Raval más allá del operativo: acabar con la especulación en el barrio

Estaría bien que la misma colaboración entre polícias se diera también en otros ámbitos de las administraciones en el momento de hacer frente a las problemáticas que arrastran las almas de los barrios y que crean las condiciones necesarias para que el tráfico de drogas se escampe. La principal es la especulación inmobiliaria, una forma de violencia que pasea por las calles con corbata y que vacía los barrios para hacer negocio ilegítimo

Jordi Rabassa
 
 
 
Manifestación por el Raval en enero / DIEGO PREGO

Manifestación por el Raval en enero / DIEGO PREGO

En los últimos días, Ciutat Vella y el Raval han vuelto a ser noticia por un gran operativo policial contra el tráfico de drogas. Se trata de un operativo conjunto de Guardia Urbana y Mossos que se coordinó con otra investigación del Cuerpo Nacional de Policía, unificada por el juzgado número 16 de Barcelona.

Esta operación ha intervenido en 35 domicilios y locales, que se suman a los que se intervinieron en el operativo del pasado octubre y a las decenas y decenas de entradas en pisos y locales desde el año 2016, que han posibilitado el cierre de más de 200 puntos de venta y/o distribución de drogas en los últimos cuatro años. Tal y como explicaba el Intendente de la Guardia Urbana de Ciutat Vella el día del operativo, el trabajo policial se ha consolidado gracias a incorporar la tarea de los vecinos y las vecinas que se han organizado durante estos años y que han ampliado el punto de mira desde el que analizar la problemática, añadiendo las vertientes social, educativa, de salud y de vivienda. Esta operación será un punto de inflexión, que se sumará a las consecuencias del operativo de octubre de 2018 y en el trabajo de lluvia fina de más de dos años.

Una lluvia fina, pero insistente, que no es sólo policial, y que ha sido y sigue siendo liderada por el Ayuntamiento de Barcelona y el Distrito de Ciutat Vella, que ha invertido más de seis millones de euros en los últimos dos años y pico en un plan integral para abordar la situación. Un plan que ha incluido refuerzos policiales, pero también, y en el mismo nivel de importancia, la ampliación en Ciutat Vella de los servicios de salud pública y atención a las personas con drogodependencia, medidas de prevención, mejoras en el espacio público de las zonas más afectadas, así como un programa específico de detección y movilización de viviendas vacías para evitar ocupaciones relacionadas con el tráfico de drogas y combatir la especulación que contribuye a alimentar esta problemática.

Decíamos que estamos seguros de que el operativo de la semana pasada será un punto de inflexión, muy visible y relatado detalladamente por los medios de comunicación, pero también debemos ser conscientes de que el negocio del narcotráfico deja, por donde pasa, multitud de víctimas y diversa tipología de delitos, y que sólo se le puede hacer frente cuando las medidas policiales se combinan con las sociales, urbanísticas y de salud. Tanto los vecinos y vecinas que viven con miedo en sus casas, como las mismas personas que sufren toxicomanías saben que hay que esta combinación de acciones y medidas.

El operativo policial del pasado 20 de junio es una buena noticia para el Raval y para Ciutat Vella, pero sería bueno que la misma colaboración entre policías se diera también en otros ámbitos de las administraciones a la hora de hacer frente a problemáticas que roen las almas de los barrios y que crean las condiciones necesarias para que el tráfico de drogas se extienda. La principal es la especulación inmobiliaria, que es una forma de violencia que pasea por nuestras calles con traje y corbata y que vacía los barrios para hacer un negocio ilegítimo. Ojalá, decía, que la próxima gran operación no tuviera que ser policial sino que fuera una gran operación que acabara con la especulación criminal con la vivienda.

En los últimos dos años, el Raval ha sido protagonista en los medios de comunicación a raíz de los problemas vinculados a la venta de drogas, y sufre todavía por otras cuestiones, como la seguridad, la desigualdad, la falta de vivienda asequible y la expulsión del comercio tradicional y de los vecinos, entre otros. El Raval, sin embargo, es sobre todo un barrio vibrante y creativo, donde conviven múltiples comunidades de lenguas, culturas y religiones de todo el planeta que contribuyen a reinventar la Barcelona del siglo XXI, y con un tejido comunitario riquísimo y comprometido con el barrio, la ciudad y el país.
Desgraciadamente estos días hemos vuelto a leer titulares y a oir a tertulianos que utilizaban los problemas de seguridad para estigmatizar el barrio del Raval y sus comunidades. Que nadie, nunca más y en ningún lugar lo vuelva a hacer.

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