Resaca electoral del 28A: ¿realmente hemos parado al fascismo?

Los resultados de VOX en las elecciones generales han sido menores de los que se pronosticaban pero ¿se ha parad el auge de la extrema derecha? En Catalunya consiguieron cerca de 150.000 votos, casi el triple de los que nunca tuvo la ya desaparecida formación ultra Plataforma Per Catalunya

Sandra Vicente
 
 
 
Papeletas de VOX a las elecciones del 28A | Sandra Vicente

Papeletas de VOX a las elecciones del 28A | Sandra Vicente

La noche electoral del pasado domingo dejó algunos mensajes claros y de lectura inmediata. La victoria atronadora del PSOE, que se veía casi inevitable ya en los sondeos, fue total con los primeros datos de los recuentos. Estos resultados se debían leer de la mano de dos realidades más: por un lado, un incremento muy notorio de la participación, que en España alcanzó el 75,75% y en Catalunya el 77,58%. Y es que una mayor participación favorece, normalmente, a las izquierdas. La otra realidad era haber esquivado una bala que provocó mucho desazón durante la campaña. Las derechas, finalmente, no sumarían para formar gobierno.

Al cerrarse los recuentos, las izquierdas parecían quedarse tranquilas. Un Pedro Sánchez muy fortalecido que puede elegir con quién formar gobierno, fue testigo de cómo sus bases coreaban «con Rivera no», en referencia a la negativa a un socio de gobierno naranja. No habría gobierno de derechas y el ‘trifachito’ quedaba descartado.

Así, a pesar de un Ciudadanos fuerte que sumó más de un millón de votos y 25 escaños respecto a las elecciones de 2016, la bajada del PP no permitió llegar a los 175 escaños de la mayoría absoluta. Y hasta aquí la euforia inicial. Pero VOX, el partido que más preocupaba, el que supuso el desvío a la (extrema) derecha de Ciudadanos y PP, no sólo consiguió representación parlamentaria, sino que entró en el Congreso por la puerta grande. Los verdes lograron 2.677.173 votos en España y 148.481 en Catalunya (incremento que supone un 749% más respecto a los anteriores comicios) sumando, en total, 24 escaños en el estado y un representante por Catalunya.

«Estos resultados concuerdan con los que esperábamos o, incluso, están un poco por debajo», opina Ernesto Pascual, doctor en ciencias políticas. Según el politólogo, el revuelo que se creó en redes sociales y los multitudinarios mítines de los ultras inflaron sus posibilidades. «Además, al PSOE ya le iba bien que la gente tuviera miedo», afirma. Así, a la movilización del ‘voto útil’ para parar a las derechas se le suma «un discurso muy justo en ciertas áreas», que ha hecho que los ultras pincharan y no llegaran a las cifras que les daban las encuestas.

«Quizás estos datos nos muestran que los de VOX no están realmente preparados», opina Pascual, que ve en los ultras un partido capaz de crear polémica y debate, pero no de «modificar la agenda de políticas públicas. Son el residuo de un post-franquismo social», apunta.

Estos 24 escaños, finalmente, sitúan a VOX en quinta posición, por delante de un ganador indiscutible de la noche, como es Esquerra Republicana de Catalunya (que obtuvo 15). Precisamente el líder de esta formación en el Congreso, Gabriel Rufián, afirmó en la noche electoral que «no sólo Catalunya no despierta al fascismo, sino que lo combate y lo destruye». Ahora bien, ¿podemos afirmar tan rotundamente que el fascismo ha sido destruido?

El último partido de ideología de extrema derecha que pisó las administraciones fue, justamente, catalán. Hablamos de Plataforma Per Catalunya, que en sus últimas elecciones (las generales de 2011) consiguió en Catalunya 59.949 votos (un 1,73%), casi 100.000 menos de los que ha logrado VOX. «Banalizar estos resultados de VOX y venderlos como una derrota del fascismo es no entender que las ideologías ultras tienen cada día más aceptación», afirma Pascual. Según el politólogo, no podemos hablar de destrucción del fascismo, sino de una «desinhibición. Estos votos de VOX no han salido de debajo de las piedras, el 60% votaban al PP y ahora se están mostrando abiertamente como post-franquistas. No hemos combatido nada porque ya estaban aquí «.

Catalunya, ¿tumba del fascismo?

Volviendo a la afirmación de Gabriel Rufián, es cierto que Catalunya es la segunda comunidad autónoma donde menos porcentaje ha alcanzado la formación ultra: un 3,60%, sólo por detrás del País Vasco, con un 2,61%. Estos datos, sin embargo, se deben leer en contexto de la ley electoral, que explica que en Catalunya VOX sí haya conseguido un escaño, mientras que en Canarias, Cantabria, Ceuta, Melilla, Navarra, Galicia o La Rioja no haya obtenido ninguno, a pesar de haber tenido más porcentaje de votos.

