Gemma Lienas, escritora y ex-diputada de Catalunya Sí Que Es Pot

«Muchos dirigentes independentistas no se echaron atrás por temor a sus votantes»

Tras ser diputada de Catalunya Sí Que Es Pot en las elecciones del 27 de septiembre de 2015, Gemma Lienas ha vuelto a escribir libros y se ha apartado de la primera línea de la política catalana. Ahora analiza los momentos más angustiosos de aquella legislatura y sortea con buen humor y un punto de resignación la fractura social actual

Siscu Baiges
 
 
 
Gemma Lienas / SISCU BAGES

Gemma Lienas / SISCU BAGES

Si la escritora Gemma Lienas se pensaba que ser diputada del Parlamento de Catalunya sería una actividad aburrida estaba totalmente equivocada. Desde que fue elegida diputada de Catalunya Sí Que Es Pot en las elecciones del 27 de septiembre de 2015 hasta que se disolvió aquella cámara parlamentaria en octubre pasado vivió unos años de trabajo, tensión y nervios permanentes. Ahora, cuando ha vuelto a escribir libros y se ha apartado de la primera línea de la política catalana, analiza los momentos más angustiosos de aquella legislatura y sortea con buen humor y un punto de resignación la fractura social actual.

¿Cómo fue la experiencia de esos años en el Parlamento de Cataluña?

Muy dolorosa porque fue una legislatura muy bestia. Ahora me lo puedo tomar con distancia emocional. Dentro del Parlamento no podía. Sobre todo durante los meses de septiembre y octubre lo pasé muy mal. Me sentía muy involucrada y me parecía terrible lo que estaba pasando. Soy hipotensa pero me subió la tensión a 15. Al margen de esto, me gustó hacer de diputada. Fue un trabajo muy estresante. Éramos un grupo muy pequeño y me tocaba trabajar mucho e iba siempre de cráneo. Trabajaba todos los días, incluidos los fines de semana, de 8 de la mañana a 8 de la noche. Iba muy cansada pero era un trabajo interesante, que me permitió hacer cosas, aunque era una legislatura que no lo ponía fácil, y que me llenó de satisfacción. Me enorgullece pensar que estaba allí sirviendo a la gente que nos había elegido. Para mí era un honor. En general, aunque no me lo pasé bien es una experiencia que me gustó pasarla y que me sirvió. ¡Lástima por la legislatura que me tocó!

¿Cómo vivió el debate parlamentario de los pasados días 6 y 7 de setiembre?

Dentro del Parlamento y dentro de ‘Junts pel Sí’ había mucha gente que no se lo creía. La sensación que tengo es que habían llevado las cosas tan lejos y, sobre todo, estaba tan involucrada la sociedad, que era muy difícil que se echaran atrás porque no sabrían qué decir a sus votantes. Iban avanzando a pesar de que sabían que no había salida. Y lo reconocían en el Parlamento. Pero, ¡vaya!, hasta que no viví los días 6 y 7 no me creí que pasaría lo que pasó. Lo cambiaron todo. Se pasaron por el forro los derechos de los diputados, el Estatuto, la Constitucióny lo que decían los letrados, que han acabado dejando su puesto de trabajo porque no les hicieron el más mínimo caso. Creo que la prisión provisional es una injusticia brutal en un caso como este, aunque Puigdemont, con su marcha, no ha hecho ningún favor a los presos. Pero cuando los veo en prisión recuerdo las veces que Rabell y Coscubiela les habían avisado de que los podían juzgar por un delito de sedición que comportaba años de prisión. Pese a todo siguieron adelante. No se atrevían a explicarlo a la gente. El Parlamento estaba rodeado de independentistas. Tuvimos que salir protegidos. Nunca imaginé que tendría que salir del Parlamento protegida. Protegida de unos señores que hasta entonces eran mis vecinos, mis amigos, mi familia. Me impactó mucho.

La cara que hacían los diputados y dirigentes políticos que proclamaron la República el 27 de octubre se explica, seguramente, por esta contradicción que dice que vivían

Ese día votamos enseñando nuestro NO. Ellos querían que el voto fuera secreto. Me pareció indigno. Aquel era el momento de la verdad. Justo después de la votación quisimos marcharnos pero el Parlamento estaba rodeado de gente. Nos dijeron que no nos fuéramos porque existía el peligro de agresiones. Una hora y media o dos después me fui con los Mossos que iban con Rabell, que me acompañaron hasta mi casa. Era muy impresionante. Tenía la sensación de que la democracia se estaba hundiendo. Se habían cargado las leyes y, encima, ellos eran los demócratas y nosotros no. Era surrealista. Tan pronto llegué a casa encendí el televisor y les vi cantar Els Segadors. Parecía un entierro. Menos la CUP, todos tenían clarísimo que no conseguirían nada.

