«Tener un salario puede significar la conclusión de un proceso de empoderamiento para muchas mujeres»

La Fundación aún sus 25 años de funcionamiento con programas de apoyo a mujeres víctimas de violencia; mujeres mayores, jóvenes migradas o trans a las que ayudan a encontrar trabajo, las empoderan y las ayudan a salir de la situación de vulnerabilidad

Tomeu Ferrer
 
 
 
Fina Rubio, presidenta de la Fundació Surt | Foto: Tomeu Ferrer

Fina Rubio, presidenta de la Fundació Surt | Foto: Tomeu Ferrer

La Fundació Surt hizo el 30 de octubre su 25 aniversario. Es, pues, momento para hacer un repaso de la labor realizada desde 1993 por esta entidad conocida por la reinserción de mujeres al mercado laboral. Además, las hace conscientes de sus potencialidades para que retornen al mercado más formadas y en mejores condiciones. Con el tiempo, Surt ha abierto campos de actuación, como programas con trabajadoras sexuales, con mujeres trans, víctimas de violencia o actuaciones con mujeres mayores a las que se quiere reintegrar a la vida comunitaria.

Hablamos con Fina Rubio, presidenta de la Fundació Surt, licenciada en Antropología Social y Cultural y activista, fundadora, con otras cuatro mujeres, de la entidad que ahora tiene un centenar de profesionales trabajando para afrontar los múltiples programas en los que está involucrada.

Y el nombre de Surt, ¿a qué viene?

El nombre Surt (sal, en catalán) es el imperativo del verbo salir (sortir). Buscábamos un nombre que tuviera la fuerza de las mujeres. Era una forma de decir que se tenía que romper con la dependencia: queríamos aportar apoyo a las mujeres para desarrollar todas sus potencialidades y capacidades para salir adelante. Las cinco mujeres que la fundamos, que nos conocíamos de compartir militancias feministas diversas, nos enfocamos mucho en los procesos de inserción laboral de mujeres en situaciones vulnerables.

Nacimos en 1993, que fueron años de crisis. Nosotros intentamos incidir en ese momento; nacemos como una organización de mujeres que quiere trabajar sólo con las mujeres y para las mujeres. Esto en su momento fue un poco exótico y sorprendió mucho.

¿Debían pensar que esta tarea la podían hacer otras organizaciones como sindicatos o las vocalías de mujeres de las asociaciones de vecinos y vecinas?

Si se pone en contexto, en aquella época aparecieron muchas organizaciones sociales que trabajaban en ámbitos diversos. Las organizaciones de mujeres teníamos desde los años 70 mucho trabajo hecho y en los 90 hay una cierta efervescencia de organizaciones sociales que trabajamos en este sentido. Pero eran organizaciones mixtas, que trabajaban especialmente con programas de asistencia. Entonces sorprendió que fuéramos sólo una organización de mujeres creada para trabajar para las mujeres.

Pero, por mucho que sorprendiera, estábamos convencidas, y la práctica lo ha avalado, de que las mujeres sufrimos situaciones de discriminación específicas en el mercado laboral, también en la sociedad. Vivimos en una sociedad patriarcal y discriminatoria. Esto daba todo el sentido a nuestra intención de trabajar con mujeres y también con metodologías específicas que permitieran poner el foco en estas potencialidades desde la perspectiva de género.

Por lo tanto, ¿también os diferenciábais en el cómo?

La idea era intentar insertar las mujeres en el mercado laboral dando también armas para que se desarrollaran en este ámbito. Este era el hilo conductor y luego, como nuestra intención era empoderar a las mujeres, hemos ido ampliando el abanico de actuaciones. Hemos consolidado metodologías, hemos abierto campos de trabajo, desde estas dos vertientes: el empoderamiento de las mujeres y la perspectiva de género. Y además hacerlo desde los principios o desde el campo de los feminismos.

¿Cuál era el perfil de mujer que atendíais inicialmente?

Empezamos trabajando en programas con la colaboración del Departament de Treball de la Generalitat haciendo cursos de formación para inserción. Al principio nos focalizábamos en programas de formación para ayudantes de cocina. Era un ámbito con mucha capacidad de absorción por parte del mercado, en el que formábamos, sobre todo, a mujeres migradas.

También empezamos a trabajar con mujeres que estaban en la cárcel, en situación de tercer grado. Con ellas comenzamos un programa de floristería, que desembocó en una empresa de inserción. Después trabajamos con mujeres que estaban en programas de la renta de inserción, el PIRMI. Eran todo colectivos en situación muy vulnerable. Con ellas trabajábamos con un itinerario integral de orientación, formación e inserción.

Teníamos muy claro que trabajábamos desde un enfoque de proceso, que no queríamos sólo facilitar que las mujeres encontraran trabajo, sino que queríamos motivarlas, propiciar mejora personal y profesional mediante la formación. Y además, claro, las acompañábamos en todo el proceso de encontrar trabajo.

Fina Rubio, presidenta de la Fundació Surt | Tomeu Ferrer

¿Cómo definiría este proceso?

