ENTREVISTA | NAGORE GARCÍA FERNÁNDEZ, DOCTORA EN PSICOLOGÍA SOCIAL Y MIEMBRO DE FRACTALITATS EN INVESTIGACIÓ CRÍTICA

Nagore García Fernández: «Enamorarse es una construcción social»

Al hablar de amor, Nagore García, doctora en psicologia social, habla, indisociablemente, de relaciones de poder. Retirar el velo de supuesta naturalidad y universalidad al amor romántico es una aportación de los feminismos que, asegura García, nos permite descubrirlo como dispositivo reproductor de desigualdad de género.

Meritxell Rigol
 
 
 
Nagore García opina que

Nagore García opina que "l'amor romàntic ens subjecta a una posició subordinada" | MERITXELL RIGOL

Ni magia ni mariposas. Ni irracional ni inexplicable. Ni natural ni universal. Nada de esto describe qué es el amor según analiza Nagore García Fernández, doctora en psicología social y miembro del grupo de la UAB Fractalidades en Investigación Crítica. «El poder es inherente a las relaciones amorosas», explica, de buen inicio, para situar la crítica. «La cuestión es como lo estamos distribuyendo: de una manera totalmente desigual», alerta en relación al amor romántico, el modelo hegemónico de relaciones sexoafectivas.

Si bien García Fernández evita plantear fórmulas maestras ante los impactos del modelo de amor romántico, apunta que privilegiar otras relaciones cotidianas, con menos reconocimiento social que las de pareja, es una estrategia para fortalecer la capacidad de cuestionar el esquema y, de la mano, minimizar la dependencia emocional que promueve. Un foco de abusos y opresiones que los feminismos detectan y exploran como remediar.

El movimiento feminista ha rebautizado San Valentín como San Violentín y aprovecha la fecha para denunciar el amor romántico como un caldo de cultivo de violencias machistas. ¿Cuáles son los principales puntos de crítica?

Una de las aportaciones más importantes de los feminismos es ubicar el modelo de amor romántico como una construcción social, histórica y cultural, que se materializa y concreta en unas coordenadas históricas, sociales y geopolíticas. El primer antídoto contra el mal que hace el modelo de amor romántico es romper con la ficción que es ahistórico y universal. La siguiente crítica tiene que ver con los parámetros desde los que está pensado el modelo, que se reduce a una relación heterosexual. Si bien también hay un homoromanticismo, es decir, que el modelo es trasladado y, de alguna manera reinventado, en parejas lesbianas y gays, el amor romántico plantea que el verdadero amor es entre hombre y mujer. En cualquier caso, hay una gran crítica al anclaje y la dependencia hacia una sola persona. Una de las grandes luchas de los feminismos tiene que ver con la autonomía de las mujeres −entendida como autonomía relacional, asumiendo que hay interdependencia− y se ha hecho un gran trabajo al identificar el amor como un elemento que, simbólicamente y efectivamente, nos sujeta a una posición subordinada, a través de la dependencia y la entrega al otro.

Kate Millett se refirió al amor como el opio de las mujeres. ¿Sólo para las mujeres? ¿Consideras que es una afirmación vigente?

El amor es un dispositivo que, a través de normas y valores, y también de formas de hacer, prácticas y discursos, consigue reforzar la relación de opresión de los hombres hacia las mujeres. Lo reproduce. A partir de aquí, tiene un efecto brutal en la subjetividad de las mujeres. Nos construimos como lo que somos a través de lo que nos han enseñado, de los discursos que hay y de las prácticas que vamos haciendo en torno a las maneras de relacionarnos sexoafectivamente. Marcela Lagarde y otras feministas han investigado como la subordinación de las mujeres tiene lugar a través de la subjetividad, de tus formas de ser y pensar interiorizadas.

¿En qué elementos vemos el impacto del modelo de amor romántico en la construcción de la feminidad?

Por ejemplo, en la generalizada inseguridad y baja autoestima de las mujeres. Es cultural, pero interiorizada. También en el anclaje en el rol proveedora de cuidados. Ahora bien, a pesar de que estructuralmente afecta a las mujeres, no lo reproducimos de manera acrítica. Las mujeres no somos tontas. Podemos identificar lo que es una ficción y la distancia que hay respecto a las relaciones que tenemos en la vida real.

Y en la construcción de la masculinidad hegemónica, ¿cómo impacta el modelo de amor romántico?

¿Cómo se construye una subjetividad cuando tienes en casa a una persona devota a ti? Sería el otro lado de la balanza: perpetúa la autonomía del hombre. Muy vinculado al trabajo emocional que tienden a hacer las mujeres, encontramos que se acaba reproduciendo el hecho de que ella está más pendiente del otro.

¿Tradicionalmente, entre las mujeres, tener una relación de pareja se ha vivido como parte de la realización personal, más que no entre los hombres? ¿Por qué?

Tiene vinculación con la maternidad, porque encontrar pareja es lo que te permitirá tener una familia dentro de los parámetros socialmente marcados para hacerlo. A pesar de que también hay personas que están apostando por otros tipos de relaciones y por maneras de entender y practicar la maternidad, con muchas dificultades según cómo vivas y cuáles sean tus condiciones… Pero hay ejemplos diversos. Y no son nuevos.

