«No ha habido rebelión o sedición. Hubo desobediencia y, tal vez, la tentativa de algo que finalmente no se dio»

Conversamos con el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, ahora que la fecha de los juicios del Procés se acerca. Ya no pide indultos, cree que hacerlo a estas alturas sería presuponer una condena. Con un gobierno central del PSOE considera que las municipales pueden ser un escenario del que el PSC salga reforzado

Siscu Baiges
 
 
 
Miquel Iceta, primer secretari del PSC, durant l'entrevista

Miquel Iceta, primer secretari del PSC, durant l'entrevista

Si en el documento de identidad aún constara la profesión, en el de Miquel Iceta debería figurar ‘político’. Se ha dedicado a la política desde los diecisiete años, cuando se afilió al Partido Socialista Popular. Un año después se incorporó al Partido de los Socialistas de Catalunya y lleva en él más de cuarenta años. El primer cargo de elección popular que tuvo fue el de concejal de Cornellà. Hace casi 30 años que es diputado del PSC en el Parlament y ha sido la mano derecha de dirigentes políticos como Narcís Serra, Josep Borrell, José Montilla y Pasqual Maragall. Conoce los entresijos del poder de Madrid y Barcelona. Asumió la primera secretaría del PSC en 2014 y ha liderado el partido en la fase convulsa que vive Catalunya en los últimos años. Dice que quiere continuar haciéndolo hasta que se supere la fase de tensión y desbarajuste actual.

Usted fue ponente de la reforma del Estatut de Autonomía de Catalunya. ¿Coincide con quienes dicen que el auge de la causa independentista proviene de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, en 2010?

Es uno de los motivos pero también tiene mucha importancia el impacto de la crisis económica que dio alas a la idea de que «si nosotros nos quedamos con todos los recursos, iremos mejor». Tiene que ver también con la política de recentralización del PP. Tiene que ver también con el éxito -relativo, pero éxito al fin y al cabo- de la estrategia soberanista desde hace muchos años de ir debilitando los vínculos, incluso emocionales, con España y hacerla aparecer como origen de los problemas. Hay muchas cosas que suman pero que se modificara lo que había sido sometido a referéndum de la ciudadanía fue un factor que pesó mucho.

¿Tan graves eran los recortes en el Estatut como para justificar este giro hacia el independentismo? Nadie sabe qué se recortó

No, pero todo el mundo sabe que lo que se votó no es lo que después fue válido. Incluso mi madre me lo dice. Es muy raro que se ponga a votación una cosa y luego se cambie. Lo que se pone a votación es, precisamente, para ratificar o no un acuerdo político, un texto legal. Si después de que has llamado a la gente a votar lo cambias ¿para qué servía el voto de la gente? Tanto es así que después se modificó la Ley del Tribunal Constitucional para que no vuelva a pasar. Para los Estatutos se ha recuperado el recurso previo de inconstitucionalidad y evitar así que el Tribunal deba pronunciarse sobre un texto que ya haya sido sometido al voto de los ciudadanos.

¿Qué fue de aquel Estatut?

Es el vigente. A veces se olvida. Con este Estatut hicimos unas elecciones, tenemos un Parlamento, un gobierno… La Ley máxima hoy en Catalunya es la Constitución y el Estatuto tal y como lo dejó el TC.

A pesar de que el Parlamento de Catalunya, en las sesiones de los días 6 y 7 de septiembre de 2017, acordó que este Estatuto ya no servía

El Tribunal Constitucional anuló aquellos acuerdos, como ya avisamos que pasaría. Las leyes deben ajustarse al marco legal. Si no lo hacen dejan de ser leyes. Son textos que tienen apariencia jurídica pero que no tienen eficacia y hoy tanto la Ley del Referéndum de Autodeterminación como la de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República están en el baúl de los recuerdos. No son vigentes.

Usted se define como catalanista. Hay quien cree que el catalanismo es el paso previo al nacionalismo y éste, el paso previo al independentismo

No es así. El nacionalismo es un proyecto político basado en la idea de que todo es en función de la nación. En cambio, el catalanismo es un sentimiento mucho más transversal de estima por el país, su gente, su historia, su lengua, su cultura,… pero no define por sí mismo un proyecto político. El nacionalista tiene como objetivo último la independencia. El catalanista, intenta no separar.

