¿Podemos demandar a nuestros gobiernos si no luchan contra el cambio climático?

Un mes después de la Marcha Mundial por el Clima, jóvenes alrededor del mundo continúan exigiendo acciones significativas para luchar contra el cambio climático frente a la falta de voluntad política de sus gobernantes.

Carmen Contreras
 
 
 
Foto: Pol Rius.

Foto: Pol Rius.

Las consecuencias alarmantes e irreversibles que ocasionan el cambio climático se conocen desde hace -como mínimo- 20 años, pero son las nuevas generaciones las que exigen a las autoridades políticas que cumplan los compromisos asumidos para reducir las emisiones de gases contaminantes y así evitar una catástrofe ambiental.

¿Es posible hacer que estas exigencias se conviertan en demandas legales? La respuesta, como explican Gemma Barricarte, portavoz de Fridays for Future Barcelona, y José Hurtado, abogado de Ecologistas en acción, es una moneda de doble cara.

La generación clave

Los movimientos que luchan contra el cambio climático que han surgido en los últimos años son, en su mayoría, lideradas por jóvenes. Esta tendencia, según Gemma Barricarte, responde a una consecuencia natural.

“Hay gente que dice que somos como la última generación que tiene en su mano poner medidas antes de un punto sin retorno. Yo creo que el movimiento ecologista tradicionalmente ha hecho reclamos que no tenían en cuenta este tema (el generacional). Es muy positivo que se haya creado un espacio donde se pueda expresar esa preocupación que era generalizada y que no tenía por donde salir”.

Fridays for Future ganó popularidad cuando logró movilizar a millones de jóvenes estudiantes, padres y madres y activistas ecologistas alrededor del mundo para exigir que las autoridades políticas ejecuten las medidas y compromisos asumidos para evitar que los gases de efecto invernadero (tales como el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano, el óxido de nitrógeno y el ozono) continúen aumentando a un ritmo desproporcionado. Nunca antes tantos estudiantes se habían manifestado por la protección del planeta.

En Barcelona, el movimiento tiene tres demandas. La primera es que se declare el estado de emergencia climática, la segunda es que las medidas y compromisos existentes se pongan en acción y la última es una reclamación: “esta es una lucha por la vida, no solo la de los seres humanos sino también la de los animales que, indirectamente, también nos afecta”.

“Por poner un ejemplo, hace poco salió una noticia de que Barcelona iba a reducir el vehículo privado (…) El ayuntamiento muestra una preocupación y luego se está haciendo una ampliación a la ronda litoral. Creo que nos compete más denunciar esa clase de cosas y las medidas”, apunta Barricarte, quien además considera que aún hace falta mucho trabajo en la concientización de los efectos del cambio climático.

Foto: Pol Rius.

Demanda por incumplimiento

Existen casos a nivel internacional de litigación climática que son considerados como objeto de estudio al ser experiencias muy recientes. El caso que, según cuenta José Hurtado, es el que guía este camino poco explorado en la Unión Europea, es el caso Urgenda.

“En el 2015, una asociación ecologista demandó al gobierno holandés porque no había cumplido la reducción de gases contaminantes como se había comprometido por ley. El juzgado de la Haya de primera instancia les dio la razón: la primera sentencia en el mundo que daba razón en estos casos, diciendo que efectivamente el gobierno no había cumplido y lo obligó a cumplir los parámetros establecidos por ley. Hace muy poco, el tribunal de apelación les ha vuelto a dar la razón”, cuenta el abogado especialista de Ecologistas en Acción.

Sin embargo, es muy difícil llegar a estos niveles judiciales. “Catalunya se ha comprometido en reducir un 40% de sus emisiones. Pero, ¿qué ocurre si llega el 2020 y no se ha rebajado, como es lo que de hecho pasará? Absolutamente nada. Esa es una parte del problema”, explica Hurtado.

Muchos de estos compromisos, incluyendo el Acuerdo de París, un referente internacional legal importante en la lucha contra el cambio climático, no incluyen una cláusula de penalización. Es decir -y tal como lo explica el especialista- “no hay una forma de exigir responsabilidad por incumplimiento”.

Otro de los retos que se encuentran en la demanda legal de estos compromisos es la regulación procesal, pensada para un sistema clásico en el que existe, por mencionar lo básico: un perjudicado, una competencia territorial, un perito y un perjudicante. Si alguien quisiera demandar al gobierno por la falta del incumplimiento de sus compromisos, entonces tendría que declarar, por ejemplo, quién es el responsable de las emisiones, cuáles son las consecuencias que viven quien demanda o en qué parte del mundo ocurren estos agravios.

Para Hurtado, se verán muchos éxitos judiciales de este tipo en el futuro, pero el verdadero problema no se encuentra en la falta de cláusulas, sino en la falta de concientización a través de la educación, de la presión a los políticos e, incluso, en la desobediencia civil.

“Tenemos un problema: dejamos el mundo a manos de los políticos porque nos es muy cómodo y los políticos, lo que no van a hacer es autoculparse”, apunta.

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