Nanni Balestrini, trovador de la historia obrera de los 70

Recuperamos la memoria del escritor italiano Nanni Balestrini, que ha muerto este 2019. Miembro del Gruppo 63, junto con firmas de renombre como las de Umberto Eco o Edoardo Sanguineti, fue una pluma subversiva en una de las épocas más duras para Italia. Sus palabras le costaron, como a muchos otros, años de exilio

Oriol Puig
 
 
 
Nanni Balestrini, durant una conversa a la Fira Literal | Literal

Nanni Balestrini, durant una conversa a la Fira Literal | Literal

De los ‘años de plomo’ italianos sólo se recuerda la tragedia y el dolor. Pocas voces han sido capaces de rasgar ese velo para recordar dos décadas de conflicto social, creatividad, alegría y libertad. Una de ellas es la de Nanni Balestrini (1935-2019), poeta, novelista, guionista, dramaturgo, ensayista, agitador y artista plástico, perteneciente a la generación de militantes que fue protagonista de esa época.

En la cronología de su vida literaria destaca el año 1963, cuando varios escritores, poetas y estudiosos convergen en el llamado Gruppo 63, movimiento que buscó nuevas formas literarias. Surgió en Palermo en 1963, se rebelaba contra la sociedad de aquel momento y tenía entre sus miembros a Umberto Eco y Edoardo Sanguineti. En realidad, Gruppo 63 fue, antes que nada, el desahogo de unas enormes ganas de actualización cultural de los agentes culturales más vivaces del momento, frente a todo lo nuevo y ya no tan nuevo que circulaba en el mundo.

Después del 63 llegó el 68, “la explosión del descontento y de las exigencias de cambio que se habían puesto de manifiesto durante los años anteriores”, como apuntaba el escritor italiano. Balestrini se sumergió completamente en una experiencia de fuertes luchas sociales que en Italia se prolongó hasta 1979. Como otros intelectuales de su país, desarrolló una intensa actividad militante en el seno de los movimientos sociales más radicales, de la que dio cuenta en varias de sus novelas, entre las que destacan Lo queremos todo (1971) y Los invisibles (1987). En ellas, recuperó el espíritu que había agitado a los jóvenes del 63, poniendo en juego una alteración de la gramática y la escritura que inyectaba un ritmo trepidante al relato.

La reacción del Estado a ese movimiento tan potente fue durísima. Fueron años frenéticos, de una vitalidad enorme, de una gran creatividad y una inmensa felicidad a pesar del clima opresivo que la represión instauró. Aquellos que pensaban en cambiar las cosas fueron castigados duramente. Ese castigo fue para Balestrini el exilio a Francia. Acusado sin pruebas de asociación subversiva, pertenencia a banda armada y participación en varios homicidios, escapó de un proceso judicial completamente inverosímil y disparatado que le costó, como a muchos otros, años de exilio.

Demostrando un dinamismo apabullante, Balestrini fundó revistas culturales y organizó muestras de arte en Berlín, París, Milán, Los Ángeles, Nueva York o Venecia, siempre con una preocupación destacable por la utilidad social de la actividad artística, especialmente de la literatura. Buena parte de sus obras invaden la esfera de lo social y de lo político, pero se trata de una inclinación personal por los temas que más le apasionaban. Su obra nos ofrece nuevas realidades hechas de palabras, en las que podemos habitar y viajar temporalmente a mundos paralelos que permiten experiencias fortísimas y que cada uno puede utilizar como considere oportuno.

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