¿Esperaba que no se arriara la bandera de España del Palacio de la Generalitat y que el presidente y los consejeros ya no volverían a sus despachos?

Cuando vi sus caras ya pensé que no sucedería nada. Pero no me imaginaba que pasaría todo lo que ha pasado después y que Puigdemont estaría en Bruselas dos días después.

¿Quién tiene la culpa de que hayamos llegado a la situación en que estamos ahora?

Hay culpa por ambas partes. En realidad, fue la sociedad civil la que empezó empujando a los partidos. Artur Mas no tenía nada de independentista. Convergencia se hizo independentista cuando vio que las cosas iban por ahí y quizás también para ocultar el 3% y sus problemas con la justicia. ¿Por qué empezó este fervor? En casa estoy rodeada de independentistas: hijos, nietos, hermanas, cuñadas… todos lo son. Mi hijo lo ha sido siempre. Yo lo respeto. Lo que no respeto es como se ha actuado y que no hayan tenido en cuenta a la mitad de Catalunya que no quiere la independencia. Todo esto se incrementó mucho con la crisis económica. Marina Subirats lo definió muy bien cuando hablaba de la «única utopía disponible». Es verdad. En el fondo, me hubiera gustado tener esta fe. Tener fe es una comodidad fantástica. Te soluciona la vida, sea fe por la religión o por la independencia. Tengo una hermana a la que la política le ha interesado siempre cero y se ha hecho independentista. Ahora se ha echado un poco atrás. Cuando le pedía porque quería la independencia, me contestaba que Catalunya sería mejor. Y cuando le pedía porqué lo creía me contestaba que no lo sabía, pero que sería mejor.

Una cuestión de fe

Sí y yo no tengo. Económicamente seguimos viviendo años muy duros. No hemos mejorado como dicen algunos. Mis hijos y familiares jóvenes han ido perdiendo sus trabajos y después o no han encontrado otro y han tenido que montárselo por su cuenta o tienen trabajos muy precarios. La sensación que tengo es que la crisis continúa pero que nos hemos adaptado a ella. Hemos dejado de ser ricos, de creer que podemos vivir bien, que el estado del bienestar puede llegar a todos lados,… Tenemos una sensación de desesperanza. Y a mí me desespera ver cómo están nuestros hijos y nietos. Y creo que esto hizo muchos independentistas. Decían que España nos robaba y la gente empezó a pensar que si fuésemos independientes tendríamos mucho más dinero y se harían las cosas de otro modo. Vivimos en un mundo global, con unas reglas de juego que a mí no me gustan pero que son las que hay. Vivimos en Europa y nos interesa continuar en ella. Mucha gente fue ingenua pero a los políticos ya les interesó que lo fueran. Y al otro lado teníamos a Rajoy que se quedaba quieto, hacía el muerto y esperaba que el problema se arreglase solo. Y el problema no se ha solucionado sino que se ha hecho mucho más grande. Me encantaría que dialogaran pero no sé si lo harán.

Rajoy ya no está

Y Pedro Sánchez ha dicho muchas veces que hace falta diálogo. Joan Coscubiela decía en un artículo reciente que todo el mundo habla de diálogo pero que dialogar implica pactar y renunciar a cosas. Si no queremos que se haga todo judicialmente, que no lo queremos, lo tenemos que hacer políticamente y eso no se puede hacer encastillándote en tu posición. No llegaremos a ningún lado con posiciones como las de Elsa Artadi cuando dice que no se moverán un pelo y continuarán con la vía unilateral a la independencia. La política es el arte de pactar. Hay independentistas que si se resolvieran una serie de agravios que Catalunya tiene desde hace mucho tiempo quizás rebajarían sus expectativas. Al menos debería intentarse.

Gemma Lienas / SISCU BAGES

¿Su hermana aceptaría dejar la independencia para dentro de unos cuantos años cuando le habían dicho que ya estaba proclamada?

En casa ya no hablamos de esto. Se habían creado situaciones muy incómodas. Vivimos situaciones que fueron duras y tengo clarísimo que la familia está por encima de eso.

¿Se puede hacer abstracción de ese tema?

En casa lo hemos conseguido. Driblamos. A veces a alguien se le escapa pero enseguida da marcha atrás y no se vuelve a hablar más.

Sus familiares independentistas deben llevar lazos amarillos

Que mi hijo lleve un lazo amarillo no me molesta. Me parece bien. Es su decisión. Tiene derecho a llevarlo. Claro que sí. La libertad de expresión está bien. Mientras no me llenen las playas de lazos amarillos. El espacio público se debe respetar; es común y al ser común no se puede llenar de símbolos. ¡Los que sean! Si yo me dedico a poner lazos lilas porque soy feminista la gente me dirá algo. La libertad de expresión termina donde empieza la del otro.

