Mimmo Lucano, el “alcalde cabezota”, resiste

Domenico Lucano es alcalde de Riace, un pueblo de Calabria (Italia) de 1800 habitantes. Hace 15 años eran 500. El escaso desarrollo de la región, la migración de jóvenes a zonas industrializadas y el control de la ‘Ndrangheta, condenaban a Riace a desaparecer. Hoy, gracias a Lucano, se ha reactivado la economía, impulsado cooperativas y comercios tradicionales que regentan personas migradas y refugiadas. Pero esta utopía de la convivencia ha llevado a Lucano a ser detenido, acusado de promover la inmigración ilegal.

Gaby Poblet
 
 
 
Domenico Lucano, alcalde de Riace | Carlo Troiano

Domenico Lucano, alcalde de Riace | Carlo Troiano

Domenico Lucano, el alcalde de Riace, el pueblo del sur de Italia famoso por acoger a migrantes y refugiados, se despertó la mañana del martes 2 de octubre con la policía en su casa para arrestarlo por “favorecer la inmigración ilegal”. Exactamente cinco años después de aquel terrible naufragio frente a la isla de Lampedusa de un barco con 350 refugiados, la Italia solidaria pierde frente a las leyes racistas y a la criminalización de la inmigración que promueve el gobierno de La Lega Norte y del M5S.

Lucano y Riace (ya no se puede hablar del pueblo y del alcalde por separado) se habían convertido en un emblema de la resistencia a la Europa fortaleza. Su modelo de acogida se hizo conocido en todo el mundo, desde que la Revista Fortune incluyó a Domenico Lucano entre las 50 personas más influyentes del mundo, junto a personas como el papa Bergoglio o Angela Merkel. ¿Pero quién es este hombre y por qué molesta tanto a Matteo Salvini, que se desvive para insultarlo y lo calificó como “un cero”? ¿Y por qué está acusado y arrestado?

“Mimmo”, así se lo conoce y se le llama en Riace, es una persona con una convicción profunda y sincera del pensamiento colectivo proletario. Cree que ayudar es un impulso instintivo y le gusta explicar que él forma parte “de los últimos, no de los primeros”. Es un hombre humilde, aunque en el pueblo tiene fama de “capatosta” (cabezota). Y lo es. Cuenta Tiziana Barillà en su libro “Mimmí Capatosta” (traducido al castellano como “Utopía de la normalidad” por Icaria Editorial) que de pequeño no quería abrocharse los zapatos. Su madre y su hermano le insistían que lo hiciera y él respondía: “porque todos lo hacen, yo no quiero”. De joven fue un excelente jugador de fútbol, pero no continuó la carrera de futbolista porque no le gustaba obedecer al entrenador. Comenzó a estudiar y se entregó a la militancia junto a un grupo de amigos.

En los ’80 Riace daba miedo. Eran tiempos oscuros y sangrientos, la ‘Ndrangheta (mafia calabresa) dominaba la zona. La gente le repetía “Fatti i fatti toi” en lengua calabresa (“ocúpate de tus asuntos”), y se imponía la Omertà, la ley mafiosa del silencio. Fue por su tozudez por lo que pudo salir adelante. Y el pueblo también.

Riace es un pueblo de Calabria (el sur del sur) de 1800 habitantes. Hace 15 años eran solo 500. El escaso desarrollo de la región, la falta de trabajo, la emigración de jóvenes a zonas industrializadas de Italia y el control de la ‘Ndrangheta, condenaban a Riace a desaparecer. Hoy, gracias a una política hospitalaria, niños y niñas corretean por todo el pueblo, hablando en varias lenguas, y los comerciantes volvieron a abrir sus tiendas. Ya no da miedo.

