Una Diada bajo amenaza

El independentismo civil ha salido a la calle un año más a mostrar su músculo incansable. Pero la amenaza de una sentencia dura, la desunión de los partidos políticos y un otoño que se prevé caliente de nuevo, ha sobrevolado toda la jornada, convirtiendo esta Diada en la menos multitudinaria desde 2016

Guillem Pujol | Sandra Vicente
 
 
Manifestació de la Diada 2019 | ANC

Manifestació de la Diada 2019 | ANC

La Fiesta Nacional de Catalunya de este año se celebraba bajo una serie de amenazas: la primera la lluvia, que obligaba a cancelar el acto institucional previsto en plaza Sant Jaume durante la vigilia de del 11 de Septiembre. La segunda, la amenaza de ruptura de la unidad formal de las fuerzas independentistas. Nunca se había llegado a la Diada con un conflicto abierto tan explícito entre ERC y Junts per Catalunya, los dos principales partidos de la escena independentista. Y la tercera, una amenaza que sobrevuela tanto la Diada de este año como todas las efemérides de las jornadas históricas que nos esperan este otoño: la sentencia judicial.

Siendo esta última amenaza la única que es capaz de aglutinar votantes independentistas y no independentistas, parece que la desunión ha sido la emoción que ha primado este año. Quizás queriendo centrar las fuerzas -músculo social y contundencia en las acciones- para cuando haya sentencia del juicio, el independentismo ha protagonizado la Diada menos multitudinaria de los últimos ocho años.

600.000 asistentes, según la Guardia Urbana, han llenado las calles, convocados por el ANC. Si las manifestaciones de la Asamblea se han erigido como termómetro del independentismo civil, la desunión política, la falta de compromiso con «el mandato del 1-O» y la presión de unas penas duras han enfriado el ambiente. Aunque sea cierto que «se ha vuelto a hacer», las cifras hablan de la mitad de asistentes que el año pasado.

La primera de las amenazas, la lluvia ha sacado cabeza durante las primeras horas de la mañana, manchando de gris el primero de los actos institucionales, la ofrenda floral a la estatua de Rafael de Casanovas. Todos los líderes y lideresas de los partidos políticos a excepción de la CUP, que organizaban el acto en recuerdo a Gustau Muñoz, militante comunista asesinado por la policía el once de Septiembre de 1978, pasaban a hacer su respectiva ofrenda. Incluso Josep Bou que, desmarcándose de su partido, no quería perder la oportunidad de reivindicarse ante su electorado.

Poco después y ya sin lluvia, el vicepresidente de Òmnium Cultural soltaría una advertencia que repetiría durante toda la jornada, ya en la Fiesta de la Libertad, organizada por Òmnium, ya en la manifestación de la ANC: «si no hay absolución a la sentencia, el Estado español y las instituciones tendrán un problema muy grave con la democracia y la justicia».

Esta insinuación de confrontación no se ha concretado en ningún momento, a pesar de que ha sido repetida por otros grupos políticos, como los Comuns, que por primera vez han decidido no hacer acto de presencia en la manifestación de la ANC. La alcaldesa de Barcelona, ​​Ada Colau exigía una sentencia que absolviera los presos, destacando que «es imprescindible la defensa de la libertad de expresión y el derecho de manifestación». Quim Torra y Pere Aragonés, principales lugartenientes de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, lucían la promesa unidad.

Pero la unidad, como el sol que finalmente ha lucido durante la jornada, ha acabado brillando, pero por su ausencia. Muchas eran las personas que, vestidas de azul turquesa de este año, se mostraban convencidas de sus aspiraciones políticas y su «anhelo democrático y de libertad». Pero se veían menos firmes en el momento de manifestar la adhesión a los actos del ANC. ¿El por qué? «La falta de unidad entre partidos», era la respuesta unánime.

Manifestació unitària de lEsquerra Independentista | C.B.

El pueblo no falla. ¿Y los partidos?

Los manifestantes en la Plaça de España, así como la misma ANC, se encuentran un poco huérfanos. Decepcionados por un viraje poco combativo de ERC y un inmovilismo del PdeCAT. Sólo la omnipresente -por ausente- figura Puigdemont salva la relación que antiguamente mantuvieron los del ANC con los post-convergentes.

El Presidente Torra aseguraba que era el inicio de la respuesta a la sentencia, al tiempo que señalaba que, a pesar de que existían pronósticos «interesados» en hacer fracasar los actos de la Diada, «el pueblo nunca falla». El pueblo. Pero los dos grandes partidos independentistas no conseguían escenificar la misma unión que aplaudían en los ciudadanos: unos iban por un tramo, los otros por otro, para asegurarse de que su mensaje pudiera ser entendido con total independencia.

Un cierto aire de desafección se cernía sobre los convocados que, sin embargo, sí que «lo han vuelto a hacer», han vuelto a paralizar las calles de Barcelona, ​​mostrando de nuevo el impresionante músculo y capacidad de movilización de la Diada.

Mientras esta escenificación tenía lugar, al otro lado de Barcelona, ​​la Izquierda Independentista comenzaba su marcha, inmune a esa desafección y con el discurso seguro de quien no se puede sentir defraudado por alguien en quien no ha confiado nunca. Así, bajo el lema ‘Hacia la independencia no hay atajos’ han bajado desde Plaza Urquinaona hacia el Born, por el recorrido que ya hace años que caminan.

Volviendo a la tercera amenaza que sitiaba este 11 de Septiembre, la sombra de una sentencia dura también se sentía en este espacio de la Izquierda Independentista. La Diada, para algunos, sirve para calentar motores para una gran movilización y una respuesta contundente. Para otros, es cada vez menos importante en el imaginario del independentismo contemporáneo, que ya da más importancia a fechas como el 1 de Octubre.

Justo cuando los de la Izquierda Independentista empezaban a caminar, las calles alrededor de la Plaza España se iban vaciando. Algunas volvían con uno de los 1.300 autocares fletados expresamente para viajar a la capital catalana, otros se quedaban en los conciertos que ponen el punto y final a la Fiesta de la Libertad de Òmnium, en el Arco de Triunfo. Y, precisamente a pocos pasos de allí, una nueva concentración en el marco de la Diada. La gente de Ens Veiem Al Parlament.

Una concentración a las puertas del edificio que ha llegado, terminadas las otras convocatorias, a sumar unas 500 personas. La que se presentaba como la alternativa al discurso vacío y el inmovilismo de los partidos, presidía la multitud con unas letras recortadas de blanco que formaban la palabra ‘botiflers’. Avanzando la tarde, ha ido aumentando la tensión en el llano del Parlamento, que estaba rodeado de decenas de furgonas de la Brimo y Mossos antidisturbios fuera de los vehículos. Cerca de las ocho de la tarde el cuerpo policial ha anunciado que el Parque de la Ciutadella quedaba cerrado y exhortaba a los manifestantes a marcharse. Como la concentración no se ha disuelto, los Mossos han empezado a cargar. Al cierre de este artículo no había heridos ni detenidos confirmados.

Así pasaba una Diada más, con la inevitable certeza de que la siguiente, y en las jornadas que vendrán, más allá de mostrar el deseo de independencia, se basará en defender, de nuevo, el conjunto de derechos y libertades que, también, están bajo amenaza.

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