Pasar el día fuera de casa para no gastar o vivir rodeado de mantas: repaso a un invierno marcado por la pobreza energética

No sufren cortes de luz, pero se ven obligadas a poner en práctica estrategias que merman su calidad de vida y su salud: son las familias que viven bajo el yugo de la pobreza energética invisible. Anna y Cecilia la padecen desde hace años, pero ahora están movilizadas desde la APE y piden a las suministradoras que condonen sus deudas.

Yeray S. Iborra / Sònia Calvó
 
 
Cecilia y Anna se las ingenian para no engordar su deuda con las compañías eléctricas | Sònia Calvó

Cecilia y Anna se las ingenian para no engordar su deuda con las compañías eléctricas | Sònia Calvó

Pasar el día fuera de casa para no engordar la factura de los suministros básicos. Vivir rodeado de mantas para no engordar aún más la factura. Poner un temporizador que active la calefacción un par de horas, solo de madrugada, aunque a penas cambia la temperatura del ambiente. Da igual: el objetivo pasa por no engordar la factura.

Estas son algunas de las estrategias con las que decenas de familias conviven –sobretodo en los meses más fríos– para ahorrar en energía, para reducir a diario los gastos que los suministros básicos suponen. No sufren cortes gracias a la ley 24/2015, pero tampoco tienen la casa a los grados adecuados: viven en la llamada «pobreza energética invisible», un mal extendido pero que se sufre en silencio.

Anna y Cecilia han vivido un invierno duro, asediadas por el frío, la humedad, y los quebraderos de cabeza que comporta inventarse las mil y una para rascar un euro menos de cada recibo.

Las consecuencias de la pobreza energética son múltiples: el estrés térmico aumenta las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares y también afecta al estado de ánimo, desencadenando la ansiedad y la angustia. Para poner sus pagos en orden, Anna y Cecilia, organizadas bajo la Alianza contra la Pobreza Energética (APE), piden a las compañías eléctricas que condonen sus deudas. Decenas de familias acumulan –según la misma APE– impagos por valor de más de mil euros en suministros básicos.

La plataforma sostiene que tras la crisis económica una «triste» idea ha cobrado fuerza: tener unas condiciones energéticas mínimas en casa se ha convertido en un «privilegio».

«Hemos llegado al punto en que tener luz en casa o agua caliente es un lujo. Y hay mucha gente que no pone la calefacción pese a pasar frío, y esos no están contados como casos por pobreza energética», destaca la portavoz de la plataforma, María Campuzano, que redunda en la dificultad de dar datos sobre cuántas familias tienen pobreza energética de la considerada invisible.

Campuzano sí apunta que la encuesta de Condiciones de Vida de 2016 cifraba en 4,6 los millones de familias españolas que declaraban que no podían mantener sus casas a una temperatura adecuada.

Cecilia sostiene a una de esas familias que no puede mantener su casa caliente. Vive en La Prosperidad, Nou Barris. Tiene 49 años y hace dos que acumula impagos. Si bien es mediadora social de profesión, actualmente realiza trabajos esporádicos, canguros o limpieza. Su oficio la mantenía implicada en el mundo social, pero jamás pensó que algún día sería a ella a la que le tocaría sufrir pobreza energética: «No podía reconocerme que ahora era yo la que no podía». «La gente se piensa que somos un bolet (una seta) y no es verdad. Tenemos que romper con el estereotipo del pobre, pues esto le puede pasar a cualquiera».

Desde 2010 sin trabajo estable, Cecilia recuerda cómo iba pagando facturas y el alquiler «apretada» hasta que en 2016 decidió no pagar más: «Lo que hacía era pagar facturas y no comer». «Era una situación un poco estresante», rememora. Y prosigue: «Hace dos años decidí no pagar facturas y comer, no pagar facturas y darle a mis dos hijos lo que necesitaban. No me arrepiento».

