Skepta como síntoma de resistencia del Sónar

El inglés Skepta fue un fiel reflejo de cómo la música urbana, de baile y racial se renueva constantemente y le procura una válvula de oxígeno a un festival que lo necesitaba más que nunca: la mejor manera de quitarse de encima los fantasmas es admitir que los ritmos más excitantes actualmente provienen de las rimas renovadas del hip hop en un giro del orden natural de la electrónica.

Vicenç Batalla
 
 
 
NEREA COLL | El traper català Cecilio G, entrant a cavall el dissabte des del SonarVillage al SonarXS en una performance auspiciada per Sergio Caballero

NEREA COLL | El traper català Cecilio G, entrant a cavall el dissabte des del SonarVillage al SonarXS en una performance auspiciada per Sergio Caballero

En medio de la pista del SonarClub, sudando con los británicos venidos expresamente y una parte del público local, con dosis de pogo por momentos, la actuación del inglés Skepta fue un fiel reflejo de cómo la música urbana, de baile y racial se renueva constantemente y le procura una válvula de oxígeno a un festival que lo necesitaba más que nunca. Menospreciado por Fira de Barcelona con un cambio unilateral de junio a julio, acorralado por una huelga legítima de los riggers que alguien dejó podrir justo en estas fechas y con el síndrome de celebrar un cuarto de siglo bajo propiedad norteamericana, la mejor manera de quitarse de encima los fantasmas es admitir que los ritmos más excitantes actualmente provienen de las rimas renovadas del hip hop en un giro del orden natural de la electrónica.

Que no es otra cosa que volver a hurgar en lo que de salvaje y subversivo se gesta en la calle. Y que incluía también proclamas políticas contra el gobernador de Puerto Rico. Global y doméstico, con voces y cuerpos que inflaman al público, el Sónar 2019 (18-20 de julio) fue un prueba de fuego de la que salió revitalizado.

Lee la crónica completa en París/BCN…

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