Una buena noticia para todos

La libertad de Puigdemont debería abrir la ventana de racionalidad que los jueces del Supremo habían cerrado a cal y canto.

Andreu Claret
 
 
 

La salida de Puigdemont de su cárcel alemana es una buena noticia para todos. Cómo lo sería la de todos los políticos y líderes sociales catalanes que están en cárceles españoles. Es una muy buena noticia para él y su familia. Lo es, y mucho, para quienes le apoyan políticamente. Pero lo es también para algunos de los que pensamos que los independentistas han errado intentando ganarle la partida al Estado mediante una estrategia unilateral y anticonstitucional. Lo es, al menos de entrada. Es decir, lo será si los principales actores involucrados en este conflicto leen bien lo que significa. Empezando por el juez Llarena que debe admitir la inconsistencia de sus dos principales argumentos. El que le ha permitido mantener en prisión preventiva a la mayoría de los encausados y el que le ha llevado a calificar un delito de rebelión que muchos jueces no comparten, empezando por los alemanes.

Buena noticia pues, más allá de este efecto ducha escocesa al que estamos acostumbrados, con días gozosos para unos y otros de dicha para sus adversarios. Cómo el gobierno español, que sacó pecho el día en que Puigdemont entró en la cárcel de Neumünster y hoy se lame las heridas infligidas por los jueces de su principal aliado europeo. O como algunos independentistas que ya le ven entrando en el Palau de Generalitat como presidente legitimado por las últimas elecciones y por los jueces alemanes.

Ni una cosa, ni la otra. Estamos donde estábamos. Algo mejor, porqué todo lo que sea rebajar tensión puede ser bueno, pero seguimos en la lógica del 21-D. Esto es, la de una sociedad catalana partida por la mitad, la de un independentismo que mantiene su capacidad de movilización social (acrecentada por el episodio alemán) y la de un Estado dispuesto a no ceder en su defensa de la Constitución (y herido por el mismo episodio). En todo caso, con unos jueces obligados a hilar más fino después de lo sucedido en Alemania, Bélgica y Escocia.

El Estado no puede ganar esta batalla por la brava. Tirando únicamente de los tribunales, como si aquí sólo hubiera habido delitos y no un problema político. Los independentistas tampoco pueden imponer su República con el 47,5% de los votos. La buena noticia, la mejor, sería que lo ocurrido en Alemania abriera la ventana de racionalidad que Junqueras y otros líderes independentistas han intentado abrir, sin éxito, porque los jueces del Supremo la habían cerrado a cal y canto.

Andreu Claret
Sobre Andreu Claret

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