ENTREVISTA LOLA GARCIA | Directora Adjunta de La Vanguardia

«Este naufragio debe servir para que el independentismo empiece a explicar las cosas sin engañar a la gente»

Las metáforas marineras han sido recurrentes en el Procés. Han pasado seis años desde que Artur Mas puso "rumbo a Ítaca". Ahora, hay quien habla de "naufragio". Este es, precisamente, el título del libro de Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, que explica los hechos sucedidos a raíz del 27 de octubre, día en que se aplicó la DUI

Siscu Baiges
 
 
 
Lola Garcia, directora adjunta de La Vanguardia i autora del llibre 'El Naufragi'

Lola Garcia, directora adjunta de La Vanguardia i autora del llibre 'El Naufragi'

La directora adjunta de ‘La Vanguardia’, Lola García, dedicó seis meses a poner en orden todas las informaciones de que disponía y las que fue añadiendo sobre una fecha clave en la política catalana de los últimos años: el 27 de octubre de 2017. El resultado es el libro El naufragio (Ediciones Península). En septiembre salió la primera edición. Va ya por la quinta. Referencia obligada, pues, para políticos, periodistas, tertulianos, ciudadanos y, también, para los que tengan que explicar la verdadera historia de la Catalunya reciente.

Ha pasado un año desde el 27-O, día en que sitúa el ‘naufragio’ del proceso. ¿El barco del proceso independentista se sigue hundiendo o está volviendo a la superficie?

En este año hemos visto la desorientación del mundo independentista. No creo que se haya hundido. Sigue teniendo un apoyo muy grande de la gente, que es lo más importante de todo el movimiento, pero sí que estamos en un proceso de reorganización, de reorientación y los partidos independentistas todavía no han hecho una reflexión en profundidad de lo que quieren hacer de ahora en adelante. ERC la ha hecho un poco más pero el mundo del PDeCAT, la antigua Convergència, el nuevo mundo que está construyendo Carles Puigdemont, no. Por lo tanto, la embarcación está un poco ‘al pairo’.

ERC, que presionó mucho para que Puigdemont no convocara elecciones el 27-O, ahora adopta una postura moderada, contraria a las actuaciones unilaterales del gobierno catalán. ¿Hay dos ERC? ¿Una antes y otra después de ese día?

Se han invertido los papeles respecto al año pasado. Fue gente de ERC la que empujó más para que Puigdemont hiciera la declaración unilateral de independencia. Pienso que Oriol Junqueras no estaba muy convencido de ello pero no hizo nada para evitarlo y dejó que otra gente del partido, como Marta Rovira, presionara a Puigdemont para que hiciera la declaración. Ahora todo esto ha cambiado. Es curioso. Tenemos una ERC que tiene muy claro que la vía unilateral no va a ninguna parte, que no tiene suficiente apoyo social ni una coyuntura europea e internacional para que evolucione bien. Está buscando otro tipo de estrategia más a largo plazo, con muchas dificultades para explicarlo a su gente porque le dijeron algo hace un año y ahora les dice otra cosa.

Cuando se proclamó la independencia en el Parlament, las caras de muchos de los que lo hicieron eran muy serias. ¿Eran conscientes de que se arriesgaban a problemas judiciales? ¿Imaginaban que serían del tipo que se han acabado dando?

Unos meses antes, no. En julio, por ejemplo, no eran conscientes de que todo podía terminar tan mal. Pensaban que podía terminar como ocurrió con Artur Mas, con juicio, problemas con el patrimonio, multas, sanciones, inhabilitaciones… Por eso, se provocó una crisis de gobierno en la que salieron unos cuantos consejeros porque no querían pasar por todo esto. Hay dos momentos en que piensan que puede ser más grave. Uno, el 1 de octubre, cuando ven que el Estado está dispuesto a usar la fuerza física para impedir que se haga el referéndum, y otro, cuando ponen en la prisión a los Jordis, que es un momento clave. A partir de aquí son más conscientes de las consecuencias penales que pueden sufrir, pero no creo que esperasen unas prisiones preventivas tan largas.

 En El naufragio explica que Puigdemont no quería acabar en la cárcel pero que, alguna vez, había dicho que estaba preparado para estar un par de años en ella

Puigdemont, durante su presidencia, hay momentos en que habla con personas muy cercanas y les dice que volverá a Girona, como si todo pudiera acabar de forma tranquila y retomando la vida normal, y hay otros momentos en que incluso habla del exilio y de la posibilidad de la prisión. Pasa por varios estados de ánimo en función de las circunstancias.

Y también publica que Junqueras comentó que se exponían a penas de hasta 30 años

En algún encuentro en privado habló de ello. Son muy conscientes de que el tramo final, la declaración de independencia, es la que puede hacer que todo se desencadene con más virulencia. Por eso las caras largas de ese día. En un momento que se supone que debería ser de euforia, de épica, te fijas en los rostros de los protagonistas y todos están pasando un trance grave.