La estima por lo propio no implica, en ningún caso, ni desprecio ni ganas de dejar de tener relaciones con entornos más amplios. Seguimos siendo catalanistas y el catalanismo es más importante hoy que hace diez o quince años. El proceso independentista ha roto algunos consensos que había costado mucho construir en temas tan sensibles como la lengua o la escuela. Algunos han querido apretar el acelerador y en vez de ir hacia adelante hemos retrocedido.

Hay gente venida de fuera que se sumó a un catalanismo que la acogía y ahora se encuentra con una realidad diferente 

Mucha gente que se ha ido incorporando a lo largo del tiempo a Catalunya había aceptado con naturalidad que el centro de gravedad de la escuela era la lengua catalana y se ha encontrado que, de repente, eso no era suficiente y que se quiere romper los lazos con el resto de España. No es este el pacto que tenían. El independentismo quizás no ha sido suficientemente consciente de que, con un objetivo perfectamente legítimo, ha roto algunos de los consensos que habían hecho posible la cohesión social y el progreso de nuestro país.

Miquel Iceta, primer secretari del PSC, durant l’entrevista

¿Los años de pujolismo tenían que desembocar inevitablemente en la situación actual?

No necesariamente, pero es verdad que el intento de los herederos del pujolismo de separarse de él ha radicalizado su discurso. No querer aceptar parte de la herencia pujolista con respecto a la corrupción ha hecho que muchos se convirtieran en independentistas e, incluso, utilizaran el independentismo como demostración de que ya no eran los mismos de antes.

Albert Boadella dice que el tema del independentismo catalán se arreglaría cerrando TV3. Los socialistas catalanes votaron en contra que se intervinieran TV3 y Catalunya Radio cuando se aprobó la aplicación del artículo 155 de la Constitución

Es un error de diagnóstico. No quiero minimizar el papel de los medios de comunicación, incluidos los públicos, en la creación de un imaginario y de cierta cultura, pero pensar que la gente se ha hecho independentista por su influencia… Hay más independentistas que audiencia tiene TV3. Otra cosa es la discusión legítima sobre si TV3, como televisión pública, debería evitar aparecer ligada a un proyecto político concreto. Y a veces hay un sesgo, no sólo en los informativos, sino en el conjunto de los contenidos, que acaban primando mucho más los elementos de la agenda política independentista que otras realidades.

Usted es responsable de que no se interviniera TV3. ¿Alguna vez se ha arrepentido?

El 155 duró demasiado. Duró más de lo previsto porque el independentismo no se puso de acuerdo en encontrar la fórmula de la investidura. Debía durar sólo cuatro meses. En cuatro meses no se puede cambiar la dirección de un medio. Los que pensaban que cambiando el director de TV3 cambiaban las cosas se equivocan mucho. En TV3 hay una cultura de empresa, unos profesionales, unos métodos de trabajo determinados, un código deontológico, un comité profesional, un comité de empresa…Jordi Pujol se preguntaba sobre quién mandaba más, si él o TV3.

Además, tiende a olvidarse que el artículo 155 busca la restitución de la legalidad, no la derrota del independentismo. Algunos de los que ahora hablan del 155 perpetuo piensan que es una especie de mecanismo legal para evitar que una mayoría política, en este caso parlamentaria e independentista, pueda actuar. Y esto no es así. El 155 es la garantía de que si una comunidad autónoma se empeña en vulnerar la legalidad, hay un instrumento que obliga a recuperarla, con independencia de los colores políticos. 

La derecha española no para de pedir al presidente del gobierno, Pedro Sánchez, que aplique un 155 duro y es evidente que piensan que debería conllevar la intervención de TV3 y Catalunya Radio

Si la derecha gana en España -esperemos que no sea así- quizás intentarían utilizar el artículo 155, pero se pueden encontrar con que el Tribunal Constitucional no se lo deje hacer. Para aplicar el 155 se debe acreditar una ruptura de la legalidad. Aquí se aplicó, gobernando Mariano Rajoy, después de que el Parlament aprobara leyes manifiestamente inconstitucionales, se celebrase un referéndum ilegal y se hiciera una declaración unilateral de independencia. No es porque el presidente de la Generalitat ha hecho un discurso que no nos gusta o porque los independentistas se empeñan en seguir siéndolo.

