Trabajar mejor, trabajar menos, cobrar más

La crisis y sus consecuencias nefastas nos han dejado un mercado labral en el que quien tiene trabajo es un privilegiado a quien poco han de importar las condiciones en las que desarrolla su profesión

Camil Ros
 
 
 
Manifestació de l'1 de Maig a Barcelona | UGT

Manifestació de l'1 de Maig a Barcelona | UGT

Hace cien años la insurrección protagonizada por los trabajadores de La Canadenca y la solidaridad que emanaron sus reivindicaciones justas propiciaron que se aprobara la jornada laboral de ocho horas en España. El trabajador, la trabajadora, dejaba de ser sólo una máquina de trabajar; el tiempo libre otorgaba una nueva dimensión a su vida. La jornada de ocho horas les permitía ser ciudadanos con derecho a vida propia, más allá de las paredes gruesas de la fábrica. Ocho horas para trabajar, ocho horas para el ocio, ocho horas para el descanso.

Un siglo más tarde, la evolución lógica del mercado laboral nos obliga a asumir nuevos retos. Pero es necesario que los enfrentamos sin perder la esencia, sin situar al trabajador por delante de la persona. Desgraciadamente, la crisis y sus consecuencias nefastas nos han dejado un mercado laboral donde quien tiene trabajo es un privilegiado al que poco debenque importar las condiciones en las que desarrolla su tarea profesional. No nos conformamos. En resumidas cuentas, la lucha sindical para este siglo debe trasladar la centralidad de nuestras vidas fuera del trabajo. Y para alcanzar este reto vital necesitamos salarios dignos, pero también jornadas laborales racionales. Queremos trabajar mejor, trabajar menos y cobrar más.

Trabajar mejor

Queremos trabajar mejor. Y por eso exigimos la derogación de las reformas laborales como única forma de reequilibrar la correlación de fuerzas en la negociación colectiva y recuperar los derechos arrebatados en los últimos años. No trabajaremos mejor si no para de aumentar la precariedad y la explotación laboral, en especial la juvenil. Si nuestro mercado laboral se apuntala en la temporalidad y la parcialidad, la subcontratación, los falsos autónomos serán nuestro día a día.

Pero también trabajaremos mejor si lo hacemos menos horas. Está demostrado: podemos trabajar menos y producir más y mejor. Hay que asumir los retos del reparto del trabajo, de la robotización, y abrir el debate de una nueva reducción de la jornada laboral que se encamine hacia las 32 horas semanales. Y tenemos que hablar, y mucho, de igualdad y conciliación. Si podemos conciliar todos, pondremos fin a muchas de las discriminaciones laborales que sufren las mujeres. Trabajamos mejor si el trabajo no ocupa la centralidad de nuestras vidas y tenemos tiempo para cuidar de nuestra familia, para estudiar, para hacer deporte, para centrarnos en lo que nos interesa.

Y lo queremos hacer cobrando más. Una sociedad que se presume justa, avanzada y democrática no puede tener casi 500.000 trabajadores pobres. Necesitamos un nuevo pacto para el reparto de la riqueza. Debemos recuperar el poder adquisitivo. Necesitamos salarios decentes, que se traduzcan en pensiones dignas, y un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en la línea de los países europeos.

Ahora es el momento de hacer oir más que nunca nuestras reivindicaciones. Los resultados de las elecciones generales nos dejan un escenario que lo puede hacer posible. En Catalunya, de los 48 diputados y diputadas elegidos para representarnos en el Congreso, 34 lo son en representación de partidos de izquierdas. A escala estatal, son 185 de 350.

Hemos llenado las urnas

Hemos llenado las urnas de votos para la democracia, la justicia y la libertad. Votos que dicen basta a los recortes, que claman por más derechos sociales y más diálogo. Votos de trabajadoras y trabajadores hartos de ver cómo las dos reformas laborales se han cebado diezmando sus derechos, caminando hacia más temporalidad, inestabilidad y peores condiciones de salud y seguridad (el año pasado 82 personas perdieron la vida por el simple hecho de ir a trabajar).

Votos de ciudadanos hartos de ver la regresión sistemática de sus derechos sociales y democráticos. Exigimos la derogación de la Ley Mordaza, por la que 300 sindicalistas están encausados ​​por su participación en piquetes informativos y huelgas generales y la eliminación del artículo 315.3 del código penal que ha servido para imputarlos.

Necesitamos un gobierno de izquierdas que no ponga más excusas para recuperar derechos, que apruebe unos presupuestos sociales y que apueste claramente por la democracia y el diálogo. Y así lo hemos hecho llegar este Primero de Mayo llenando las calles. Otro Primero de Mayo en el que nos ha faltado nuestra compañera Dolors Bassa. Reclamamos que nuevos pactos democráticos nos permitan los tiempos de abuso de la judicialización de la política y de la prisión preventiva y de criminalización de la protesta sindical, social y cultural.

Ahora es la hora.

Camil Ros
Sobre Camil Ros

Camil Ros és secretari general de la UGT de Catalunya Contacto: Twitter | Más artículos

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*