Mini-crónicas catalanas

Otra buena noticia, y van tres

Todo es frágil, muy frágil, y la conjura de los irresponsables sigue en pie, pero lo que cuenta es la resultante. Se comprende que muchos independentistas hayan celebrado la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein como una victoria, pero se equivocan si ven en ella un aval europeo a la unilateralidad.

Andreu Claret
 
 
 
Puigdemont, en una imagen de archivo

Puigdemont, en una imagen de archivo

El varapalo sufrido por Llarena es una buena noticia. Lo es para Puigdemont y sus seguidores, pero lo es también para quienes, sin ser independentistas, pensamos, desde mucho antes del 1-O, que la política nunca debió perder su centralidad. Esto es, que debió y debe ser la brújula que permita encontrar la salida del laberinto en el que estamos metidos. Si es que hay salida, después de tanto tiempo perdido y tanto daño causado.

Es una buena noticia para quienes siempre hemos pensado que los cargos de rebelión o sedición no iban a ser de recibo para un tribunal europeo. Creo que también lo es para Sánchez, aunque no vaya a reconocerlo en público. La extradición solicitada hubiese volado el pontón que él y Torra lanzaron sobre el rio del conflicto catalán durante su reciente reunión.

Decida lo que decida el Supremo, la resolución del tribunal de Schleswig-Holstein ha quitado decibelios a la dimensión judicial del conflicto (sin dejar de reconocer que pudo haber delito) y ha dejado más espacio para la política. En consecuencia, puede contribuir a que ésta recupere su protagonismo. Máxime cuando se suma a otras noticias que van en la misma dirección: el traslado de los presos a cárceles catalanas, la apertura de un espacio de diálogo institucional, la primera reunión de trabajo entre Calvo y Aragonés…

Todo es frágil, muy frágil, y la conjura de los irresponsables sigue en pie, pero lo que cuenta es la resultante. Se comprende que muchos independentistas hayan celebrado la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein como una victoria, pero se equivocan si ven en ella un aval europeo a la unilateralidad.

De eso nada. Se trata de una invitación a la negociación política. A buscar acuerdos en el marco constitucional y, en todo caso, a modificarlo. Supone una advertencia a todos. Al gobierno de España y al de la Generalitat de no volver a transitar por el camino que nos ha traído hasta aquí. Es un camino que Europa no entiende. Y que Alemania, desde el primer momento, nunca aceptó.

Andreu Claret
Sobre Andreu Claret

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