Antes de aplicarlo, el gobierno de España debe requerir a la Comunidad Autónoma que cumpla la ley. Dos veces. La propia comunidad tiene la oportunidad de reconocer que se ha equivocado y corregirse. Las tres derechas, estas nuevas tres mellizas que nos han salido, se equivocan si creen que el 155 es el mecanismo normal de relación entre las instituciones catalanas y españolas. Me puedo imaginar a Albert Rivera, Pablo Casado y Santiago Abascal discutiendo en una habitación cerrada cuánto tiempo debe durar el 155, en una especie de subhasta a ver quién la dice más gorda.

Espero que esto no se produzca. España es un estado de derecho y no se puede utilizar la ley para alterar mayorías parlamentarias o suspender autogobiernos si no hay un motivo que lo autorice y constitucionalmente sea relevante. El artículo 155, para sorpresa de muchos, sirvió fundamentalmente para la convocatoria inmediata de nuevas elecciones al Parlamento. El uso que hizo Mariano Rajoy fue muy ponderado, acotado en el tiempo y con el objetivo de la restitución de la legalidad.

No está del todo claro si el actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, y su predecesor, Carles Puigdemont, prefieren un gobierno de Pedro Sánchez o uno de derechas que aplique un 155 duro

En todo proyecto político hay quien piensa aquello de ‘cuanto peor, mejor’. Yo nunca he avalado este tipo de planteamientos políticos. Creo que ‘cuanto peor, peor’. A Catalunya le interesa la España más progresista, más democrática y más respetuosa posible con la diversidad. No la más de derechas, menos democrática, más autoritaria y más hostil a la diversidad de los pueblos de España.

Es posible que algunos independentistas piensen que esto les daría la razón y, a veces, parecen más incómodos con un gobierno español que quiere dialogar que con uno que era incapaz de hacerlo. Se está produciendo una división interna muy notable en el independentismo. División entre ERC y el PDeCAT pero también división interna dentro del PDeCAT. El surgimiento de esta nueva Crida per la República como partido causará, sin duda, un problema de relación con la gente que creía en el proyecto genuino del PDeCAT, que era la continuidad de Convergència en un marco soberanista.

Miquel Iceta, primer secretari del PSC, durant l’entrevista

Es comprensible que personas que se enfrentan a penas de prisión previsiblemente largas y otras que podrían tardar muchos años en volver a Catalunya apuesten por políticas más directas, con la esperanza de tener delante un futuro menos negro

Pensar que para las reivindicaciones de más autogobierno es mejor que en España haya un gobierno hostil es un error muy grande. ¿Qué le puede convenir a Carles Puigdemont para que a él le vaya bien? Los siete millones y medio de catalanes vivimos aquí y lo hacemos en un sistema, definido desde el punto de vista legal por la Constitución y el Estatuto, que garantiza nuestro autogobierno. La mayoría de catalanes preferimos vivir en este sistema que en otro que niegue el derecho a la autonomía.

El presidente Torra ha llegado a decir que vivimos en una prisión. Las prisiones dependen de él. Somos la única comunidad autónoma que tiene competencias penitenciarias. Gestiona un presupuesto de más de 38.000 millones de euros. De él dependen 250.000 empleados públicos, de los cuales 16.000 van uniformados y armados, que son la policía de Catalunya. Presentar esto como una dictadura donde hay falta de libertad cuando lo dices como presidente de la Generalitat y, a veces, desde la tribuna del Parlament, es bastante incoherente y tiene un punto de ridículo.

El juicio a los políticos y activistas independentistas comenzará pronto. ¿Cuál es la mejor salida que puede imaginar a su celebración?

La celebración de este juicio pone de relieve que la política fracasó y que hay personas que quizás cometieron delitos. Esto sólo lo pueden establecer los jueces. Es una lástima que la política no encontrara una solución dialogada, en vez de llevar las cosas a un callejón sin salida. Interesa que se celebre con plena garantía para los derechos de todos -estoy convencido de que será así- y con respeto a la independencia judicial. El juicio aún no ha comenzado. Se equivocan los que dan muchas cosas por hechas.

Una cuestión son los planteamientos que pueda hacer la Fiscalía y que ha hecho el juez instructor, pero el juicio comienza el día que comienza. Allí deberán escucharse los testimonios de los inculpados y los que pida la Fiscalía, se deberán practicar las pruebas que sean del caso, y los jueces, a partir de todo esto, deberán dictar sentencia. Prefigurar el resultado del juicio antes de que comience es equivocarse seguro. También es un error decir que las defensas se deben guardar argumentos para cuando el tema llegue a los tribunales europeos. Lo primero que hay que hacer es defender jurídicamente los planteamientos de todos en el propio juicio.

