ENTREVISTA | CRISTINA GALLACH, ALTA COMISIONADA DEL GOBIERNO PARA LA AGENDA 2030

«Tenemos los recursos para acabar con la pobreza y el hambre en el mundo. Debemos intentarlo»

La Agenda 2030 recoge los 17 grandes objetivos que se plantea la Humanidad para eradicar la pobreza y el hambre en el mundo y favorecer a un desarrollo igualitario y sostenible de la sociedad y la preservación del Planeta. El gobierno de Pedro Sánchez nombró en julio del año pasado a Cristina Gallach para el cargo de Alta Comisionada para la Agenda 2030. La avala una trayectoria espectacular; hablamos con ella sobre cómo España afronta los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Siscu Baiges
 
 
 
Cristina Gallach, Alta Comissionada del govern espanyol per l’Agenda 2030, durant l'entrevista

Cristina Gallach, Alta Comissionada del govern espanyol per l’Agenda 2030, durant l'entrevista

La Agenda 2030 recoge los 17 grandes objetivos que se plantea la Humanidad para erradicar la pobreza y el hambre en el mundo y favorecer un desarrollo igualitario y sostenible de la sociedad y la preservación del Planeta. Se anunciaron en septiembre de 2015 en una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que marcó las nuevas metas de la organización después de que los Objetivos del Milenio (2000 a 2015) cumplieran su mandato.

El gobierno de Pedro Sánchez nombró en julio del año pasado a Cristina Gallach para el cargo de Alta Comisionada para la Agenda 2030. Le avala una trayectoria espectacular. De diciembre de 2014 a agosto de 2017 fue secretaria general adjunta de las Naciones Unidas para la Comunicación y la Información Pública. Antes ejerció durante una década como portavoz de Javier Solana cuando fue secretario general de la OTAN y Alto Representante de Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea.

La Agenda 2030 se basa en cinco ejes principales: Planeta, Personas, Prosperidad, Paz y Alianzas. ¿Primero el Planeta o las personas?

Van juntos. Es imposible preservar el Planeta sin las personas y, al mismo tiempo, las personas necesitan para su realización y la de las generaciones futuras tener un Planeta sostenible. Son dos ejes fundamentales. No puedes poner una delante del otro. Hacer por primera vez una agenda global que tiene a las personas y al Planeta como dos ejes es lo que hace, precisamente, a esta Agenda tan innovadora. Hasta ahora teníamos agendas sectoriales y ahora es global porque todo está unido.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) llegan después de que los 8 Objetivos del Milenio cumplieran su ciclo, en 2015. Muchos de estos Objetivos no se alcanzaron. ¿Qué puede hacer pensar que ahora será diferente?

Los Objetivos del Milenio se cumplieron mucho. Evidentemente no se llegó a la realización final porque entonces no necesitaríamos los Objetivos para el Desarrollo Sostenible. Pero durante los quince años de los Objetivos del Milenio se redujo a la mitad la población que sufría hambre. De 1.900 millones de personas que pasaban hambre se pasó a 800 millones y pico. Se avanzó mucho en la atención sanitaria y se erradicó prácticamente el analfabetismo salvo casos muy concretos. Fueron un éxito claro. Pero el mundo había cambiado mucho.

Los Objetivos del Milenio se diseñaron al inicio de la globalización que tenemos ahora y sufrieron los efectos de la crisis del 2008-2009. Los Objetivos para el Desarrollo Sostenible asumen los impactos positivos y negativos que tiene la globalización y, al mismo tiempo, atan mucho más estrechamente cada una de los apartados en que se debe trabajar. Eso les da la capacidad de atacar a los desafíos que tenemos en todos los terrenos. Son mucho más variados. Incorporan más intensamente los temas relacionados con el Planeta, la biodiversidad, la salud de los mares y océanos, el trabajo decente, el consumo sostenible, la paz y la estabilidad, las instituciones…

Los Objetivos del Milenio no tocaban el tener gobiernos que cada vez respondan más a las necesidades de la gente. Los Objetivos del Milenio eran 8. Los ODS, 17. Los ODS son mucho más globales, más transversales, más amplios porque el mundo también es más complejo.

