Una cadena de males sin resolver causó el seísmo político andaluz

Los socialistas, el PSOE, han perdido el poder en Andalucía después de 36 años de gobierno. Transformaron la región, pero un millón de votantes de izquierdas no votaron y propiciaron el ascenso de la derecha. Analizamos por qué.

Raúl Solis
 
 
 

Domingo 22 de marzo de 2015. Susana Díaz sale a hacer declaraciones a los periodistas sobre los resultados electorales de las elecciones andaluzas en las que ha irrumpido Podemos con mucha fuerza, 15 escaños, y Ciudadanos, con 9 asientos en el Parlamento de Andalucía. El PSOE, aunque ha perdido votos con respecto a los anteriores comicios, ha conseguido retener los 47 diputados que tenía con un 35% de los votos, casi cuatro puntos menos que en 2012.

El PSOE andaluz es una fiesta. No se lo pueden creer. En plena efervescencia electoral, con partidos socialdemócratas europeos cayendo como fichas de dominó y Podemos en la cresta de la ola, el partido del puño y la rosa consigue resistir la embestida en Andalucía, el feudo histórico de los socialistas españoles, en la primera cita en la que Susana Díaz se sometía al escrutinio de los ciudadanos.

“Hemos frenado el populismo”, fue lo primero que dijo Susana Díaz en aquella comparecencia ante la prensa de la noche electoral del 22 de marzo de 2015, acompañada por sus más fieles colaboradores que, como ella, no se han criado en las luchas sindicales de la UGT ni en las asociaciones vecinales de los barrios obreros, sino en las sedes del partido urdiendo estrategias desde su más tierna juventud.

Por “hemos frenado el populismo” se refería a Podemos que, con 15 diputados, había demostrado que era una fuerza con brío, aunque muy lejos de alcanzar a un partido todopoderoso como el PSOE, la única organización, junto con la Iglesia Católica, que tiene una sede en cada uno de los 778 municipios andaluces.

Mucho más que un partido político

El PSOE andaluz, parafraseando el lema del Barça, es mucho más que un partido, atraviesa la identidad de los andaluces y es la referencia del paso de la dictadura a la democracia en una comunidad donde existe un recuerdo nítido de la miseria que se hereda de padres a hijos.

El PSOE andaluz ha jugado un papel hegemónico en los últimos 36 años y a él se debe que, en pueblos y ciudades de Andalucía, donde hace sólo cuatro décadas existía el subdesarrollo más absoluto, haya hoy un centro de salud, un instituto, un colegio y hasta un centro de información a la mujer. Es decir, el PSOE ha transformado Andalucía desde Huelva hasta Almería en lo que a servicios públicos se refiere, gracias en parte a los fondos europeos.

Un pueblo condenado históricamente a la emigración, el caciquismo y la pobreza inmunda, como el andaluz, ha conseguido en estos 36 años tener autoestima. Y eso, opiniones aparte, ha sido gracias a un PSOE que podía llegar desde Ayamonte (Huelva) hasta Pulpí (Almería) saltando de alcaldía socialista en alcaldía socialista.

Andalucía está mucho mejor hoy que hace cuatro décadas, pero no ha sido gracias a la creación de un modelo económico capaz de crear desarrollo y futuro sostenible. Sigue siendo una comunidad con tierras productivas baldías que se han quedado esperando una reforma agraria, prometida por el PSOE en la Transición. Una reforma que pusiera a producir estas tierras y a crear riqueza en las zonas rurales, donde mucha gente sobrevive (el 10% de los trabajadores andaluces están dados de alta en el régimen agrario) con dos meses de trabajo en la recogida de la aceituna y los míseros 420 euros del PER (Plan de Empleo Rural).

En una tierra con 1.000 kilómetros de litoral, un clima envidiable y un pasado andalusí que la convierte en una potencia cultural, el turismo barato de sol y playa, de jubilados ingleses y alemanes hospedados en cadenas hoteleras globales, abarrota las playas. Es un modelo turístico colonizador que, a cambio de explotar como si fuera un campo de soja las playas andaluzas, deja precariedad, contratos parciales, temporalidad y un ejército de trabajadores pobres que no pueden llevar una vida digna ni teniendo un contrato de trabajo.

El 46% del total de asalariados andaluces por cuenta ajena sobrevive con menos de 4.000 euros al año, 325 euros al mes, según un informe publicado por la Agencia Tributaria en noviembre de 2018. La mitad de los contratos que se firmaron en 2018 duraron menos de un mes, explica otro informe, en este caso del Ministerio de Empleo.

