Recuperar la memoria del CEPEPC: cuando la escuela catalanista quiso ser pública

Un grupo de maestros del que fue el Col·lectiu d'Escoles per l'Escola Pública Catalana se reencuentran 30 años después de que culminara con éxito una lucha de más de 10 años que marcoó el destino de la educación pública: "No queríamos crear dos línias y que la escuela fuera un motivo de división social"

Víctor Saura
 
 
 
obilitzacions del CEPEPC, als anys setanta

obilitzacions del CEPEPC, als anys setanta

Hace más o menos medio siglo, en Catalunya fueron apareciendo como setas pequeñas escuelas cooperativas de padres, madres y maestros. Nacían al calor del baby boom del mayo francés y del recuerdo de los principios pedagógicos que habían inspirado la escuela republicana, encarnada en la fundación, en 1965, de la Asociación de Maestros Rosa Sensat. Eran escuelas mixtas, laicas, autogestionadas y con el catalán como lengua vehicular, y su alumnado lo formaban mayoritariamente familias catalanas de toda la vida, en un momento que la escuela religiosa -separada por sexos y castellanitzada-, hacía recitar el catecismo y la lista de los reyes godos a los hijos de las clases media-alta, mientras la pública o nacional -también separada y castellanitzada-, acogida a los de la clase obrera inmigrante.

En el seno de Rosa Sensat se creó la Coordinadora Escolar, y con la muerte de Franco y la llegada la democracia, en 1978 ochenta de los centros que la formaban se constituyen en un colectivo, el CEPEPC, que reclamaba ser escuela pública. La movilización se alargará unos años, hasta que en 1983 llega un reconocimiento legal que inicia un proceso empinado hasta la plena integración en la red pública. Una historia irrepetible.

«Pregunta a un maestro de 30 años si sabe qué fue y qué representó el CEPEPC. Es muy posible que no tenga ni idea porque en las facultades no se explica». Jordi Maduell fue maestro de la escuela Heura, creada en 1966 en un pequeño local de la calle Castillejos, y que ahora se encuentra en la Font d’en Fargues, en el distrito de Horta-Guinardó. Maduell, hoy jubilado, forma parte de la Comisión de Recuperación del CEPEPC, impulsada por la asociación de maestros jubilados Rella, y es el encargado de cerrar el acto que se ha organizado en la sede de Rosa Sensat para explicar a la numerosa audiencia -casi toda, antiguos maestros del CEPEPC-, la segunda razón por la que se ha convocado aquel acto. Porque la primera ya la sabían, se trataba de homenajear al defallit Carlos Martínez Echalar, que fue el coordinador y el alma del colectivo, pero faltaba la segunda: recuperar la memoria. «Si trabajamos para conseguir lo que se consiguió, ahora se trata de poner orden en todos los recuerdos para que esto no pase desapercibido», dice Maduell.

Carlos Martínez (sosteniendo la caja y en primer plano), fue el alma del colectivo | Fotos de Montserrat Manent

La mayor parte de maestros de aquella generación se ha jubilado, y es el momento de reunir el máximo posible de recuerdos y testimonios de aquella época para «dejar constancia de la historia que construimos (…) tanto de la lucha como de su fundamentación pedagógica». «Se echa de menos el libro del CEPEPC», dice Maduell. Por eso lanza el encargo a los asistentes de «escribir los recuerdos subjetivos de la manera más objetiva posible». En el pasado ha habido dos intentos de recuperar esta memoria en forma de libro que han sucumbido en el intento, relata Maduell. El único con un poco de cara y ojos fue la recopilación de fichas que publicó y distribuyó Rosa Sensat en 2013.

Hay una comisión de trabajo, un índice hecho y una llamada lanzada a los asistentes al acto (que ya han quedado fijados), y los que no han podido venir. Pero no todo será memoria oral. Los archivos del CEPEPC se guardan en el Archivo Nacional de Catalunya. Y el abogado Ramon Pladiura, que se hizo cargo de toda la batalla legal del CEPEPC y hoy es precisamente el encargado de que los asistentes dejen sus datos antes de acceder a la sala de actos, conserva -según nos cuenta cuando ya estamos en el tercer tiempo– mucha documentación. «Hubo una primera lucha para la incorporación de las escuelas, después una segunda lucha por el reconocimiento de los docentes como funcionarios, ya que al principio fueron interinos, y esto se logró poniéndolo a la disposición de la LOGSE, y aún una tercera lucha por el reconocimiento de su antigüedad, que la Generalitat no quería aceptar. Y todas se ganaron», recuerda.