Decimos que les proporcionamos empoderamiento. Ya sé que esta palabra sirve un poco para todo. Para decirlo de otro modo, no intentamos que las mujeres estén preparadas sólo para encontrar trabajo sino que cuando se vayan de Surt sean más autónomas, tengan más capacidad de toma de decisiones, más seguridad en sí mismas, más conciencia de su realidad. Todo esto para nosotros es empoderamiento: hacer un proceso al final del cual tendrán más conciencia de sus capacidades, del mundo que las rodea, serán más seguras, tendrán más fuerza, más capacidad para enfrentarse a lo que puedan encontrar. Este proceso para nosotros es esencial.

¿Lo priorizan por delante de que conseguir un salario?

Bueno, tener un salario es importante porque va ligado a muchas otras cosas. Quiere decir ser independiente. Tener un salario es la conclusión de muchas cosas, pero no es el objetivo único. Nosotros, además, queremos proporcionar un valor añadido. Y vuelvo a la idea de empoderamiento.

En Surt no se han quedado con la tarea inicial. ¿Cómo ha sido su evolución? 

Conforme hemos crecido como entidad hemos puesto en marcha líneas de actuación comprometidas. Por ejemplo, empezamos a trabajar con mujeres que habían sido objeto de situaciones de violencia doméstica. En estos casos trabajamos la acogida. Tenemos una casa para dar cobijo a las mujeres que llegan. Hacemos también una tarea de empoderamiento e inserción. Trabajamos, por tanto, en el empoderamiento económico, es decir, los procesos que pueden reforzar la capacidad de las mujeres para afrontar la vida, una vez superada esta situación de violencia.

También hemos puesto en marcha un nuevo plan de actuación con con mujeres que ejercen la prostitución a las que proponemos que hagan procesos de mejora profesional, al margen de si deciden continuar o no ejerciendo la prostitución: las acompañamos, en un proceso absolutamente voluntario para ellas, a marcarse objetivos profesionales.

También a partir del inicio de la crisis, desde 2010, abrimos un programa nuevo para que la crisis supuestamente económica ha sido realmente una crisis social. Así pues, en 2010 nosotros intuimos lo que pasaría y iniciamos un programa de asistencia. Hay que decir que siempre habíamos sido muy críticas con el existencialismo. Sin embargo, pensamos que hay que abrir procesos de defensa de los derechos de las personas, reforzar sus capacidades y contar con su participación para ayudarlas a salir adelante.

¿En qué consiste?

Le dijimos importas porque nos llegaban mujeres en situaciones mucho más precarias de las que habíamos visto hasta entonces. Llegaban mujeres que a pesar de que trabajaban, estaban en situaciones muy precarias, con problemas de vivienda, mujeres migradas que estaban en habitaciones realquiladas y sobre todo mujeres monoparentales que eran cabezas de familia y que estaban en situaciones deplorables.

Por lo tanto en este programa, además de hacer lo que hacemos siempre: acogida, formación, empoderamiento y reinserción, tiene también algunos recursos de apoyo material. Por ejemplo, en vivienda: tenemos tres pisos como vivienda temporal para afrontar situaciones criticas. Hacemos también apoyo económico, para afrontar la pobreza y la precariedad.

En este proceso de ampliar horizontes supongo que ha trabajado con otras administraciones más allá del Departamento de Trabajo.

Trabajamos con otras administraciones. Los encargos del Departamento de Trabajo suponen ahora sólo una parte pequeña de los fondos de la entidad. También operamos con el Instituto Catalán de las Mujeres, (ICD), especialmente con una red de mentores que apoyan a las mujeres que han sufrido procesos de violencia. Trabajamos también con ayuntamientos, especialmente con el de Barcelona y también tenemos algunos fondos privados, no tantos como quisiéramos …

Una de las características del modelo autonómico de atención social es delegar en las entidades …

Si, es un trabajo muy cooperativo con las administraciones. A nosotros nos gusta decir que no lo vemos como una colaboración público privada, sino como una colaboración institucional y con las entidades sociales. Este modelo para mí es una riqueza porque está vinculado con un tejido social muy arraigado. Alguna vez hay situaciones en las que entran entidades con ánimo de lucro y aunar todo supone un cierto problema, pero esta visión de la sociedad civil organizada para hacer cosas creo que es muy interesante.

Y de cara al futuro ¿en qué trabajan?

Hemos empezado a poner en marcha programas vinculados con los cuidados. En los últimos años, desde el feminismo, desde las administraciones y especialmente del Ayuntamiento de Barcelona ha puesto sobre la mesa el problema de los cuidados, que desde la visión feminista es clave: son el centro de la estructura patriarcal, también son el centro de las discriminaciones. Por lo tanto, ponerlas en valor e intentar cambiar las dinámicas existentes es clave para las mujeres. Sabemos que es difícil bajar la teoría a la calle.

Trabajan también con mujeres trans. ¿En qué focalizan?

Tenemos un programa de defensa de derechos especialmente dirigido al colectivo LGBTI en colaboración con los ayuntamientos. Las mujeres trans tienen dificultades específicas para que la imagen les conlleva un estigma especial. Con ellas trabajamos la sororidad, la inserción y el empoderamiento: en este sentido trabajamos con las mujeres y también con empresas, instituciones y entidades que integren la perspectiva de respeto a la diversidad y de normalización en una situación que debe ser normal.

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