MINI CRÓNICAS CATALANAS

Rebelión, autodeterminación, desobediencia

El primer día han aflorado las cuestiones a las que tendrán que hacer frente todos los actores implicados. La acusación tendrá difícil demostrar la violencia y que los Jordis no tenían derecho a desobedecer. Y el Govern acusado, que no se saltó la Constitución

Andreu Claret
 
 
 
Primera jornada del Judici del Procés

Primera jornada del Judici del Procés

En todo juicio, y en éste mucho más, las cuestiones previas suelen resultar fascinantes porqué permiten que las defensas pasen al ataque. Sin embargo, a veces impiden ver el meollo de la cuestión. Esto es, donde están los puntos débiles de cada parte. De los que dependerá el desenlace del juicio (si es justo) y su impacto político.

En ese sentido, a mí me parece que el primer día han aflorado tres cuestiones a las que tendrán que hacer frente todos los actores implicados. La primera es que los cargos de rebelión/sedición pueden derretirse a medida que avance la vista y no aparezca la violencia que los justifique. No alcanzo a ver qué se puede sacar el tribunal de la chistera para confirmar la gravedad de estas acusaciones. Este es el sentimiento general entre muchos observadores.

La segunda es que pretender que la autodeterminación es un derecho universal, superior a cualquier otro, tiene difícil encaje en la tradición europea. Por la mañana, Torra i Torrent llegaron al Supremo detrás de un lienzo eufemístico: ‘Decidir no es delito’. O sea, autodeterminación. Llevar la pancarta no es delito, desde luego. Pero aprobar leyes en el Parlament que sustituyan un marco jurídico por otro, en un plis plas, saltándose la Constitución y el Estatut, no está bien. Dejémoslo en que no está bien y que los jueces decidan. Ya he dicho que el independentismo se hace trampas en el solitario en este tema.

La tercera pista la dio Jordi Sánchez con su lazo amarillo. No tanto por llevarlo, como porqué ponía de manifiesto que él y el otro Jordi no exhibían el pin de conseller. Siempre he pensado que su condición de representantes de la sociedad civil marca una diferencia esencial con los otros acusados. Los Jordi han desobedecido. ¿Y? Para un ciudadano, desobedecer es un derecho. Casi diría que en algún momento de la vida debería ser un deber. Si esta desobediencia es pacifica, no pasa nada. Y si no lo es, como ocurre cada día en Europa, el trato que merece por parte del Estado nada tiene que ver con las penas que se piden. Me parece que en estas tres pistas está el meollo de lo que van a ser las próximas semanas.

Andreu Claret
Sobre Andreu Claret

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