¿Hay alguna razón por el orden en que se presentan estos nuevos Objetivos? La lucha contra el cambio climático, por ejemplo, es el decimotercero. Sorprende un poco.

El orden es fruto de una negociación intergubernamental. De 193 gobiernos. 193 personas representando a sus países y discutiendo objetivos, órdenes, temas concretos y cada una de las metas. Se hicieron mil pactos. Lo recuerdo muy bien porque era al principio de trabajar yo en Naciones Unidas. Había quien decía que con 10 objetivos sería suficiente. Otros hablaban de 15 o 20. Al final de larguísimas negociaciones se llegó a 17. Son los que son, están bien construidos, muy trabados, tienen muchas metas y están relacionados entre ellos. El secretario general Ban Ki-moon me pidió que hiciéramos una comunicación visual fácil, asumible en cualquier lugar del Planeta. E hicimos una rueda de colores que es una marca que se puede entender tanto en los países desarrollados como en los más pobres. Con muy pocas palabras se puede identificar objetivos muy complejos, que deben ser adaptables a realidades diferentes. Los deben cumplir tanto Noruega como Burkina Faso.

En cuanto al cambio climático, la cumbre reciente de Katowice no permite ser muy optimista. Da la sensación de que en el compromiso de los países y empresas para combatir el calentamiento del Planeta no se avanza mucho. O nada.
Hay tres grandes ejes troncales de los Objetivos del Desarrollo Sostenible: el acuerdo de París, la nueva Agenda Urbana y el Pacto de Marrakech. Tienen naturalezas diferentes. El acuerdo de París salió tres o cuatro meses después de los ODC para desarrollar la parte medio ambiental y viene de todo un proceso que se remonta a los acuerdos de Kyoto, con momentos de éxito y momentos de no éxito. A Katowice llegan algunos gobiernos muy importantes que desaceleran la emergencia de la aplicación del acuerdo de París. Y la negociación se resiente. En cambio, tiene el valor que es un acuerdo unánime. Por lo tanto, aunque se haya avanzado menos de lo que se ambicionaba, se avanza y forma parte de todo el proceso jurídico muy complejo que va más allá de los ODS. Hay muchas metas de los acuerdos de París que nos llevan al 2050.

Es un buen anclaje. Tenemos la visión global con las metas concretas que son los ODS y las acciones que van más allá de este período, que son los acuerdos de París. En Katowice, personas claves en la negociación, como la ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que es una experta internacional, enfatizan el valor que tienen los compromisos adquiridos y que el proceso continúe. Es muy importante que la sociedad civil presione en un momento en que algunas administraciones flaquean. En Katowice vimos una gran movilización social. El camino continúa, habrá que estar muy vigilante pero los compromisos están ahí.

¿Los líderes mundiales harán caso a Greta Thunberg, la chica sueca de 15 años, que les ‘cantó la caña’ en el plenario del COP24 de Katowice? «Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo. Sin embargo, les están robando el futuro ante sus propios ojos», les dijo.

Fue muy emotivo. Pienso que le harán caso. Todo esto lo hacemos para las próximas generaciones. No nos hemos dado cuenta hasta ahora o no nos queríamos dar cuenta de que el tipo de crecimiento que teníamos era devastador para el Planeta. España es un país muy vulnerable al cambio climático. Lo vemos constantemente. Desastres naturales que tienen origen en el calentamiento del Planeta. Vemos cambios en nuestra vida cercana, la temperatura. El mensaje de esta chica es muy importante y si alguien no es sensible se equivoca.

Es maravilloso que una persona como ella se ponga delante de los líderes mundiales y les diga que ‘se ha acabado’, que ‘ya está bien de egoísmos’ y que piensen más en los jóvenes que son el futuro. Estoy segura de que los jóvenes de nuestro país ante la disyuntiva de continuar como ahora o tomar medidas para cambiar se pondrán del lado del cambio. Sólo hay que ver el impacto de campañas como la eliminación de los plásticos, de aumentar el reciclaje… Tenemos que ir hacia un modelo de consumo con una economía circular más arraigada.