¿Hay estrategias para dejar de percibir el esquema del amor romántico como la vivencia amorosa más deseable?

Ponerse un impermeable ante el amor romántico es imposible, porque estamos en este mundo. No hay una separación real entre el adentro y el afuera. El punto está en salir de las subjetividades dependientes. Muchas veces, cuando se piensa en antídotos para el amor romántico, no salimos del corsé del amor en sí. Es decir, como hay relaciones tóxicas, pues pensamos en relaciones más sanas o igualitarias. Pero se sigue pensando dentro del mismo marco. Sería mucho más interesante salir y pensar en prácticas que palien el malestar y la desigualdad.

¿Por ejemplo?

Cuidar más otros tipos de relaciones y estar vinculadas a otras cosas favorece que, a pesar de tener pareja, no dependas tanto emocionalmente de ella. Esto es básico. En lugar de estar repensando el amor y generando discursos, a pesar de que sean críticos, debemos poner más cuidado y atención en cómo son las relaciones que construimos en nuestro entorno, en la vida cotidiana, como redes de barrio o de amigas que se hacen tuppers, para cuando no puedes cocinar. No son fórmulas mágicas, pero son propuestas que se salen del marco de la relación de pareja y favorecen que no nos anclemos. Una de las aportaciones importantes de los feminismos es no sólo criticar las relaciones de pareja tóxicas, sino ser capaces de ver el panorama completo y criticar el concepto de pareja en sí y el dispositivo amoroso.

«L’amor romàntic té un efecte directe en com ens construïm com a dones i com a homes» opina Nagore García Fernández | MERITXELL RIGOL

No es tan habitual encontrar canciones o pelis dedicadas a la belleza y la fuerza de la amistad como odas al amor de pareja

Los medios masivos tienen un papel muy importante en el mantenimiento del amor romántico. La literatura, el cine, la música, los audiovisuales, la publicidad… Nos vamos volviendo más críticas y ciertas formas hegemónicas del género y las relaciones no funcionan para el público, nos chirrían rápidamente, y adaptar las formas es una estrategia de mercado. No es que tengan una voluntad de transformación, simplemente es que no pueden quedarse anclados en aquel tipo de narrativas y representaciones porque no funcionan para el público actual. Cada vez tenemos que hilar más fino en la crítica, porque las versiones actualizadas del modelo de amor romántico se nos pueden colar mejor.

En tu investigación ‘Difracciones amorosas: Deseo, poder y resistencia en las narrativas de mujeres feministas’, observas como activistas feministas viven sus relaciones sexoafectivas. ¿Ser feminista marca la diferencia en algún sentido?

Hay una implicación con la transformación de las relaciones de poder y una identificación clara de que el modelo amoroso hegemónico es nocivo para lograr esta finalidad, por lo que hay prácticas de reflexividad feminista brutales incorporadas. No digo que no haya reflexividad y crítica en otras mujeres. ¡Las hay! Pero el nivel que observé es de revisión constante de los deseos y las prácticas.

¿Pero las feministas se enamoran o no?

Hay un artículo de Stevi Jackson que se llama ‘Incluso las sociólogas nos enamoramos’. Ella acaba criticando como para las feministas ha sido mucho más fácil criticar el modelo de amor romántico como abstracto, y no tanto entrar a criticar el enamorarse en si, porque todas nos enamoramos. Esto tiene que ver con, más allá del modelo, como estamos entendiendo las emociones, como algo que dotamos de una veracidad y realidad por encima de todo. Parece que lo verdaderamente auténtico es como nos sentimos. Y aquí ya no vemos ni lo que es hegemónico, ni la construcción social, ni nuestro papel activo en esto.

¿Cómo se relacionan el enamoramiento y el amor romántico?

Enamorarse funciona dentro del modelo de amor romántico. Se ha construido como un momento dentro del modelo, como una fase que acaba, en la cual hay más energía, la otra persona ocupa mucho tu mente… Cuando hablamos de enamorarnos damos por hecho que estamos hablando del mismo. Entendemos enamorarse con una intensidad muy fuerte.

Más que entenderlo, lo sentimos así, ¿no? ¿Qué parte de emocional y qué de cultural tiene enamorarse?

No hay separación: aquello emocional es social y cultural. Lo que vivimos afectivamente no es independiente del modelo sobre el cual está construido. Lo que sentimos no es más real que el resto. Las emociones tampoco son universales, verídicas y ahistóricas. Enamorarse es una construcción social y permite ver que el modelo de amor romántico es contradictorio: la intensidad del enamoramiento frente a la rutina y desidia de una relación estable y muy larga en el tiempo. ¿Me están diciendo, por un lado, que tengo que estar a tope viviendo aventuras, a la vez que durar toda la vida? ¡Toda la vida no estás con esta intensidad! Produce mucho malestar. No nos podemos deshacer de esto de la noche a la mañana, pero tenemos que ser conscientes de que está relacionado con lo que es cultural y social. No es otra cosa. Nos hace falta un desaprendizaje y un aprendizaje emocional nuevo.

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