Fue de los primeros que puso sobre la mesa la posibilidad de conceder indultos a las personas imputadas. Hacerlo le supuso muchas críticas por parte de la derecha y los propios acusados ​​dicen que no los quieren

Cuando el juicio está tan cercano, hablar de indultos es contraproducente; es como prefigurar que habrá condenas. La prudencia exige esperar primero el dictamen de la justicia. Terminado el juicio y dictada la sentencia, la política seguirá y tendrá que encontrar caminos para resolver problemas. Veremos cuáles serán en función de cómo haya ido todo. Es muy evidente que alguna ilegalidad se cometió. El independentismo debería ser sincero. Se quiso romper la unidad de España, vulnerando la Constitución, esto es delito en cualquier país del mundo. Los jueces deben apreciarlo y dictaminar cuál debe ser la pena por haberlo cometido.

Lo que no se puede pretender es que no ha pasado nada. Sería negar la realidad. Soy de los que cree que no ha habido rebelión o secesión. Ha habido desobediencia y, tal vez, la tentativa de algo que finalmente no se produjo. La declaración de independencia del Parlament nunca se ha publicado ni en el Boletín Oficial del Parlament ni en el Diario Oficial de la Generalidad. Nunca se quitó la bandera española ni del Parlament ni del Palau de la Generalitat.

Si aquello era una independencia, era un poco rara. La ventaja de vivir en un estado de derecho es que los únicos que pueden establecer si se produjeron delitos, cuáles y sancionarlos, son los jueces. Los demás podemos opinar, con más o menos conocimiento de causa o buena voluntad, pero la separación de poderes determina que sea la justicia quien deba definir a este respecto y todavía no lo ha hecho.

Miquel Iceta, primer secretari del PSC, durant l’entrevista

¿Qué tipo de campaña electoral municipal se puede hacer en este contexto?

Se debe hacer la campaña que haríamos en cualquier caso. Presentaremos nuestro programa, lo que creemos que se puede y se debe hacer desde los ayuntamientos para que la gente viva y trabaje mejor, para avanzar más en bienestar y progreso. No sé qué harán los demás. A nosotros no nos gustaría engañar a la ciudadanía. Lo que está en juego el 26 de mayo es cuáles serán los equipos de gobierno, los alcaldes y alcaldesas de las ciudades y los pueblos de Catalunya. Aspiramos a que muchos sean socialistas porque creemos que presentamos el mejor programa, los mejores candidatos y los mejores equipos. Es evidente que en el sentido del voto de los ciudadanos pueden pesar muchos factores pero nosotros presentamos candidatos, equipos y programas municipales.

¿Qué pasará en Barcelona?

En Barcelona se producen situaciones muy curiosas. Con todo el respeto para todos. El actual equipo de gobierno ha fracasado. La única buena decisión que emprendió fue pactar con los socialistas y después rompieron unilateralmente. No estaban preparados para gobernar la ciudad. Quizás pensaban que era más sencillo de lo que realmente les ha resultado. Han fracasado en seguridad, en vivienda. Hay una sensación bastante extendida y generalizada de que Barcelona ha perdido fuelle.

El independentismo que quisiera gobernar la ciudad ha fracasado a la hora de gobernar Catalunya. Es evidente que lo que querían hacer en 2017 ha acabado como el rosario de la aurora. Todavía no se han rehecho y no saben por dónde tirar. Manel Valls fracasó en Francia. Me cuesta creer que puedan aportar las soluciones que Barcelona necesita. Además, hay algo curioso y es que todos se quieren presentar como los mejores herederos del legado socialista. Los mejores herederos del legado socialista somos los socialistas. Presentaremos un muy buen candidato, una gran lista y un programa para devolver la esperanza, la ilusión y el empuje a Barcelona. Espero que tengamos un resultado espléndido.

La división del independentismo ¿le alegra, le satisface?

Los partidos deberíamos mirarnos a nosotros mismos primero. La pena de tus adversarios no debe ser tu alegría. Tienes que estar bastante convencido de lo que defiendes como para ser independiente de si los otros lo hacen bien o mal. El independentismo está muy dividido. Y lo entiendo políticamente. Tenían un proyecto, un objetivo que habían dicho que conseguirían rápido, que sería sencillo e indoloro, y luego resultó que no lo han logrado y que ha provocado muchos más problemas de los que ha resuelto. No ha resuelto ninguno.