Poca gente habla ya de ‘revolución de las sonrisas’ pero apenas hay incidentes violentos

No ha habido hostias, para entendernos. Estudié a fondo la cuestión de la violencia para escribir dos libros: «El diario azul de Carlota» y «Atrapada en el espejo». Ambos hablan de violencia. Uno, de violencia de género y de otros tipos, y el otro trata un caso de violencia de género. La antropóloga Gerda Lerner, en su libro ‘La creación del patriarcado’, explica que, en el Neolítico, cuando dos tribus se zurraban, la que ganaba acababa matando a los hombres de la otra. Era muy costoso vigilarlos todo el día y pronto descubrieron que no hacía falta matarlos, que había herramientas para tener a la gente sometida sin necesidad de utilizar la violencia física. Es la violencia psicológica, que es la que se utiliza muchas veces en las relaciones de pareja, el bullying o el moving. La violencia psicológica puede ser tan terrible como la física. A mí nadie me agredió el 27 de octubre cuando salí del Parlamento escoltada. Pero me sentí agredida porque aunque no me pegaran, aquella rabia, aquellos insultos, aquel que salir protegida por Mossos era violencia. No ha habido violencia física pero ha habido mucha simbólica y psicológica. Las mujeres eso lo conocemos muy bien. Hemos vivido muchas veces la violencia psicológica.

Algunos dirigentes independentistas han explicado que preveían una respuesta mucho más violenta por parte del aparato del Estado español

En el Parlamento había independentistas que decían que «lo que necesitamos es un muerto». Esperaban hechos más graves en el 1 de octubre. Yo tenía mucho miedo de que hubiera enfrentamientos mucho más bestias de los que hubo. Se lo dije a mi hija que estaba muy implicada. No quiero minimizar la violencia que hubo ese día y me sabe muy mal pero es la misma violencia que utilizaron los Mossos el 15-M, la que hay en un desahucio o la que utilizan los policías franceses en el paso de Calais contra los inmigrantes. Si no nos gusta la policía cambiemos eso pero todas las policías actúan igual cuando tienen que reprimir un acto no legal. Vengo de la época franquista y estuve en manifestaciones no permitidas y sé cómo nos zurraban. Y cuando veía aquella gente que iba a votar con la abuela en silla de ruedas o los niños en un cochecito… Es muy grave que el gobierno no les avisara de lo que podía pasar. Mi hija no lo sabía. Hablaba como si fuese a una fiesta. Después del 1 de octubre estaba hecha polvo. El 27 de octubre entré en el Parlamento junto con una persona muy conocida, de la que prefiero guardar el anonimato, que me dijo que me preparara porque ese día habría sangre.

¿Podrá volver a hablar tranquilamente de la independencia de Catalunya con su familia?

No lo sé. No soy optimista porque pienso que esto no se arreglará en dos días. Quizás se arreglará en veinte años y será duro si tengo que estar todo ese tiempo sin hablar de política con mi familia… Con mis nietos, que están a punto de cumplir diecisiete años, sí que he podido hablar. Estamos un poco como estaba el País Vasco, pero sin ETA. Con la sociedad muy partida. Es imposible hablar de este tema sin crispación. Con Pedro Sánchez podrían cambiar las cosas. El presidente que tenemos en Catalunya no me parece que sea muy dialogante.

¿Qué hará durante estos veinte años, pues?

Durante los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre del año pasado le decía a mi compañero que nos fuéramos. No me veía con ánimos de vivir en una Catalunya como la que hay. Ahora ya me he adaptado un poco. De todos modos, si no tuviese familia aquí no me importaría marcharme. No me gusta nada la sociedad que se ha creado. Cuando tenía veinte años la sociedad no era tan inclusiva como hubiéramos deseado pero lo era mucho más que ahora. Hoy ha quedado partida y he vivido de forma dolorosa algunas situaciones. Me sentía muy incómoda. O estás en un lado o en el otro. No puedes estar en medio. Y yo no me siento de ninguno de los dos lados. Mis amigos de Madrid o Andalucía están horrorizados. «Han despertado a la bestia», dicen cuando ven la gran cantidad de banderas españolas que han aparecido en los balcones de sus ciudades.

¿Por eso sube Ciudadanos en los sondeos y el PP aguanta tanto, a pesar de los numerosos casos de corrupción que le afectan?

No puede ser que haya sido sólo por la cuestión catalana. Hay más razones. El mundo se ha ido volviendo de derechas. Hay mucha gente que vota a la derecha porque piensa «virgencita, que me quede como estoy». Tiene pisito, coche, y teme perderlos. La España de los años cincuenta era más pobre que la actual. La gente se está volviendo conservadora en todo el mundo. Aparte de que el nacionalismo que hay aquí se vive en muchos sitios. Si quisiera marcharme tendría que ir a Marte o al Pirineo a lo alto de una montaña y desconectar. Esto es imposible. Francia es mi patria también. La patria es la infancia. Pasé allí largas temporadas cuando era pequeña porque mi madre era francesa. Tengo una cierta tendencia a ir a Francia pero está igual que aquí. Padece este nacionalismo exacerbado, fruto del miedo y de una cierta idea supremacista.

