Teoría conspiranoica del 17-A; así se fabrica el relato que una parte del independentismo ha comprado

El aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils ha dado lugar a la construcción de una teoría de la conspiración según la cual el Estado habría instigado la masacre con objeto de dinamitar el proceso soberanista. Esta hipótesis sólo la ha comprado un sector del independentismo, el aparentemente más cercano al ‘puigdemontismo’.

Víctor Saura
 
 
 
Flores y mensajes en diversos idiomas para recordar a las víctimas | Foto: iStock

Flores y mensajes en diversos idiomas para recordar a las víctimas | Foto: iStock

En los atentados del 11-M de Madrid, hizo falta una sentencia de la Audiencia Nacional para poner fin a más de tres años de portadas y editoriales, prácticamente diarios, que intentaban relacionar a toda costa la matanza yihadista de Atocha con el terrorismo de ETA, y por extensión, afirmaban, con miembros de los aparatos del Estado cercanos al PSOE que habrían encubierto la acción con el objetivo de dar la victoria electoral de 2004 a Rodríguez Zapatero. Esta teoría, fabricada desde las redacciones de El Mundo de Pedro J. Ramírez y la COPE de Jiménez Losantos, todavía sostiene que la policía y la justicia han certificado quiénes fueron los autores materiales de los atentados (los moritos de Lavapiés, como les llamaba el radiofonista), pero que nunca han tenido ningún interés en averiguar quiénes fueron ni dónde están sus autores intelectuales. Y por lo tanto todavía hoy un sector de la sociedad española considera que la verdad sobre la 11-M sigue oculta.

En los atentados del 17-A en Barcelona ha habido un intento de elaborar una teoría conspirativa similar, en este caso vinculándolos al procés y a la inminencia del 1 de octubre. En síntesis, según esta línea editorial, habría una conexión clara entre el 17-A y el 1-O. ¿En qué consistiría? La mayor parte de medios de información sólo plantean interrogantes, cuyas respuestas dejan a la imaginación de sus lectores/oyentes. A partir de aquí las redes van llenas de gente anónima que proclama que la operación se orquestó desde las cloacas del Estado con la intención de que los catalanes olvidaran la causa independentista, algunos creen que por el hecho de tener un motivo de preocupación superior (la amenaza islamista) y otros en agradecimiento a su protección post-atentados (previsión que habría fracasado con el protagonismo inesperado de los Mossos d’Esquadra). El recorrido y arraigo de esta teoría de la conspiración de momento parece muy menor a la que tuvo en su momento la del 11-M, pero  aún así hay un sector de la sociedad catalana dispuesta a creerla.

Estas son las pruebas en que se fundamenta.

‘Prueba’ 1: El imam y el CNI

El principal elemento que sustenta la teoría surge, de hecho, de una información que publica la prensa española un par de meses después del atentado: el imam de Ripoll muerto en la explosión de Alcanar, Abdebaki Es-Satty, a quien la policía considera el cerebro de la célula yihadista, habría tenido relaciones con el CNI. ¿Pero en qué habría consistido esa relación? Eso no queda claro ni siquiera en los artículos iniciales de OK Diario (que habla de confidente) y El País (que lo califica de “contacto”), si bien la mayor parte de medios catalanes se agarran a la primera versión y a partir de aquí califican sistemáticamente Es-Satty de confidente del CNI y algunos articulistas incluso añaden que estaba “a sueldo del CNI”. El autor de la noticia inicial de OK Diario es Manuel Cerdán, que era el jefe de investigación de El Mundo cuando se produce el atentado de la 11-M en Madrid.

El CNI admite el contacto inmediatamente después de que aparezcan estas informaciones iniciales, pero niega que fuera ningún confidente y añade que establecer contactos con un presidiario cuando hay sospechas de yihadismo es una “práctica habitual”. Pero la duda ya estaba creada, y ese comunicado no la disipa.

Seguramente El Nacional es el digital catalán que mayor empeño ha puesto en la construcción de la presunta trama, publicando más informaciones sobre esta vinculación pero sin añadir ningún nuevo elemento. Una muestra: en la noticia de El Nacional de noviembre de 2017, basada en una nota de Efe (en la cual extrañamente se cita a Europa Press), se titula que “El CNI admite que el imam de Ripoll era su confidente”. En cambio, en el cuerpo de la información el CNI lo único que admite es que hubo un contacto mientras Es-Satty se encontraba en prisión por un asunto de drogas. Unos párrafos más abajo de la misma noticia se lee que “fuentes policiales aseguran que fue aquí donde el CNI lo captó de confidente”. Por lo tanto, el CNI no admite nada, pero queda mejor escribirlo así en el titular. Otra muestra: con motivo de los seis meses de los atentados, el subdirector del digital, David González, publica un artículo con un título ciertamente llamativo (“17-A, seis meses: la sombra de la imam de Ripoll y el CNI es alargada”), pero en el cual no aporta ningún elemento informativo realmente nuevo. “¿Era todavía confidente del CNI cuando se produjeron los atentados? Es la gran pregunta, la terrible cuestión que planea sobre los atentados del 17-A”, escribe González.

