Palabras armadas

Me preocupa y me indigna ahora y aquí la utilización perversa de un discurso que genera confusión y fomenta odios que, en algunos momentos y contextos concretos, puede provocar hechos irreparables

Josep Moya
 
 
Jigsaw is a harmony among the group will not be impossible.

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Un buen amigo mío me contó una anécdota bastante curiosa y significativa.

Después de haber pasado una temporada trabajando en Madrid volvió a su pueblo, en el Baix Llobregat. Un día recibió la visita de un compañero con el que había hecho amistad durante su estancia en la capital de España. El amigo en cuestión se presentó muy nervioso, ya que necesitaba urgentemente sacar dinero de un cajero automático de su entidad bancaria: Caja Madrid. Su angustia se debía a que desde la capital del Estado le habían explicado que en Catalunya no existían oficinas de Caja Madrid, ya que, según le habían dicho, eran incompatibles y mal miradas por la ciudadanía catalana. Su sorpresa fue mayúscula cuando mi amigo le informó de que en su propio pueblo, y muy cerca de su casa, había una oficina de dicha entidad; es más, prosiguió mi amigo, en la Diagonal de Barcelona, ​​frente a la Illa, se encontraba la central, un edificio espectacular, grande, moderno que, actualmente, lleva otro nombre, por las razones que todos conocen.

Esta anécdota, que no pasaría de ser un hecho aislado y sin más trascendencia, se puede inscribir en un contexto que, desgraciadamente, muestra una dimensión inquietante: La mentira perversa convertida en una supuesta y no cuestionada verdad. En efecto, no hay día que no escuchamos, con estupefacción, afirmaciones según las cuales en Catalunya vivimos en un estado de guerra civil permanente, y no sólo entre diferentes barrios o calles, sino entre las mismas familias y, también, las parejas. «En Catalunya se ha degradado la convivencia», «En Catalunya las familias se rompen y las parejas se separan», «En Catalunya se fomenta el discurso del odio», y un largo etcétera. Y todo ello por culpa de unos que no aceptan el «orden constitucional».

No voy a entrar – por qué ya se ha escrito y se escribe bastante sobre el tema – en un debate, poco fructífero, sobre las razones de unos y otros. Lo que me preocupa y me indigna ahora y aquí es la utilización perversa de un discurso que genera confusión y fomenta odios que, en algunos momentos y contextos concretos, puede provocar hechos irreparables. No señores y señoras de la política, en Catalunya, en las calles, en los barrios, a las familias, las parejas, las personas no se enfrentan ni llegan a las manos por aquellas cuestiones. Se conversa, se debate, eso sí, pero desde el respeto recíproco. El mismo 1 de octubre, escuchaba una tertulia de la radio RAC 1 en la que, al terminar, los protagonistas han acordado ir a comer juntos a pesar de que defienden posiciones muy opuestas; incluso, uno de los participantes ha propuesto ir a Galicia todos juntos a comer «centollo».

La convivencia en Catalunya se mantiene, podríamos decirlo, a pesar de las palabras -armada – de algunos políticos, de diferentes signos y ideologías; las personas conviven, convivimos, en espacios comunes, en el trabajo, en el mercado, en el teatro, en el gimnasio o en la mesa del comedor, y lo hacemos sin crispaciones que amenacen los frágiles equilibrios de las relaciones humanas.

Ah, un pequeño detalle, en los primeros años de la terrible crisis económica que provocó la ruina de mucha gente, sí se rompieron familias, parejas y amistades. Lo pudimos comprobar en las consultas de salud mental, en los ambulatorios, en los servicios sociales básicos. Nos habría hacernos la pregunta sobre por qué entonces sí ocurrió y ahora no. Propongo una respuesta: las familias y las relaciones son mucho más frágiles cuando lo que está en juego es el plato en la mesa y no tanto el color de la bandera. Quizás iría bien que algunos políticos tomaran nota.

Josep Moya
Sobre Josep Moya

És psiquiatre i psicoanalista, doctor en Medicina. És psiquiatre del Centre de Salut Mental del Parc Taulí, i prèviament havia estat el director executiu del Servei de Salut Mental d'aquest mateix centre. També és el responsable de l'Àrea Social i Comunitària de l'Observatori de Salut Mental de Catalunya. Coordinador de l'equip clínic del Centre l'Alba (Unitat Mèdic-Educativa i Centre de Dia per Autistes). A més és un dels psiquiatres de l'equip CIPAIS Más artículos

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