¿Creyeron en algún momento que la gente, las multitudes, les defenderían, impedirían que les detuvieran?

Durante las reuniones de lo que llamaban ‘estado mayor ‘ -el núcleo más cercano a Puigdemont y Junqueras donde se preparaban los diferentes escenarios- sí se habló de la posibilidad de organizar un encierro de los líderes políticos en el Parlament y resistir allí con la cooperación de la gente, que lo rodearía e impediría que la Guardia Civil y la policía los detuvieran. Efectivamente se habló de ello. Lo que pasa es que cuando llega el momento de ponerlo en práctica, el presidente Puigdemont piensa que eso puede conllevar conflictos violentos en la calle y decide no ir por este camino. Entre el 1 de octubre y la declaración de independencia empieza a ser consciente de que puede haber violencia en la calle, bien entre catalanes o bien porque haya una represión del Estado que provoque enfrentamientos. Por una cuestión o por otra decide que no quiere tener esa responsabilidad.

¿Por qué Puigdemont no ordenó que se arriara la bandera española que ondeaba en el Palau?

Habría que preguntárselo a él, claro. Es consciente de que la declaración de independencia no tiene una trascendencia real y, por tanto, no sirve de nada hacer más gestos de los necesarios. El gesto ya fue la misma declaración, que, además, en ella no pone que se implementa la república sino otra cosa. Creo que piensa que hacer más gestos como salir al balcón o bajar la bandera abundaría más en un cierto ridículo. En los días posteriores, cuando se viera que la declaración no conlleva nada en la realidad, su imagen quedaría peor.

Lola Garcia, directora adjunta de La Vanguardia i autora del llibre ‘El Naufragi’

¿Queda algo por contar de cómo se organizó la declaración de independencia, de los últimos días previos al ‘naufragio’?

Queda explicar bien el fin de semana posterior a la declaración de independencia. Hay muchas lagunas de las conversaciones entre los miembros del gobierno, si Puigdemont y Junqueras hablaron… Seguro que hubo muchas conversaciones que desconocemos. De todas las mediaciones que se hicieron queda por explicar la parte de Madrid. Se ha explicado mucho lo que se ha hecho aquí pero no se ha explicado cómo se vivió desde la perspectiva de la Moncloa. Con quién hablaron Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría. Todavía se tiene que explicar qué pensaban ellos.

En una de las muchas reuniones que se hicieron el 26 y 27 de octubre, según explica en el libro, el director de la Oficina de Puigdemont, Josep Rius, salió un momento y cuando volvió dijo que Rajoy aplicaría el artículo 155 aunque el presidente catalán convocara elecciones. Un personaje en principio secundario puede ser determinante, según cómo, en situaciones límite como las que se vivieron

Rius hablaba con su homólogo en La Moncloa, que era el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas. Son las dos personas que están junto a los presidentes y tienen información directa de ellos. Lo que extraña es que los presidentes no se hablen directamente. Esto sí que es absolutamente anómalo. Por más confianza que tengas en tus colaboradores, si necesitas hacer un acto de fe es necesario que hables directamente con el otro presidente. Aquí fallaron los dos.

Tenían los móviles personales. En el libro explica que Rajoy le dio el número del suyo a Puigdemont, en Barcelona, ​​el día de la manifestación contra los atentados terroristas

Tenían los móviles pero no los usaron. Es bastante increíble porque hoy cuando intentas deshacer un malentendido, la gente se llama.

Puigdemont dijo que el lunes siguiente todo el mundo fuera a sus despachos y no avisó a Junqueras y a algunos consejeros de que marcharía a Bruselas. El libro da detalles de la sorpresa de algunos de estos consejeros. Casi que sorprende que no hayan sido más críticos con él después de que los engañara

El presidente Puigdemont consigue un crédito ante el independentismo y criticarlo tendría costes en ese mundo. De todas formas, ERC sí que ha filtrado que no les avisó pero no han hecho una queja formal porque, al fin y al cabo, ellos también tienen personas que se han marchado como Marta Rovira o Antoni Comín. No hay recriminación explícita pero sí es verdad que la relación entre Puigdemont y Junqueras se ha deteriorado bastante. Ya era difícil antes pero a raíz de esto se deteriora más. Se hacen reproches en los que ambos tienen un punto de razón. Puigdemont reprocha a Junqueras que no le ayudara a la hora de convocar elecciones, cuando necesitaba su apoyo y que esperara que, por decirlo coloquialmente, se ‘comiera el marrón’ él solo. Junqueras le reprocha que ha ido a la cárcel y Puigdemont no tuvo suficiente confianza para decirle que se iba. Además, desde el primer momento hay una lucha entre ERC y el PDeCAT o el mundo político de Puigdemont para ser hegemónicos en el independentismo y, por tanto, este tipo de recriminaciones tienen costes electorales para ambos. No quedan bien ante el electorado. Los independentistas, en la calle, piden unidad.