El pasado mes de julio el CNI volvía a precisar que Es-Satty no había superado los tests psicológicos que determinaban si se le podía considerar una fuente de información fiable, y hace unas semanas, el 8 de agosto, el fiscal de la Audiencia Nacional volvía a negar que de la información del sumario se pudiera deducir que el imam fuera ningún confidente del CNI. De estas noticias de agencia, El Nacional se hizo eco (también otros digitales independentistas como El Món), o cuando menos figuran en su archivo, pero en informaciones posteriores en este digital se ha seguido calificando a Es-Satty de confidente del CNI sin más matices.

Otra muestra de tratamiento informativo vacío de novedades aunque llamativo se encuentra en la forma cómo Tv3 dio la noticia de julio según la cual el CNI descartó al imam como fuente fiable. Este hecho está recogido en el reportaje informativo, pero el resto de la crónica parece indicar que hay una intrahistoria oculta, empezando por el titular (“Más detalles sobre la relación de Es-Satty, el CNI y las conexiones internacionales”), y siguiendo por insinuaciones como que Es-Satty confraternizaba con el subdirector de la prisión de Castellón, “que es quien gestiona las relaciones con los servicios de inteligencia”, que había hecho viajes “por ejemplo a Libia, donde habría recibido indicaciones” y que “se cree” que obedecía órdenes “de un autor intelectual establecido en el centro de Europa”. Todo esto acompañado de la silueta facial de un señor X.

‘Prueba’ 2: Falta de transparencia

El segundo elemento probatorio para los amantes de la teoría conspiranoica del 17-A se fundamenta en el hecho de que a inicios de marzo el Congreso de los Diputados rechazara crear una comisión de investigación sobre esta vinculación entre la imam de Ripoll y el CNI. La propuesta la presentaron el PDeCat y ERC y la rechazaron los partidos mayoritarios, que la calificaron de oportunista. Esta negativa, pues, constituiría la prueba del nueve de que se quiere ocultar algo. No explican, sin embargo, que otro de los motivos del rechazo fuera que faltaban pocos días para la comparecencia del director del CNI, Félix Sanz Roldán, en la comisión de gastos reservados, donde se le había convocado precisamente para hablar del asunto, y que cuando ésta tuvo lugar, a puerta cerrada, el diputado del PDeCat Jordi Xuclà salió declarando que la información aportada por el director había sido “muy interesante” y “sustancial”. El republicano Joan Tardà también tenía que acudir pero por motivos personales no pudo hacerlo.

Esta frase del politólogo Ramon Cotarelo, que prácticamente cada día se pronuncia a favor de la causa independentista, ejemplifica hasta qué punto de una no investigación se puede crear la sospecha de que el 17-A está vinculado a la “guerra sucia del Estado contra Cataluña”. Así arranca su post del pasado 5 de agosto.

El PSOE ha impedido con sus votos una comisión parlamentaria de investigación sobre la barbarie del 17 de agosto del año pasado en las Ramblas. Así no será posible investigar la implicación del CNI y del Estado español con el imán de Ripoll, supuesto cerebro de los terroristas. Es decir, no se permite despejar la duda de si dicho atentado no habría sido obra del mismo Estado español en su guerra sucia contra Catalunya. Y, como no se permite salir de dudas, se sale por lo más probable y cualquiera puede pensar que ese atentado fue obra de los servicios secretos españoles para sembrar el caos.

En abril, y ante la negativa del Congreso de los Diputados, sí que se constituyó una comisión de investigación sobre el 17-A en el Parlament de Catalunya, que preside el alcalde de Ripoll, Jordi Munell (JxCat). De momento, esta comisión poco ha avanzado, en parte debido a la larga parada estival de la cámara catalana.

‘Prueba’ 3: La profecía de Margallo

Una vez conocidos los dos principales elementos probatorios, el resto tiene una dimensión menor, pero son imprescindibles para complementar la ensalada. El toque más original son unas declaraciones del diputado del PP y ex ministro de Exteriores José Manuel García-Margallo, quien unas semanas antes del atentado había soltado esta enigmática frase: “A partir de la segunda quincena de agosto empezarán a pasar cosas en Cataluña”. La segunda quincena empezaba el 16. Los atentados fueron el 17. Patapam.

