¿Para qué sirve el feminismo?

Cada ola del movimiento feminista cuestiona y subvierte los roles de género, en tanto que construyen dos espacios claramente diferenciados y jerarquizados: el espacio público (de la política, el trabajo) como espacio masculino y el espacio privado (de la crianza, la domesticidad) como espacio femenino, subalterno

Meritxell Benedí
 
 
 

"La revolución será feminista o no será" / MARTA BORRAZ (MADRID)

El 90% de las veces que digo que soy feminista recibo la misma respuesta de mi intercoluctor/a: «¿Feminista? Yo, ni machista ni feminista: humanista». «Ni hombres ni mujeres: personas». «Yo estoy muy a favor de las mujeres». «Pero hoy aquí el feminismo no es necesario. En cambio, en X país las mujeres…»

Angela Davis sostiene que el feminismo es la idea radical que las mujeres son personas. Es la ideología política que hace visibles las relaciones de poder, los roles de género y las desigualdades del patriarcado.

La idea radical que las mujeres somos personas se expresa por primera vez en plena Revolución Francesa (1789), cuando aparece la categoría ciudadano en contraposición a la de súbdito. Al ciudadano se le reconoce su agencia en la construcción de la colectividad y, por tanto, de participar en la construcción de la República. Al súbdito le despoja de la capacidad de decisión sobre el conjunto de la sociedad, tutelada por una institución superior.

Las mujeres son excluidas de la categoría ciudadano y tratadas como súbditas; no se les reconoce su capacidad de agencia en la construcción de la colectividad; es decir: de la República. Cuando Olympia de Gouges lo denuncia con la «Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana» (1791) le cortan la cabeza, literalmente.

Derecho a voto

La idea radical que las mujeres somos personas articula por primera vez como movimiento político moderno en 1848, con el feminismo de primera ola. En este momento, la creación de los estados liberales se fundamenta sobre la idea de la construcción común del Estado nación en torno a los partidos políticos y el sufragio -primero censatario, después universal- masculino.

Las feministas de primera ola -las sufragistas, con experiencia en la lucha por la abolición de la esclavitud-, tienen como objetivo conseguir el derecho a voto para las mujeres para poder participar en la construcción de la nación en la misma medida que los hombres.

Derecho al propio cuerpo

La segunda vez que se articula como movimiento político la idea radical que las mujeres somos personas es en 1960-70, con el feminismo de segunda ola. Después de que las mujeres accedan al mercado de trabajo formal -en el informal siempre han estado: en la economía de los cuidados o en la economía informal- y a la educación superior, no tienen la misma capacidad que los hombres de decidir sobre la propia trayectoria profesional (el trabajo o los estudios) o vital (el propio cuerpo).

El feminismo de segunda ola tiene como objetivo que las mujeres puedan decidir sobre sus carreras -qué estudiar y / o trabajar vivir o no en pareja- y sus cuerpos -con quién, cuándo y cómo tener sexo e hijos.

Derecho al poder

La tercera vez que se articula como movimiento político la idea radical que las mujeres somos personas es en 1980-90, con el feminismo de tercera ola. La igualdad formal -jurídica-, el mercado de trabajo o los anticonceptivos no conduce a la eliminación de las desigualdades: es necesario que el orden simbólico sobre el que se construyen las sociedades sitúe al mismo nivel a los hombres y a las mujeres, que estén representadas en la misma proporción que los hombres en los espacios de poder y de decisión. Aparecen feminismos que rompen con la idea de un único feminismo blanco que no da respuesta a todas las mujeres.

El feminismo de tercera ola lucha por la resignificación de lo que es ser hombre o ser mujer, la recuperación de las genealogías femeninas, la revalorización de los saberes de las mujeres, el reconocimiento de la diversidad, la democracia paritaria,…

Derecho a una vida libre de violencias

La cuarta vez que se articula como movimiento político la idea radical que las mujeres somos personas es hoy, con el feminismo de cuarta ola. Las mujeres nacidas a partir de 1970, educadas en la igualdad, vivimos en nuestro día a día situaciones que demuestran que estamos lejos de la igualdad de oportunidades. El feminismo de cuarta ola se organiza a partir de una agenda global con campañas y agendas concretas para cada país: por el derecho al aborto en Argentina, contra la impunidad en las violencias sexuales en el mundo occidental -en Estados Unidos o Europa-, por el derecho de las mujeres a conducir en Arabia Saudí, a bailar en Irán, …

Cada ola del movimiento feminista cuestiona y subvierte los roles de género, en tanto que construyen dos espacios claramente diferenciados y jerarquizados: el espacio público (de la política, el trabajo) como espacio masculino y el espacio privado (de la crianza, la domesticidad) como espacio femenino, subalterno. Esta subversión lleva implícita la visión -y representación- de las feministas como mujeres que no quieren cumplir con su rol de género, trastornadas, llamativas, que odian los hombres, feas, solteras, lesbianas que necesitan un macho.

Es por ello que hay que contamos cada día para qué sirve el feminismo. Para qué. Y para quién.

Meritxell Benedí
Sobre Meritxell Benedí

Cap d’empoderament personal de la Fundació SURT Contacto: Twitter | Más artículos

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*