o las horrorosas oficinas de las Arenas de Barcelona, perfectas para esconder la maravillosa mariposa del carrer de Llançà. Hay otros ejemplos de mal gusto y pésima planificación, otra cosa es que el confort estético de los ciudadanos esté entre las preocupaciones de la alcaldía.

La colocación del monument a Francesc Macià en su homónima plaza resulta una cuestión de sentido común. Desde plaça de Catalunya apreciaríamos mejor el denostado cruce entre Rambla y Pelayo y hasta podríamos mover la Deessa de Clarà al centro del estanque para que luciera su hegemonía en la zona. Son propuestas hechas por un paseante, y puedo asegurarles la rentabilidad de mis ojos mediante el desgaste de mis pies.

Es anómalo tener un centro sin identidad. Con la operación propuesta mataríamos dos pájaros de un tiro al revalorizar dos círculos imperfectos. El primero, a cambiar vaciándolo, muere de consumismo y silencio para con todo su valor patrimonial. El otro, interesante e inexistente para el barcelonés de a pie, fenece por escasez simbólica. Sus últimas transformaciones explican la concepción contemporánea de Barcelona. El Edificio Winterthur, tan similar dependiendo del punto de vista al temido Tribunal Constitucional, es desde hace poco más de un año un bloque con apartamentos de lujo.

En las pequeñas alteraciones residen grandes mejoras. Se descubren con la asunción del aire y el uso de la razón.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*