ENTREVISTA | CARLES VALLEJO, PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE EX-PRESOS POLÍTICOS DEL FRANQUISMO Y DEL MEMORIAL DEMOCRÁTICO DE LOS TRABAJADORES DE SEAT

“No podemos comparar la situación actual con el franquismo, sería banalizar”

Carles Vallejo, presidente de la Asociación de Ex-presos Políticos del Franquismo, recibirá el Memorial Lluís Companys que otorga la Fundación Josep Irla por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y las libertades civiles y políticas. Vallejo fue torturado en la comisaría de Via Laietana y condenado a prisión por propaganda ilegal y asociación ilícita. Mientras estaba encerrado en la Modelo, inició una huelga de hambre para reclamar el estatus de preso político. Ahora se muestra preocupado por las comparaciones entre la situación que se vive actualmente en Catalunya y el franquismo

Sònia Calvó
 
 
 
Carles Vallejo a la Fundació Irla / SÒNIA CALVÓ

Carles Vallejo a la Fundació Irla / SÒNIA CALVÓ

Carles Vallejo (Barcelona, ​​1950) es presidente de la Asociación de Ex-presos Políticos del Franquismo y del Memorial Democrático de los Trabajadores de SEAT. Este jueves se le entregará el Memorial Lluís Companys, que otorga la Fundación Josep Irla por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y las libertades civiles y políticas. El jurado ha valorado su labor por la recuperación de la memoria de las luchas sindicales y obreras durante el franquismo hasta la actualidad. Vallejo compartirá premio con Irídia – Centro para la Defensa de los Derechos Humanos. La fundación entregará también reconocimientos a Teresa Juvé, Josep Gifreu y la Asociación Catalana por los Derechos Civiles.

En 1969 Vallejo ingresó en la SEAT, donde organizó el sindicato clandestino Comisiones Obreras. Un año más tarde fue detenido y torturado, acusado de propaganda ilegal y asociación ilícita. Estuvo seis meses encerrado en la Modelo, donde organizó una huelga de hambre para reclamar el estatus de preso político. Cuando salió en libertad provisional, después de volver a ser detenido nuevamente, decidió exiliarse en París y luego en Italia, donde organizó el comité Spagna Libera y colaboró con el sindicato italiano CGIL. Finalmente, en 1976 la amnistía permite que vuelva, implicándose con varias luchas sindicales de CCOO.

Usted es presidente de la Asociación de Ex-presos Políticos del Franquismo y del Memorial Democrático de los Trabajadores de SEAT. ¿Qué recuerda de aquella época? ¿Se buscaba anular cualquier tipo de rebelión?

Hay que situarse en un contexto de derrota terrible. El año que viene será el 80 aniversario de la retirada de Catalunya de más de medio millón de personas que fueron a Francia. En las zonas donde ganaron los franquistas en el 36 ya comenzó una terrible represión. Es de las más bestias que hubo en Europa, más que en la Italia fascista y la Alemania nazi. La represión en España fue espectacular, sobre todo en Andalucía, Extremadura, Castilla, Galicia… Fue un verdadero genocidio político. En Catalunya también, pero al ser una sociedad más industrial y como fue de las últimas zonas que conquistaron los franquistas, se atenuó un poco en comparación a otras regiones.

A partir del 39 hay un vacío del miedo y del terror. La gente más activa y concienciada desapareció físicamente: o se exiliaron o los exterminaron. Mis recuerdos de infancia son todos negros o grises. Todo estaba prohibido, incluso para hacer una reunión de escalera debía pedir autorización. Para cualquier reunión que implicara más de cuatro personas había que pedir permiso. Los únicos que tenían posibilidad de hacer vida asociativa era la Iglesia, la Falange o los organismos políticos del franquismo. El resto estábamos totalmente fuera.

Cualquier intento de salirse de este terreno marcado por el franquismo significaba entrar en prisión. Esto quiere decir que la propaganda no oficial era propaganda censurada; las reuniones no autorizadas eran reuniones ilegales, las mujeres no tenían derecho a tener pasaporte ni cuenta corriente. Era una sociedad absolutamente machista, que es la razón de ser del fascismo.

En este contexto había una sociedad en silencio y los pocos que se atrevían a ser contestatarios la pagaban muy cara. Hubo muchísimos fusilamientos, como aún se puede ver en el campo de la Bota, muchos de ellos por razones que hoy son legales. En mi generación es cuando hubo un cambio sociológico, porque no éramos de la generación de la guerra, sino hijos de la dictadura. Esto conllevó respuestas diferentes.

A usted lo detienen en diciembre de 1970, en pleno estado de excepción, en la puerta de casa cuando iba a trabajar a la SEAT.