Mucha gente firma estas campañas pero a los directivos de las grandes empresas no se les ve demasiado convencidos de liderar cambios en la dirección que reclamó Greta Thunberg.

Estamos viendo un cambio. Cuando hablas con los dirigentes de las grandes corporaciones y de las pequeñas y medianas empresas y les explicas que la sostenibilidad es no sólo ética y moralmente imprescindible sino que es económicamente beneficiosa y que genera buenos negocios y también a largo plazo comienzan a pensárselo dos veces. Desde el Alto Comisionado hemos iniciado una campaña para hablar con todos los sectores empresariales y animarles a hacer ‘mejores negocios para un mejor Planeta’. Es un estudio que se hizo en Gran Bretaña hace dos años sobre corporaciones globales y que daba cifras reales de oportunidades de negocio si se pasaban a una producción sostenible y utilizando energías renovables cada vez más.

Está teniendo un impacto excepcional. Las escuelas de negocios están cambiando hacia dos tipos de enseñanzas: de negocios sostenibles y de lo que llamamos ‘inversión de impacto’, que las inversiones dan más rendimiento en la medida que el impacto social es más alto. Empieza a haber fondos internacionales que buscan invertir en los lugares donde hay una verdadera necesidad. Por ejemplo, llevar agua a una zona que no tiene, generar energía, escolarizar, mejorar una administración pública… Se empiezan a mover inversiones en función del impacto social. Estamos en un punto que si creamos masa crítica de este sector empresarial podremos hacer el giro. Les veo muy interesados.

En los meses que llevo como Alta Comisionada he dedicado mucho tiempo a sentarme con el sector empresarial. Hemos iniciado formaciones online para crear una nueva cultura de la economía, que vean que si toda la cadena de un negocio es sostenible, desde la obtención de la materia prima al proceso de transformación y la venta, tendrá muchas más garantías de éxito y de durar. En el fondo, los buenos empresarios quieren dejar los negocios a las nuevas generaciones y que si los tienen que vender tengan un valor alto ya que es bueno desde el punto de vista de la sostenibilidad. Es una idea que está entrando muy bien y me emociona ver la receptividad que tiene. Esto ocurre en el sector productivo, el bancario, el financiero…. No digo que sea fácil, sobre todo en el sector bancario y de las finanzas, pero empiezan a ver sus posibilidades.

La Agenda 2030 apuesta, en su octavo objetivo, por el ‘crecimiento sostenible’. ¿Es compatible este crecimiento con la preservación del Planeta?

Se debe crecer de una manera sostenible, que lo que utilizas de la naturaleza, de los bienes públicos, para el crecimiento sea recuperable. No se debe usar más de lo que la propia naturaleza sea capaz de regenerar. Tenemos que llegar a este pacto. En las últimas decenas de años no ha sido así. Hemos expoliado, hemos consumido, hemos utilizado, nos hemos comido recursos naturales privando de ellos a las futuras generaciones. Un elemento muy importante de los ODS es el papel que deben tener la ciencia y las nuevas tecnologías como grandes multiplicadores de las ideas de sostenibilidad. Debemos determinar cuál es el punto de crecimiento que es sostenible y deseable.

¿Con el sistema económico que tenemos, capitalista, neoliberal, se puede crecer de ese modo?

Hay que ir corrigiéndolo. Está claro que hemos de introducir nuevas maneras incluso en las relaciones de trabajo. La Agenda diseña unas relaciones diferentes pero no tenemos porque tumbar todos los fundamentos actuales. Debemos adaptarlos a la nueva visión de sostenibilidad. Quedan once años de aquí a 2030. Corregiremos muchas tendencias, esperamos cumplir con todos o casi todos los objetivos. Nos tenemos que esforzar. Los cambios de sistema son procesos, transiciones. Si se saca a mucha gente de la pobreza, si se protege decisivamente el Planeta, se reduce drásticamente el consumo de combustibles fósiles, se va hacia nuevas formas de energías renovables… Cada vez nos fabricaremos y consumiremos nosotros mismos la energía. Se trata de avanzar al máximo con esta nueva visión.

