Refugiadas… y olvidadas

Es imprescindible reclamar que se considere la violencia y discriminación por motivos de género como motivos suficientes para solicitar protección internacional.

Sira Vilardell
 
 
 
Concentración en Barcelona | ROBERT BONET

Concentración en Barcelona | ROBERT BONET

Dicen que mirar al mar relaja, sobre todo por su ausencia de límites y fronteras. Una sensación que puede convertirse en una gran paradoja, ante un mar que tiene hoy más barreras que nunca y que aglutina ya demasiado escenas de horror, miedo y muerte.

Y es que la “crisis de refugiados” que vive Europa actualmente, está suponiendo uno de los mayores retos migratorios y humanitarios de las últimas décadas.

A diario, se nos muestran imágenes de la descontrolada llegada de personas que huyen de sus países por diferentes motivos, o de personas que a pesar de intentarlo, no pueden llegar, perdiendo en demasiadas ocasiones sus vidas por el camino. Situaciones de mucha crudeza, que son el espejo de la ineficaz y restrictiva política de la Unión Europea en materia migratoria y un claro reflejo de la fragilidad de sus supuestos valores de solidaridad y libertad.

La incapacidad de Europa para generar políticas y respuestas unitarias y coordinadas, es una evidencia que despierta vergüenza e indignación, al ver cómo, ante una tragedia humana como ésta, prima la lógica económica y de preservación de una sobrevalorada identidad nacional, por encima de la lógica de protección de los derechos humanos.  

Otra de las grandes evidencias de que esta crisis migratoria está mostrando, es la falta de equidad de género que sigue siendo aún, un gran reto a alcanzar.

Se vuelve a caer en el tratamiento global y masculinizado del fenómeno. Una visión parcial, sustentada en un modelo patriarcal que esconde, una vez más, la realidad específica de mujeres y niñas refugiadas y migrantes, que suponen la mitad de casos que llegan a nuestro país.

Y es que ser mujer y refugiada, o peor aún, refugiada por ser mujer, se convierte en un factor de extrema vulnerabilidad.

La violencia sexual y las constantes vulneraciones que sufren estas mujeres, están presentes durante todo su trayecto de llegada a Europa, y no desaparecen una vez llegan. En muchos casos, han huido de sus países precisamente por motivos de género, como la violencia machista, trata con fines de explotación, mutilación genital femenina o matrimonios forzados. Motivos que no siempre son reconocidos en las demandas de asilo, o que quedan escondidos, detrás otros motivos de carácter económico o vinculados a conflictos armados.

Una invisibilidad que se constata también con la falta de datos desagregados y la poca información recogida que no permite conocer las constantes situaciones de represión y discriminación que sufren estas mujeres, y que se añaden al drama de tener que dejar su país de origen.

Un claro ejemplo es el de mujeres y niñas refugiadas que llegan a los campos, que sufren constantemente situaciones de acoso o violaciones, lo que las lleva a no querer salir de las tiendas, ni para ir a los servicios compartidos (espacios con demasiado riesgo para ellas ) o mujeres que viajan solas y que han sufrido reiteradas situaciones de violencia, y que en la primera acogida no se les ofrece espacios separados ni protegidos, que puedan evitar nuevas situaciones de abuso.

Situaciones similares son las que vive también el colectivo LGTBI, otro de los colectivos más vulnerables ya la vez más invisible, que sufre igualmente determinadas formas de violencia por motivos de género. Personas que también en su mayoría han tenido que huir de sus países por ser perseguidas por su orientación sexual o identidad de género.

Pero lo peor de todo, es la débil o insuficiente respuesta de los gobiernos, y otros agentes y organizaciones que intervienen en la acogida y acompañamiento de estas personas, y que ante hechos tan graves, muy a menudo ni siquiera se identifican, ni se tienen herramientas para intervenir.

La falta de sensibilización y formación en perspectiva de género y LGTBI por parte de profesionales de acogida con vinculación a los procesos de solicitud de asilo, es un factor que añade dificultad, y que no siempre garantiza la respuesta ni el acompañamiento adecuado suponiendo esto graves consecuencias, tanto físicas como psicológicas a medio y largo plazo.

Por todo ello es imprescindible reclamar que se considere la violencia y discriminación por motivos de género como motivos suficientes para solicitar protección internacional.

Hay personal con formación en espacios de tránsito y países de acogida. Formación en género al personal vinculado a la acogida y, sobre todo, personal especializado para garantizar una asistencia psicológica para las mujeres y colectivos LGTBI, víctimas de ataques por razón de género.

Se necesitan también intervenciones con un enfoque claro de género, que garanticen los derechos y una protección real y que aseguren condiciones de seguridad y acceso a recursos adecuados, para evitar que se sigan reproduciendo situaciones de abuso y discriminación.

Y, lo más importante, hay que escuchar y conocer mejor la realidad de estos colectivos, a la hora de diseñar políticas de protección e inclusión durante sus trayectos y los países de destino. Conocimiento que se hace indispensable para partir de sus necesidades específicas y no caer de nuevo en intervenciones globales que terminen invisibilizando-las y olvidándose las.

Sira Vilardell
Sobre Sira Vilardell

Sira Vilardell és diplomada en Treball Social i màster en Direcció i Gestió d'ONGs. Especialitzada en interculturalitat i gènere, ha treballat en l’atenció a dones i famílies i en la intervenció comunitària intercultural. Actualment, és la directora general de la Fundació Surt Contacto: Twitter | Más artículos

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