Yo era delegado sindical, negociaba convenios… actividades que hoy en día son legales. En ese momento, sin embargo, me pidieron una petición fiscal de 22 años por delito de asociación, reunión y propaganda ilegal. Yo era trabajador de la SEAT, una empresa muy conflictiva y luchadora, por eso les interesaba mucho desmantelar toda la organización clandestina. Nos torturaron para poder sacar información para acabar con la fábrica más grande de España, porque les preocupaba que cada vez que empezábamos una huelga había un efecto contagio.

Ese día la policía social me esperaba escondida en la puerta de casa. Cuando los vi salí corriendo pero me atraparon. Un policía cayó y me acusaron de haberlo herido. En la misma furgoneta ya comenzaron las torturas, las patadas, los golpes y las vejaciones. Entonces me llevaron hasta la Jefatura Superior de Policía de Via Laietana, donde fui interrogado y torturado por policías como el comisario genuina Navales, responsable de la represión en la SEAT, que de forma premonitoria me dijo: “Yo soy un profesional, soy policía con Franco, el seré con la democracia y seguiré siéndolo Cuando manden los tuyos“; el tiempo le dio la razón, ya que durante la transición lo ascendieron a director general de Protección Civil. Lo más duro era que la tortura era algo normal en los fascismos y las dictaduras, es lo que Hannah Arendt define como la banalidad del mal, personas que asumen que su trabajo es torturar. Esto no quita que quizás después era un excelente padre y vecino. Esta dualidad del ser humano me asusta y me impacta.

Como en aquel momento había un estado de excepción, me tuvieron 20 días allí encerrado, cuando normalmente el máximo que podían eran 72 horas. Fueron 20 días de torturas a mí ya otros compañeros. El no saber cuánto tiempo estaríamos allí fue la peor tortura. De allí nos llevaron a la Modelo. Fue cierta “liberación”. Allí había privación de libertad, pero no tortura. Me pone enfermo cuando hoy en día veo como Donald Trump o su directora de la CIA justifican la tortura y la ejercen.

¿Salir de la Jefatura Superior de la Via Laietana para ir a la Modelo supuso acabar con las torturas?

Salir de Via Laietana era acabar con la tortura. En prisión era otro tipo de tortura, de privación de libertad y de entender el orden jerárquico de los funcionarios de prisión. Podías hacer una vida “normalizada”. Como había muchos presos políticos hicimos fuerza juntos, éramos un colectivo que nos defendíamos ante cualquier arbitrariedad. Esto no ocurría con los presos comunes, porque tenían delitos individuales y por lo tanto no tenían la misma solidaridad entre ellos. Ellos lo pasaron peor. Mantenernos juntos nos ayudó a apaciguar las consecuencias de la vida en prisión: comida de rancho, celdas superpobladas, cero intimidad, falta de higiene básica, chinches, insectos, pocas horas de patio…

Ante todo esto, en una lucha por la dignidad y la libertad organizamos una huelga de hambre para que se nos reconociera el estatus de preso político. El segundo día que nos negamos a comer nos llevaron a las celdas de castigo, donde estábamos aislados totalmente. En la celda no había nada, ni un colchón. Sólo por la noche nos llevaban una colchoneta, pero nos la sacaban por la mañana.

Jorge del Cura, en una entrevista reciente en Catalunya Plural , nos recordaba que no sólo existe la tortura física, sino también la psicológica.

Esta doble variante de la tortura, la física y la psicológica, también sucedió durante el franquismo, haciéndote chantaje con tus familiares pero también golpeando de manera que no te mataran. El control social que hay hoy en día de denuncia de situaciones de injusticia o prevaricación tiene efectos en el conjunto de los aparatos del estado y de la policía. Antes no teníamos ningún medio de comunicación y no podíamos dar a conocer lo que pasaba. El control que se hace actualmente, a través de entidades como Irídia, ha hecho que cambie la manera de actuar de la policía. Esto no quiere decir que hoy en día no haya casos de tortura física, pero ahora saben que se presentan denuncias, que llegan a los tribunales y que se hacen públicos mediáticamente. Todo esto saben que puede conllevar repercusiones penales para los torturadores.

¿Por lo tanto, podemos decir que la sociedad está apoderando, a pesar de las restricciones actuales en materia de derechos humanos, como podría ser con la aplicación de la Ley Mordaza?

Siempre tendremos un sector de la población pasivo ante cualquier situación o que tendrá actuaciones egoístas. Pero hay un sector importante de la población que ve que no se puede aceptar todo y se moviliza. Espero que con el cambio político a nivel estatal, el apoyo de fuerzas políticas de izquierda podamos demostrar que las cosas pueden ir en otra dirección. Hay casos que se han juzgado a los piquetes de las huelgas generales casi como terroristas, pero precisamente por eso tenemos que seguir luchando y presionando para seguir apostando por los derechos humanos.

¿Comparar, como se ha dicho en algunas ocasiones, la situación actual con el franquismo es banalizar?