En Calabria, la hospitalidad siempre fue un valor incuestionable. Cuando en 1998, llegó una embarcación de familias refugiadas kurdas a la costa de Riace, todo el pueblo salió a ayudar y los alojaron en sus casas. En aquel entonces, Mimmo era concejal en minoría y como buen cabezota le propuso al alcalde un proyecto de gestión de acogida, basado en la experiencia de Trieste, donde estaban llegando refugiados de Kosovo. Con el apoyo de ACNUR y de otras entidades, en 2001 Riace entra en la primera convocatoria para el Programa Nacional de Asilo. En 2002, con la famosa Ley Bossi-Fini se convierte en SPRAR, (Sistema de Protección para Solicitantes de Asilo y Refugiados), el sistema público de acogida que funciona bajo la responsabilidad compartida entre el Ministerio del Interior y las autoridades locales. Pero al mismo tiempo, es precisamente con la Ley Bossi-Fini (impulsada, entre otros, por Bossi, el antecesor de Salvini) que Italia obstaculiza la inmigración, vinculando el contrato de trabajo a la residencia y legalizando el rechazo en el mar mediante acuerdos de “devolución”.

Pero el cabezota Mimmo insiste y sigue adelante. Eran los tiempos del movimiento antiglobalización de Génova, en el cual se inspiró Mimmo para lanzar su campaña: “Un’a altra Riace é possibile”. En 2004 salió elegido alcalde y la hospitalidad se convirtió en su política, no solo para ayudar inmigrantes, sino para reactivar la economía del pueblo. Con la ayuda de la ONG Recosol (red de municipios solidarios de Italia) se fundó la cooperativa Città Futura que se ocupa de rehabilitar las viviendas abandonadas por la población emigrada al norte de Italia y muchas décadas atrás, a Argentina, Estados unidos, Venezuela y Australia.

Mimmo también impulsó un sistema público de agua potable y un sistema de recogida selectiva de basura que gestiona un joven refugiado de Ghana, con la ayuda de un carro y dos famosas burras Rosina y Rosetta. La gestión mediante pequeños vehículos motorizados costaba bastante más del doble y Mimmo pensó que una solución era recurrir a las tradiciones locales. Lo mismo pensó para la economía, y también a través de cooperativas se recuperaron los antiguos talleres artesanales, de telares, vidrio y cerámica, donde hoy trabajan en su mayoría mujeres refugiadas que aprenden oficios y a la vez transmiten conocimiento.

Activistas y líderes sindicales de Calabria (Italia) y asistentes a la muestra de Cine Migrante posan para dar apoyo a Domenico Lucano | Sandra Vicente

¿Pero entonces de qué se le acusa exactamente a Mimmo Lucano?

La convicción de Mimmo en el sueño proletario, lo llevó a romper con el modelo asistencial de acogida y a impulsar una verdadera política de integración creando puestos de trabajo. Y esto es lo que le trajo problemas y dolores de cabeza con la burocracia del sistema SPRAR. Algunos informes de auditorías de la “Guardia di Finanza” (en Italia existe una especie de policía financiera) tenían irregularidades administrativas pero otros fueron positivos. Con el incremento y el poder de la ultra derecha en Italia, Mimmo Lucano pasó a estar en la mira por su modelo de acogida. En octubre de 2017 lo imputaron “por prevaricación, soborno y fraude con agravantes”. En total eran 7 causas pero se fueron desestimando.

¿Y por qué lo arrestan ahora? De todas las causas han quedado dos: la acusación por otorgar contratos fraudulentos para la recolección selectiva de basura (sí, ¡el de las burras!) y la de promover un “matrimonio de conveniencia” —cabe preguntarse qué matrimonio no es “por conveniencia”— entre una joven nigeriana a quien se le había rechazado la solicitud de asilo y un hombre italiano de Riace. También está acusado como cómplice Tesfahum Lemlem, una joven etíope que llegó a Riace hace 10 años y ahora trabaja de técnica de acogida. El arresto domiciliario de Mimmo Lucano se produce conjuntamente con una serie de medidas impulsadas por Matteo Salvini, para reducir los fondos del sistema de acogida. Tras veinte años de incitar el odio, la extrema derecha italiana (que primero acusaba a sus compatriotas del sur de ser vagos y luego a los extranjeros) cumple sus promesas.

Al momento de terminar este artículo, Domenico Lucano se encuentra declarando en los tribunales. Pero Mimmo no está solo, Riace se convirtió en un símbolo de lucha y solidaridad a nivel internacional. El sábado está prevista una concentración en Riace para apoyar a Mimmo Lucano, organizada por entidades y movimientos sociales. Mimmo resiste porque por suerte el mundo está lleno de cabezotas como él que lo acompañan. Porque contra el cinismo cruel de la extrema derecha, no queda otra que ser muy cabezota.

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