Reunión Sánchez-Torra: un diálogo de AVE

Un problema de ocho años no se resuelve en dos horas y media de conversación y un paseo de quince minutos por los jardines de La Moncloa.

Jaume Risquete
 
 
 
Quim Torra en una imagen de archivo / Catalonia America Council
@catamcouncil

Quim Torra en una imagen de archivo / Catalonia America Council @catamcouncil

Recientemente, estuve conversando en un viaje de avión con una canadiense residente en Otawa, que me contaba como Montreal había perdido totalmente su liderazgo como capital económica ante Toronto por la fuga en masa en las últimas décadas de empresas hartas del debate secesionista y que no aceptaban un Quebec independiente. Ayer lunes, el diario El Periódico publicaba en portada los resultados de una encuesta que titulaba: el 62% de los catalanes prefiere un mejor autogobierno a la República mientras que sólo el 20% apoya una Cataluña independiente.

Es de suponer que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, cuando cogió el AVE a las 8 de la mañana para ir a encontrarse en La Moncloa con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, debía leer esta encuesta. Quizá no. Ya indican diferentes estudios relacionados con conflictos ideológicos e identitarios que se produce el efecto disonancia cognitiva –enunciado por el psicólogo Leo Festinger en 1958– según el cual los individuos muy a menudo evitamos exponernos a opiniones que hagan tambalear nuestras actitudes e ideas más firmes. Es decir, que acabamos para leer y escuchar aquellos que piensan como nosotros para consolidar nuestras opiniones.

Pues bien, el diálogo que mantuvieron ayer Sánchez Torra, que duró lo que dura el viaje en AVE entre Barcelona y Madrid, sirvió para recuperar después de ocho años el respeto institucional y los puentes entre el Estado español y la Generalitat de Cataluña que como le recordó Sánchez a Torra tiene los niveles de autonomía más altos de cualquier región del mundo.

La vicepresidenta Carmen Calvo subrayó que “un problema de ocho años no se resuelve en dos horas y media” y sólo por esta frase hay que dar la bienvenida al cambio de gobierno desde hace poco más de un mes. Calvo también hizo hincapié en que el nuevo gobierno “se preocupa por todos los catalanes”, es decir, por los 7,5 millones de catalanes, sean independentistas o no. Y mientras decía esto, la cuenta oficial de Twitter de Sánchez enviaba un tuit en catalán: “Una crisis política requiere una solución política. Esta reunión es un punto de arranque constructivo para la normalización de las relaciones”. Rajoy no felicitaba ni al Barça cuando ganaba la Liga.

Torra salió en rueda de prensa media hora después, en Blanquerna, para decir que la reunión había sido “larga, sincera y de trabajo” y tras subrayar que “tenemos posiciones totalmente alejadas” afirmó: “El pueblo de Cataluña se autodeterminó el 1 de octubre”.

Pues bien, a pesar de esta clara apuesta por seguir negando la realidad –efecto “disonancia cognitiva”– como es que los catalanes que apuestan decididamente por la independencia son 2 de los 7.5 millones, es decir, lejos de la mayoría social, a los pocos minutos teníamos los CDR pidiendo la dimisión de Torra y Vidal Aragonés (CUP) amenazando Torra que no olvide que Cataluña son lo que quieren ser 2 millones de catalanes y que el resto no pinta nada. Todo muy democrático y muy republicano, de república bananera por no decir algo más grande.

Hay que ser, sin embargo, optimistas. Venimos de ocho años de conflicto, de tener un presidente (Rajoy) que dejó pudrir la relación entre España y Cataluña, de convertir Ciudadanos en el partido más votado en Cataluña y de provocar una división falsa y profundamente peligrosa entre independentistas y unionistas. La vicepresidenta Calvo, en una rueda de prensa en la que habló en todo momento de “Generalitat” y “presidente” –recordemos el portavoz del gobierno anterior y su reiterativo e insultante uso de la palabra “generalidades”– dio la clave de lo que será esta relación bilateral en los próximos meses, al menos hasta las próximas elecciones: “Reconstruyamos espacios que hayan quedado destruidos“.

Quim Torra es un soberanista convencido lejos de tantos conversos al independentismo en el últimos ocho años. No lo dejará de ser, ni como la vice Calvo lo explicitó. Pero Calvo insistió en que el pretende del gobierno de Sánchez es recuperar para Cataluña derechos sociales que el gobierno de Rajoy ha recortado y dialogar en el marco constitucional mejoras como en infraestructuras y financiación. Esto de momento, hasta las próximas elecciones generales.

No puede ir más allá Pedro Sánchez. Torra y Puigdemont lo saben, como lo saben la mayoría de los 2 millones de catalanes que están por la independencia –Torrent insistió ayer en los 2 millones– excepto los tres diputados de la CUP que insisten en la desobediencia y en convertir 5,5 millones de catalanes en poco más que unos inmigrantes ilegales sin derecho a participar en la decisión de lo que debe ser Cataluña.

El Gobierno de Pedro Sánchez está demostrando un “giro político” en diferentes materias; pero con respecto a la Constitución ni siquiera por el momento pueden abrir el debate de la reforma. Lo que buscan es ir a elecciones y ampliar mucho el número de diputados que tienen para forzar a iniciar esta reforma de la Constitución que podría incluso abrir el camino a cambiar el artículo 2 y posibilitar un referéndum pactado y convertir España oficialmente en un “Estado plurinacional” como países como Bolivia.

De momento, como indicó Torra “tenemos posiciones totalmente alejadas”. Un problema de ocho años no se resuelve en dos horas y media de conversación y un paseo de quince minutos por los jardines de La Moncloa. El AVE conecta las dos capitales, Barcelona y Madrid, que coincidió en este espacio de conversación. Pero, Sánchez y su equipo lo tienen claro: si tratan con justicia, respeto y generosidad Cataluña y a los catalanes, la Cataluna polarizada de los últimos ocho años quedará reducida, por un lado, a menos de un 20% de independentistas de cantería, y de otra parte, a unos “ciudadanos” que como demostró Albert Rivera domingo en Palma de Mallorca –con banderas y sombreros con los colores de España– convertirán esta falsa hagemonía que ha polarizado Cataluña en una minoría poco más que ruidosa, puntualmente, y folclórica, habitualmente.

El grave problema es que Cataluña salga de todo esto convertida en una decadente Montreal.

Jaume Risquete
Sobre Jaume Risquete

Jaume Risquete és periodista i doctor en comunicació política (URL). Ha col·laborat a l’Avui, El Temps, La Vanguardia, El Periódico, La Marea i El Deber de Bolívia. Va treballar al gabinet de premsa d’Iniciativa per Catalunya Verds (1999-2001) i va ser cap de premsa per aquesta formació al Congrés dels Diputats (2007-2010). Contacto: Twitter | Más artículos

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