Tenemos una sociedad más dividida, una economía más debilitada, hemos tenido las instituciones intervenidas. El balance es muy negativo y debe rehacerse de un golpe así. Pero también es verdad que se convocaron elecciones y volvieron a tener mayoría parlamentaria. No es despectivo decir que no saben qué hacer con ella. La mayoría les habilita para gobernar pero no parece que sea su dedicación principal. Aun están defendiendo una causa y solidarizándose con los miembros del gobierno anterior que ahora están sometidos a juicio. Están en su derecho de hacerlo, pero la obligación de gobernar para todos no la cumplen.

¿Cuánto tiempo le pronostica al PDeCAT?

No lo sé, aunque he hablado de esto veces en el Parlament. La constitución de esta Crida inspirada por Carles Puigdemont, que será un partido político, señalará un antes y un después. No sé si el PDeCAT sobrevivirá a esto pero si lo hace y tiene que convivir con este nuevo partido y estaremos ante una nueva realidad. La Crida se constituye el 26 de enero. El PDeCAT o bien se disolverá en la Crida o será muy diferente de lo que se intentó en su fundación.

¿Tiene muchas reuniones secretas, conversaciones telefónicas que no se pueden hacer públicas con dirigentes de ERC para rehacer puentes con este partido?

Tengo muchas reuniones y conversaciones con gente de ERC pero también con gente del PDeCAT y otros partidos. La política no son sólo los discursos en el Parlamento o los mítines, también hay mucho trabajo que se hace de forma discreta. El objetivo no es tanto buscar mayorías de las que formemos parte como buscar soluciones a un problema que también es nuestro. Lo que nos gustaría mucho es que en Catalunya se recupere el respeto y el diálogo entre todos. Es básico.

El independentismo tiende a presentar el problema como una disputa entre Catalunya y el resto de España olvidando que tenemos un problema mucho más grande y es que los catalanes no estamos de acuerdo sobre hacia dónde tirar. Para hacer un Estatuto o una ley electoral necesitamos una mayoría de dos tercios del Parlament y ahora no tenemos una mayoría así. Logramos que el Parlament instase al presidente de la Generalitat a convocar a los grupos parlamentarios para hacer una Mesa para el Diálogo. Lo hizo pero el primer partido de Catalunya, Ciudadanos, decidió no participar. Tampoco la CUP y el PP. Esto muestra la dificultad de establecer un diálogo político y sin él, sin un acuerdo transversal muy amplio, no seremos capaces de avanzar.

Miquel Iceta, primer secretari del PSC, durant l’entrevista

¿Ser socialista en según qué lugares de la Catalunya mayoritariamente independentista, es más complicado ahora que antes?

La gente que vive ahí nos dice que siempre ha sido difícil. Quizás ahora, debido al fracaso del proceso y la judicialización hay ambientes aún más complejos. Ser socialista del PSC en determinados entornos quizás es un poco más complicado pero también hay mucha gente que se atreve cada vez más a decir que ya se ha visto que el independentismo ha fracasado y que, aunque no era su voluntad, ha hecho daño porque hoy tenemos una Cataluña peor que la que teníamos.

Hemos perdido tiempo, hemos perdido oportunidades, porque nos hemos dividido, porque en muchos lugares el respeto y el diálogo entre posiciones diferentes se ha enrarecido. Vale mucho la pena echar una mano, comprometerse con aquellos que están defendiendo el diálogo, incluso en las peores circunstancias. Queremos dialogar con los que piensan diferente. Nosotros no somos de los que piensan que el diálogo es un sistema por el que alguien te da la razón.

Las instituciones catalanas están bastante bloqueadas, paralizadas. El Parlament no acaba de hacer su trabajo. El gobierno, tampoco. Esto tiene que ver con la excepcionalidad de la situación y la judicialización de la legislatura anterior pero también con la falta de claridad de los proyectos políticos y de capacidad de todos los partidos de establecer puentes. En el Parlament ha habido debates en que todos se tiraban los trastos a la cabeza pero al final la votación era casi unánime. Existe la posibilidad de hacer consensos muy amplios en cuanto al progreso económico, a unas políticas sociales más potentes… Independentistas o no, a muchos catalanes les gustaría que las instituciones de autogobierno funcionaran bien, tuvieran cuantos más medios a su alcance mejor, y que eso se tradujera en políticas que mejoren la calidad de vida de la gente.