¿Los medios de comunicación han estado a la altura adecuada en este proceso? ¿Han informado bien de lo que pasaba y de lo que estaba en juego?

Los medios de comunicación en Catalunya lo han explicado prácticamente todo.

¿No tienen ninguna parte de responsabilidad en que millones de personas creyeran que la independencia era posible casi de un día para el otro?

Y algunos políticos también lo pensaban. No comparto esta autocrítica que nos hacemos entre los periodistas. Los médicos no se critican entre ellos. Tenemos una capacidad para autodestruirnos que no es justa. Es verdad que cada medio explica las cosas en función de su ideología, trayectoria o historia. En un conflicto como éste, los medios se ponen más de un lado o del otro. La gente sabe cuando compra un diario si es más o menos independentista. Otra cosa es que tal vez deberíamos educar a los niños a consumir información, a saber que los periódicos y los medios tienen una línea editorial determinada y que  tienes que mirar más de uno si quieres tener una visión más amplia. O poner en cuarentena algunas informaciones, no porque no sean verdad sino porque unos hacen hincapié en una cosa y otros, en una diferente. No creo que se hayan dicho muchas mentiras en este proceso.

En las redes, sí

Por las redes es verdad que circulan muchas cosas que no tienen sentido. Tenemos que aprender entre todos a discernir qué es verdad y qué no. En los medios hay de todo. No comparto la narrativa de determinados políticos por la que se supone que estamos todos adoctrinados. Hoy te puedes informar por donde quieras, en los medios que quieras y tienes acceso a información por todas partes.

Mucha gente se informa más por los chats del teléfono que por los medios convencionales o los portales de Internet

Si tú consideras que estás bien informado porque miras facebook, twitter o los chats, aquí sí que tenemos un problema grave. Esto ocurre aquí y en todas partes. ¿Están adoctrinados los americanos, los italianos? Quizás tenemos un problema porque visto el volumen de información que circula hoy en el mundo actual por las redes la gente tiene dificultades para saber qué fuentes son fiables y cuáles no, qué es verdad y qué no. Esto también ocurre con los médicos cuando piden que no miremos Google cuando nos dicen que tenemos una determinada enfermedad. No pienso que lo que pasa en Catalunya sea consecuencia de los medios de comunicación.

Cuando se aplicó el artículo 155 de la Constitución en Catalunya, el diputado del PSC, José Zaragoza, según explica usted en el libro, defendió y consiguió que no se interviniera TV3 y Catalunya Radio. ¿Se debe haber arrepentido?

No creo. ¿Qué hubiera pasado si pasado si hubieran cerrado TV3 seis meses? ¿Habría cambiado la mente de los catalanes? Dos millones de catalanes que piensan que la independencia es la opción mejor ¿cambiarían de opinión porque han estado seis meses sin ver TV3? Me parece absurdo. Esto no funciona así. Seguramente que necesitamos televisiones públicas más plurales y rigurosas pero no son tan determinantes. Hay quien pide un 155 prolongado hasta el infinito pero aquí tuvimos unas cuantas décadas de franquismo y no comportó que la identidad catalana se diluyese o desapareciese. Es una explicación demasiado simplista. Hace falta un poco más de imaginación para solucionar este tema que cerrando la ‘tele’.

Lola Garcia, directora adjunta de La Vanguardia i autora del llibre ‘El Naufragi’

¿Qué factor ha hecho que el independentismo se haya disparado desde las cotas bajas que tenía hace pocos años hasta el 48% que ha obtenido en las últimas elecciones?

Hay muchos factores. No hay solo uno. No soy socióloga. Mi trabajo es periodístico pero intuyo que es consecuencia de varios: la sentencia del Estatut, el deterioro de las instituciones en toda España por1ue la gente pone en duda que funcionen bien, empezando por los jueces -son la institución peor valorada hoy-, la corrupción, la crisis económica, los recortes brutales que se estaban haciendo, las clases medias con miedo de que sus hijos tengan una vida peor que la suya, un modelo territorial que funcionó durante una época pero que se ha demostrado que está en un momento de colapso y necesita algún tipo de reforma,… Son tantos factores los que hacen que la gente responda de esta manera. Quizás hay más.

Termina el libro diciendo que el independentismo no ha alcanzado el 50% de los votos y que no se puede descartar que lo acabe alcanzando. ¿Lo logrará?