Los artículos y comentarios en redes sociales donde estos días se ha recordado la frase de García-Margallo habitualmente no han necesitado aclarar que el ex ministro en realidad erró su vaticinio, puesto que en aquella rueda de prensa del PP pronunciada en Alicante el 10 de julio de 2017 lo que vino a decir es que el referéndum del 1-O no se haría porque 1) Puigdemont y sus socios de gobierno acabarían peleados (el conseller Jordi Baiget acababa de ser cesado y en pocos días se produciría la renuncia de los consellers Munté, Ruiz i Jané); 2) un sector importante del empresariado catalán le giraría la espalda, con lo cual se echarían atrás; y 3) el Tribunal Constitucional intervendría anulando cualquier “acto de insumisión”. No decía nada, pues, que en aquel momento no pensara mucha gente.

‘Prueba’ 4: la advertencia del Mossad

Otro ingrediente, que alguien cita todavía, aparece cuando un supuesto periodista que nadie conoce ni sabe de dónde surge (Benjamín Paret) publica en diciembre en un medio internacional de creación participativa (Medium) que el Mossad ya iba tras Es Satty y que había alertado al CNI que tenía intención de atentar. Y que viendo la inoperancia (deliberada, se supone) de los servicios de inteligencia españoles el Mossad optó para reforzar la seguridad de los intereses judíos en Cataluña. La presunta desidia del CNI, pues, no estaría basada en su incompetencia, sino en un plan deliberado de dar libertad de movimientos a la célula yihadista.

En Medium el único artículo que ha publicado el tal Benjamín Paret es éste. Y en la cuenta de twitter que lo acompaña ni siquiera sale una foto suya en su perfil y sólo contiene seis tuits, hechos también en diciembre y todos ellos referidos al artículo. Pero aún así, diarios de prestigio como El Punt Avui se hacen eco de la película de Benjamín Paret.

‘Pruebas’ 5 y 6: más sobre el imam y la policía

En realidad, de todo lo expuesto hasta ahora no hay nada que no se hubiera publicado hace meses. Posiblemente el principal ingrediente aportado por la investigación periodística realizada a raíz del aniversario de los atentados ha salido de un larguísimo reportaje publicado en Vilaweb por su director, Vicent Partal, titulado Cien horas persiguiendo a Younes. A pesar de la extensión del texto, en el que se repasa sobre todo la actuación de los Mossos desde el atropello de las Ramblas hasta el tiroteo en Subirats que acaba con la vida de Younes Abouyaaqoub (el autor material del atropello), prácticamente todo su contenido era ya conocido. Hay, sin embargo, un dato nuevo: se afirma que poco antes de los atentados una pareja de la policía española hizo una visita al oratorio de Ripoll en el que Es-Satty había ejercido de imam. Esta visita ya se había realizado en dos ocasiones en años anteriores, según habrían explicado a los Mossos miembros de la junta del oratorio cuando, durante aquellas cien horas, ya se empezaba a relacionar a Es-Satty con la masacre.

Pues eso, hubo unas visitas de policías requiriendo información sobre el organigrama del oratorio. Punto. Tal vez se tratase de trabajo policial rutinario, pero el autor del artículo prefiere insinuar todo lo contrario, volviendo a la descripción de Es-Satty como confidente del CNI (relación que ya había sido negada varias veces), y asumiendo por lo tanto que la policía había pasado por Ripoll porque, por algún motivo que no se sabe pero los lectores tienen todo el derecho a imaginar, buscaba al confidente del CNI desaparecido. Partal escribe lo siguiente:

Un mes antes de los atentados [los policías] sabían, por fuerza, que habían perdido la pista de un confidente, una persona con vínculos yihadistas demostrados, que había estado en prisión y que había sido identificado como colaborador en varias operaciones anteriores. En aquel momento, todavía no era claro si algunos de los restos humanos que iban apareciendo en la casa de Alcanar pertenecían a Es-Satty. Pero pronto se supo que sí. Y entonces, las preguntas y los rumores sobre qué cosas sabía el gobierno español y qué no fueron imparables. Aun así, no han dado nunca ninguna explicación indiscutible.

Además de esta revelación, en fechas recientes también se ha generado una cierta confusión sobre la información que tenían o no los Mossos d’Esquadra sobre los antecedentes penales del imam inmediatamente después de los ataques de Barcelona y Cambrils. El 8 de agosto el diario Ara revela, citando el sumario judicial del caso, que en el momento de los atentados los Mossos no encontraron ninguna información de Es-Satty (a pesar de haber estado en prisión durante cuatro años) en los archivos policiales. “¿Cómo puede ser que no constara nada? ¿Alguien lo borró? Y si es así, ¿con qué finalidad o en función de qué acuerdos?”, se preguntaba el diario en la editorial del día. Inmediatamente muchos digitales se hacen eco del nuevo hallazgo… pero el día 10 el mismo cuerpo policial se afana a admitir que aquello había sido “un error”, es decir, que sí conocieron los antecedentes del imam desde el primer momento. No era información reservada ni nadie borró nada, pues, pero la sospecha ahí ha quedado.