Así, que Catalunya sólo dé un escaño para VOX, siendo la segunda comunidad autónoma que más escaños proporciona al Congreso (48, sólo por detrás de Andalucía, con 61), no es la peor de las noticias. Este escaño catalán será para Ignacio Garriga Vaz de Concicao. Desde hace algunos años tuitea el 18 de julio, aniversario del golpe de estado, y se muestra en redes con mensajes de tipo franquista, como agradecimientos a «nuestros abuelos que en un día como hoy se levantaron a defender nuestros principios» .

Pero, ¿de dónde ha sacado Garriga Vaz sus votos? Los municipios donde VOX ha logrado más del 10% de los votos son sólo cinco, como Talarn (Lleida), Sant Climent Sescebes (Girona) o San Andreu de la Barca (Barcelona), los dos primeros con presencia militar y el tercero con una sede de comandancia de la Guardia Civil, lo que podría dar una explicación rápida a esta decantación. Mirando a la capital catalana, vemos que el barrio de Barcelona donde destaca por mucho el apoyo a VOX ha sido Sarrià Sant Gervasi (con un 5,9%). De hecho, este ha sido el barrio donde más apoyo ha habido a la derecha en general, sumando en total el 23,2% de los votos (17,2% para Ciudadanos y 10,1% para el PP).

Encontramos, pues que, más allá del rasgo común de la presencia de bases militares o fuerzas de seguridad del estado, es difícil encontrar características objetivas que permitan realizar un perfil acotado del votante catalán de VOX. Además, «intentar establecer un perfil ahora mismo sería mentir», sentencia Pascual. «Tenemos que olvidarnos de los clichés que nos hacen pensar en un votante de clase baja o inculto. Analizamos a VOX como si formara parte de las nuevas derechas populistas europeas y no es eso. Es franquismo sociológico», reitera. Así, según Pascual, la aproximación más acotada que podemos realizar al perfil de votante de VOX es la de alguien que «se siente amenazado ante inestabilidades como el feminismo, el nacionalismo o la migración, que les pueden hacer perder sus privilegios. Estos votantes son hijos de los recortes neoliberales «.

Andalucía, campo de pruebas de VOX

Este año 2019 ha sido el año en que el auge de la extrema derecha ha llegado a convertirse en una inquietud real en diversos lugares de España. Esto fue debido a las elecciones andaluzas de diciembre de 2018, donde VOX consiguió su primera llegada a las instituciones. Aquellos comicios supusieron el final de un histórico feudo socialista, con un pacto de gobierno que unía las derechas, parecido al que la izquierda temía que llevara al ‘trifachito’ al poder español.

VOX conseguía situarse como cuarta fuerza, con 395.378 votos que supusieron el 10,97%. Aquella llegada a las instituciones fue un altavoz para la formación ultra. Pero estos escasos cuatro meses de nuevo gobierno en Andalucía nos han mostrado, según Pascual, que la influencia de la extrema derecha en las políticas públicas «no ha sido tanta. En la campaña lo hacen mejor que en las instituciones: han conseguido focalizar la atención en temas estrafalarios o debates que ya estaban superados, como la ley contra la violencia de género, que no modifican la agenda política», opina.

Andalucía está siendo, pues, un campo de pruebas para el partido ultra y, con todo, parece que estos ensayos no han salido del todo mal, ya que -salvando las distancias de comparar dos comicios a administraciones diferentes- en las elecciones generales, los verdes sumaron más votos que en diciembre. El domingo, el 13,38% de andaluces se decantaron por los ultras, que recogieron 611.220 votos. Esta cifra significa que Andalucía enviará 6 diputados de VOX al Congreso, constituyéndose así como la comunidad autónoma donde más escaños han conseguido.

Este -ligero- incremento del voto andaluz a VOX se explica, según Pascual, por dos motivos: un aumento de la participación y una política discreta de los ultras. «Los hemos visto más en el Juicio contra el Procés que en el gobierno andaluz». El politólogo opina que los de VOX han escondido sus políticas para no sufrir en las elecciones generales: «han retirado las cartas y no han hablado con prensa. Todo para no cometer errores y no perder votos. Todavía no los hemos visto en acción». Este modus operandi será sostenido, como mínimo, hasta las elecciones autonómicas, según Pascual. Y es que hoy por hoy, pugnan por mantener un Soufle que les llegaba a otorgar un tercer lugar en las encuestas. Ahora, aunque parece que el ‘run-run’ baja, los 24 diputados de VOX ya están camino del Congreso.

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