Ahora mismo lo veo un poco difícil. Hay, probablemente, un millón de personas que están muy convencidas y que, pase lo que pase, seguirán manteniendo esta bandera pero también es verdad que hay un sector de gente que ha votado independentista, y que probablemente continuará haciéndolo, que está desencantada de cómo ha ido el proceso. Puede pasar, sí. Se pueden dar de nuevo unas condiciones que, si no se pone remedio en un plazo razonable, lo hagan posible. Estamos en un 48%. No es tan impensable que pase del 50%.

La Asamblea Nacional Catalana, la CUP y algunos colectivos insisten en que se mantenga la vía unilateral y que se publique en el Boletín Oficial la declaración de independencia. ¿Lo dicen sólo para presionar al gobierno o creen de verdad que lo hará?

Deberían explicarnos «¿y luego qué?». ¿Lo publicas en el Boletín Oficial y al día siguiente envías a los Mossos al aeropuerto y a las fronteras? ¿Tienes la capacidad de recaudar todos los impuestos? Hay una serie de cosas que no te cuentan. El planteamiento del independentismo debe ser más realista de ahora en adelante. Tiene que explicar que una independencia con ruptura conlleva unos costes que no sé si la sociedad catalana está dispuesta a pagar. Una independencia que no tenga estos costes debe ser pactada. Por tanto, necesita mucho más apoyo social en el tiempo y en cantidad para poder presionar para que se haga un referéndum. Son las dos opciones. Yo no veo más. Un país es independiente cuando lo reconocen los países de tu entorno. ¿Lo harán Alemania? ¿Francia? ¿Italia?

La ANC está más embalada en esta exigencia. Òmnium Cultural ha frenado un poco la presión

Sí. Òmnium está más en la línea que defiende ERC. La Asamblea está más en una línea de desobediencia, de unilateralidad.

Que mantiene viva la desazón, el miedo de mucha gente

El problema es, sobre todo, de sinceridad con la gente. Si de algo debe servir todo este naufragio es, precisamente, para que el independentismo empiece a explicar las cosas sin engañar a la gente. La independencia no es imposible, en absoluto. En el mundo pasan estas cosas pero esto tiene unas vías, unas consecuencias y se hace de otra manera. Y se puede hacer de forma traumática o pactada. No hay más.

De vez en cuando alguien habla de violencia y muertos. Los últimos, Agustí Colomines que escribía que «si decides que no haya muertos, la independencia tarda más en llegar» y el propio Puigdemont que ha dicho que «no es justo que sólo puedan optar a la autodeterminación los países que han puesto en marcha guerras». ¿Podemos estar seguros de que no llegará nunca esta violencia?

No. Hoy no se puede estar seguro de nada. De todos modos, la sociedad catalana ha aguantado un estrés político y social muy grande durante cinco años. Su capacidad de resistencia sin llegar a las manos, por decirlo así, es notable. Espero que continúe en esta línea. Hay grupitos muy radicalizados que buscan este enfrentamiento pero, en líneas generales, la sociedad catalana está convencida de que con violencia no se va a ninguna parte. Yo he visto cómo se cruza por la Diagonal gente con la bandera estelada y la española y no pasa nada. La sociedad catalana es acomodada, no vivimos en una sociedad en una situación crítica de pasar hambre o que tenga un sustrato de conflicto social muy importante. La gente quiere conservar eso.

Dice en El naufragio que el final del Procés no está escrito y que vendrán nuevos líderes que intentarán una nueva travesía. ¿Estos líderes están a la vista o aparecerán otros?

El independentismo tiene ahora un problema de liderazgo importante. De los dos líderes uno está en la cárcel y el otro está fuera. Están amortizados políticamente porque pasarán por un juicio y quedarán, como mínimo, inhabilitados. Su capacidad para hacer política está dificultada por eso. Serán necesarios nuevos líderes.

 Quim Torra ¿puede ser uno de estos líderes?

No. Quim Torra es un activista que hace una función instrumental, que le ha pedido Puigdemont. No es ni su sucesor ni tiene ascendencia sobre todo el independentismo, ni mucho menos.

¿Puede volver Artur Mas?

Segundas partes como esta no las veo. Además está inhabilitado hasta dentro de dos años como mínimo. Quizás una de las personas que puede adquirir un poco más de recorrido político del que tiene ahora es Jordi Sánchez. Podría tener un papel más importante en el futuro. Pero no me llega ningún imput en el sentido de que los que están ahora en prisión puedan salir pronto.

1 Comentario en «Este naufragio debe servir para que el independentismo empiece a explicar las cosas sin engañar a la gente»

  1. Juandiego // 28/10/2018 en 20:57 // Responder

    Bla-Bla-Bla en 24 horas tengo la solución, no lo dude, se lo que digo.

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