¿Un referéndum sobre la independencia de Catalunya sería o será la mejor salida al callejón sin salida actual?

Estaría bien que se pudiera hacer un referéndum. No creo que lo ganaran los partidarios de la independencia, porque la situación está bastante enquistada. Los números no se mueven. Se tiene que revisar la Constitución, ir hacia un estado federal. No sé si contentaría a todos los independentistas pero a muchos quizá sí. Esta efervescencia independentista no existía hace 10 o 15 años. Los tiempos no son líquidos; son vaporosos. Quizá dentro de cinco años sólo se acuerda de este tema una parte residual de la población, la que ya era independentista antes. No creo que el referéndum resolviese el problema porque si saliera que NO los independentistas querrían continuar haciendo referéndums hasta que saliera que SÍ. Quizás calmaría los ánimos. No lo digo tanto porque sea la solución sino porque se ha pedido tanto que quizá valdría la pena hacerlo. Más bien creo que la solución debe pasar por el diálogo y encontrar espacios comunes. ¿Del 48% independentista, cuántos estarían dispuestos a rebajar sus expectativas? Sino no llegaremos a ninguna solución. Hay mucha gente que no quiere la independencia.

Mientras llega esta solución ¿podrán las cuestiones sociales recuperar el primer plano del debate político en Catalunya?

Escuchaba al presidente de la Generalitat en el Parlamento y pensaba que siempre hablan de lo mismo. Como si no hubiera otro problema en Catalunya. Los hay gravísimos. Tenemos un problema estructural brutal de desempleo que, además, aumentará. Nadie se plantea qué pasará en el futuro con el trabajo. Necesitamos una Renta Garantizada de Ciudadanía, hacer frente al cambio climático,… Hay muchas cuestiones muy importantes que no se debaten ni en nuestro Parlamento ni en muchos otros.

El feminismo sí que ha conseguido abrirse un hueco en la agenda informativa, sobre todo con las manifestaciones espectaculares del 8 de marzo

Estoy muy contenta, pero espacios que eran feministas han acabado saltando por los aires o quedando en manos de las mujeres independentistas. Gran parte de las asociaciones feministas, culturales o deportivas, quisieron hacer manifiestos a favor de la libertad, el 1 de octubre… Yo decía que de acuerdo pero que, además, también se tenían que hacer manifiestos para denunciar lo ocurrido en el Parlamento los días 6 y 7 de septiembre. Fueran unas acciones no democráticas que había que denunciar pero nadie lo quería hacer. Me molestó mucho y he tenido que dejar ciertos espacios. La manifestación del 8 de marzo fue multitudinaria cuando cada año éramos muy pocas. Había muchos hombres y mucha gente joven. La han visibilizado caras famosas. Emma Stone ha hecho discursos feministas muy buenos en las Naciones Unidas y en la entrega de los Oscar. Yo ya puedo ir haciendo discursos. Mi libro «Diario violeta de Carlota» ayudó a hacer feministas a muchas mujeres, pero lo que dicen actrices como Emma Stone tiene un impacto enorme. Todas mis nietas son feministas. Han ido a las manis y llevan símbolos feministas.

¿Qué piensa del papel de los medios de comunicación en este proceso?

Los medios catalanes que son la voz del gobierno lo han abonado mucho. He dejado de ver TV3 porque me pone muy nerviosa. Al digital Vilaweb no le puedes pedir otra cosa porque justamente ha nacido para eso, pero TV3 era ‘la nuestra’. Ahora es ‘la de ellos’. Me duele no poder ponerla.

Y después de la intensa etapa de diputada, la calma de la escritura
Escribir y leer, a parte de mi profesión, son la forma de estar en una burbuja estupenda. He acabado de escribir una novela para adultos que tuve que interrumpir justo cuando la comenzaba para ir al Parlamento. Tengo dos libros más en marcha, para niños y jóvenes. Y otro de adultos en la cabeza.

¿Habla de la independencia de Catalunya en alguno de ellos?
No, no, ni pensarlo.

2 Comments en «Muchos dirigentes independentistas no se echaron atrás por temor a sus votantes»

  1. Me encanta su siceridad. Muchos nos sentimos así. Encuentro a faltar que no hable de la manipulación en los actos del atentado. Grácias

  2. José María Albanell // 11/06/2018 en 13:46 // Responder

    Reconfortante. Relaja su discurso racional y humano sobre esta época tramposa, criminal y nefasta que Lienas sufrió en primera línea. Como persona, catalán y votante de Comuns se lo agradezco.

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