Resistencias feministas en la academia: el escenario en el que aterriza el único grado de Estudios de Género del Estado español

Aunque la Ley conta la Violencia de Género y la de Igualdad contemplan la promoción de estudios e investigaciones especializadas en igualdad, el Ministerio de Educación no considera el feminismo como un área de conocimiento específica sino como un objeto de estudio transversal.

Anna Cristóbal
 
 
 
Manifestació del 8M | OLMO CALVO

Manifestació del 8M | OLMO CALVO

“Estoy cansada de escuchar cada 8 de marzo que la perspectiva de género es clave para la transformación social y que la formación en este ámbito, aunque es obligatoria por ley, no está tan presente como debería”, declara Laura Nuño, investigadora feminista y coordinadora del que fue el primer grado académico de Género en el Estado español. Este grado en Igualdad y Género, que se impartió en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC) entre 2010 y 2014, finalmente fue suprimido –según la propia universidad– por motivos presupuestarios y de demanda. Sin embargo, Nuño difiere del discurso oficial.

Afirma que el grado fue “objeto de ataques desde su creación” y que ese mismo curso académico “había otras titulaciones que tenían menos estudiantes inscritos y se mantuvieron”. Para Nuño, el problema es que un amplio sector de la academia concibe “el androcentrismo como neutralidad y, cuando los estudios de género intentan desmontar esa aparente neutralidad, se los acusa de ideología”.

Cuatro años después de la supresión del grado de la URJC, la facultad de letras de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) implementará el próximo curso académico el único Grado en Estudios de Género de Cataluña y del Estado español. Si bien Cataluña ya cuenta con diversos postgrados y maestrías especializadas en materia de género, Meri Torras, Doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y coordinadora del grado, reivindica la necesidad de implantar “la mirada autocrítica y transversal de los feminismos desde la formación académica de grado”.

En la misma dirección que Nuño, Torras recuerda que “si alguna cosa nos han enseñado los feminismos es que ningún discurso está ausente de ideología y que todos los discursos de conocimiento son posicionados”. Ahondar en el carácter cultural del sistema sexo-género y en las lógicas heteropatriarcales que lo sustentan, así como transformar la desigualdad entre mujeres y hombres en nuestra sociedad, son los objetivos fundamentales del grado. Esta titulación, en la cual están implicadas 8 facultades, conjuga diferentes disciplinas que van desde la psicología hasta la economía, pasando por la sociología, el derecho o la historia.

¿El Ministerio hace oídos sordos a la Ley contra la Violencia de Género y la de Igualdad?

«La falta de reconocimiento de los Estudios de Género sólo se explica desde el desprecio y desde la creencia que el feminismo es una cosa sólo de mujeres y para mujeres», afirma Nuño. Y es que, aunque tanto la Ley contra la Violencia de Género (aprobada en 2004) como la Ley de Igualdad (2007) se comprometen a incorporar y fomentar en todos los ámbitos académicos formación, docencia e investigación en igualdad de género y no discriminación, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) y la Agencia Estatal de Investigación (AEI) siguen sin reconocer los Estudios de Género como un área de conocimiento científica específica.

En febrero, el Ministerio de Educación aseguró a eldiario.es que se estaba “trabajando para llegar a un consenso que permite crear, específicamente, y no sólo de manera transversal, el área de conocimiento de género desde un punto de vista normativo”. Dos meses más tarde, el Ministerio de Educación ha rehuido la propuesta de actualizar el estado de este trabajo a Catalunya Plural.

Esta falta de reconocimiento hacia los Estudios de Género tiene consecuencias negativas en la promoción profesional de aquellas profesoras e investigadoras cuyo objeto de estudio es el feminismo. Para conseguir más retribución o una reducción de la carga lectiva que les permita invertir más tiempo en investigación, las docentes tienen que solicitar los sexenios: un reconocimiento de la tarea investigadora que tiene lugar cada seis años. Pero, en un contexto académico en el cual los estudios feministas no están consolidados como área de conocimiento oficial, las revistas de alto impacto especializadas en género e igualdad son limitadas y, según Laura Nuño y Meri Torras, “las investigaciones con perspectiva de género son evaluadas por un tribunal inexperto en la materia, analizadas desde los presupuestos de otras disciplinas”. Esta estructura académica inevitablemente obliga a las profesoras a vincular sus investigaciones a otras áreas o, en palabras de  Torras, a «vivir en la esquizofrenia de tener que hacer un doble currículum»: uno centrado en el feminismo y otro adscrito a  un área de conocimiento oficial.

¿Del feminismo como “activismo académico” a un área reconocida?

“Centrar las investigaciones en los estudios de género supone hacer una apuesta de activismo académico», insiste Torras. Así, en un escenario que infravalora el feminismo y lo reduce a una mera cuestión de mujeres, Laura Nuño añade: “nos obligan a trabajar desde el voluntarismo, y el tiempo que dedicamos a investigar con perspectiva de género es tiempo que no invertimos en desarrollar estudios que sí que computan y que sirven para nuestra promoción profesional”.

Nuño considera que “la indiferencia” del Ministerio transmite un mensaje desmotivador a las nuevas generaciones: “una invitación a no investigar con perspectiva de género porque va en detrimento de la propia carrera profesional”. Desde numerosas entidades universitarias, agencias de investigación y asociaciones se han agrupado bajo el paraguas de la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género. Esta Plataforma, dirigida por la catedrática en Información y Documentación Rosa San Segundo, tiene como objetivos exigir que se cumpla la ley en materia de igualdad de género y conseguir el reconocimiento de los estudios de género como área de investigación, así como también incluir subáreas que contemplen los estudios de género dentro de todas las áreas de conocimiento.

A pesar de que San Segundo denuncia que «las feministas seguimos estando en la periferia del sistema académico», también se muestra optimista con el futuro: «El nuevo grado en Estudios de Género, sin duda, supondrá un paso más para que el feminismo se acabe estableciendo como un área de conocimiento específica».

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