«La Generalitat no lo entendía»

El acto lo abrieron  Neus Sanmartí, Pedagoga y catedrática emérita de la UAB, que en este caso es parte del homenaje porque fue la mujer de Carlos Martínez. Ambos formaron parte del CEPEPC como padres de la escuela Baloo, en el barrio de Montbau. «Había una razón ideológica de peso: no queríamos crear dos líneas y que la escuela fuera un motivo de división social en Catalunya, sino que queríamos hacer una escuela pública que realmente fuera para todos», afirma Sanmartí. Aparte de Carlos Martínez, representante de las famílias, el resto del equipo operativo del CEPEPC lo formaban Anna Piguillem, en representación de los maestros, y Carmen Suazo, secretaria. En el acto estaban ambas. «Siempre he creído que lo que se dice que no hay nadie insustituible es cierto, pero Carlos fue una excepción, era una buena persona y un gran mediador, fue un líder insustituible», subraya Piguillem.

Si el traspaso fue tan lento, nos comenta Sanmartí en el tiempo añadido, es porque había «muchos líos»: cuotas de seguridad social impagadas, instalaciones que no reunían las condiciones mínimas, maestros que no tenían titulación … Pero desmiente rotundamente una cierta voz que corría entonces, según la cual estas escuelas querían ser públicas para resolver sus problemas económicos. «La Generalitat no entendía por qué queríamos ser públicas y se ofrecía a buscar soluciones para los problemas. Si el tema hubiera sido económico habrían encontrado fórmulas, pero no lo era», asegura. Había también una cierta reticencia del sector público. «Algunos podían pensar que nosotros seríamos los guapos que ahora venimos a contaros cómo se deben hacer las cosas, pero el CEPEPC tenía muy claro que no se quería ir a conquistar la escuela pública sino a trabajar juntos por una escuela pública catalana».

La sala de actos de Rosa Sensat, jueves día 4, durante el acto del CEPEPC | Foto: VS

El proceso afectó, aproximadamente, a 80 escuelas, 1.200 docentes y 25.000 alumnos, pero más importante es el impacto que el talante de aquellas escuelas tuvo sobre el actual modelo de escuela pública. ¿El espíritu y el ímpetu del CEPEPC transformó o se diluyó en la escuela pública? Este parece el debate de hoy. La cuestión ha surgido también en una entrevista-tertulia en Els Matins de TV3, moderada por Lídia Heredia, la cual tiene fresca aquella lucha que vivió como alumna de la escuela Gitanjali de Badalona. Heredia invitó a Quim Lázaro, hoy presidente de Rella asociación y que fue profesor y director de Baloo (contratado, recuerda, por Carles Martínez). Lázaro ha comentado que a los sesenta también nace Òmnium Cultural y la revista Cavall Fort, i que las famílias que se «atrevieron a buscar un modelo de escuela alternativa» pertenecían a una generación que no vivió la guerra, sino la postguerra.

Lázaro cita el artículo Las tres primaveras pedagógicas, de Jaume Carbonell, que sitúa el nacimiento de la asociación Rosa Sensat y el CEPEPC en la del medio, en la primavera de la resistencia, y enmarca la voluntad de recuperar la memoria en esta misión de hacer de puente entre la primera y la actual. Según Lázaro, «una de las claves de las escuelas del CEPEPC era el equipo de maestros, había un equipo coherente, y eso, al pasar a la red pública, se ha perdido. Muchas las escuelas impulsoras de Escuela Nueva 21 son de nueva creación, y por qué es esto importante? Porque pueden montar su equipo». Por Neus Sanmartí, el balance es muy positivo en cuanto a la calidad pedagógica de la escuela pública de hoy. «Es cierto que aquel espíritu y aquel entusiasmo inicial se fue diluyendo con el tiempo -constata-, pero es que eran imposibles de mantener, hoy nadie soportaría aquellas reuniones de horas y horas que hacíamos maestros y padres; alguien dice que esto fue para pasar a la red pública, pero las que no pasaron tampoco los han podido mantener. Son otros tiempos».

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