Passeig de Gràcia, el «kilómetro 0 de la gentrificación de Barcelona»

Hablamos con Rafa Burgos, periodista y guía turístico, para hacer una radiografía de esta calle neurálgica de la capital catalana que se ha convertido en la "hoguera de las vanidades de la burguesía catalana" y paradigma del turismo de lujo

Sandra Vicente
 
 
 
Rafa Burgos, autor del llibre 'Els amos de Passeig de Gràcia' durant l'entrevista a la Fira Literal | Marta Curull

Rafa Burgos, autor del llibre 'Els amos de Passeig de Gràcia' durant l'entrevista a la Fira Literal | Marta Curull

El Passeig de Gràcia es modernidad y consumo inmediato. Pero también es historia e identidad barcelonesa. Es lujo pero también escenario de las mayores manifestaciones y marchas que la ciudad ha vivido. Es, en esencia, una de las caras del dado que conforma el retrato de Barcelona. Cuna del Modernismo, esta avenida céntrica es uno de los escenarios a partir del cual se pueden leer las dinámicas que se darán en la capital catalana.

Los modelos de especulación, el comportamiento del turismo y el talante de las inversiones encuentran en Passeig de Gràcia uno de los primeros espacios de ensayo. Es por eso que tener claro quiénes son sus dueños y cuáles son los nombres y apellidos que se esconden tras las grandes firmas y marcas que pugnan por tener una tienda, es tan importante. Porque como si de un restaurante -o de un hospital- se tratara, hay lista de espera para tener un bajo en la mítica calle comercial. Y, aunque hablamos de magnates internacionales, la especulación y la subida de los alquileres también afecta a los grandes empresarios, que no pueden hacer frente a las cifras, cada año más exorbitadas.

Sobre estas contradicciones, luces y sombras, habla el periodista y guía turístico Rafa Burgos en su libro ‘Els amos de Passeig de Gràcia’, en el que retrata los nombres que han marcado la historia de esta calle barcelonesa, cuyo adjetivo «exclusivo» viene marcado en su ADN desde su nacimiento. Fue a mediados del S. XIX cuando se empezaron a instalar las grandes familias burguesas y aristocráticas, que pasaron de sus palacios góticos a un barrio «que aún no había cuajado y que no tenía ni calles asfaltadas ni agua corriente» , explica Burgos, que explica que a estos burgueses se les llamaba «protomártires».

Pero esta victimización duró poco, ya que al cabo de nada se empezaron a construir los palacios modernistas que convirtieron el Passeig de Gràcia en «un objeto de deseo y escaparate del poder». Ahora «sigue siendo un espacio para una minoría», apunta Burgos, quien hace hincapié en el hecho de que muchas tiendas históricas no han podido afrontar los alquileres y han tenido que irse, mientras que, por otra parte, son las grandes marcas y cadenas las que sí se asientan, como marcas de ropa o joyerías. Estas dos tipologías de negocio son las que han marcado la identidad del Passeig de Gràcia, y es que todavía son muy conocidas y recordadas las anécdotas de Carmen Franco, apodada ‘La Collares’ cuando llegaba a las tiendas Cartier de Passeig de Gràcia.
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Una hoguera de las vanidades

«La burguesía barcelonesa se hizo suya enseguida esta hoguera de las vanidades que es el Passeig de Gràcia», comenta Burgos. Pero no es sólo territorio propio de las clases adineradas de Barcelona, ​​sino que el turismo también ha colonizado esta calle, sobre todo, desde las Olimpiadas del 1992. Este evento supuso un antes y un después para la fisonomía urbanística de Barcelona y el Passeig de Gràcia no es una excepción.

Los años 50 fue la época en que se instalaron las sedes bancarias en esta calle que, poco a poco, fue quedándose sin vida. Así, en el 92 se decidió que este punto neurálgico de la ciudad debía recuperar el color. La misión se logró con tanto éxito que, hoy, el Passeig de Gràcia es el escenario predilecto del turismo de lujo y supera en tráfico de visitantes a cualquier calle de Barcelona.
«El Paseo de Gracia es una especie de kilómetro 0 de la gentrificación. Se ha convertido en una mancha de aceite de la pérdida de identidad y singularidad: un área elitista a la que sólo pueden llegar los elegidos». Burgos habla de codazos entre esta élite para llegar a poseer un espacio en este podium en el que, en lo alto de todo se encuentra un nombre bien conocido: Amancio Ortega.
El dueño de Inditex no es sólo responsable de las marcas de ropa, sino que también es un gran nombre dentro del negocio inmobiliario. «Le deberíamos llamar ‘el Paseo de Amancio’, porque se ha creado un tamblero del Monopoli». Lo que antes era una anécdota en el grupo Inditex, ahora es una buena parte del capital de Amancio Ortega, que compra edificios enteros en las zonas «Prime» de medio mundo.

Así, la tienda Apple de Barcelona, ​​la segunda más grande de Europa con 2.500 metros cuadrados y un alquiler anual de más de 4 millones de euros, es propiedad del magnate textil. Y es que el inmobiliario es un negocio redondo en esta calle que tiene unos precios al alza. La media del metro cuadrado para vivienda es de 15.000 euros. En cuanto a los locales comerciales, el precio puede llegar a los 30.000 euros.

La calle con -oficialmente- los alquileres más caros de todo el Estado español es el Portal del Ángel, pero «varía en pocos euros y las tiendas prefieren situarse en Passeig de Gràcia», donde sólo quedan 900 viviendas. «En los momentos más duros de la crisis, en los que se desahució a más personas, fue cuando más tiendas de lujo se abrían en el Passeig de Gràcia y se dispararon los precios», señala Burgos, volviendo a la idea inicial del Passeig de Gràcia como paradigma de la desigualdad barcelonesa. «Es la economía internacional, que ve en las crisis ventajas».


Esta entrevista es fruto de una colaboración entre Catalunya Plural y Ràdio Terra

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