Unos meses atrás, y tras ver un mensaje en redes sociales que hablaba de personas en su misma situación, decidió acercarse a la APE a compartir sus problemas: se dio cuenta que las deudas eran el mal de muchos. Y que las reivindicaciones eran similares: sin condonación de las compañías suministradoras no se podía tirar adelante. «Aunque quiera pagar, no llego. Ahora tengo un pequeño trabajo pero no puedo asumir una vivienda, un alquiler y los gastos extras de 700 euros en deuda. Ya 50 euros me significan mucho, pero los podía afrontar. Una deuda de 700 euros es impensable».

Ahora su implicación en la plataforma es total. Cecilia fue una de las personas que dinamizó la acción contra AGBAR –si bien ella no tiene deudas con la compañía del agua– por la que tres activistas de la plataforma, incluyendo su portavoz, han sido denunciadas. Sus impagos se centran en la luz.

Anna y Cecilia en la sede de la Alianza contra la Pobreza Energética | Sònia Calvó

Anna, residente en Mollet y de 34 años, ha sido conserje. Ahora está en paro. Ella hace algo más que está implicada en la APE, casi cuatro años. Su deuda también es más abultada: 2.800 euros.

«He llegado a salir mucho de casa para no consumir. Paso el día en casa de mis padres y vuelvo a la mía para dormir, pero llegó un punto que mi padre me dijo: ‘No te puedes duchar aquí, que me sale por un pico’. Vivo en un ático frío, y he llegado a quitar el gas. Ahora tenemos estufa de butano y estamos todo el día con mantita. Yo tengo puesta en la ventana una bolsa de basura, porque me entra frío. Y genera humedad. El piso tiene más de 50 años, irse a dormir en invierno es lo peor…», explica Anna. La joven, con menores a cargos, denuncia haber recibido llamadas y cartas de acoso para que cancele sus deudas. «Son muy importantes las segundas oportunidades», responde ante estas.

«Yo no puedo pagar la deuda de 2.800 euros, pero igual sí la factura de 47 euros de este mes. En Endesa me dicen que me vaya a servicios sociales y allí se ríen en mi cara, y me dicen que no pueden hacer nada por mi. Hay un ánimo por desinformar para que la gente no pida aquello que tiene derecho», destaca Anna.

Tanto Anna como Cecilia luchan desde la APE por la condonación de una deuda que consideran «ilegítima»: las afectadas –tesis que también comparte la plataforma– aquejan que las compañías no siempre informan sobre los bonos disponibles o la discriminación horaria (momento del día en que se paga menos precio por el consumo), lo que hace que se engorde el monto de los impagos. Además, denuncia la APE, la eléctrica «carga el muerto a las administraciones». De momento la APE tan solo cuenta unas pocas facturas canceladas.

Fuentes de Endesa consultadas por este medio explican que «no contemplan» condenar las deudas, pero que cuando hay un impago «de facto quien asume la deuda es la empresa», pese a que reconocen que la deuda del particular seguirá engordando. Añaden que condonar una deuda es un «debate colectivo» que afecta tanto a la empresa como a las administraciones. Recuerdan, además, que ellos no son la única eléctrica que opera en Catalunya –sí la más grande– y que todas lo hacen con los mismos criterios.

Desde Endesa aseguran que sí dan «la información suficiente y clara» en relación a los bonos sociales, ya que, dicen, cualquier persona puede informarse a través de las redes sociales, de la web o acercándose a las oficinas comerciales, además de la información que se facilita desde las administraciones pertinentes.

«Yo he aprendido a hacer ganchillo… Mantas de lana… Para que mis hijos no pasen frío. ¿Por qué mis hijos tienen que pasar frío y otros no?», concluye Anna. En breve, a la joven ya no le servirán los nuevos ajuares que ha aprendido a hacer a mano. El invierno ha quedado atrás y con él el frío. Ahora el reto serán los calores (aires acondicionados, ventiladores y demás): la pobreza energética no entiende de estaciones.

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