“Se dice que por ser mujeres podemos trabajar cuidando, cuidar a los nuestros y en condiciones precarias por ser migradas”

Rocío Echeverría es trabajadora del hogar y una de las millones de mujeres que dan cuerpo a la llamada 'fuga de los cuidados' de América Latina hacia Europa. Los cuidados son “pilar de cualquier sociedad pero el capitalismo machista nos deja fuera del circuito económico”

Sandra Vicente
 
 
 
Rocío Echeverría, de Sindillar | LMontse Giralt

Rocío Echeverría, de Sindillar | LMontse Giralt

Rocío Echeverría llegó a Barcelona hace dos años y medio. Migrante, mujer, madre…de todo lo que ella era y es, parece que la migración la redujo a estos tres ítems, hecho que “nos empuja a muchas a un nicho laboral concreto”. Rocío se dedica a los cuidados. El trabajo, dice, no le parece mal; al contrario, considera que cuidar es un pilar social y económico para cualquier sociedad y se queja de que el “capitalismo machista” lo deje fuera del circuito económico.

Son millares las mujeres que, como Rocío, ponen nombres a la ‘fuga de los cuidados’ que se da desde América Latina a Europa y que lleva a ‘Cuidar entre Terres‘. Este es, precisamente, el nombre de un documental cooproducido por La Directa y CooperAcció sobre esas mujeres que dejan de cuidar a los suyos para migrar y esa migración les lleva a cuidar a las famílias de otros. Y todo ello, sin apartar la vista de sus hogares.

Tanto quedarse como migrar supone una “lucha”, apunta Rocío. Ella forma parte de Sindillar, el primer sindicato independiente de mujeres trabajadoras del hogar en el Estado español que tiene como principio básico la idea de cuidar a las que cuidan.

Dejar atrás los cuidados de los vuestros para profesionalizar los cuidados a otras famílias una vez ya habéis migrado. Pero en un ciclo de explotación laboral y discriminación. ¿Cómo os enfrentáis a esto?

La explotación empieza en nuestros países de origen. Es la situación económica la que nos impulsa a hacer este tipo de movimientos migratorios. Aunque también hay muchas mujeres que migran por otras cuestiones, de tipo familiar o personal. Sea por lo que sea, todas estamos en una situación muy vulnerable, porque estamos en un lugar en el que no tenemos solvencia o estabilidad económica o laboral. Además de prescindir de la tranquilidad que te da estar con los tuyos; los vínculos sociales te dan esperanza y la esperanza te da vida.

La migración nos lleva a estar solas en una sociedad que no reconce lo que hacemos desde los conocimientos básicos adquiridos en nuestro pais. Somos profesionales, pero profesionales no reconocidas. Vivimos oprimidas por una ley de estrangería que nos empuja al nicho laboral del trabajo del hogar, de los cuidados. No lo vemos mal, el trabajo no es malo, lo que denunciamos es que no se nos permita trabajar con un mínimo de derechos básicos.

No queremos más derechos que el resto de trabajadoras, simplemente un trabajo digno, que se nos reconozca como hacedoras de un trabajo importante. Los cuidados son algo básico: nos dedicamos a sostener un hogar para que unos padres y madres de família puedan salir a trabajar. Lo que nuestra mano logra es fundamental para el desarrollo de la economía y los políticos no lo ponen encima de la mesa.

Se nos niegan derechos fundamentales como trabajadoras que son principios básicos de la OIT. Falta voluntad política. Pero nos hunden en un inframundo laboral.

Falta voluntad política, pero ¿qué grado de responsabilidad crees que tienen los particulares que se resisten a emplearos con contratos laborales?

Hay que mirar a la cotización: si yo te contrato como trabajadora del hogar, tendré que pagar una parte de tu Seguridad Social al Estado. ¿Por qué la obligación de pagar esta cotización és toda para la família que nos contrata? ¿Por qué no asume parte del comprimiso el Estado? Una família de clase media que se ve en la necesidad de tener una trabajadora del hogar está luchando contra cifras imposibles. Por un contrato de 40 horas a la semana son entre 300 y 350 euros al mes. Y a esto súmale el sueldo. Las famílias se ven ahoracadas e intentan esquivar estas obligaciones fiscales.

Pero el Estado se lava las manos de esta responsabilidad. Y esto nos lleva también a un estado de indefensión cuando estamos de vacaciones o de baja. ¿Por qué tenemos que seguir trabajando sin derecho al paro, baja por maternidad, sin cobertura sanitaria cuando no estamos trabajando? El Estado no se va a venir abajo si nos regulariza a nosotras.

