No queremos follar en casa de nuestros padres hasta los 30

Los y las jóvenes hemos visto nuestras expectativas vitales y laborales truncadas. Nos emancipemos los 29 años de media y dedicando, en Barcelona, el 49% del sueldo al alquiler los que son menores de 35 años o el 65% los menores de 25 años

Mery Loor, Natalia Martínez i Juan Ambrós
 
 
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«Tengo 25 años, una carrera, un máster y curso un doctorado. Soy ‘pluriempleada’ y sin embargo, no puedo salir de casa de mis padres. Puedo elegir entre estar en paro o irme fuera el país, todo sea para buscar un futuro mejor. Soy parte de la generación descrita como la más preparada cuando, sin exagerar, somos la más precarizada». Ésta es la crónica de una realidad compartida por muchos jóvenes que, fruto de los efectos de la crisis económica, hemos visto cómo nuestras expectativas laborales y vitales se han truncado. Para ser más concretas, debemos poner nombre a las causas: un parque de vivienda pública escasa, la crecida de la burbuja inmobiliaria, el incremento de una oferta de vivienda inaccesible. Esto, sumado a la precariedad laboral: según la SEPE, el 92.2% de las contrataciones en 2017 para jóvenes menores de 30 años fue de carácter temporal. Esta situación choca directamente con uno de los proyectos principales de la juventud: la emancipación. Acostumbrados a ser un país reconocido por estar en la cola de los derechos sociales de Europa, España lidera una de las medias de emancipación más altas del continente europeo. Hoy en día, nos vamos de casa de nuestros padres con 29 años de media, mientras que los jóvenes franceses lo hacen a los 23, los ingleses a los 24 o los suecos con 19 años. Por tanto, todo parece indicar que en nuestro país emanciparse antes de los 25 se acerca más al mérito o a la suerte que a la realidad. A pesar de la problemática, ni los respectivos gobiernos ni, mucho menos, el lobby inmobiliario, no nos lo ha puesto fácil. Mientras el salario se ha estancado, los precios de alquiler no han dejado de subir. No es sólo un problema catalán y español, sino que más bien es una dinámica que se extiende por otras ciudades europeas como Roma, Londres o París. En Barcelona, ​​un joven menor de 35 años dedica un 49% de su sueldo a pagar el alquiler. Mientras tanto, los jóvenes menores de 25 años destinan un 65% de lo que cobran. Y repetimos, vivimos en una dinámica en la que los precios del alquiler crecen mientras se estanca el sueldo para pagarlos. Desde 2010, los precios en los barrios han incrementado un 15,7%. Por ejemplo, vivir en Les Corts cuesta de media 1.052 euros, en el Eixample 990 y, en Gràcia 856 euros, lo que contrasta con unos sueldos que oscilan los 1200 y 1300 euros de media catalana. Asimismo, suben los precios de la factura del gas, la electricidad y, del transporte urbano. Pero, ante esto, ¿qué han hecho el Gobierno y la Generalitat? La Generalitat es quien tiene competencia exclusiva en materia de vivienda pero a pesar de ello, desde 2016 hasta 2019, ha invertido 8,5 millones de euros en la adquisición de vivienda para destinar el parque de vivienda pública, mientras el Ayuntamiento de Barcelona invirtió 68 millones de euros. En otras palabras, mientras el Ayuntamiento invertía 100 euros por cada vecino o vecina, la aportación de las dos principales instituciones responsables, Generalitat y Gobierno, fueron de 24 y 10 euros por persona. El Ayuntamiento, que no cuenta con competencias legislativas y ejecutivas para regular la vivienda en Barcelona, ​​se ha hecho cargo de tomar medidas para luchar contra esta emergencia habitacional dentro del margen de actuación reducido que tiene. Lo ha hecho mediante medidas concretas como la promoción de nuevos pisos de alquiler social, la incorporación de viviendas vacías en el parque de alquiler, la rehabilitación o, la promoción de nuevas formas de acceso. Ante esto, las jóvenes estamos hartas de toparnos con noticias, estudios e informes que, diariamente, certifican la falta de respuestas políticas ante la crisis de vivienda. Una sociedad que no permite a los jóvenes crear sus propios proyectos es una sociedad abocada a reproducir ciudadanos inseguros e inciertos ante el futuro, lo que ataca el desarrollo democrático y social del país. Como jóvenes, reivindicamos que queremos emanciparnos dignamente y tener un proyecto de vida autónomo. No queremos follar en casa de nuestros padres hasta los 30.

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