Pobres a pesar de tener trabajo

Nueve de los diez municipios más pobres de España son andaluces, así como los siete barrios con menor renta, las cinco ciudades con más paro y también la más baja esperanza de vida del conjunto del país, tal como indicó la última encuesta de condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE). En Andalucía la crisis ha helado el corazón a un 40% de la población que vive en riesgo o en exclusión social, entre ellos a 400.000 niños y niñas que son pobres de solemnidad en una región de un país que es la cuarta economía de la Eurozona.

En muchos casos, estos trabajos precarios y con sueldos de miseria han sido patrocinados por la Junta de Andalucía a través de la privatización de servicios públicos. Auxiliares de ayuda a domicilio, limpiadoras de colegios, institutos, centros de salud, sedes gubernamentales y hasta del Parlamento andaluz cobran salarios que no llegan a los 900 euros, gracias a las privatizaciones que han engordado la cuenta de magnates como Florentino Pérez, presidente del Real Madrid que, cuando pinchó la burbuja inmobiliaria, derivó sus negocios de la construcción hacia el sector público.

Las señoras que les limpia los escaños a los diputados andaluces no llegan ni a 900 euros de sueldo base y hasta los mismísimos centros de acogida de mujeres maltratadas están en manos de empresas privadas que se embolsan más de la mitad del dinero que se licita a su botín particular, a costa de sueldos de miseria y de empobrecer a las trabajadoras.

Si a esto le unimos Canal Sur, que tiene una programación neofranquista de niños con arte, toros, caza y folclóricas acríticas, unos informativos controlados al milímetro y una dirección que actúa como comisaria política del PSOE, tenemos el coctel explosivo que explica que los barrios obreros no hayan participado en las últimas elecciones, principales nichos del PSOE y de Podemos e IU, que han concurrido en la coalición electoral Adelante Andalucía. Un millón de antiguos votantes del PSOE, de IU o de Podemos se han quedado en casa. Los sociólogos llevan tiempo advirtiendo de que el aumento de las bolsas de exclusión crea una ciudadanía descreída de la política que no encuentra ninguna motivación para acudir a las urnas.

El ‘factor Catalunya’

Por si fuera poco, la desigualdad, las heridas de la crisis, un Canal Sur que ha ido tejiendo lentamente un sentido común conservador y un PSOE andaluz que tiró la bandera de Andalucía al suelo para entregarse a Mariano Rajoy y que lleva una década poniendo en marcha políticas neoliberales, de rebaja de impuestos a los ricos y recortando servicios públicos, llegó Catalunya, tema que han usado de manera maniquea y con medias verdades formaciones como PP, Ciudadanos y la extrema derecha de Vox.

Mientras la izquierda hablaba de Andalucía, PP, Ciudadanos y Vox lo hacían de Puigdemont y montaban mítines donde apelaban al sentimiento patriótico, con miles de personas ondeando banderas rojigualdas saliendo en los informativos de las televisiones privadas estatales, a la vez que prometían una “bajada masiva de impuestos” a las clases privilegiadas andaluzas. Un simpatizante de Adelante Andalucía sintetizaba lo ocurrido la noche electoral: “Demasiado bien nos ha ido, hemos estando hablando de Andalucía cuando todos los medios hablan de Catalunya. Es como querer vender helados en una estación de esquí en pleno mes de enero”.

Así, por primera vez en 36 años, Andalucía ha pasado a estar gobernada por un presidente que no es socialista. El candidato del PP, el malagueño Juanma Moreno, preside desde el 18 de enero la comunidad más poblada y extensa de España, gracias a un acuerdo a tres junto a Ciudadanos y Vox.

El equilibrio de Moreno no será fácil. Tendrá, por un lado, que hacer políticas que agraden a la extrema derecha que sostiene con sus 12 diputados un gobierno bicolor, formado por igual número de consejeros de PP que de Ciudadanos.

El nuevo Gobierno tendrá que intentar no ser muy extremista en una tierra donde un millón de votantes progresistas, que se quedaron en su casa, podrían movilizarse si el nuevo Gobierno se echa al monte, Si se olvida que gobierna por incomparecencia de la izquierda más que por voluntad del electorado conservador andaluz, convertido ahora en una hidra de tres cabezas que ha sabido entenderse para abrir una nueva etapa. Andalucía era la única comunidad autónoma española donde nunca había habido alternancia desde la recuperación de la democracia en 1978.

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