«Nunca he visto a ningún niño que viva en la cárcel con su madre que tenga problemas estructurales de personalidad»

Desde 2011, muchos de los niños que viven en el Centro Penitenciario de Mujeres de Barcelona, ​​conocido popularmente como Wad-Ras, van a la guardería municipal Cobi. Hablamos con la directora de la escuela, María Roca, y la educadora del centro penitenciario, Anna Pijuan, sobre la vida de estos niños y la coordinación entre las dos instituciones, que las ha hecho merecedoras de un premio de innovación educativa

Victòria Oliveres
 
 
La educadora del centro penitenciario, Anna Pijuan, y la directora de la escuela, María Roca | Foto: Victoria Olivos

La educadora del centro penitenciario, Anna Pijuan, y la directora de la escuela, María Roca | Foto: Victoria Olivos

La guardería municipal Cobi abrió sus puertas en el curso 2011/12. Desde entonces, ha sido la escuela también de los niños que viven en el departamento de madres del Centro Penitenciario de Mujeres de Barcelona, conocido popularmente como Wad-Ras, el único lugar de toda Catalunya donde las reclusas pueden cumplir el internamiento junto a sus hijos, mientras sean menores de tres años.

La coordinación entre las profesionales de la guardería y las educadoras del centro penitenciario las ha hecho merecedoras de un premio de innovación educativa del Ayuntamiento de Barcelona. Hablamos con la directora de la escuela, Maria Roca, y la educadora del centro penitenciario, Anna Pijuan, sobre la vida de estos niños y la coordinación entre las dos instituciones.

Todos los niños que viven en el centro penitenciario están escolarizados en la guardería Cobi?

Anna Pijuan: No todos. El máximo ha sido este año, que son siete. El año pasado había tres. Esto no quiere decir que en la cárcel no haya más niños, sino que si son muy pequeños todavía, se quedan en el hogar que hay allí.

Maria Roca: En la guardería reservamos cada curso siete plazas para niños del centro penitenciario y las tenemos bloqueadas hasta el primer día que comienza el curso, porque puede haber cambios.

Existe algún tipo de coordinación entre el hogar del centro penitenciario y Cobi?

AP: De alguna manera queríamos aprovechar los espacios y actividades que nos ofrecía Cobi, pero el problema es que la mayoría de los niños que tenemos en el hogar del centro penitenciario son pequeños y no caminan. Este año han empezado a venir unos voluntarios de la Cruz Roja que nos ayudan a sacar a los niños un día a la semana.

¿Qué cambios ha habido desde que existe el proyecto del centro penitenciario con la escuela Cobi?

AP: Antes los niños se quedaban en el hogar del centro penitenciario hasta que tenían un año y luego iban a una guardería privada que, además, estaba lejos. Desde el momento en que supimos que se abría una escuela pública y en la esquina, tuve clarísimo que había que apostar por ella. No le veía la lógica a que desde una administración se estuviera pagando una privada pudiendo pagar servicios públicos.

La educadora del centro penitenciario, Anna Pijuan, y la directora de la escuela, María Roca | Foto: Victoria Olivos

¿Qué caracteriza esta relación entre la guardería y el centro penitenciario?

MR: Siempre hemos dado mucho valor al plan de comunicación, para conseguir que las madres puedan confiar al 100% en lo que hacen sus hijos. Ellas despiden a su niño a las 9 de la mañana y a las 5 de la tarde lo reencuentran. La mayoría de días llegan felices y contentos pero también un día pueden venir tristes y enfadados. Y el hecho de que la madre esté, en cierta medida, confinada, obliga a tener que trabajar mucho la complicidad.

AP: Yo creo que enseguida vimos que era el punto principal del proyecto. Que las madres pudieran confiar en lo que pasaba aquí, ya que no lo pueden vivir, y la manera de generar confianza sobre la escuela con las madres que no pueden salir del centro penitenciario es comunicándonos lo posible.

¿Cómo lo hacéis?

MR: Mientras ellas no pueden salir, nosotros vamos. Una de las cosas que hemos recuperado es que cada día escribimos en el cuaderno qué ha hecho el niño. Una frase, lo que ha pasado significativo y que probablemente, si la madre pudiera venir, le dirías de viva voz.