Los dos primeros objetivos de la Agenda 2030 son acabar con el hambre y la pobreza en el mundo, males que arrastramos desde siempre. Verlos con cierto escepticismo es comprensible

Con los Objetivos del Milenio se redujo a la mitad el número de personas que se iban a dormir con hambre, lo cual era extraordinario. Nos hemos visto ahora en una situación diferente. La pobreza surge, incluso, en los países más desarrollados. Hay que visibilizarla. Al no verla nos parece que no existe y no somos conscientes de que en España hay un 20% de la población que vive en riesgo de exclusión y un gran problema de pobreza infantil. ¿Será posible acabar con el hambre y la pobreza? Debemos intentarlo. Tenemos los recursos para hacerlo. Sobre todo en los países más desarrollados.

Debemos organizar las medidas de visibilización, de apoyo y de inclusión. En los lugares donde hay extrema pobreza en muchos casos está vinculada a situaciones de crisis, de inseguridad, conflictos, guerras, sequías, cambio climático… Estoy hablando de países como los de la franja subsahariana, el Sahel, el sub-Sahel, la República Democrática del Congo, Burkina Faso… Tiene que haber actuaciones diferentes y con muchos recursos … Son manifestaciones de pobreza a las que se debe hacer frente. Tenemos el conocimiento, la ciencia, las estructuras políticas globales, los acuerdos internacionales, un compromiso de todos los países… Se trata de inyectar la energía para hacerlo y no desanimarnos.

¿Todos? ¿Estados Unidos, Rusia, China se arremangarán de verdad para hacerlo?

Es verdad que parece que lo miran un poco de lado pero todos firmaron la Agenda 2030. En Estados Unidos hay alcaldes y gobernadores muy activos en el tema del cambio climático. En septiembre pasado, Donald Trump hizo un discurso en las Naciones Unidas que chocó por la dureza, el aislacionismo, la insensibilidad ante la situación mundial, el ‘American first’ siempre… Mientras esto ocurría, el gobernador de California organizó una cumbre mundial de representantes de ciudades, territorios y países en su estado, uno de los más afectados por el cambio climático, que fue de un gran compromiso. Y al mismo tiempo, el alcalde de Nueva York, una ciudad muy vulnerable al cambio climático que tiene partes de Long Island que se están hundiendo, lanzó una campaña en todas las escuelas públicas dando cantimploras a los niños para que dejaran de utilizar las botellas de plástico. Es sólo un alcalde pero como él hay muchos.

En Estados Unidos, la gran lucha contra el cambio climático y la exclusión social la lideran los alcaldes y muchos gobernadores. Evidentemente, el presidente vive y actúa de forma diferente pero los que están en contacto con la población día a día están tomando medidas muy buenas. Respecto a otros países es verdad que las dudas crecen en algunos casos pero debemos mediatizar mucho más las buenas acciones de la sociedad civil, de muchas administraciones de todo tipo. Es imprescindible volcarse a esta causa.

La superación de la desigualdad de género se incluye en los ODS. 2018 ha sido un gran año para esta reivindicación que choca, ahora, con el ascenso a la presidencia de Brasil de un machista declarado y en España con el crecimiento del partido VOX, que quiere derogar la ley contra la violencia de género

Las ideas que ha expresado este partido le han supuesto un rechazo social y unas críticas muy potentes. La desigualdad de género es un tema fundamental. Llevamos muchos años en esta situación pero a la vez el grado de conciencia que tenemos ahora no lo habíamos visto nunca. En España y en muchos países es un camino de no retorno. Parece imposible que continúe habiendo mujeres que mueran apaleadas por sus parejas. Pero las nuevas generaciones se han movilizado. Es un movimiento de mujeres pero la mayoría de los hombres están de acuerdo.