¿Hablar de ‘fractura social’ es exagerado?

Me gusta más hablar de división. Fractura parece que se refiera a algo irreconciliable. No nos queremos resignar a la fractura pero somos muy conscientes de la división que hay. Intentamos trabajar para no hacerla más grande, para no cronificarla, para no resignarnos a vivir en una sociedad donde van cuajando dos mundos que prácticamente no se hablan ni se conocen. Es un riesgo. Tenemos que aprovechar que, en este momento, tenemos un gobierno en España dispuesto a dialogar, un gobierno que lo es porque los independentistas lo votaron en una moción de censura. Si se ha abierto esta oportunidad, ¿por qué no la aprovechamos?

Las cenas de Navidad parece que han sido más tranquilas que las del año pasado

Sí. Siempre digo, medio en broma que las pastillas antiinflamatorias del doctor Sánchez han funcionado. Estamos un poco mejor. Estos días que he podido pasear más sin escolta, haciendo compras, me paraban y me decían que no me desanimara. Quizás eran personas que no me habían votado pero que piensan que lo que decimos tiene bastante sentido. Las hay más escépticas, que no lo ven posible pero a las que, en el fondo, les gustaría que llegáramos a acuerdos. Lo estamos viendo en el debate sobre los presupuestos del Estado. Gente del campo soberanista está defendiendo abiertamente que se vote a favor de estos presupuestos. Por ejemplo, Andreu Mas-Colell lo decía en un artículo en el diario ARA.

El independentismo, que tiene sus divisiones y sus problemas, también ha visto como una parte de sus credos de opinión dicen claramente que toca hacer política, intentar el diálogo, que se necesita tiempo y para tenerlo hace falta estabilidad política. Y la estabilidad política en España la garantizaría, mejor que ningún otro mecanismo, una aprobación de estos presupuestos. Presupuestos que, además, son buenos para Catalunya en el sentido que dan más recursos a la Generalitat y suponen un nivel de inversión pública justo y, sobre todo, porque son muy sociales.

El profesor Vicenç Navarro decía el otro día en un artículo que, por primera vez hay unos presupuestos que cambian la línea de la austeridad. Garantizan la mejora del salario mínimo, el poder adquisitivo de las pensiones, que haya un subsidio de desempleo para la gente de más de 52 años, que desaparezca el copago farmacéutico para los sectores más vulnerables… ¿Por qué debemos decir ‘no’ a esto? ¿Por qué no debemos participar e incluso mejorar el contenido de estos presupuestos negociándolos?

Le ha tocado ser primer secretario del PSC en unos años especialmente complejos. ¿No se ha desanimado en ningún momento?

Estoy muy feliz por poder dirigir el PSC en estos momentos. He llegado a creer que todos estos años me he ido preparando para un momento tan complicado como este. Y es en estas situaciones cuando uno tiene que demostrar sus capacidades, su convicción… Hay quien piensa que esto no hay forma de arreglarlo. Yo creo que sí y que nosotros podemos ser muy útiles para encontrar la solución. No sólo no estoy desanimado sino que creo en aquello de crecerse ante las dificultades. Aunque sea muy levemente y de forma muy incipiente creo que los vientos han comenzado a girar a favor de esta idea. La alternativa en España cada día es más clara: O las tres derechas o un gobierno progresista y dialogante. Ante esto, l¿os catalanes podemos decir que nos da igual, silbar y mirar hacia otro lugar, cuando VOX ha sido determinante para un cambio de gobierno en Andalucía?

A finales de año toca Congreso del PSC. ¿Se volverá a presentar a la primera secretaría del partido?

Mi intención es volver a presentarme. En nuestro partido cada vez hay más primarias y procesos participativos. Todavía es pronto para saber si hay otras compañeras o compañeros que quieran aspirar a la primera secretaría. A mí me gustaría seguir trabajando como lo estoy haciendo hasta que demos la vuelta a la situación actual, para tener el país más ordenado y veamos un camino de solución. Es una decisión que es colectiva y la tomaremos democráticamente cuando toque. Las ganas las tengo todas.

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