Para las luchas laborales la organización colectiva es clave. Pero vosotras os encontráis sin las redes de apoyo que dejáis atrás al migrar y no acostumbráis a tener compañeras de trabajo. ¿Cómo es la organización y qué papel juegan grupos como Sindillar?

En Sindillar creamos un concepto muy básico que nos ha ayudado a mantenernos en situaciones difíciles. Cada una es un mundo, con sus responsabilidades, condiciones precarias, sus historias…nos enfrentamos a ello con la mimopolítica. A través de los cuidados nos ponemos a nosotras en el centro; hacemos política con talleres de danza, relajación, teatro,…nos mimamos y nos vemos como sujetos políticos y de ahí nos vamos reconociendo y elevando en autoestima. Y de ahí luchamos.

No somos muchas, pero las que estamos somos consicentes de lo que queremos y nos cuidamos entre nosotras. Tratamos de apoyar así a cada mujer migrante que pierde sus vínculos al dejar su país. Tratamos de cubrir estos espacios de estima y de ahí reclamar lo que es nuestro.

Hacéis de los cuidados trabajo y militancia. Pero los cuidados nunca se han reconocido ni como una cosa ni como la otra, siempre han sido trabajos no remunerados relacionados a las mujeres.

Si eres mujer, parece que tu naturaleza sea cuidar. Ve a cuidar al hijo de la señora que te paga por ocho o diez horas al día, y de ahí llegas a tu casa y, las que tienen a sus hijos aquí, ves a cuidar a los tuyos. O ponte a trabajar cuidando niños cuando tú has dejado a los tuyos en tu país. Yo dejé a mi hija hace dos años y medio y todavía tengo que seguir viendo por ella. Cada mes, no sólo es juntar dinero para el alquiler, transporte, comida…también debo guardar para enviarlo a ella. Tenemos responsabilidades más allá de nosotras mismas como mano de obra: tenemos responsabilidades, sentimientos y cuestiones personales por cubrir.

Debemos economizar el trabajo de los cuidados; Sindillar se basa en cuidar a las que cuidan. ¿Quien nos cuida?

Rocío Echeverría a una de les, assemblees del sindicat de treballadores de la llar i les cures | La Bonne

El ‘cuidar entre tierras’ es esa migracion que te lleva a cuidar, mientras sigues cuidando a los que dejas en tu país. ¿Cómo definirías esta situación?

Hay que tener en cuenta que las mujeres que se quedan hacen activismo, cuidando aquello que les pertenece. Las que migran a una sociedad extraña para cuidar a la base primordial de esa sociedad que es la família también son valientes. El documental trata de equiparar estas dos realidades pero para mí deberían ser dos documentales distintos, porque ambas son realidades muy fuertes.

Yo hacía activismo político en mi país, pero después de esas jornadas duras yo regresaba a casa cansada, pero con unos brazos cálidos que me recibían que eran los de mi hija y mi madre. Estando aquí, cuidando a otras famílias, otros hijos, las privilegiadas que no somos internas llegamos a una pequeña habitación con una cama vacía sin nadie que de cariño ni unos oídos para escuchar qué tal fue el día.

Ambas son luchas potentes, pero en diferentes ámbitos. Lo único que nos conecta es que siempre estamos cuidando. Eso se podría tomar como una esencia de la mujer, como parte de nuestra naturaleza que nos condiciona a ser cuidadoras.

¿Crees que si empezáramos a desvincular los cuidados a la figura de la mujer, éstos empezarían a considerarse parte del circuito económico y habría menos vulneraciones?

Tanto el hombre como la mujer tienen la capacidad de cuidar. Pero a nosotras se nos ve como idoneas para este campo, no sé si porque se nos ve vulnerables y por tanto, manejables. Si hubiera más hombres trabajando en el campo de los cuidados nuestras condiciones hubieran mejorado hace tiempo. Estamos inmersas en un capitalismo machista que nos dice que podemos ocuparnos de un família y luego tenemos toda la capacidad como mujeres de cuidar también a la nuestra. Y como somos tan ‘ágiles y capaces’ sobrevivimos en estas condiciones. Las mujeres migrantes no somos importantes.

Dices que si hubiera más hombres tendríais mejores condiciones. ¿Crees que sería así aun si estos hombres fueran migrantes?

Para el Estado los migrantes en general no importamos. Que no seamos votantes y no tengamos opción a decidir es importantísimo para entender que no se hagan cambios en las leyes estructurales. Pero en las últimas elecciones hubo una campaña muy fuerte, ‘Cede tu Voto’ y muchas personas contactaron con migrantes. Fuimos muchas las que participamos en las elecciones. Que los políticos nos vayan cuidando y que dejen de invisibilizarnos por no ser votantes, porque estamos eligiendo por otros medios.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*