El desigual papel de los medios y los políticos independentistas

Con todo el que se ha dicho, podría parecer que la teoría de la conspiración ha arraigado con fuerza en la sociedad catalana, o cuanto menos entre aquella que es partidaria de la causa independentista, y por lo tanto más proclive a considerar plausible que el 17-A fuese en realidad una operación de Estado destinada a torpedear el referéndum previsto para octubre. La realidad es que, si bien la mayor parte de los medios de comunicación cercanos al procesismo en un momento u otro han publicado noticias que abonaban la teoría, la mayoría han hecho un seguimiento desganado, o en todo caso que no se puede ni comparar con la cantidad de tinta que empleó El Mundo entre los años 2004 a 2007 para intentar demostrar la conexión de la 11-M con ETA y las cloacas del Estado.

De hecho, algunos digitales independentistas como Nació Digital han ignorado completamente la teoría de la conspiración y han publicado noticias como que “Los investigadores creen que los terroristas del 17-A actuaron sin ninguna ayuda del exterior”. En general, ha ocupado mucho más tiempo y espacio la polémica sobre el acto de homenaje a las víctimas y la presencia del rey de España que la teoría conspiranoica, la cual también ha tenido poca presencia en los apartados de opinión, o en las tertulias radiofónicas. Y de los muchos tuit-stars que tiene el procesismo sólo unos pocos la han abonado con algún tuit puntual sobre la cuestión (foto).

La excepción la formaría El Nacional, donde se llega a titular una entrevista a un portavoz de los Mossos con la pregunta que le hacen y no con su respuesta (“¿Han pagado los Mossos la buena gestión de los atentados? El portavoz responde”) posiblemente porque la respuesta (“es difícilmente demostrable”, contesta el portavoz) es mucho menos seductora que la pregunta. Otra excepción sería el digital Directe! (ahora rebautizado La República) donde su editor, el exdiputado republicano Joan Puig, ha publicado una serie de artículos absolutamente alineados con la teoría conspiranoica, pero que no aportan ninguna información relevante más allá de los recuerdos de Puig como miembro de la comisión de investigación del 11-M en el Congreso.

Algunos políticos independentistas (no todos) también han puesto su grano de arena a la sospecha, si bien tampoco da la impresión de que con demasiada convicción, sino simplemente porque tocaba. Su rol ha consistido en pedir más transparencia, que es una petición donde hay implícita una acusación de opacidad. El 15 de agosto los líderes encarcelados firmaban una carta conjunta en La Vanguardia cuyo principal mensaje era expresar su solidaridad con las víctimas, si bien al final de todo añadían la petición de transparencia, ante la “evidencia” de que entre Es-Satty y el CNI hay una “estrecha relación”.

Los Mossos hicieron un gran trabajo pero queremos denunciar la falta de colaboración del Estado y de algunos de sus organismos. No podemos cerrar los ojos ante la información que nos llega del sumario del 17 de Agosto y que evidencia la estrecha relación entre la imam de Ripoll, el líder ideológico del atentado, y el CNI. El respeto a las víctimas, el respeto a la ciudadanía y a la transparencia obliga al Estado español a responder a estos interrogantes y explicar la verdad.

También el ex consejero de Interior Joaquim Forn publicó un artículo, “en exclusiva” para El Nacional, para recordar aquellos días. En este artículo rememoraba con detalle todo lo que había ido sucediendo y básicamente reivindicaba y agradecía el papel de los Mossos (muy atacados por el sector ultra de la prensa española, que acusa al cuerpo de negligente por no haber atendido los supuestos avisos de ataque terroristas provenientes de agencias de inteligencia internacionales) y de los servicios de emergencia, pero en un punto del artículo Forn recuerda haber pensado y comentado que el Gobierno de Madrid digeriría mal el poco protagonismo que estaba teniendo en la investigación y que esto “tendrá sus consecuencias”.

¿Qué consecuencias? No las dice. Lo que escribe Forn a continuación es que “no me equivoqué”. Y no añade nada más. ¿Tal vez sugiere que su procesamiento y el del mayor Trapero no tienen nada que ver con el 1-O sino con la rabia que hizo en el Estado que no le necesitaran para encontrar a los autores de los atentados (con lo cual se desmontaba la operación de fidelizar a los catalanes por la vía del miedo)? Por si había dudas del significado de este “tendrá consecuencias” el ex presidente Puigdemont lo explicaba en un tuit: “Un artículo que se tiene que leer. Forn, desde [la cárcel de] Lledoners, relaciona el procesamiento del 1-O con la gestión de los atentados”.

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