Es muy preocupante que salgan ideas como las que menciona pero nunca habíamos estado tan combativos como ahora en legislación, rechazo social, movilización, empatía, medidas administrativas y legales no sólo de protección de las mujeres sino de exclusión de las personas que abusan. Es un tema que entristece pero donde no podemos bajar la nadie.

¿Qué papel debe jugar España en la consecución de estos objetivos?

España se ha tomado tan en serio la aplicación de la Agenda 2.030 que creo que en estos momentos lideramos a los países de la Unión Europea. Adoptó sus objetivos hace tres años pero no estaban en el centro de la política del gobierno. Ahora los hemos puesto ahí. Al crear el Alto Comisionado hacemos divulgación, movilización y una acción que es fundamental que consiste en medir el impacto que tiene cada una de las decisiones que se toman y cómo vamos progresivamente cumpliendo mejor los objetivos y las metas. Cada meta tiene unos indicadores y los vamos siguiendo. Empezamos en septiembre y ya tenemos el primer análisis, que hemos colgado en nuestra página web.

El liderazgo español se nota en la movilización de todos los actores públicos. El día antes de Año Nuevo todos los ministerios expusieron sus compromisos para 2019 y pusieron el anillo de la Agenda en sus redes sociales. He hablado de la movilización que estamos haciendo del sector privado. También lo hacemos con las universidades, para ver cómo se ponen gafas ODS en sus espacios, sus planes de estudio y su investigación. Hemos llevado esta movilización a las instituciones europeas, que estaban muy sensibilizadas en temas medioambientales, pero tenían más coja la parte social, de inclusión. El presidente del gobierno español, en las conclusiones del Consejo Europeo de octubre, pidió y se aceptó que se incluyeran más acciones en este apartado.

El primer semestre de 2019, aprovechando el cambio de legislatura en las instituciones europeas, haremos una movilización en Bruselas pidiendo que incluyan la visión 2030 y que no se mida su planificación y acción con base en sus cinco años de legislatura sino de forma más global e incorporen acciones concretas para su cumplimiento. Los días 14 y 15 de enero tenemos una reunión en Bruselas con todos mis homólogos de la Unión Europea para trabajar más coordinadamente. Es imprescindible que los partidos políticos incorporen la Agenda a sus manifiestos electorales y hablen. Que los ciudadanos puedan pedirles explicaciones. En enero llevaremos este mensaje a la reunión de alcaldes que ha organizado la Federación Española de Municipios y Provincias en Soria. Todo el mundo debe ponerse las gafas 2030.

¿Barcelona, ​​Catalunya, también?

Están haciendo muchas cosas. En cuanto a vivienda, medio ambiente, movilidad, inclusión… Se han de hacer muchas más, claro. Un tema muy importante es la transparencia, la comunicación, el diálogo con el ciudadano. También la mejora del transporte público y de las infraestructuras. Todo ello se incluye en el objetivo 16 de la Agenda. Tenemos un territorio excepcional pero que sufre problemas medio ambientales, de agua, exclusión, pobreza, modelo de consumo … Lo tenemos que ir corrigiendo con las medidas 2030. Hay que formar a los funcionarios, las personas que trabajan en las administraciones para que vean el valor de la Agenda en su actuación.

¿Y la gente, los ciudadanos, qué tenemos que hacer?

Ser conscientes de que hay alternativas. Mucha gente lo es. Y adaptar nuestra vida cotidiana al entorno diferente que queremos, cambiar muchos de los usos y costumbres cotidianas que tenemos, cómo nos movemos, qué consumimos, cómo nos relacionamos con los demás e incorporarlo a nuestra manera de hacer. Lo tenemos que divulgar en las escuelas. Cada uno lo manifestará a su manera. Unos entrarán más por la vía de conservación del medio ambiente, otros por la vía social, otros por todas. Lo llamamos un nuevo contrato social, donde las personas están en el centro.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*