Hay momentos de lucha o de exaltación en que es normal hacer estas comparaciones. No obstante, debemos hacer pedagogía para evitar hacer comparaciones fáciles. Los contextos son totalmente diferentes. El fascismo o el nazismo que se vivieron en España, Italia o Alemania no es como el que se vive actualmente en Egipto o Turquía. Si hacemos estas comparaciones gratuitas, podemos dar la sensación de que vivimos en el fascismo actualmente y que ello conlleve que las nuevas generaciones piensen que “no era para tanto” lo que vivimos durante el franquismo. Debemos contextualizar para no banalizar. Ahora, esto no quiere decir que no debamos luchar contra cualquier involución autoritaria.

Del mismo modo, tampoco podemos decir a alguien que es un fascista de manera banal. Podemos decir reaccionarios. Primero debemos intentar ponernos en el lugar del otro para analizar qué hace y por qué lo hace, saber qué piensa. Siempre que esté dentro del juego democrático, si tiene opiniones diferentes no por ello será fascista. Se debe establecer la frontera entre fascista y pensamiento reaccionario de derechas. Evidentemente, sin embargo, los comportamientos fascistas o neofascistas se tienen que condenar y deben darse situaciones legales para denunciar. Rigoberta Menchu ​​decía que el neofascismo se encubre de xenofobia y de racismo.

¿Cuando usted habla de no banalizar los conceptos, hablamos también del concepto de preso político?

Es una tarea complicada y compleja. Los Jordis, los ex-consellers son muy buena gente, conozco unos cuantos personalmente, no comparto que estén encarcelados y quiero la libertad de todos ellos. No se trata de si son presos políticos o políticos presos, no es eso. Se trata de hacer cultura democrática y no banalizar los conceptos. Hay que luchar por su libertad desde la realidad presente y desde la lucha democrática.

Esta lucha, desgraciadamente, no es permanente y no hay ninguna conquista definitiva. Socialmente hemos visto una involución. El error de mi generación ha sido pensar que la sociedad iba en una línea de progreso y que no iría nunca atrás, dando por supuesto ciertas conquistas como consolidadas. Y eso no lo hemos sabido transmitir a las nuevas generaciones: la lucha es permanente, nada es definitivo.

Ha sido galardonado con el Memorial Lluís Companys de la Fundación Josep Irla por el reconocimiento de la labor realizada, junto con Irídia – Centro para la Defensa los Derechos Humanos.

Me vino de sorpresa. Lo asumo como un premio por mi trayectoria pero de manera colectiva, no personalmente. Es para toda una generación que se la jugó, que luchó contra el fascismo y el franquismo. Lo asumo como un reconocimiento colectivo, y esto es un honor.

Lluís Companys es un referente aún hoy en día. Fue muy cercano a las clases populares y los obreros y fue amigo de grandes sindicalistas, como el Noi del Sucre. Companys fue abogado de los trabajadores, una vertiente muy cercana a mi biografía. Los abogados laboralistas defensores de los presos durante el franquismo hicieron una tarea enorme.

Hoy en día nos falta acercarnos de manera colectiva a estos sectores populares, sobre todo los de las zonas periféricas e industriales, muy tocado por el lerrouxismo. Es inconcebible que lo que eran cinturones rojos ahora sean naranjas. Es paradójico que los que deberían estar más interesados ​​en el progreso social como trabajadores tengan esta reacción política. Hay que hacer esta reflexión desde las fuerzas políticas para ver qué hemos hecho mal. Estos sectores en la lucha contra el franquismo estuvieron apoyando la defensa de la cultura, la lengua, la libertad y los derechos sociales y hoy en día los tenemos en posiciones adversas. Esto nos debe hacer reflexionar.

2 Comments en “No podemos comparar la situación actual con el franquismo, sería banalizar”

  1. EN TV3 NO HAY PELIGRO DE QUE SE PRODUZCAN PROTESTAS CONTRA LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA Y EL ADOCTRINAMIENTO COMO LOS “VIERNES NEGROS” DE TVE1.

    TODO EL PERSONAL DE “LA CASA” ESTÁ EN PERFECTA SINTONÍA CON LA INDUSTRIA IDENTITARIA MONTADA EN 38 AÑOS DE PUJOLISMO, SUS MANIOBRAS Y SU CONCEPTO ETNICISTA, SUPREMACISTA Y XENÓFOBO DE “CATALUNYA”. NADIE ANTEPONE SU DIGNIDAD O SU ÉTICA PERIODÍSTICA AL PESO MALOLIENTE DEL “OASIS”.

    POR CIERTO, LOS NOMBRES DE LOS PERIODISTAS DE CATALUNYA PLURAL EN AZUL OSCURO SOBRE FONDO NEGRO. CENSURA DE COLORES DE LA SEÑORA NEUS TOMÁS, PERIODISTA MILITANTE AL SERVICIO DE ERC.

  2. Ni tampoco deberia confundirse con una democràcia, seria banalizarla.

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