AP: También les llevamos fotografías cada 15 días, para que se hagan una idea de cómo es el día a día aquí. Ven que ya comen sentados o que van en bicicleta … También van las maestras al centro penitenciario trimestralmente a hacer las entrevistas que se hacen con el resto de familias, aunque en el caso de que las madres puedan venir, lo priorizamos.

¿Cómo funciona la comunicación de las madres hacia la escuela?

AP: Al igual que en la escuela escriben a diario en la libreta, las madres también pueden escribir de vuelta, aunque no siempre las maneras son las mejores…

MR: Aquí hemos tenido que crear mucha cultura. Las educadoras y yo hemos tenido que aprender a entender cuál es la realidad de la madre allí. Somos el único contacto que tienen con el exterior, por eso todo lo que ellas puedan sentir, emocionalmente, se focaliza mucho con este único canal de comunicación. Hemos aprendido a empatizar con estas madres y a no juzgar sus mensajes como una crítica a nuestra labor sino como un rechazo a su situación. La sociedad ya rinde cuentas a lo que hayan podido hacer estas mujeres, a nosotros no nos interesa para nada. Pero sí nos interesa saber emocionalmente cómo están.

¿Suele haber presencia de los padres en la guardería?

AP: Hay niños que aparte de tener la madre en la cárcel tienen al padre en el exterior y puede ejercer de padre, o tienen abuelos o tíos… Y los hay que no tienen a nadie. Generalmente hablamos de mujeres que trafican con drogas, las cogen en el aeropuerto y cuando llegan aquí no tienen a nadie. En caso de que no tengan familia propia o amigos o amigas, trabajamos con un servicio del Ayuntamiento de familias colaboradoras que se hacen cargo del niño los fines de semana o, incluso, en períodos de vacaciones.

MR: Siempre trabajamos intentando normalizar al máximo el día a día de este niño, dentro de su peculiaridad. Como pueden haber muchas otras peculiaridades en el entorno.

La educadora del centro penitenciario, Anna Pijuan, y la directora de la escuela, María Roca | Foto: Victoria Olivos

Al final, lo que se busca es lo mejor para los niños, igual que departamento de madres del centro penitenciario, ¿no?

AP: Desde que existe el departamento de madres, hemos intentado que los niños estén lo mejor posible y que las madres hagan lo mejor que puedan de madres. Y una parte fundamental para ello es que puedan venir todos los días a la guardería.

Visto así, puede ser similar a la vida de otros niños…

AP: Estarán seguramente unas horas más en el centro que lo que normalmente esté un niño en su casa. Evidentemente, vivir en una cárcel no es lo ideal pero se consigue una vida relativamente similar al resto de niños. Y además tiene garantizadas toda una serie de cosas que seguramente muchos niños que están en su casa no tienen.

MR: Todo lo relacionado con salud, higiene, alimentación y vínculo… Yo siempre digo lo mismo cuando la gente me cuestiona y me hace validar que estos niños vivan allí dentro. Tienen la posibilidad de crear un vínculo desde el minuto cero porque no se les aparta de la madre. Por lo tanto, este vínculo emocional desde el inicio le dará la posibilidad de luego crear vínculos emocionales con cualquier otra persona.

Así lo hemos visto con los 40 niños que han pasado por aquí. No ha habido ninguno que haya mostrado problemas estructurales de personalidad

¿Qué pasa cuando las madres pueden salir de la cárcel?

AP: Intentamos que uno de los primeros contactos que hagan con el exterior sea con la escuela. Precisamente porque están en un departamento de madres y aparte de que están cumpliendo condena, lo que es prioritario en su vida es el cuidado de su hijo.

MR: Después, una vez ya salen del todo, si existe la posibilidad, intentamos que el niño continúe aquí.

Este trabajo os ha hecho merecedoras de un premio de innovación educativa

MR: El premio nos ha hecho mucha ilusión porque es esa cosa tan pequeña que pasa aquí cada día y que para nosotros es muy normal. No es algo que venga desde las instituciones, sino que hacer que estos niños vivan de la manera más normalizadora su día a día, para nosotros es un hecho cotidiano. Y lo mejor es que para las familias de la escuela también, y eso es muy importante.

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